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El Niño traerá más lluvias para la campaña agrícola

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El Niño traerá más lluvias para la campaña agrícola

Carlos Etchepare

Cada vez que hablamos de proyecciones o de perspectivas, es bueno recordar de dónde venimos. En este caso, antes de hablar de lo que puede suceder con el clima en la presente campaña no podemos dejar de señalar el efecto que tuvo sobre la última. Como todos recordarán, la campaña 2017/18 estuvo fuertemente marcada por la cuestión climática. Los excesos hídricos de fines de la primavera y principios del verano, generando inundaciones en algunas zonas productivas, sumado a la impresionante sequía de los meses siguientes, hicieron estragos sobre la producción agropecuaria en nuestro país. 
El efecto fue tal, que según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) se perdieron 27 millones de toneladas de granos gruesos y las pérdidas económicas alcanzaron los 5.895 millones de dólares. Pero claro, esto solamente teniendo en consideración la cuestión agrícola. Si el análisis los proyectamos todavía más y tomáramos en consideración el impacto sobre las pasturas de los campos ganaderos o sobre las producciones regionales, el número sería ampliamente mayor. 
En una de las últimas columnas, hablábamos sobre el resultado de una encuesta realizada por la Universidad Austral entre productores y cuestionábamos que eligieran al clima como su principal desafío para la próxima campaña. Por supuesto que el clima es un motivo de preocupación, pero no puede ser un desafío porque no hay manera de influir sobre él. Nada se puede hacer para que llueva o para que deje de llover, lo más cercano que se puede estar de “controlar” los efectos del clima es contratando seguros o manejando información certera. 
Y como acá no vendemos seguros pero sí manejamos información, hablamos con el meteorólogo Leonardo De Benedictis, quien nos pinta un panorama real y fundamentado de lo que puede suceder con el clima en los próximos meses. 

—¿Se puede tener una perspectiva climática a largo plazo?
—Sí, se puede. Uno de los principales factores que tenemos que tener en cuenta para poder desarrollar los pronósticos de largo plazo son los indicadores climáticos. Estos índices son “síntomas” que dan la atmósfera o el océano, que nos determina diferentes patrones de circulación y de contenido de humedad. En general, esos indicadores se basan en características que no cambian rápidamente. El caso más conocido, aunque no el único, es el de la temperatura de superficie del agua de mar en la zona del Pacífico central. Este índice analiza la temperatura actual de la superficie del océano y se compara con la temperatura promedio de los últimos 30 años, estudiando los ascensos y descensos que se pueden observar. Éste es el caso famoso del ENOS, que, por sus siglas, representa a “El Niño Oscilación del Sur”.

—¿Y qué nos puede determinar ese índice?
—Dos cosas fundamentales, la disponibilidad de humedad en la atmósfera y la probable distribución de esa humedad. El contenido de agua en la atmósfera es el factor fundamental para poder tener el potencial desarrollo de precipitaciones. El otro factor, el de la distribución, también es altamente importante, ya que será el responsable de llevar o no la humedad al sector que me interesa analizar. Si, por ejemplo, tenemos un calentamiento en la superficie del Pacífico central, lo que denominamos evento “El Niño”, habrá un aumento de la evaporación y en consecuencia un incremento de la humedad en la atmósfera, lo que facilitará el desarrollo de precipitaciones. Además, la circulación que se observa al aumentar la temperatura de superficie del mar, es la más propicia para llevar esa humedad disponible hacia la zona del Amazonas, en Brasil, y luego los vientos locales y regionales, que comúnmente prevalecen del sector norte, fomentan el desarrollo de lluvias en nuestra región.

—Y ese aumento de lluvias ¿se da en todo el país de la misma manera?
—No, ese incremento de los caudales de lluvia en los eventos “El Niño” se da especialmente sobre la porción este del país, es decir, la zona del Litoral y la Región Pampeana. Mientras que sobre la zona del NOA y la Región Cuyana no se da de manera tan directa. Fundamentalmente por la característica que presenta la circulación local, que fomenta las mayores precipitaciones recostadas sobre el este del país. Pero esto no sucede siempre de la misma manera, y de hecho, sobre la Región de Cuyo, y fundamentalmente para la provincia de San Luis, si bien no presenta una correlación tan directa comúnmente las lluvias son más importante cuando tenemos un evento “El Niño”, sobre todo durante el período del verano.

—Yendo a la actualidad, ¿en qué estado está este índice?
—Venimos de una campaña que estuvo caracterizada por el evento “La Niña”, es decir, todo lo contrario de lo que hablamos hasta ahora. Un enfriamiento de la temperatura de superficie de mar en la zona del Pacífico central. Una campaña que tuvo como característica principal la gran sequía que padeció gran parte del país, no solo San Luis, sino todo el territorio nacional. A partir de fines del otoño, esta situación comenzó a cambiar paulatinamente. Comenzó a observarse un leve calentamiento, que llevó las temperaturas a niveles normales, por lo que transitamos un período de condiciones neutrales, y a partir de la primera quincena del mes de octubre se observó una aceleración en la tasa de calentamiento, por lo que los valores comenzaron a ser cada vez más elevados. Hasta el día de hoy, que nos encontramos exactamente en el límite entre una situación “neutral” y una condición de evento “El Niño”.

—¿Por eso se empezaron a registrar estas últimas lluvias que hemos tenido en gran parte del país?
—Exactamente. Al presentarse este calentamiento, comenzó a observarse, progresivamente, un aumento en el ingreso de la humedad en las capas bajas de la atmósfera, lo que fomentó el desarrollo de lluvias y tormentas de variada intensidad, que, de hecho, en algunos sectores fueron extremas, superaron récords históricos de lluvias en un día, como Santa Fe y Paraná, que presentaron condiciones de lluvias extremas en 24 horas.

—¿En San Luis también se observan esos cambios?
—Sí, también, aunque hay que destacar que en San Luis se combinan dos factores. Primero y principal, la época del año, recordemos que en el período del invierno, sumando el promedio trimestral, las lluvias son de apenas unos 20 milímetros. Recién a partir del mes de setiembre empieza a aumentar levemente el caudal. De hecho, en ese mes el promedio de lluvias está en el orden de los 20 milímetros. Durante octubre se duplican esos volúmenes y en noviembre es cuando realmente comienza la “temporada de lluvias”, manteniéndose hasta el mes de marzo aproximadamente. Pero esta situación se puede potenciar o atenuar según lo que esté pasando en el Pacífico, por eso es tan importante saber en qué situación vamos a estar, si en un evento “El Niño” o “La Niña”.

—Ya comentaste que estamos en el límite entre una situación “Neutral” y un evento “El Niño”. A partir de ahora, ¿para qué lado vamos?
—Bueno, se espera que en breve pasemos a condiciones de un evento “El Niño”, la verdad que es una situación bastante tardía ya que comúnmente comienza a definirse en setiembre y para octubre ya está totalmente desarrollado. Este año es particular, recién en noviembre empezó a definirse y veremos cuando termina de afianzarse.

—Por lo tanto, ¿vamos hacia un año lluvioso?
—Sí, en general se espera que sea una campaña en la que se presenten lluvias por encima de los niveles normales, especialmente durante el verano, que es el momento de mayor influencia e impacto sobre nuestro país. Obviamente que habrá algunas particularidades, con algunas zonas puntuales en las que el agua será menos generosa, pero en general se espera una campaña lluviosa. De hecho, esto ya se está viendo en muchas regiones del país, con las precipitaciones que se registraron durante fines de octubre y la primera parte de noviembre.

—¿Qué proyecciones se prevén para San Luis?
—En lo que respecta a lluvias y pensando ya en el período del verano, es decir, abarcando de diciembre a febrero, se espera que el trimestre se presente con lluvias por encima de los niveles medios. Esta circulación que venimos hablando se va a ir potenciando, por lo que el aporte de humedad será importante para la zona de San Luis. Entonces el típico desarrollo de lluvias y tormentas vespertinas será uno de los componentes fundamentales a lo largo del verano. El punto negativo para esta situación es lo reducidas o puntuales que se pueden dar las tormentas, eso también puede ser un factor determinante teniendo en cuenta que en muchas situaciones se observarán acumulados de lluvia muy desparejos. Pero al analizarlo de manera regional, se podrá observar que las lluvias serán superiores a los niveles normales. Especialmente se espera que esta tendencia se acentúe en diciembre y enero, mientras que a partir de febrero, este efecto estaría más atenuado.

—Ya hablamos bastante de las lluvias, ¿Qué podrías proyectar sobre las temperaturas?
—La Zona de Cuyo no presenta una buena correlación entre “El Niño” y las temperaturas, pero sí hay algunos estudios que muestran que la fecha de la primera helada se retrasa levemente cuando estamos bajo la influencia de un evento “El Niño”. Esto no quiere decir que se descartan en su totalidad, pero sí que se reduce la probabilidad de desarrollarse una helada temprana estando bajo un evento “El Niño”. Por otro lado, analizando para este verano en particular, los modelos insisten con una tendencia de temperaturas moderadas, con valores inferiores a los niveles medios durante diciembre. Mientras que a partir de enero la situación se revierte, presentando el resto del verano temperaturas superiores a los niveles medios.

—Entonces, en términos generales, se puede decir que podemos esperar una buena campaña desde lo climático. 
—En términos generales sí, además todavía tenemos muy fresco lo que fue la campaña anterior, con la extensa e intensa sequía que sufrimos. Así que en comparación, ésta será una campaña mucho mejor. El mayor riesgo que podemos correr en situaciones como la que vamos a atravesar es que comiencen a generarse algunos excesos, pero eso estará más acotado a la zona este del país.

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El Niño traerá más lluvias para la campaña agrícola

Cada vez que hablamos de proyecciones o de perspectivas, es bueno recordar de dónde venimos. En este caso, antes de hablar de lo que puede suceder con el clima en la presente campaña no podemos dejar de señalar el efecto que tuvo sobre la última. Como todos recordarán, la campaña 2017/18 estuvo fuertemente marcada por la cuestión climática. Los excesos hídricos de fines de la primavera y principios del verano, generando inundaciones en algunas zonas productivas, sumado a la impresionante sequía de los meses siguientes, hicieron estragos sobre la producción agropecuaria en nuestro país. 
El efecto fue tal, que según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) se perdieron 27 millones de toneladas de granos gruesos y las pérdidas económicas alcanzaron los 5.895 millones de dólares. Pero claro, esto solamente teniendo en consideración la cuestión agrícola. Si el análisis los proyectamos todavía más y tomáramos en consideración el impacto sobre las pasturas de los campos ganaderos o sobre las producciones regionales, el número sería ampliamente mayor. 
En una de las últimas columnas, hablábamos sobre el resultado de una encuesta realizada por la Universidad Austral entre productores y cuestionábamos que eligieran al clima como su principal desafío para la próxima campaña. Por supuesto que el clima es un motivo de preocupación, pero no puede ser un desafío porque no hay manera de influir sobre él. Nada se puede hacer para que llueva o para que deje de llover, lo más cercano que se puede estar de “controlar” los efectos del clima es contratando seguros o manejando información certera. 
Y como acá no vendemos seguros pero sí manejamos información, hablamos con el meteorólogo Leonardo De Benedictis, quien nos pinta un panorama real y fundamentado de lo que puede suceder con el clima en los próximos meses. 

—¿Se puede tener una perspectiva climática a largo plazo?
—Sí, se puede. Uno de los principales factores que tenemos que tener en cuenta para poder desarrollar los pronósticos de largo plazo son los indicadores climáticos. Estos índices son “síntomas” que dan la atmósfera o el océano, que nos determina diferentes patrones de circulación y de contenido de humedad. En general, esos indicadores se basan en características que no cambian rápidamente. El caso más conocido, aunque no el único, es el de la temperatura de superficie del agua de mar en la zona del Pacífico central. Este índice analiza la temperatura actual de la superficie del océano y se compara con la temperatura promedio de los últimos 30 años, estudiando los ascensos y descensos que se pueden observar. Éste es el caso famoso del ENOS, que, por sus siglas, representa a “El Niño Oscilación del Sur”.

—¿Y qué nos puede determinar ese índice?
—Dos cosas fundamentales, la disponibilidad de humedad en la atmósfera y la probable distribución de esa humedad. El contenido de agua en la atmósfera es el factor fundamental para poder tener el potencial desarrollo de precipitaciones. El otro factor, el de la distribución, también es altamente importante, ya que será el responsable de llevar o no la humedad al sector que me interesa analizar. Si, por ejemplo, tenemos un calentamiento en la superficie del Pacífico central, lo que denominamos evento “El Niño”, habrá un aumento de la evaporación y en consecuencia un incremento de la humedad en la atmósfera, lo que facilitará el desarrollo de precipitaciones. Además, la circulación que se observa al aumentar la temperatura de superficie del mar, es la más propicia para llevar esa humedad disponible hacia la zona del Amazonas, en Brasil, y luego los vientos locales y regionales, que comúnmente prevalecen del sector norte, fomentan el desarrollo de lluvias en nuestra región.

—Y ese aumento de lluvias ¿se da en todo el país de la misma manera?
—No, ese incremento de los caudales de lluvia en los eventos “El Niño” se da especialmente sobre la porción este del país, es decir, la zona del Litoral y la Región Pampeana. Mientras que sobre la zona del NOA y la Región Cuyana no se da de manera tan directa. Fundamentalmente por la característica que presenta la circulación local, que fomenta las mayores precipitaciones recostadas sobre el este del país. Pero esto no sucede siempre de la misma manera, y de hecho, sobre la Región de Cuyo, y fundamentalmente para la provincia de San Luis, si bien no presenta una correlación tan directa comúnmente las lluvias son más importante cuando tenemos un evento “El Niño”, sobre todo durante el período del verano.

—Yendo a la actualidad, ¿en qué estado está este índice?
—Venimos de una campaña que estuvo caracterizada por el evento “La Niña”, es decir, todo lo contrario de lo que hablamos hasta ahora. Un enfriamiento de la temperatura de superficie de mar en la zona del Pacífico central. Una campaña que tuvo como característica principal la gran sequía que padeció gran parte del país, no solo San Luis, sino todo el territorio nacional. A partir de fines del otoño, esta situación comenzó a cambiar paulatinamente. Comenzó a observarse un leve calentamiento, que llevó las temperaturas a niveles normales, por lo que transitamos un período de condiciones neutrales, y a partir de la primera quincena del mes de octubre se observó una aceleración en la tasa de calentamiento, por lo que los valores comenzaron a ser cada vez más elevados. Hasta el día de hoy, que nos encontramos exactamente en el límite entre una situación “neutral” y una condición de evento “El Niño”.

—¿Por eso se empezaron a registrar estas últimas lluvias que hemos tenido en gran parte del país?
—Exactamente. Al presentarse este calentamiento, comenzó a observarse, progresivamente, un aumento en el ingreso de la humedad en las capas bajas de la atmósfera, lo que fomentó el desarrollo de lluvias y tormentas de variada intensidad, que, de hecho, en algunos sectores fueron extremas, superaron récords históricos de lluvias en un día, como Santa Fe y Paraná, que presentaron condiciones de lluvias extremas en 24 horas.

—¿En San Luis también se observan esos cambios?
—Sí, también, aunque hay que destacar que en San Luis se combinan dos factores. Primero y principal, la época del año, recordemos que en el período del invierno, sumando el promedio trimestral, las lluvias son de apenas unos 20 milímetros. Recién a partir del mes de setiembre empieza a aumentar levemente el caudal. De hecho, en ese mes el promedio de lluvias está en el orden de los 20 milímetros. Durante octubre se duplican esos volúmenes y en noviembre es cuando realmente comienza la “temporada de lluvias”, manteniéndose hasta el mes de marzo aproximadamente. Pero esta situación se puede potenciar o atenuar según lo que esté pasando en el Pacífico, por eso es tan importante saber en qué situación vamos a estar, si en un evento “El Niño” o “La Niña”.

—Ya comentaste que estamos en el límite entre una situación “Neutral” y un evento “El Niño”. A partir de ahora, ¿para qué lado vamos?
—Bueno, se espera que en breve pasemos a condiciones de un evento “El Niño”, la verdad que es una situación bastante tardía ya que comúnmente comienza a definirse en setiembre y para octubre ya está totalmente desarrollado. Este año es particular, recién en noviembre empezó a definirse y veremos cuando termina de afianzarse.

—Por lo tanto, ¿vamos hacia un año lluvioso?
—Sí, en general se espera que sea una campaña en la que se presenten lluvias por encima de los niveles normales, especialmente durante el verano, que es el momento de mayor influencia e impacto sobre nuestro país. Obviamente que habrá algunas particularidades, con algunas zonas puntuales en las que el agua será menos generosa, pero en general se espera una campaña lluviosa. De hecho, esto ya se está viendo en muchas regiones del país, con las precipitaciones que se registraron durante fines de octubre y la primera parte de noviembre.

—¿Qué proyecciones se prevén para San Luis?
—En lo que respecta a lluvias y pensando ya en el período del verano, es decir, abarcando de diciembre a febrero, se espera que el trimestre se presente con lluvias por encima de los niveles medios. Esta circulación que venimos hablando se va a ir potenciando, por lo que el aporte de humedad será importante para la zona de San Luis. Entonces el típico desarrollo de lluvias y tormentas vespertinas será uno de los componentes fundamentales a lo largo del verano. El punto negativo para esta situación es lo reducidas o puntuales que se pueden dar las tormentas, eso también puede ser un factor determinante teniendo en cuenta que en muchas situaciones se observarán acumulados de lluvia muy desparejos. Pero al analizarlo de manera regional, se podrá observar que las lluvias serán superiores a los niveles normales. Especialmente se espera que esta tendencia se acentúe en diciembre y enero, mientras que a partir de febrero, este efecto estaría más atenuado.

—Ya hablamos bastante de las lluvias, ¿Qué podrías proyectar sobre las temperaturas?
—La Zona de Cuyo no presenta una buena correlación entre “El Niño” y las temperaturas, pero sí hay algunos estudios que muestran que la fecha de la primera helada se retrasa levemente cuando estamos bajo la influencia de un evento “El Niño”. Esto no quiere decir que se descartan en su totalidad, pero sí que se reduce la probabilidad de desarrollarse una helada temprana estando bajo un evento “El Niño”. Por otro lado, analizando para este verano en particular, los modelos insisten con una tendencia de temperaturas moderadas, con valores inferiores a los niveles medios durante diciembre. Mientras que a partir de enero la situación se revierte, presentando el resto del verano temperaturas superiores a los niveles medios.

—Entonces, en términos generales, se puede decir que podemos esperar una buena campaña desde lo climático. 
—En términos generales sí, además todavía tenemos muy fresco lo que fue la campaña anterior, con la extensa e intensa sequía que sufrimos. Así que en comparación, ésta será una campaña mucho mejor. El mayor riesgo que podemos correr en situaciones como la que vamos a atravesar es que comiencen a generarse algunos excesos, pero eso estará más acotado a la zona este del país.

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