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El sector agropecuario ante el nuevo gobierno

Carlos Etchepare

Hay luces y sombras en el futuro del campo.

En las últimas semanas se habló mucho y se especuló todavía más respecto de lo que puede suceder en materia de política agropecuaria después de las elecciones. Ahora, que ya tenemos la certeza de quien será el próximo presidente de los argentinos, es tiempo de realizar esos análisis sobre un terreno algo más firme.

Sin lugar a dudas, el campo prefería que Cambiemos hubiera continuado al frente del gobierno, pero pese a este deseo, ahora la realidad nos marca que es el tiempo del Frente de Todos y con sus dirigentes se debe trabajar. No hacerlo puede ser un grave error de parte del sector agropecuario.

Cuando Alberto Fernández comenzó a perfilarse como ganador, después del resultado de las PASO, muchos buscaron por un lado influenciar sobre él y por otro lado hablar en nombre de él. Esta situación generó confusión en mucha gente, la asustó, le hizo frenar decisiones y lo posicionó al ahora presidente electo en la vereda opuesta de los intereses y necesidades de ese universo que definimos como "campo". En definitiva, se generó un escenario en el que la relación con Fernández no sería fácil.

Pero de todas las propuestas que hay dando vueltas, de todas las voces que intentan arrogarse la decisión de Alberto Fernández, solo una sería la que tiene de alguna manera el aval del nuevo presidente electo. Y esa no es la del kirchnerista Instituto Patria ni es tampoco la que lleva el membrete del Partido Justicialista.

La segunda, por ejemplo, es un compendio de propuestas que tienen un montón de incoherencias generales, que se contraponen entre lo que dice para el sector agropecuario, los planes para el sector exportador y lo que espera para el mercado interno. Contradicciones que demuestran que la propuesta se hizo de manera apurada e improvisada, con el único objetivo de acercarle algo al presidente electo.

Pero como decíamos más arriba, hay una tercera idea respecto de las políticas que se podrían aplicar para el campo y se la debemos atribuir al propio equipo que tiene Alberto Fernández para nuestro sector.

Referentes como Gabriel Delgado (que fue entrevistado por la revista El Campo), Jorge Neme y otras personas que realmente conocen de producción e industrialización agropecuaria. Un grupo que esperemos que sea el que tenga una participación importante en el armado de las políticas que esperan los productores.

 

Las propuesta para el sector

Es posible que la política que lleven adelante estos referentes le den al sector agropecuario una participación importante y significativa. Alberto Fernández no es un improvisado y reconoce que le tiene que dar al campo, le guste o no, una importancia radical. Sabe que el campo es fundamental para el funcionamiento de su gobierno, sabe que lo necesita.

Entonces, cuando leemos lo que podríamos denominar como el decálogo de propuestas de Alberto Fernández para el campo, lo primero que observamos es que no hay ningún indicador que lleve a nuestro sector a prender luces de alarma.

Un ejemplo de esto está en el propio texto de las propuestas. “Sabemos que hemos cometido errores de los cuales hemos aprendido, errores que jamás volveremos a cometer. Los problemas que se generaron con el trigo y la carne no resolvieron el precio al consumidor y afectaron seriamente estas producciones que representan el ADN de la producción nacional”, dicen los técnicos del equipo que asesora a Alberto.

Además acá hay que recordar que parte del equipo que Fernández designe para atender la problemáticas y tomar las decisiones que necesita el campo, ya formó parte del gobierno de Cristina Fernández, y en su momento se opusieron a las políticas que el kirchnerismo aplicaba para el sector.

Hubo, en su momento, fuertes discusiones entre estos funcionarios y el equipo de Axel Kicillof para tratar de cambiar la política agropecuaria de aquellos años. No sé si es correcto realizar un análisis contra fáctico, pero tal vez sin esta oposición interna, las políticas kirchneristas para el campo hubieran sido todavía peores.

“En esta Argentina, estancada hace varios años, una cuestión fundamental para recuperar el crecimiento es el incremento de las exportaciones. Hoy tenemos un desempeño muy pobre, (…) hemos perdido mercados y lo que exportamos son fundamentalmente insumos para cadenas globales en las cuales el valor agregado se realiza en otros destinos. Perdimos 20 mil millones de dólares anuales en exportaciones entre 2011 y 2018. Parcialmente se explica por efecto precio y deterioro de los términos de intercambio, pero además por nuestras limitaciones para agregar valor a nuestra producción primaria. No podemos perder más tiempo, ni posibilidades, mercado que no se ocupa es mercado que se pierde. Nuestra política será agresivamente productora de bienes y servicios, creadora de empleo y exportadora para generar las divisas que el país demanda para un crecimiento sustentable y sostenible”, dice el documento que integra las propuestas para el sector por parte del equipo de Alberto Fernández.

Reconoce de esta manera lo que se perdió y adelanta lo que no se puede dejar de hacer. Dándole además un rol fundamental a las exportaciones de bienes y productos provenientes del sector agroindustrial.

El documento también destaca que desde el espacio de Fernández conocen “el círculo virtuoso que conforma a nuestro productivo sector agropecuario, pero también sabemos que no es suficiente para construir un país más equitativo, más igualitario, con una armónica distribución de la población en su extenso territorio, con más y mejores oportunidades para las nuevas generaciones y un adecuado uso de los recursos naturales”.

Lo que se está diciendo acá es que con el campo solo no alcanza. Por otro lado se propone industrializar la ruralidad, una frase que escuchamos mucho, pero que nunca se llevó a cabo de manera profunda y eficiente en la Argentina. Ojalá lo puedan hacer, porque eso le haría muy bien al interior del país.

“Nuestro objetivo será fortalecer las cadenas productivas desde el desarrollo de germoplasmas y semillas, hasta los alimentos y productos elaborados. Parte de ese proceso será el de promover la producción de biocombustibles, que tienen un enorme potencial de desarrollo en nuestras economías regionales”.

Claramente la propuesta de Alberto Fernández habla continuamente de cómo incluir más al sector agropecuario, aunque por supuesto también tiene puntos negativos. El documento habla de segmentación de retenciones y de impuestos. Cuestiones que desde esta columna no respaldamos bajo ninguna circunstancia.

Se reconoce además el esfuerzo y la naturaleza de los productores, y en una especie de autocrítica dice: “Ni nuestros propios errores la han frenado”. Y a continuación propone remediar los errores y reencausar al sector agropecuario en la senda del crecimiento que necesita y merece. “Nos hemos desencontrado circunstancialmente, es hora de mirar para adelante y construir un futuro para todos”

Hay, además de estas tres propuestas a las que hicimos referencia en esta columna, muchos trabajos que realizaron sectores empresarios y que le fueron acercando a Alberto Fernández. Trabajos que en muchos casos fueron incoherentemente cuestionados por una parte de la producción. Ahí cometen un error los productores, en la manera en que creen que se debe negociar con un nuevo gobierno. Es inteligente la actitud de los empresarios, fundamentalmente porque si quieren que Fernández gobierne, al que hay que ayudar es a él, porque de esa manera nos estamos ayudando a nosotros mismos. 

Los productores, aunque tengan que comerse la bronca por la derrota electoral y por los anteriores años kirchneristas, deben saber que al poder esta vez hay que ayudarlo, tal vez más que nunca, porque en el medio estamos todos nosotros.

 

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El sector agropecuario ante el nuevo gobierno

Hay luces y sombras en el futuro del campo.

En las últimas semanas se habló mucho y se especuló todavía más respecto de lo que puede suceder en materia de política agropecuaria después de las elecciones. Ahora, que ya tenemos la certeza de quien será el próximo presidente de los argentinos, es tiempo de realizar esos análisis sobre un terreno algo más firme.

Sin lugar a dudas, el campo prefería que Cambiemos hubiera continuado al frente del gobierno, pero pese a este deseo, ahora la realidad nos marca que es el tiempo del Frente de Todos y con sus dirigentes se debe trabajar. No hacerlo puede ser un grave error de parte del sector agropecuario.

Cuando Alberto Fernández comenzó a perfilarse como ganador, después del resultado de las PASO, muchos buscaron por un lado influenciar sobre él y por otro lado hablar en nombre de él. Esta situación generó confusión en mucha gente, la asustó, le hizo frenar decisiones y lo posicionó al ahora presidente electo en la vereda opuesta de los intereses y necesidades de ese universo que definimos como "campo". En definitiva, se generó un escenario en el que la relación con Fernández no sería fácil.

Pero de todas las propuestas que hay dando vueltas, de todas las voces que intentan arrogarse la decisión de Alberto Fernández, solo una sería la que tiene de alguna manera el aval del nuevo presidente electo. Y esa no es la del kirchnerista Instituto Patria ni es tampoco la que lleva el membrete del Partido Justicialista.

La segunda, por ejemplo, es un compendio de propuestas que tienen un montón de incoherencias generales, que se contraponen entre lo que dice para el sector agropecuario, los planes para el sector exportador y lo que espera para el mercado interno. Contradicciones que demuestran que la propuesta se hizo de manera apurada e improvisada, con el único objetivo de acercarle algo al presidente electo.

Pero como decíamos más arriba, hay una tercera idea respecto de las políticas que se podrían aplicar para el campo y se la debemos atribuir al propio equipo que tiene Alberto Fernández para nuestro sector.

Referentes como Gabriel Delgado (que fue entrevistado por la revista El Campo), Jorge Neme y otras personas que realmente conocen de producción e industrialización agropecuaria. Un grupo que esperemos que sea el que tenga una participación importante en el armado de las políticas que esperan los productores.

 

Las propuesta para el sector

Es posible que la política que lleven adelante estos referentes le den al sector agropecuario una participación importante y significativa. Alberto Fernández no es un improvisado y reconoce que le tiene que dar al campo, le guste o no, una importancia radical. Sabe que el campo es fundamental para el funcionamiento de su gobierno, sabe que lo necesita.

Entonces, cuando leemos lo que podríamos denominar como el decálogo de propuestas de Alberto Fernández para el campo, lo primero que observamos es que no hay ningún indicador que lleve a nuestro sector a prender luces de alarma.

Un ejemplo de esto está en el propio texto de las propuestas. “Sabemos que hemos cometido errores de los cuales hemos aprendido, errores que jamás volveremos a cometer. Los problemas que se generaron con el trigo y la carne no resolvieron el precio al consumidor y afectaron seriamente estas producciones que representan el ADN de la producción nacional”, dicen los técnicos del equipo que asesora a Alberto.

Además acá hay que recordar que parte del equipo que Fernández designe para atender la problemáticas y tomar las decisiones que necesita el campo, ya formó parte del gobierno de Cristina Fernández, y en su momento se opusieron a las políticas que el kirchnerismo aplicaba para el sector.

Hubo, en su momento, fuertes discusiones entre estos funcionarios y el equipo de Axel Kicillof para tratar de cambiar la política agropecuaria de aquellos años. No sé si es correcto realizar un análisis contra fáctico, pero tal vez sin esta oposición interna, las políticas kirchneristas para el campo hubieran sido todavía peores.

“En esta Argentina, estancada hace varios años, una cuestión fundamental para recuperar el crecimiento es el incremento de las exportaciones. Hoy tenemos un desempeño muy pobre, (…) hemos perdido mercados y lo que exportamos son fundamentalmente insumos para cadenas globales en las cuales el valor agregado se realiza en otros destinos. Perdimos 20 mil millones de dólares anuales en exportaciones entre 2011 y 2018. Parcialmente se explica por efecto precio y deterioro de los términos de intercambio, pero además por nuestras limitaciones para agregar valor a nuestra producción primaria. No podemos perder más tiempo, ni posibilidades, mercado que no se ocupa es mercado que se pierde. Nuestra política será agresivamente productora de bienes y servicios, creadora de empleo y exportadora para generar las divisas que el país demanda para un crecimiento sustentable y sostenible”, dice el documento que integra las propuestas para el sector por parte del equipo de Alberto Fernández.

Reconoce de esta manera lo que se perdió y adelanta lo que no se puede dejar de hacer. Dándole además un rol fundamental a las exportaciones de bienes y productos provenientes del sector agroindustrial.

El documento también destaca que desde el espacio de Fernández conocen “el círculo virtuoso que conforma a nuestro productivo sector agropecuario, pero también sabemos que no es suficiente para construir un país más equitativo, más igualitario, con una armónica distribución de la población en su extenso territorio, con más y mejores oportunidades para las nuevas generaciones y un adecuado uso de los recursos naturales”.

Lo que se está diciendo acá es que con el campo solo no alcanza. Por otro lado se propone industrializar la ruralidad, una frase que escuchamos mucho, pero que nunca se llevó a cabo de manera profunda y eficiente en la Argentina. Ojalá lo puedan hacer, porque eso le haría muy bien al interior del país.

“Nuestro objetivo será fortalecer las cadenas productivas desde el desarrollo de germoplasmas y semillas, hasta los alimentos y productos elaborados. Parte de ese proceso será el de promover la producción de biocombustibles, que tienen un enorme potencial de desarrollo en nuestras economías regionales”.

Claramente la propuesta de Alberto Fernández habla continuamente de cómo incluir más al sector agropecuario, aunque por supuesto también tiene puntos negativos. El documento habla de segmentación de retenciones y de impuestos. Cuestiones que desde esta columna no respaldamos bajo ninguna circunstancia.

Se reconoce además el esfuerzo y la naturaleza de los productores, y en una especie de autocrítica dice: “Ni nuestros propios errores la han frenado”. Y a continuación propone remediar los errores y reencausar al sector agropecuario en la senda del crecimiento que necesita y merece. “Nos hemos desencontrado circunstancialmente, es hora de mirar para adelante y construir un futuro para todos”

Hay, además de estas tres propuestas a las que hicimos referencia en esta columna, muchos trabajos que realizaron sectores empresarios y que le fueron acercando a Alberto Fernández. Trabajos que en muchos casos fueron incoherentemente cuestionados por una parte de la producción. Ahí cometen un error los productores, en la manera en que creen que se debe negociar con un nuevo gobierno. Es inteligente la actitud de los empresarios, fundamentalmente porque si quieren que Fernández gobierne, al que hay que ayudar es a él, porque de esa manera nos estamos ayudando a nosotros mismos. 

Los productores, aunque tengan que comerse la bronca por la derrota electoral y por los anteriores años kirchneristas, deben saber que al poder esta vez hay que ayudarlo, tal vez más que nunca, porque en el medio estamos todos nosotros.

 

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