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Un techo político

Florencia Espinosa

De cara a la asunción de un nuevo gobierno el próximo 10 de diciembre, uno de los reclamos es la necesidad de tener un gabinete paritario, algo que durante el gobierno de Mauricio Macri no se logró. Dentro del Ejecutivo solo hubo tres mujeres ministras: Susana Malcorra, en Relaciones Exteriores; Carolina Stanley, en Desarrollo Social; y Patricia Bullrich, en Seguridad. El panorama es el mismo desde hace años: en total, desde el regreso de la democracia hasta ahora, en el país solo hubo 16 mujeres al mando de ministerios en el Ejecutivo Nacional. En las provincias la situación es similar a excepción de San Luis, que fue la primera en contar con igual número de mujeres y hombres en su gabinete.

Techos y paredes de cristal. Esos límites invisibles, pero bien firmes, a los que se tienen que enfrentar las mujeres a lo largo de su vida y en todas las profesiones. En la política se pueden observar de una forma muy clara. El acceso a primeros mandos es difícil y se corresponde con ciertos mandatos y creencias culturales muy arraigadas. La división sexual del trabajo y la desigual distribución de las tareas de cuidado, principalmente en la maternidad, son las grandes causas de base.

De las 16 ministras que tuvimos en Argentina a lo largo de la historia, la mitad de ellas estuvo destinada a ministerios que refuerzan los estereotipos femeninos. Desarrollo Social, Salud, Educación y Cultura. Una segregación horizontal producto de la reproducción de roles de género destinados al cuidado.

En cuanto a mandatarias provinciales, San Luis también fue pionera. La primera gobernadora del país fue Alicia Lemme, en el 2001. En total, hasta este 10 de diciembre, hubo solo 8 mandatos de este tipo ocupados por mujeres desde el regreso de la democracia: Catamarca, con dos períodos de Lucía Corpacci (2011-2019); Santiago del Estero, con los mandatos de Mercedes A. de Juárez (2002-2004) y Claudia Abdala (2013-2017); Buenos Aires con María Eugenia Vidal (2015-2019); Santa Cruz con Alicia Kirchner (2015-2019) y Tierra del Fuego, donde gobernó Fabiana Ríos entre 2007 y 2015, y Rosana Bertone del 2015 hasta el 2019.

En los ejecutivos provinciales algunas otras provincias se acercaron a la paridad, como Mendoza y Santa Cruz, que rondan el 40% de mujeres en sus gabinetes. Las de abajo del ranking son, hasta el momento, Formosa, Córdoba Buenos Aires y Catamarca, sin ninguna mujer. En las dos últimas el número llama la atención ya que cuentan con gobernadoras mujeres, pero no supieron incluir a otras en su equipo. En las intendencias, según un relevamiento de la asociación civil Mujer y Gobierno, de los 2.231 gobiernos municipales de Argentina, 240 tienen como cabeza a una mujer, lo que representa apenas el 10,75%. El sesgo femenino se da en todos los niveles políticos, por eso las expectativas para la nueva gestión son grandes. El techo y las paredes de cristal no son irrompibles.

 

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Un techo político

De cara a la asunción de un nuevo gobierno el próximo 10 de diciembre, uno de los reclamos es la necesidad de tener un gabinete paritario, algo que durante el gobierno de Mauricio Macri no se logró. Dentro del Ejecutivo solo hubo tres mujeres ministras: Susana Malcorra, en Relaciones Exteriores; Carolina Stanley, en Desarrollo Social; y Patricia Bullrich, en Seguridad. El panorama es el mismo desde hace años: en total, desde el regreso de la democracia hasta ahora, en el país solo hubo 16 mujeres al mando de ministerios en el Ejecutivo Nacional. En las provincias la situación es similar a excepción de San Luis, que fue la primera en contar con igual número de mujeres y hombres en su gabinete.

Techos y paredes de cristal. Esos límites invisibles, pero bien firmes, a los que se tienen que enfrentar las mujeres a lo largo de su vida y en todas las profesiones. En la política se pueden observar de una forma muy clara. El acceso a primeros mandos es difícil y se corresponde con ciertos mandatos y creencias culturales muy arraigadas. La división sexual del trabajo y la desigual distribución de las tareas de cuidado, principalmente en la maternidad, son las grandes causas de base.

De las 16 ministras que tuvimos en Argentina a lo largo de la historia, la mitad de ellas estuvo destinada a ministerios que refuerzan los estereotipos femeninos. Desarrollo Social, Salud, Educación y Cultura. Una segregación horizontal producto de la reproducción de roles de género destinados al cuidado.

En cuanto a mandatarias provinciales, San Luis también fue pionera. La primera gobernadora del país fue Alicia Lemme, en el 2001. En total, hasta este 10 de diciembre, hubo solo 8 mandatos de este tipo ocupados por mujeres desde el regreso de la democracia: Catamarca, con dos períodos de Lucía Corpacci (2011-2019); Santiago del Estero, con los mandatos de Mercedes A. de Juárez (2002-2004) y Claudia Abdala (2013-2017); Buenos Aires con María Eugenia Vidal (2015-2019); Santa Cruz con Alicia Kirchner (2015-2019) y Tierra del Fuego, donde gobernó Fabiana Ríos entre 2007 y 2015, y Rosana Bertone del 2015 hasta el 2019.

En los ejecutivos provinciales algunas otras provincias se acercaron a la paridad, como Mendoza y Santa Cruz, que rondan el 40% de mujeres en sus gabinetes. Las de abajo del ranking son, hasta el momento, Formosa, Córdoba Buenos Aires y Catamarca, sin ninguna mujer. En las dos últimas el número llama la atención ya que cuentan con gobernadoras mujeres, pero no supieron incluir a otras en su equipo. En las intendencias, según un relevamiento de la asociación civil Mujer y Gobierno, de los 2.231 gobiernos municipales de Argentina, 240 tienen como cabeza a una mujer, lo que representa apenas el 10,75%. El sesgo femenino se da en todos los niveles políticos, por eso las expectativas para la nueva gestión son grandes. El techo y las paredes de cristal no son irrompibles.

 

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