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¿Cuánto durará la firmeza en los precios del gordo?

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¿Cuánto durará la firmeza en los precios del gordo?

Nicolás Razzetti

Entre diciembre y enero, hubo una suba en promedio de entre el 15 y el 20% para la hacienda con destino a faena, que corrigió parte del retraso real de las cotizaciones. Pero los precios de la carne aumentaron solo un 8,5%, un salto importante pero muy inferior al costo de la materia prima de los frigoríficos. De modo que ese desfasaje en algún momento se cubrirá con un freno en el valor del ganado pesado o con incrementos en las góndolas para los consumidores.

Los precios del ganado con destino a faena se mantienen firmes, especialmente cuando se negocian los conjuntos livianos y de especial terminación procedentes del engorde a corral, lo que garantiza terneza y rendimiento a los matarifes y frigoríficos. Pero no hay que descuidar que también se notó en los últimos días cierta selectividad de la demanda que, para algunos operadores, es un indicador de dos cuestiones: por un lado que el consumo interno no puede pagar más, y por el otro que la firmeza que se vio no es “natural” sino que responde a problemas en el abastecimiento y que cuando se acomode la oferta los valores podrían descender o al menos estancarse. Como se dice en el campo, "los árboles no llegan al cielo".

La brecha entre la suba de precios del ganado y los de la carne en la góndola es cada vez mayor, y en algún momento se producirá la corrección que en nuestra economía significa traslado (en la medida de lo posible) al precio del producto final, pero también reducción del mayor costo que tienen los frigoríficos: la hacienda. Inflación de por medio, el estancamiento es siempre una caída en el valor real o poder de compra de los vacunos, que se mide habitualmente con respecto al principal insumo para la producción que es el maíz. Con los precios actuales del ganado liviano e incluso de los mejores lotes de novillos, con un kilo de hacienda se consiguen entre 11 y 12 de maíz. La conversión parece favorable otra vez para el engorde a corral.

Los problemas de abastecimiento de la demanda tuvieron que ver desde diciembre con la cuestión climática, que siempre complica el normal abastecimiento de hacienda y particularmente al gran termómetro de la ganadería argentina que es el Mercado de Liniers, donde con sus más y sus menos se logran los valores de referencia para el negocio en cualquier punto del país. Pero también y sobre todo tienen que ver con la notable caída que tuvieron los encierres a corral en los últimos meses, lo que resultó el principal motivo de la suba de los valores, aunque no hay que despreciar el interés de la demanda interna que este año fue mayor por el menor nivel de turismo en el extranjero. En los corrales hay entre 25% y 30% menos de hacienda que en el invierno pasado, pero a esa restricción se suma la de los recriadores e invernadores, que gracias a las lluvias cuentan con pasto y eso les permite controlar las ventas a la espera de mejores precios. Eso también alimentó la firmeza.

La reducción de la oferta y una demanda que no quiere resignar ingesta de carne vacuna, propiciaron la suba que muchos esperaban para febrero o marzo.

Al comparar los valores promedio de enero respecto de los que se vieron en diciembre, se observa una mejora del 20% para el novillo, de entre 13 y 15% para el consumo liviano y de 18% para la vaca. La recuperación de los precios de la hacienda (que estuvieron estancados y produjeron pérdidas reales importantes durante los últimos años) es 9 o 10 veces mayor a lo que promedió la inflación, y además superó por mucho a lo que se puede trasladar al valor de la carne.

También hubo una recomposición muy importante cuando se hace la comparación interanual que, dependiendo de la categoría vacuna que se analice, fue de entre 65% y 75%.

Esa mejora no fue convalidada por el consumo interno. Si se toma como referencia el informe de precios mensuales que hace el IPCVA, en enero el precio promedio de la carne vacuna aumentó 8,5% y en los últimos 12 meses la suba fue de 50%.

Es muy importante el salto en el precio en la góndola. La lectura positiva es que la demanda interna, aún con el castigo que le propinó la inflación el año pasado, sigue absorbiendo entre 55 y 60 kilos de carne en gancho y soporta subas de esos porcentajes en un solo mes.

Pero también hay una lectura un poco menos optimista o quizá más realista, que tiene que ver con la brecha entre lo que se le pagó al productor y lo que cobró la industria cuando tuvo que vender la carne. Para los frigoríficos y matarifes, el insumo principal (la hacienda) aumentó en promedio 20% de un mes a otro, mientras que el producto que venden solo subió un 8,5%. Ese desfasaje en algún momento se va a corregir.

En su último Informe Ganadero, el analista Ignacio Iriarte dejó planteada la cuestión de este modo: “Los compradores, que argumentan que el consumo está muy débil, no quieren convalidar las subas de precios en directo, se remite el ganado a Liniers, donde matarifes, supermercados y frigoríficos deben abonar lo que no quieren pagar en directo. A este cóctel, de precios muy atrasados para la hacienda de consumo, y de restricción de oferta a la espera de nuevas subas de precios, deben agregarse las lluvias -cortes de caminos-, y las olas de calor sobre el final del mes, que impidieron también que la oferta fuera fluida. ¿Es esta la suba estacional de febrero-marzo que este año se ha anticipado?”.

Finalmente, no se puede dejar de considerar el rol que jugará este año el sector exportador en la definición de los valores. Es cierto que el año pasado la mayor parte de lo que se exportó fue carne con destino a China y Rusia, y esas plazas significaron un tubo de oxígeno para los criadores que no tuvieron mercado para el vientre y que vendieron a precios bajos los terneros por la crisis que sufrieron los corrales. Pero de todos modos se festeja la competencia entre consumo y exportación. La mayor salida de carne para los destinos internacionales limitó la oferta interna a un promedio algo inferior a los 60 kilos, y se presume que este año habrá un incremento de las ventas al extranjero, una moderación en la oferta de gordo y, en definitiva, en la producción de carne vacuna. Eso acotaría el consumo a un promedio de 55 kilos por habitante por año, lo que se transformaría en uno de los factores alcistas del mercado.

 

Exportaciones de Uruguay

El año pasado las ventas al extranjero de Uruguay sumaron 470.000 toneladas res con hueso por 1.600 millones de dólares. El salto en volumen fue de 5% y en valor de algo más del 7%.

En las últimas décadas viene creciendo la participación de la carne producida en ese país en el mercado mundial, un poco porque se aprovechó el hueco que dejó la Argentina en los años de la restricción al comercio internacional, otro tanto por aumento de la demanda mundial y especialmente de los países asiáticos, pero también por mérito propio ya que el sector público y la cadena cárnica (los privados) pudieron coordinar un trabajo que dio frutos y generó fuerte ingreso de divisas al país.

Para este año, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) espera que China compre a Uruguay un volumen mayor de carne congelada, de cortes traseros enfriados de vaca.

La Unión Europea es también un importante cliente de ese país y se espera que mantenga el segundo puesto del ranking de destinos con un volumen de 35/45 mil toneladas pesos producto por año, aunque es el mayor originador de divisas por exportaciones del producto. La mayor parte de los embarques a ese mercado son cortes sin hueso para completar la Cuota Hilton y la 481.

En el caso de los Estados Unidos, otro gran destino para las exportaciones del vecino país, en 2018 las ventas sumaron 239.000 toneladas que se completaron mayormente con cortes congelados y bifes sin hueso, envíos que se completaron con productos termoprocesados.

El gigante norteamericano cedió a Uruguay una cuota de 20 mil toneladas que se completa con cortes de alto valor, orgánicos y también carne kosher, aunque también se exporta por fuera de la cuota pagando los aranceles que exige ese mercado y que significan 26,4% del precio Fob. En ese caso, el volumen suma entre 20 y 25 mil toneladas de peso producto, que se componen principalmente de recortes de carne magra.

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¿Cuánto durará la firmeza en los precios del gordo?

Entre diciembre y enero, hubo una suba en promedio de entre el 15 y el 20% para la hacienda con destino a faena, que corrigió parte del retraso real de las cotizaciones. Pero los precios de la carne aumentaron solo un 8,5%, un salto importante pero muy inferior al costo de la materia prima de los frigoríficos. De modo que ese desfasaje en algún momento se cubrirá con un freno en el valor del ganado pesado o con incrementos en las góndolas para los consumidores.

Los precios del ganado con destino a faena se mantienen firmes, especialmente cuando se negocian los conjuntos livianos y de especial terminación procedentes del engorde a corral, lo que garantiza terneza y rendimiento a los matarifes y frigoríficos. Pero no hay que descuidar que también se notó en los últimos días cierta selectividad de la demanda que, para algunos operadores, es un indicador de dos cuestiones: por un lado que el consumo interno no puede pagar más, y por el otro que la firmeza que se vio no es “natural” sino que responde a problemas en el abastecimiento y que cuando se acomode la oferta los valores podrían descender o al menos estancarse. Como se dice en el campo, "los árboles no llegan al cielo".

La brecha entre la suba de precios del ganado y los de la carne en la góndola es cada vez mayor, y en algún momento se producirá la corrección que en nuestra economía significa traslado (en la medida de lo posible) al precio del producto final, pero también reducción del mayor costo que tienen los frigoríficos: la hacienda. Inflación de por medio, el estancamiento es siempre una caída en el valor real o poder de compra de los vacunos, que se mide habitualmente con respecto al principal insumo para la producción que es el maíz. Con los precios actuales del ganado liviano e incluso de los mejores lotes de novillos, con un kilo de hacienda se consiguen entre 11 y 12 de maíz. La conversión parece favorable otra vez para el engorde a corral.

Los problemas de abastecimiento de la demanda tuvieron que ver desde diciembre con la cuestión climática, que siempre complica el normal abastecimiento de hacienda y particularmente al gran termómetro de la ganadería argentina que es el Mercado de Liniers, donde con sus más y sus menos se logran los valores de referencia para el negocio en cualquier punto del país. Pero también y sobre todo tienen que ver con la notable caída que tuvieron los encierres a corral en los últimos meses, lo que resultó el principal motivo de la suba de los valores, aunque no hay que despreciar el interés de la demanda interna que este año fue mayor por el menor nivel de turismo en el extranjero. En los corrales hay entre 25% y 30% menos de hacienda que en el invierno pasado, pero a esa restricción se suma la de los recriadores e invernadores, que gracias a las lluvias cuentan con pasto y eso les permite controlar las ventas a la espera de mejores precios. Eso también alimentó la firmeza.

La reducción de la oferta y una demanda que no quiere resignar ingesta de carne vacuna, propiciaron la suba que muchos esperaban para febrero o marzo.

Al comparar los valores promedio de enero respecto de los que se vieron en diciembre, se observa una mejora del 20% para el novillo, de entre 13 y 15% para el consumo liviano y de 18% para la vaca. La recuperación de los precios de la hacienda (que estuvieron estancados y produjeron pérdidas reales importantes durante los últimos años) es 9 o 10 veces mayor a lo que promedió la inflación, y además superó por mucho a lo que se puede trasladar al valor de la carne.

También hubo una recomposición muy importante cuando se hace la comparación interanual que, dependiendo de la categoría vacuna que se analice, fue de entre 65% y 75%.

Esa mejora no fue convalidada por el consumo interno. Si se toma como referencia el informe de precios mensuales que hace el IPCVA, en enero el precio promedio de la carne vacuna aumentó 8,5% y en los últimos 12 meses la suba fue de 50%.

Es muy importante el salto en el precio en la góndola. La lectura positiva es que la demanda interna, aún con el castigo que le propinó la inflación el año pasado, sigue absorbiendo entre 55 y 60 kilos de carne en gancho y soporta subas de esos porcentajes en un solo mes.

Pero también hay una lectura un poco menos optimista o quizá más realista, que tiene que ver con la brecha entre lo que se le pagó al productor y lo que cobró la industria cuando tuvo que vender la carne. Para los frigoríficos y matarifes, el insumo principal (la hacienda) aumentó en promedio 20% de un mes a otro, mientras que el producto que venden solo subió un 8,5%. Ese desfasaje en algún momento se va a corregir.

En su último Informe Ganadero, el analista Ignacio Iriarte dejó planteada la cuestión de este modo: “Los compradores, que argumentan que el consumo está muy débil, no quieren convalidar las subas de precios en directo, se remite el ganado a Liniers, donde matarifes, supermercados y frigoríficos deben abonar lo que no quieren pagar en directo. A este cóctel, de precios muy atrasados para la hacienda de consumo, y de restricción de oferta a la espera de nuevas subas de precios, deben agregarse las lluvias -cortes de caminos-, y las olas de calor sobre el final del mes, que impidieron también que la oferta fuera fluida. ¿Es esta la suba estacional de febrero-marzo que este año se ha anticipado?”.

Finalmente, no se puede dejar de considerar el rol que jugará este año el sector exportador en la definición de los valores. Es cierto que el año pasado la mayor parte de lo que se exportó fue carne con destino a China y Rusia, y esas plazas significaron un tubo de oxígeno para los criadores que no tuvieron mercado para el vientre y que vendieron a precios bajos los terneros por la crisis que sufrieron los corrales. Pero de todos modos se festeja la competencia entre consumo y exportación. La mayor salida de carne para los destinos internacionales limitó la oferta interna a un promedio algo inferior a los 60 kilos, y se presume que este año habrá un incremento de las ventas al extranjero, una moderación en la oferta de gordo y, en definitiva, en la producción de carne vacuna. Eso acotaría el consumo a un promedio de 55 kilos por habitante por año, lo que se transformaría en uno de los factores alcistas del mercado.

 

Exportaciones de Uruguay

El año pasado las ventas al extranjero de Uruguay sumaron 470.000 toneladas res con hueso por 1.600 millones de dólares. El salto en volumen fue de 5% y en valor de algo más del 7%.

En las últimas décadas viene creciendo la participación de la carne producida en ese país en el mercado mundial, un poco porque se aprovechó el hueco que dejó la Argentina en los años de la restricción al comercio internacional, otro tanto por aumento de la demanda mundial y especialmente de los países asiáticos, pero también por mérito propio ya que el sector público y la cadena cárnica (los privados) pudieron coordinar un trabajo que dio frutos y generó fuerte ingreso de divisas al país.

Para este año, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) espera que China compre a Uruguay un volumen mayor de carne congelada, de cortes traseros enfriados de vaca.

La Unión Europea es también un importante cliente de ese país y se espera que mantenga el segundo puesto del ranking de destinos con un volumen de 35/45 mil toneladas pesos producto por año, aunque es el mayor originador de divisas por exportaciones del producto. La mayor parte de los embarques a ese mercado son cortes sin hueso para completar la Cuota Hilton y la 481.

En el caso de los Estados Unidos, otro gran destino para las exportaciones del vecino país, en 2018 las ventas sumaron 239.000 toneladas que se completaron mayormente con cortes congelados y bifes sin hueso, envíos que se completaron con productos termoprocesados.

El gigante norteamericano cedió a Uruguay una cuota de 20 mil toneladas que se completa con cortes de alto valor, orgánicos y también carne kosher, aunque también se exporta por fuera de la cuota pagando los aranceles que exige ese mercado y que significan 26,4% del precio Fob. En ese caso, el volumen suma entre 20 y 25 mil toneladas de peso producto, que se componen principalmente de recortes de carne magra.

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