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La importancia del vínculo amoroso

Bernardo Stamateas

Hoy en día somos testigos de muchos conflictos en las relaciones interpersonales. Ya sea de pareja, de familia, de amistad, laborales, etc. Esto ocurre porque no existen vínculos amorosos.

Los seres humanos necesitamos dos cosas: amar y tener un vínculo afectivo. Pero se trata de dos cosas distintas.

Amar es dar por el placer de dar, sin esperar nada a cambio. ¿Es posible amar a alguien si no lo conozco? Sí, porque doy sin esperar nada a cambio. Yo puedo amar a un desconocido, así como amo a un conocido; puedo amar a alguien que nunca vi en mi vida, o que vi una sola vez y no voy a volver a ver. Amar es dar sin esperar nada.

Si doy y espero que me devuelvan algo a cambio, eso no es amor. Es “tomá y dame”. “Yo les di tanto a mis hijos, los ayudé siempre, y no me dieron ni las gracias”, se quejan algunos padres. Esa actitud no fue amor porque, si la persona en lo profundo esperaba gratitud, no lo hizo por amor sino por tomá y dame, que es otro modelo de relacionarse.

Tener un vínculo amoroso no es amor. Es algo que se construye de a dos (o de a más personas) y es un ida y vuelta. Yo construyo algo con el otro y el otro construye algo conmigo. Por eso, no hay vínculo afectivo si no hay al menos dos personas. No es unilateral, sino bidireccional.

En el plano humano, tenemos que construir tres vínculos amorosos: con la familia, con la pareja y con los amigos. A eso se lo denomina: “círculo de intimidad afectiva”. En mi círculo más cercano de mi familia, tengo un vínculo amoroso con mis padres, mis hermanos, mis abuelos, etc. (la familia de origen o nuclear). En otro círculo, tengo a mi pareja y a mis hijos (la familia que yo formé). Y en un tercer círculo tengo a mis amigos.

Es posible enamorarse de alguien y que el otro ni se entere, lo cual es unilateral. Es enamoramiento pero no es vínculo amoroso porque no se trata de una construcción de a dos. Si veo en la tele que alguien se murió y me pongo a llorar, no lo estoy haciendo por el que partió sino porque esa persona me recuerda que yo también me voy a morir un día. Tal vez lloro un día pero al día siguiente, estaré en casa como si nada hubiere sucedido. ¿Por qué? Porque no hay vínculo a nivel afectivo, ya que para que eso ocurra tiene que haber un ida y vuelta. Otro ejemplo de esto es aquel que construye un vínculo en las redes sociales y expresa: “Yo chateo y él/ella me contesta; lo/a amo y él/ella me ama”. Eso tampoco es un vínculo amoroso dado que el otro no está presente.

Para construir un vínculo amoroso, es fundamental hacer una única cosa: amar, es decir, dar sin esperar nada a cambio. Y, en cualquier relación, esto incluye dos elementos:

1. Expresar gestos de cariño que al otro le gusten.

2. Explicitar qué cosas me gustan a mí.

Fuimos diseñados para disfrutar de vínculos amorosos, para tener intimidad, para abrir nuestro corazón con alguien y que ese alguien también abra su corazón con nosotros. Cuando tenemos el privilegio de lograrlo, construimos un espacio de seguridad, de comprensión y de respeto que nada más puede reemplazar.

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La importancia del vínculo amoroso

Hoy en día somos testigos de muchos conflictos en las relaciones interpersonales. Ya sea de pareja, de familia, de amistad, laborales, etc. Esto ocurre porque no existen vínculos amorosos.

Los seres humanos necesitamos dos cosas: amar y tener un vínculo afectivo. Pero se trata de dos cosas distintas.

Amar es dar por el placer de dar, sin esperar nada a cambio. ¿Es posible amar a alguien si no lo conozco? Sí, porque doy sin esperar nada a cambio. Yo puedo amar a un desconocido, así como amo a un conocido; puedo amar a alguien que nunca vi en mi vida, o que vi una sola vez y no voy a volver a ver. Amar es dar sin esperar nada.

Si doy y espero que me devuelvan algo a cambio, eso no es amor. Es “tomá y dame”. “Yo les di tanto a mis hijos, los ayudé siempre, y no me dieron ni las gracias”, se quejan algunos padres. Esa actitud no fue amor porque, si la persona en lo profundo esperaba gratitud, no lo hizo por amor sino por tomá y dame, que es otro modelo de relacionarse.

Tener un vínculo amoroso no es amor. Es algo que se construye de a dos (o de a más personas) y es un ida y vuelta. Yo construyo algo con el otro y el otro construye algo conmigo. Por eso, no hay vínculo afectivo si no hay al menos dos personas. No es unilateral, sino bidireccional.

En el plano humano, tenemos que construir tres vínculos amorosos: con la familia, con la pareja y con los amigos. A eso se lo denomina: “círculo de intimidad afectiva”. En mi círculo más cercano de mi familia, tengo un vínculo amoroso con mis padres, mis hermanos, mis abuelos, etc. (la familia de origen o nuclear). En otro círculo, tengo a mi pareja y a mis hijos (la familia que yo formé). Y en un tercer círculo tengo a mis amigos.

Es posible enamorarse de alguien y que el otro ni se entere, lo cual es unilateral. Es enamoramiento pero no es vínculo amoroso porque no se trata de una construcción de a dos. Si veo en la tele que alguien se murió y me pongo a llorar, no lo estoy haciendo por el que partió sino porque esa persona me recuerda que yo también me voy a morir un día. Tal vez lloro un día pero al día siguiente, estaré en casa como si nada hubiere sucedido. ¿Por qué? Porque no hay vínculo a nivel afectivo, ya que para que eso ocurra tiene que haber un ida y vuelta. Otro ejemplo de esto es aquel que construye un vínculo en las redes sociales y expresa: “Yo chateo y él/ella me contesta; lo/a amo y él/ella me ama”. Eso tampoco es un vínculo amoroso dado que el otro no está presente.

Para construir un vínculo amoroso, es fundamental hacer una única cosa: amar, es decir, dar sin esperar nada a cambio. Y, en cualquier relación, esto incluye dos elementos:

1. Expresar gestos de cariño que al otro le gusten.

2. Explicitar qué cosas me gustan a mí.

Fuimos diseñados para disfrutar de vínculos amorosos, para tener intimidad, para abrir nuestro corazón con alguien y que ese alguien también abra su corazón con nosotros. Cuando tenemos el privilegio de lograrlo, construimos un espacio de seguridad, de comprensión y de respeto que nada más puede reemplazar.

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