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Cuarentena desigual

Que las mujeres dedicamos un mayor promedio de horas por día a las tareas del hogar ya lo sabíamos; pero ahora, con la cuarentena, se evidenciaron aún más las desigualdades dentro de cada familia. Según una encuesta realizada por la consultora Grow Género y Trabajo, durante la etapa de aislamiento social y obligatorio los varones dedicaron siete horas diarias a las tareas domésticas y de cuidado, mientras que las mujeres dedican diez. Una diferencia de tiempo que se mantiene en épocas “normales”. Pero ahora, según esta encuesta, las mujeres además suman dos horas por día más al cuidado de hijos, incorporaron una hora extra para ayudar con las tareas escolares y casi una hora más que los varones a cocinar, limpiar y desinfectar.

 

Frente a esto los datos arrojaron que los varones, en cambio, duermen una hora más por día que las mujeres, le dedican una hora y media más al trabajo remunerado y tienen una hora más que las mujeres para actividades de ocio o placer.

 

Dentro de los hogares la gran mayoría de mujeres y varones continuaron con su trabajo de manera remota. Pero las mujeres lo hacen a la par de la atención a los niños, hacer las veces de maestra de grado y colaborar con las tareas y continuar con la limpieza, compras y comidas, algo que aumentó significativamente ya que debido al encierro las seis comidas se hacen en casa. Todo este aumento de tareas en los hogares, más el trabajo remunerado con el que hay que continuar cumpliendo, provocó una sobre exigencia en las mujeres y muchas aseguran sentirse agotadas y agobiadas durante este contexto de pandemia.

 

A un gran número de varones esto los interpeló. Pudieron percibir lo que significan las tareas de cuidados, ese trabajo no remunerado que recae sobre las espaldas de las mujeres durante todo el año. En las parejas en donde la división de trabajo es un poco más equitativa, seguramente la cuarentena obligó a ajustar ciertas dinámicas. Y en las que no, a partir de ahora podría ser una buena oportunidad para poner el tema sobre la mesa y realizar una correcta redistribución. En algunas familias incluso se pudo reivindicar también la labor de tantas empleadas domésticas (un rubro, de hecho, totalmente feminizado) ya que al no poder asistir a su trabajos quedó evidenciado todo lo que hacen en cada hogar. 

 

A muchos otros hombres la realidad les pasará por al lado sin ni siquiera inmutarlos. Es difícil tomar la decisión de abandonar un espacio de privilegio. Pero lo cierto es que la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado que afecta a las mujeres es una fase más de las desigualdades de género y es necesario achicar esa brecha para lograr una sociedad más igualitaria.

 

 


Imagen: Grow Género y Trabajo

 

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