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La competitividad exige más que un buen tipo de cambio

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La competitividad exige más que un buen tipo de cambio

Carlos Etchepare

 

Las renovadas dificultades que afronta la economía nacional y la falta de respuestas adecuadas de parte de las autoridades están generando una nueva disputa que marca una profundización de la denominada, con mucho marketing, como la “grieta” en la sociedad argentina.

Los debates son permanentes, de las mas diversas formas y temas. Sin embargo poco puede sacarse en limpio cuando esos debates están condicionados por la ideología política de quienes los sostienen, poniendo dicha ideología por encima del interés de la sociedad en su conjunto.

Esta pequeña introducción apunta a darle un marco conceptual a uno de los temas que se plantea por estos días y que tiene que ver con esa capacidad asombrosa que tenemos los argentinos para justificar y adaptarnos a cualquier realidad, en tanto y en cuanto esa realidad favorezca los intereses individuales de los involucrados.

Por estos días, ante el deterioro de nuestra moneda a partir de su permanente desvalorización, se insiste en que con ello se están favoreciendo a las exportaciones (cosa que es sólo parcialmente cierta ya que en la medida que los productos tengan componentes importados, por el contrario, se encarece su costo) y como contrapartida se limitan las importaciones, dado que el mayor costo desalienta su consumo.

Está ampliamente comprobado que los países se desarrollan a partir de un flujo comercial con el mundo que permita tanto una política exportadora basada en la eficiencia productiva y no en una desvalorización de su moneda; como por importaciones de insumos para la fabricación de esos bienes en caso de necesitarlos. O bien para el consumo en aquellos casos de bienes no producidos en el país, que en sí mismo son un síntoma claro de una economía pujante.

Claro que para el logro de este objetivo hace falta mucho más que un ajuste cambiario, que simplemente actúa como un “espejismo” que genera cierto bienestar a determinados sectores vinculados a la exportación y trae un importante empobrecimiento de muchas capas de la sociedad que ven como diariamente se va deteriorando su poder adquisitivo, como consecuencia de la inflación que todo ajuste cambiario genera en el país. Esto dicho mas allá de los libros de teoría económica que parecen haber leído muchos funcionarios, que por otra parte no han tenido tiempo de repasar la historia económica argentina de los últimos 60 años.

 

Cualquier límite al conocimiento afecta la igualdad de oportunidades

Dentro de estas disquisiciones, quiero introducir un tema que me parece esta siendo utilizado para mostrar beneficios “patrioteriles”, cuando la realidad demuestra que existe un claro perjuicio para un desarrollo cultural que esté al alcance de todos los argentinos. Estoy convencido de que un aporte fundamental para el desarrollo cultural pasa por conocer otras realidades y por eso desde hace un tiempo convoco a los productores y empresarios vinculados a la actividad a conocer y descubrir el mundo para definir con una visión global hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Por lo tanto, poner como un beneficio de la política actual el hecho de que los argentinos de menores recursos no puedan viajar al exterior y tengan que “hacer turismo” en nuestro país es, cuanto menos, de una hipocresía notable.

Los argentinos tenemos que querer hacer turismo local porque se nos ofrecen las condiciones para hacerlo. Y esas condiciones tienen que ver con infraestructura, costos, planes de promoción, seguridad, etc. Y de hecho, algunos gobiernos provinciales lo realizan. Pero el exterior también debería ser una alternativa accesible para todos, porque allí es donde se recogen experiencias y conocimientos que de otra forma es imposible conseguir.

Este año tuvimos oportunidad de recorrer zonas la República Popular China, los Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Estados Unidos, Francia y España. A lo largo de las diferentes ediciones de la revista El Campo les he ido contando las experiencias vividas en cada uno de esos viajes. Sólo falta mostrarles las conclusiones del reciente recorrido por Euskal Herría (País Vasco), tanto en lo que depende políticamente del estado francés como del español. Y eso haremos seguidamente.

 

En la Unión Europea el que "manda" es el campo

Sostener la actividad agrícola-ganadera en Europa Occidental a lo largo de los siglos no ha sido una tarea fácil. Sus condiciones naturales distan mucho de ser las ideales. Esta limitación, sin duda la mas importante para el desarrollo rural, ha exigido a quienes la practican desde sus orígenes generar diferentes mecanismos de protección para su supervivencia.

Evidentemente a lo largo del tiempo esos mecanismos han tenido que ir adaptándose a las circunstancias que el mundo, a partir de su evolución, les fue imponiendo. Sin embargo, pareciera que nunca estuvo en duda que esta actividad debe sostenerse porque es, por diferentes razones, estratégica para los países que nos ocupan.

La cultura y el esfuerzo en el trabajo cotidiano han formado una “capa protectora” sobre el individuo agropecuario, cuya fortaleza ha aumentado con el tiempo y es la que le ha permitido -y aún  le permite- sobrevivir a los embates de la política dominada por una sociedad a la que, por momentos, le es muy difícil entender la relación del hombre con su tierra y sus tradiciones.

A comienzos de la década del '60, la conformación de la Comunidad Económica Europea, actualmente Unión Europea, le asigno al “campo” un rol fundamental en su carácter de productor de alimentos. Europa venía de soportar los efectos de dos guerras en las cuales la falta de alimentos fue una de sus consecuencias mas nefastas.

La Política Agrícola Común (PAC), denostada durante años por los “competidores” de la UE, le permitió a este conglomerado de países lograr en muchos rubros el autoabastecimiento. Una política basada principalmente en subsidios de diseños diferentes a través del tiempo, pero subsidios al fin. Francia y sus productores agrícolas y ganaderos están entre los mas beneficiados; y España, cuya integración a la Unión Europea fue mas reciente, también ha logrado los beneficios de esa política.

Quienes no hayan recorrido y hablado con los productores franceses y españoles que explotan pequeñas superficies, difícilmente entiendan la razón del “capricho” de sostener una actividad productiva que sin el “apoyo” del resto de la sociedad, via los subsidios que reciben, sería inviable. El sentido de pertenencia a la tierra en la que viven se resume en una frase reiteradamente escuchada: “La casa y la tierra no son para ti, sino que tú eres para la casa y la tierra”.

A partir de allí se han gestado diferentes tipos de organizaciones de productores, tanto de carácter comercial– productivo como sindicales en defensa del sector.

En el primero de los casos son muy habituales diferentes sistemas que podríamos definir como cooperativos, en los cuales los productores tienen participación determinante tanto en la dirección como en la gestión. Muchas de esas estructuras están conformadas exclusivamente por productores, poniendo el trabajo de cada uno de ellos en lo que individualmente son más eficientes en función del equipo. Una especie de ayuda y solidaridad entre vecinos para el bienestar de todos.

A partir de esa unión primaria se van conformando, en muchos casos, agrupaciones mayores que generan parte sustancial de la riqueza sectorial El proceso de integración productiva es fundamental en el desarrollo. Tratar de abarcar todas las etapas de la cadena para poder obtener los mejores resultados económicos en beneficio de todos los integrantes del “grupo”.

En ese sistema, símil cooperativa aunque no necesariamente como nosotros estamos acostumbrados a ver en la Argentina, la fidelidad de los productores con su grupo de pertenencia es clave. Un concepto adicional que no puede menoscabarse y que vale la pena tener presente para entender el éxito de estas agrupaciones es la definición: “Somos cooperativas, pero somos empresas y nuestro objetivo es ganar dinero para todos los asociados”.

Como ya se ha dicho, el proceso de defensa de este sistema productivo basado en el esfuerzo del trabajo y en el apoyo fundamental de las políticas de los estados, no es fácil de sostener frente a una sociedad que ha mirado, y en algunas regiones aún mira con recelo, a este sector “privilegiado” con los recursos que ellos aportan con sus impuestos.

Es por eso que la defensa sectorial es un tema clave en la organización institucional de los agricultores y ganaderos europeos. Esa organización sindical se ha ido adaptando a los tiempos y ha logrado exitosamente sostener los beneficios que le otorga la Política Agrícola Común desde sus comienzos.

En la organización sindical se pueden encontrar varios tipos de estructuras. Las más destacables son aquellas que reciben o tienen alguna vinculación o aporte de los estados, y también aquellas exclusivamente privadas. Compiten entre sí por acercar a los productores, pero a su vez buscan transformarse en entidades de servicio público, una muy buena forma de acercarse y lograr “el favor” de la sociedad en su conjunto.

Hoy trabajan en varios frentes para “incentivar” a la sociedad urbana a que los sigan apoyando. Por un lado, con el sostenimiento del medio ambiente y el “paisaje”. Si les gusta disfrutarlo, deben contribuir a mantenerlo. Y por otro lado con una apuesta ecológica.

Junto con ello se ha generado conciencia en los pueblos de lo importante que resulta el consumo local y para eso también se fomenta el agregado de valor en origen. Todo, por supuesto, con el aval de políticas que aportan fuertes recursos para el trabajo exitoso de este tipo de emprendimientos. Si embargo, el tratar de evitar que esas entidades representativas del sector reciban apoyo oficial tiene específicamente que ver con la necesidad de mantenerse independiente de los estados.

Es la confirmación de que quieren más. Necesitan de esa independencia para enfrentar al Estado en el reclamo de más y mayores beneficios, lo cual es casi una practica cotidiana. En este sentido, las diferentes conversaciones mantenidas, especialmente con los agricultores franceses y sus representantes, no hacen mas que confirmar, lo que siempre hemos sostenido: cualquier tratado entre la Unión Europea y el Mercosur difícilmente incluya algún beneficio para nuestro sector agroindustrial. Esa fortaleza y resistencia del sector agropecuario europeo no podrá romperse solo con la voluntad política de quienes coyunturalmente manejen la negociación.

Otro tema que preocupa al sector y que por razones de espacio simplemente lo enumeraremos, ya que también tiene implicancias sobre nuestro futuro como productores de alimentos, es la creciente “ola” que busca destruir todo consumo humano de productos de origen animal. Es un tema para prestarle mucha atención.

Lo dicho hasta aquí no pretende ser una verdad revelada ni tampoco una defensa de un sistema productivo basado en los subsidios. Simplemente ha sido la descripción de una realidad productiva de una región clave del mundo. Como lo fueron las notas referidas a Estados Unidos y la República Popular China publicadas en su momento. Esas realidades, mas allá de las ideologías políticas imperantes, no están tan lejos en sus mecanismos e instrumentos. Si la Argentina no entiende ésto, su futuro como productor de alimentos corre serio riesgo y el discurso de supermercado del mundo quedará simplemente como un enunciado de campaña. Como tanto otros que luego estuvieron lejos de convertirse en realidad.

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La competitividad exige más que un buen tipo de cambio

 

Las renovadas dificultades que afronta la economía nacional y la falta de respuestas adecuadas de parte de las autoridades están generando una nueva disputa que marca una profundización de la denominada, con mucho marketing, como la “grieta” en la sociedad argentina.

Los debates son permanentes, de las mas diversas formas y temas. Sin embargo poco puede sacarse en limpio cuando esos debates están condicionados por la ideología política de quienes los sostienen, poniendo dicha ideología por encima del interés de la sociedad en su conjunto.

Esta pequeña introducción apunta a darle un marco conceptual a uno de los temas que se plantea por estos días y que tiene que ver con esa capacidad asombrosa que tenemos los argentinos para justificar y adaptarnos a cualquier realidad, en tanto y en cuanto esa realidad favorezca los intereses individuales de los involucrados.

Por estos días, ante el deterioro de nuestra moneda a partir de su permanente desvalorización, se insiste en que con ello se están favoreciendo a las exportaciones (cosa que es sólo parcialmente cierta ya que en la medida que los productos tengan componentes importados, por el contrario, se encarece su costo) y como contrapartida se limitan las importaciones, dado que el mayor costo desalienta su consumo.

Está ampliamente comprobado que los países se desarrollan a partir de un flujo comercial con el mundo que permita tanto una política exportadora basada en la eficiencia productiva y no en una desvalorización de su moneda; como por importaciones de insumos para la fabricación de esos bienes en caso de necesitarlos. O bien para el consumo en aquellos casos de bienes no producidos en el país, que en sí mismo son un síntoma claro de una economía pujante.

Claro que para el logro de este objetivo hace falta mucho más que un ajuste cambiario, que simplemente actúa como un “espejismo” que genera cierto bienestar a determinados sectores vinculados a la exportación y trae un importante empobrecimiento de muchas capas de la sociedad que ven como diariamente se va deteriorando su poder adquisitivo, como consecuencia de la inflación que todo ajuste cambiario genera en el país. Esto dicho mas allá de los libros de teoría económica que parecen haber leído muchos funcionarios, que por otra parte no han tenido tiempo de repasar la historia económica argentina de los últimos 60 años.

 

Cualquier límite al conocimiento afecta la igualdad de oportunidades

Dentro de estas disquisiciones, quiero introducir un tema que me parece esta siendo utilizado para mostrar beneficios “patrioteriles”, cuando la realidad demuestra que existe un claro perjuicio para un desarrollo cultural que esté al alcance de todos los argentinos. Estoy convencido de que un aporte fundamental para el desarrollo cultural pasa por conocer otras realidades y por eso desde hace un tiempo convoco a los productores y empresarios vinculados a la actividad a conocer y descubrir el mundo para definir con una visión global hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos. Por lo tanto, poner como un beneficio de la política actual el hecho de que los argentinos de menores recursos no puedan viajar al exterior y tengan que “hacer turismo” en nuestro país es, cuanto menos, de una hipocresía notable.

Los argentinos tenemos que querer hacer turismo local porque se nos ofrecen las condiciones para hacerlo. Y esas condiciones tienen que ver con infraestructura, costos, planes de promoción, seguridad, etc. Y de hecho, algunos gobiernos provinciales lo realizan. Pero el exterior también debería ser una alternativa accesible para todos, porque allí es donde se recogen experiencias y conocimientos que de otra forma es imposible conseguir.

Este año tuvimos oportunidad de recorrer zonas la República Popular China, los Emiratos Árabes Unidos, Brasil, Estados Unidos, Francia y España. A lo largo de las diferentes ediciones de la revista El Campo les he ido contando las experiencias vividas en cada uno de esos viajes. Sólo falta mostrarles las conclusiones del reciente recorrido por Euskal Herría (País Vasco), tanto en lo que depende políticamente del estado francés como del español. Y eso haremos seguidamente.

 

En la Unión Europea el que "manda" es el campo

Sostener la actividad agrícola-ganadera en Europa Occidental a lo largo de los siglos no ha sido una tarea fácil. Sus condiciones naturales distan mucho de ser las ideales. Esta limitación, sin duda la mas importante para el desarrollo rural, ha exigido a quienes la practican desde sus orígenes generar diferentes mecanismos de protección para su supervivencia.

Evidentemente a lo largo del tiempo esos mecanismos han tenido que ir adaptándose a las circunstancias que el mundo, a partir de su evolución, les fue imponiendo. Sin embargo, pareciera que nunca estuvo en duda que esta actividad debe sostenerse porque es, por diferentes razones, estratégica para los países que nos ocupan.

La cultura y el esfuerzo en el trabajo cotidiano han formado una “capa protectora” sobre el individuo agropecuario, cuya fortaleza ha aumentado con el tiempo y es la que le ha permitido -y aún  le permite- sobrevivir a los embates de la política dominada por una sociedad a la que, por momentos, le es muy difícil entender la relación del hombre con su tierra y sus tradiciones.

A comienzos de la década del '60, la conformación de la Comunidad Económica Europea, actualmente Unión Europea, le asigno al “campo” un rol fundamental en su carácter de productor de alimentos. Europa venía de soportar los efectos de dos guerras en las cuales la falta de alimentos fue una de sus consecuencias mas nefastas.

La Política Agrícola Común (PAC), denostada durante años por los “competidores” de la UE, le permitió a este conglomerado de países lograr en muchos rubros el autoabastecimiento. Una política basada principalmente en subsidios de diseños diferentes a través del tiempo, pero subsidios al fin. Francia y sus productores agrícolas y ganaderos están entre los mas beneficiados; y España, cuya integración a la Unión Europea fue mas reciente, también ha logrado los beneficios de esa política.

Quienes no hayan recorrido y hablado con los productores franceses y españoles que explotan pequeñas superficies, difícilmente entiendan la razón del “capricho” de sostener una actividad productiva que sin el “apoyo” del resto de la sociedad, via los subsidios que reciben, sería inviable. El sentido de pertenencia a la tierra en la que viven se resume en una frase reiteradamente escuchada: “La casa y la tierra no son para ti, sino que tú eres para la casa y la tierra”.

A partir de allí se han gestado diferentes tipos de organizaciones de productores, tanto de carácter comercial– productivo como sindicales en defensa del sector.

En el primero de los casos son muy habituales diferentes sistemas que podríamos definir como cooperativos, en los cuales los productores tienen participación determinante tanto en la dirección como en la gestión. Muchas de esas estructuras están conformadas exclusivamente por productores, poniendo el trabajo de cada uno de ellos en lo que individualmente son más eficientes en función del equipo. Una especie de ayuda y solidaridad entre vecinos para el bienestar de todos.

A partir de esa unión primaria se van conformando, en muchos casos, agrupaciones mayores que generan parte sustancial de la riqueza sectorial El proceso de integración productiva es fundamental en el desarrollo. Tratar de abarcar todas las etapas de la cadena para poder obtener los mejores resultados económicos en beneficio de todos los integrantes del “grupo”.

En ese sistema, símil cooperativa aunque no necesariamente como nosotros estamos acostumbrados a ver en la Argentina, la fidelidad de los productores con su grupo de pertenencia es clave. Un concepto adicional que no puede menoscabarse y que vale la pena tener presente para entender el éxito de estas agrupaciones es la definición: “Somos cooperativas, pero somos empresas y nuestro objetivo es ganar dinero para todos los asociados”.

Como ya se ha dicho, el proceso de defensa de este sistema productivo basado en el esfuerzo del trabajo y en el apoyo fundamental de las políticas de los estados, no es fácil de sostener frente a una sociedad que ha mirado, y en algunas regiones aún mira con recelo, a este sector “privilegiado” con los recursos que ellos aportan con sus impuestos.

Es por eso que la defensa sectorial es un tema clave en la organización institucional de los agricultores y ganaderos europeos. Esa organización sindical se ha ido adaptando a los tiempos y ha logrado exitosamente sostener los beneficios que le otorga la Política Agrícola Común desde sus comienzos.

En la organización sindical se pueden encontrar varios tipos de estructuras. Las más destacables son aquellas que reciben o tienen alguna vinculación o aporte de los estados, y también aquellas exclusivamente privadas. Compiten entre sí por acercar a los productores, pero a su vez buscan transformarse en entidades de servicio público, una muy buena forma de acercarse y lograr “el favor” de la sociedad en su conjunto.

Hoy trabajan en varios frentes para “incentivar” a la sociedad urbana a que los sigan apoyando. Por un lado, con el sostenimiento del medio ambiente y el “paisaje”. Si les gusta disfrutarlo, deben contribuir a mantenerlo. Y por otro lado con una apuesta ecológica.

Junto con ello se ha generado conciencia en los pueblos de lo importante que resulta el consumo local y para eso también se fomenta el agregado de valor en origen. Todo, por supuesto, con el aval de políticas que aportan fuertes recursos para el trabajo exitoso de este tipo de emprendimientos. Si embargo, el tratar de evitar que esas entidades representativas del sector reciban apoyo oficial tiene específicamente que ver con la necesidad de mantenerse independiente de los estados.

Es la confirmación de que quieren más. Necesitan de esa independencia para enfrentar al Estado en el reclamo de más y mayores beneficios, lo cual es casi una practica cotidiana. En este sentido, las diferentes conversaciones mantenidas, especialmente con los agricultores franceses y sus representantes, no hacen mas que confirmar, lo que siempre hemos sostenido: cualquier tratado entre la Unión Europea y el Mercosur difícilmente incluya algún beneficio para nuestro sector agroindustrial. Esa fortaleza y resistencia del sector agropecuario europeo no podrá romperse solo con la voluntad política de quienes coyunturalmente manejen la negociación.

Otro tema que preocupa al sector y que por razones de espacio simplemente lo enumeraremos, ya que también tiene implicancias sobre nuestro futuro como productores de alimentos, es la creciente “ola” que busca destruir todo consumo humano de productos de origen animal. Es un tema para prestarle mucha atención.

Lo dicho hasta aquí no pretende ser una verdad revelada ni tampoco una defensa de un sistema productivo basado en los subsidios. Simplemente ha sido la descripción de una realidad productiva de una región clave del mundo. Como lo fueron las notas referidas a Estados Unidos y la República Popular China publicadas en su momento. Esas realidades, mas allá de las ideologías políticas imperantes, no están tan lejos en sus mecanismos e instrumentos. Si la Argentina no entiende ésto, su futuro como productor de alimentos corre serio riesgo y el discurso de supermercado del mundo quedará simplemente como un enunciado de campaña. Como tanto otros que luego estuvieron lejos de convertirse en realidad.

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