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Balance de 2018 y perspectivas para la ganadería

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Balance de 2018 y perspectivas para la ganadería

Nicolás Razzetti

El sector perdió en materia de precios en términos reales, sin embargo hay factores que permiten pensar en la recomposición del gordo. La caída de la oferta, la mayor demanda exportadora y un consumo que sigue interesado ayudarían a subir los valores, lo que impulsaría también a la cría.

Al cierre del año, siempre corresponde hacer un balance de lo que vivió la ganadería, y también plantear qué puede pasar con la posible evolución sectorial durante 2019.

Si arrancamos por la cría, el año que se va no fue bueno. Hubo una importante pérdida de rentabilidad, de la que dimos cuenta en el número anterior de la revista El Campo. A eso se agregaron los problemas económicos del país, entre los que se destaca la cuestión financiera, que deja las tasas por las nubes y al sector sin acceso al crédito. En ese contexto no queda otra que apelar al capital de trabajo para financiar gastos y costos.

La falta de rentabilidad y los problemas financieros impulsaron la faena de hembras, que cada mes fue más alta y si bien no se puede hablar de liquidación aún es poco probable que a marzo del año próximo, cuando se conozca el stock vacuno según el relevamiento que publica Senasa, el recuento indique un crecimiento del rodeo argentino.

Con respecto al engorde, el resultado también fue malo. En el arranque hubo seca y eso complicó la producción de forraje, pero además hubo serias complicaciones para el engorde a corral. En este eslabón, encargado de la terminación de la mayor parte de lo que se envía a faena, hubo pérdidas en los dos grandes momentos de encierre. Tanto en otoño como en primavera las cuentas dieron mal.

Y ese resultado negativo tiene que ver con diferentes cuestiones, pero principalmente con la falta de reacción de los precios, que no acompañaron la evolución de la inflación ni los costos sectoriales que se elevaron notablemente por la suba del alimento, que copia lo que pasa con el dólar.

Recientemente el presidente de la Cámara de Feedlot, Juan Carlos Eiras, dijo que “en mayo de 2017 por la hacienda liviana terminada a corral se pagaban 40 pesos el kilo, y ahora vemos a la mayoría de los lotes en 45 pesos, la suba fue de 10% en un período de 18 meses y recién se espera una reacción para febrero o marzo, lo que significa que cumpliríamos dos años de pérdidas”.

Los insumos del engorde a corral, como es el caso del maíz, aumentaron 100%, otros como el gasoil más del 80%, mientras tanto el precio del gordo aumentó entre 35% y 40%. En ese contexto se redujo el poder de compra de la invernada, cuyos precios subieron en torno al 15/20%.

Los valores del ganado para faena también se vieron afectados por el recorte en el poder de compra de la demanda local, que es a donde se destina el 85% de la carne que se produce y que se vio seriamente dañada por subas salariales muy inferiores a la inflación.

Según los datos que publica el IPCVA, que mide la evolución de  los precios al público cada mes, en noviembre el aumento de la carne vacuna fue de apenas 0,2%, cuando la inflación promedio registrada por el Indec fue del 3,2%.

Al tiempo que la carne vacuna casi no se movió, el pollo aumentó 1,4% y los valores de promedio de los cortes de carne porcina alcanzaron un 1%.

Los cambios indican que la demanda local perdió contra la suba general de precios, que los salarios tienen menos poder de compra y que finalmente, como se sabe, el consumo ajusta por precio. Es cierto que se absorbe todo lo que se produce, pero cuando la demanda cae, baja el precio. El consumo interno está optando por las carnes sustitutas, que comienzan a recortar la distancia con la bovina, el producto líder en las preferencias de los argentinos.

Al respecto, el informe de precios del IPCVA indica que en noviembre del año pasado se podían comprar 3,5 kilos de carne de pollo con uno de asado, pero esa brecha se fue acortando este año y actualmente con un kilo de asado se adquieren 2,83 de carne de pollo. Además, también se achicó la brecha con la carne porcina. Si el año pasado la relación fue de 1,12 a 1; ahora con uno de asado se compran 1,1 del promedio de los cortes provenientes de la faena de cerdos.

La inflación de noviembre fue de 3,2%, pero el acumulado interanual fue de 48,5%, mientras que la suba de precios de la carne vacuna fue de 39%. Ahí se evidencia una notable distancia entre la evolución de ambos indicadores, pero la brecha es aún mayor cuando se compara la inflación con los precios del ganado para faena.

El novillo aumentó 41% interanual comparando noviembre de este año con igual mes de 2017. El consumo liviano aumentó entre 32% y 37%, mientras que las vacas, gracias a la fuerte demanda China, aumentaron 51%. En tanto, en los últimos meses los precios del ganado para faena vienen cayendo. Entre los promedios de noviembre y los de setiembre, la baja para el novillo fue de 5%, mientras que para el consumo liviano y las vacas fue entre 6 y 7%.

¿Qué se espera del mercado ganadero?

Con respecto al gordo, los operadores coinciden en que se está entrando en el período de menor oferta y que en 2019 el salario no perdería por tanto la carrera contra la inflación debido al contexto electoral. Entonces, con menos oferta sobre todo en los meses del verano y el otoño, podría darse la tan anhelada recomposición de valores.

El consumo liviano debería superar los $60 por kilo para que al engorde a corral las cuentas comiencen a cerrarle. A favor de la mejora del precio de la hacienda juega también el creciente volumen exportador, que el año próximo daría un nuevo salto, aunque menor en términos porcentuales, ya que según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) los embarques de la Argentina crecerían 15%, lo que significaría unas 70 mil toneladas más que las 520/530 a las que se llegará en 2018.

Si eso se da mejoraría también el poder de compra de los terneros de invernada. El volumen de venta en la zafra se espera dentro de los parámetros normales, aunque la cuestión financiera jugará su rol y es probable que muchos se vean empujados a vender más temprano que tarde para hacerse de dinero.

Si el gordo mejora y también la invernada, al menos algo debería llegar a los vientres, que son las categorías con menos evolución en los precios de toda la cadena productiva.

La industria ve luces amarillas

La Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra) dio a conocer su balance del año y destacó algunos indicadores positivos, como por caso el aumento en las exportaciones, la apertura de nuevos mercados como el tan deseado norteamericano y el crecimiento de la faena que derivó en una mayor producción de carne; al tiempo que el consumo interno sostuvo sus niveles de ingesta, aunque pagando menores precios.

Pero a criterio de Fifra, hay también luces amarillas en el sector. Entre ellas se destacan los problemas que generan para el crecimiento sectorial (y en definitiva de toda la economía) las elevadas tasas de interés, que llevan a los productores a desprenderse de más hembras de lo que desearían. También alertaron por las pérdidas en los feedlots, “que han tenido que ajustar en eficiencia y en valores de compra, como resultado final se están contabilizando menores ingresos que egresos, con lo cual se puede prever caída en la oferta de ganado gordo en el futuro próximo”.

Con respecto a la perspectiva, los directivos de Fifra dicen que “el dilema o encrucijada del ganadero será apostar por una recuperación de precios que demora en llegar, o seguir liquidando para atender el gasto corriente. Las señales que dan los precios no son lo suficientemente alentadoras, el valor internacional de cortes premium sigue deprimido. Basta con consignar un ejemplo: la tonelada Hilton apenas supera los 10 mil dólares y recordemos que solo para tres cortes. En cuanto al mercado doméstico, el poder adquisitivo es el termómetro y se muestra remiso a aceptar incrementos. Creemos que en definitiva el precio ajustará por oferta y el mercado hará que se produzcan las correcciones necesarias para recomponer las relaciones de precios que deben existir en la cadena, lo cual generará seguramente caída en la faena para consumo por retracción de la demanda”.

Pero más allá de las cuestiones de mercado, Fifra y las demás entidades de la industria frigorífica esperan por la resolución de varias cuestiones. En el arranque del año, el 21 de enero próximo, habrá una nueva reunión de la Mesa de las Carnes con el presidente Mauricio Macri, pero antes se esperan novedades por el tema cueros, cuya baja de retenciones fue ya dos veces prometida por el mandatario.

También avances en lo que refiere a los nuevos criterios de reparto de la Cuota Hilton y de la cuota para exportar a los Estados Unidos. Pero además, están pendientes los cambios en el sistema impositivo que permitan la correcta implementación del remito electrónico de carne, con el que se pretende combatir la informalidad en la venta al público. Son varios y espinosos los temas que quedan por encarar y que el sector necesita resolver para tener un comportamiento más ordenado, moderno y competitivo, que requerirá además del ordenamiento de la macroeconomía en un año que estará teñido, como si no alcanzara con todo lo anterior, por la puja electoral.

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Balance de 2018 y perspectivas para la ganadería

El sector perdió en materia de precios en términos reales, sin embargo hay factores que permiten pensar en la recomposición del gordo. La caída de la oferta, la mayor demanda exportadora y un consumo que sigue interesado ayudarían a subir los valores, lo que impulsaría también a la cría.

Al cierre del año, siempre corresponde hacer un balance de lo que vivió la ganadería, y también plantear qué puede pasar con la posible evolución sectorial durante 2019.

Si arrancamos por la cría, el año que se va no fue bueno. Hubo una importante pérdida de rentabilidad, de la que dimos cuenta en el número anterior de la revista El Campo. A eso se agregaron los problemas económicos del país, entre los que se destaca la cuestión financiera, que deja las tasas por las nubes y al sector sin acceso al crédito. En ese contexto no queda otra que apelar al capital de trabajo para financiar gastos y costos.

La falta de rentabilidad y los problemas financieros impulsaron la faena de hembras, que cada mes fue más alta y si bien no se puede hablar de liquidación aún es poco probable que a marzo del año próximo, cuando se conozca el stock vacuno según el relevamiento que publica Senasa, el recuento indique un crecimiento del rodeo argentino.

Con respecto al engorde, el resultado también fue malo. En el arranque hubo seca y eso complicó la producción de forraje, pero además hubo serias complicaciones para el engorde a corral. En este eslabón, encargado de la terminación de la mayor parte de lo que se envía a faena, hubo pérdidas en los dos grandes momentos de encierre. Tanto en otoño como en primavera las cuentas dieron mal.

Y ese resultado negativo tiene que ver con diferentes cuestiones, pero principalmente con la falta de reacción de los precios, que no acompañaron la evolución de la inflación ni los costos sectoriales que se elevaron notablemente por la suba del alimento, que copia lo que pasa con el dólar.

Recientemente el presidente de la Cámara de Feedlot, Juan Carlos Eiras, dijo que “en mayo de 2017 por la hacienda liviana terminada a corral se pagaban 40 pesos el kilo, y ahora vemos a la mayoría de los lotes en 45 pesos, la suba fue de 10% en un período de 18 meses y recién se espera una reacción para febrero o marzo, lo que significa que cumpliríamos dos años de pérdidas”.

Los insumos del engorde a corral, como es el caso del maíz, aumentaron 100%, otros como el gasoil más del 80%, mientras tanto el precio del gordo aumentó entre 35% y 40%. En ese contexto se redujo el poder de compra de la invernada, cuyos precios subieron en torno al 15/20%.

Los valores del ganado para faena también se vieron afectados por el recorte en el poder de compra de la demanda local, que es a donde se destina el 85% de la carne que se produce y que se vio seriamente dañada por subas salariales muy inferiores a la inflación.

Según los datos que publica el IPCVA, que mide la evolución de  los precios al público cada mes, en noviembre el aumento de la carne vacuna fue de apenas 0,2%, cuando la inflación promedio registrada por el Indec fue del 3,2%.

Al tiempo que la carne vacuna casi no se movió, el pollo aumentó 1,4% y los valores de promedio de los cortes de carne porcina alcanzaron un 1%.

Los cambios indican que la demanda local perdió contra la suba general de precios, que los salarios tienen menos poder de compra y que finalmente, como se sabe, el consumo ajusta por precio. Es cierto que se absorbe todo lo que se produce, pero cuando la demanda cae, baja el precio. El consumo interno está optando por las carnes sustitutas, que comienzan a recortar la distancia con la bovina, el producto líder en las preferencias de los argentinos.

Al respecto, el informe de precios del IPCVA indica que en noviembre del año pasado se podían comprar 3,5 kilos de carne de pollo con uno de asado, pero esa brecha se fue acortando este año y actualmente con un kilo de asado se adquieren 2,83 de carne de pollo. Además, también se achicó la brecha con la carne porcina. Si el año pasado la relación fue de 1,12 a 1; ahora con uno de asado se compran 1,1 del promedio de los cortes provenientes de la faena de cerdos.

La inflación de noviembre fue de 3,2%, pero el acumulado interanual fue de 48,5%, mientras que la suba de precios de la carne vacuna fue de 39%. Ahí se evidencia una notable distancia entre la evolución de ambos indicadores, pero la brecha es aún mayor cuando se compara la inflación con los precios del ganado para faena.

El novillo aumentó 41% interanual comparando noviembre de este año con igual mes de 2017. El consumo liviano aumentó entre 32% y 37%, mientras que las vacas, gracias a la fuerte demanda China, aumentaron 51%. En tanto, en los últimos meses los precios del ganado para faena vienen cayendo. Entre los promedios de noviembre y los de setiembre, la baja para el novillo fue de 5%, mientras que para el consumo liviano y las vacas fue entre 6 y 7%.

¿Qué se espera del mercado ganadero?

Con respecto al gordo, los operadores coinciden en que se está entrando en el período de menor oferta y que en 2019 el salario no perdería por tanto la carrera contra la inflación debido al contexto electoral. Entonces, con menos oferta sobre todo en los meses del verano y el otoño, podría darse la tan anhelada recomposición de valores.

El consumo liviano debería superar los $60 por kilo para que al engorde a corral las cuentas comiencen a cerrarle. A favor de la mejora del precio de la hacienda juega también el creciente volumen exportador, que el año próximo daría un nuevo salto, aunque menor en términos porcentuales, ya que según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) los embarques de la Argentina crecerían 15%, lo que significaría unas 70 mil toneladas más que las 520/530 a las que se llegará en 2018.

Si eso se da mejoraría también el poder de compra de los terneros de invernada. El volumen de venta en la zafra se espera dentro de los parámetros normales, aunque la cuestión financiera jugará su rol y es probable que muchos se vean empujados a vender más temprano que tarde para hacerse de dinero.

Si el gordo mejora y también la invernada, al menos algo debería llegar a los vientres, que son las categorías con menos evolución en los precios de toda la cadena productiva.

La industria ve luces amarillas

La Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra) dio a conocer su balance del año y destacó algunos indicadores positivos, como por caso el aumento en las exportaciones, la apertura de nuevos mercados como el tan deseado norteamericano y el crecimiento de la faena que derivó en una mayor producción de carne; al tiempo que el consumo interno sostuvo sus niveles de ingesta, aunque pagando menores precios.

Pero a criterio de Fifra, hay también luces amarillas en el sector. Entre ellas se destacan los problemas que generan para el crecimiento sectorial (y en definitiva de toda la economía) las elevadas tasas de interés, que llevan a los productores a desprenderse de más hembras de lo que desearían. También alertaron por las pérdidas en los feedlots, “que han tenido que ajustar en eficiencia y en valores de compra, como resultado final se están contabilizando menores ingresos que egresos, con lo cual se puede prever caída en la oferta de ganado gordo en el futuro próximo”.

Con respecto a la perspectiva, los directivos de Fifra dicen que “el dilema o encrucijada del ganadero será apostar por una recuperación de precios que demora en llegar, o seguir liquidando para atender el gasto corriente. Las señales que dan los precios no son lo suficientemente alentadoras, el valor internacional de cortes premium sigue deprimido. Basta con consignar un ejemplo: la tonelada Hilton apenas supera los 10 mil dólares y recordemos que solo para tres cortes. En cuanto al mercado doméstico, el poder adquisitivo es el termómetro y se muestra remiso a aceptar incrementos. Creemos que en definitiva el precio ajustará por oferta y el mercado hará que se produzcan las correcciones necesarias para recomponer las relaciones de precios que deben existir en la cadena, lo cual generará seguramente caída en la faena para consumo por retracción de la demanda”.

Pero más allá de las cuestiones de mercado, Fifra y las demás entidades de la industria frigorífica esperan por la resolución de varias cuestiones. En el arranque del año, el 21 de enero próximo, habrá una nueva reunión de la Mesa de las Carnes con el presidente Mauricio Macri, pero antes se esperan novedades por el tema cueros, cuya baja de retenciones fue ya dos veces prometida por el mandatario.

También avances en lo que refiere a los nuevos criterios de reparto de la Cuota Hilton y de la cuota para exportar a los Estados Unidos. Pero además, están pendientes los cambios en el sistema impositivo que permitan la correcta implementación del remito electrónico de carne, con el que se pretende combatir la informalidad en la venta al público. Son varios y espinosos los temas que quedan por encarar y que el sector necesita resolver para tener un comportamiento más ordenado, moderno y competitivo, que requerirá además del ordenamiento de la macroeconomía en un año que estará teñido, como si no alcanzara con todo lo anterior, por la puja electoral.

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