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¿Por qué los asesores no adivinan el futuro?

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¿Por qué los asesores no adivinan el futuro?

Carlos Etchepare

En los últimos días y debido al cambio en los precios del mercado de granos, muchos productores salieron a cuestionar a asesores y analistas. Esto no es nuevo, ocurre cada vez que hay cambios significativos en la variación de los precios. Si me preguntaran cuánto va a costar el trigo, la soja o el maíz mañana, la verdad es que les debería decir que no lo sé. Nadie puede saberlo.

En todo caso les diría qué es lo que está pasando en el mercado, qué es lo que se está viendo en ese momento y cuál es la tendencia más predecible que marcan las herramientas que existen para analizarlo. Una fotografía, y a partir de ahí imaginar el desarrollo de una película... de final incierto.

¿Los productores pueden creer conscientemente que si alguno de los analistas, cualquiera que sea, supiera cuánto va a estar el trigo, el maíz o la soja la semana que viene estaría haciendo el trabajo que hace? O por el contrario, ¿no creen que estaría dedicándose a hacer grandes negocios y ganando enormes fortunas? Si alguien cree que la primer opción es la correcta, no está conociendo la realidad de cómo funciona el negocio.

Lo cierto es que los analistas manejan mucha información, pero lo que no prevén, porque nadie puede hacerlo, son aquellas cosas que no son previsibles y que pueden cambiar drásticamente el rumbo del mercado. Lo que se conoce como un “cisne negro”. Es decir, aquello que no estaba previsto y que cambia la “película” hecha en función de la “foto”.

Entonces, cuando un analista o un asesor le da información al productor, lo hace en función de una fotografía de lo que está pasando en ese momento. Por ejemplo, una situación de oferta, de demanda, de la política, de la economía, un contexto determinado. Todo eso se tiene en cuenta y a partir de ahí concluye en lo que puede pasar con los precios de los granos.

Después está la decisión final de cada uno de los productores. Y la van a tomar en base a lo que el analista plantea, pero también en función de sus costos, de sus necesidades de márgenes, etc. Es decir, la decisión final, que es siempre del productor, surge de la suma de la información que se le suministró y de las propias necesidades. Y esto es importante porque cada individuo y cada empresa agropecuaria son únicos y tienen requerimientos diferentes a los demás actores del campo.

Entonces preocupa particularmente cuando los productores salen a cuestionar las recomendaciones de los asesores. Porque por ejemplo, si un  asesor le recomendó a un productor vender maíz hace unos meses porque se venía una baja en los precios, producto de la muy buena campaña argentina  y de lo que se suponía iba a ser la supercosecha norteamericana, era en realidad lo que estaba viendo en ese momento. ¿Alguien cree que había alguna persona en el mundo que sabía que algunas semanas después Estados Unidos se iba a inundar? Nadie lo podía saber.

Muchas veces es fácil echarle la culpa al analista. Pero no hay que dejar de tener en cuenta que jugamos en un mundo donde las reglas argentinas (por culpa propia) no son las mismas que las de nuestros países competidores. Y en este escenario no es acertado que un asesor nos recomiende utilizar las herramientas del mercado, como tomar coberturas por ejemplo, cuando ven que el mercado se puede derrumbar porque las condiciones de oferta y demanda previsible en ese momento así lo indican. Si aparece el "cisne negro” la predicción será “fallida”, según la forma en que se la analice

Este año, y para que no queden dudas,la verdad es que si no aparecía el “cisne negro”, lo más seguro era que el mercado se derrumbara y si así hubiera sido, seguramente hoy estaríamos quejándonos por los precios bajos y no por la información de un asesor al que le terminamos pidiendo que sea ni más ni menos que un adivino.

 

La estructura del mercado

Para entender mejor todo este tema del que venimos hablando hay que tener en cuenta cómo funciona la estructura del mercado, acá y en cualquier parte del mundo. Es como una pirámide invertida: miles y miles de productores arriba; en el medio, una estructura de servicios y comercialización; y finalmente, en el vértice inferior, un pequeño grupo, que representa a la demanda.

Pero si así funciona en todos lados, ¿cuál es la gran diferencia de nuestro país con el resto? La respuesta más descarnada pero certera es que en los países competidores los productores tienen protección mediante las políticas que aplican sus gobiernos. Por ejemplo, no se puede abusar de posiciones dominantes, como ocurre muchas veces en nuestro país, y además existe una cantidad de normativas que los participantes en el mercado deben respetar obligatoriamente, con un Estado que controla dicho cumplimiento. Más allá de ello, existen las políticas agropecuarias de las que tantas veces hemos comentado en estas líneas. En nuestro país nada de eso funciona.

Por eso cuando la realidad demuestra que hay que prevenirse frente al comportamiento errático de los mercados, la única herramienta que tienen los productores locales es tomar coberturas. Y eso es lo que estuvo pasando en estos meses, con excepción de las últimas semanas, y eso fue lo que estuvieron recomendando los asesores porque era lo más lógico. Después Estados Unidos se inundó y ahí las previsiones resultaron, por ahora, exageradas.

Hay otra estructura a tener en cuenta cuando hablamos del funcionamiento del mercado. Es la estructura comercial, que contempla a proveedores de insumos y de servicios, productores, acopios, cooperativas, corredores, mercados y la demanda. Un esquema comercial habitual que muchas veces no se respeta y se comercializa de “manera directa”. Este “salteo” al sistema comercial tradicional no es recomendable porque le quita transparencia. Como no tenemos ciertos marcos de protección como tienen nuestros competidores, la estructura comercial es lo mejor que podemos utilizar

Es real que todos aquellos que de alguna manera merodeamos el universo agropecuario en definitiva terminamos viviendo del trabajo de los productores. Es tan cierto como que en el camino pueden aparecer manos negras, “chantas” o malos operadores. Como los hay en cualquier lado, pero eso no invalida que esta estructura comercial sea el mejor y la más transparente de todas.

Y esa trasparencia es la que hay que defender por sobre todas las cosas. No hay forma de que los asesores tengan la verdad revelada de lo que puede pasar en el mercado. Entonces, como esto no se puede cambiar, tal vez deberíamos protestar por otras cuestiones. Por ejemplo, deberíamos seguir cuestionando por qué la Argentina no tiene políticas de defensa para sus productores. O por qué se permiten ciertos abusos de poder entre un eslabón de la cadena y otro.

No se trata solo de cuestionarnos entre nosotros, no alcanza con cargar de responsabilidades a un asesor, él lo que hace es tratar de proteger al productor de esas circunstancias en las que la Argentina no lo cubre. Porque recordemos que, en definitiva, protegiendo al productor ese asesor protege su trabajo. Nunca nos olvidemos, finalmente, que es un problema de la política, no del asesoramiento de una persona.

 

El efecto cisne negro

Hablamos arriba de la aparición de un cisne negro que “rompió” la tendencia del mercado. Así es, finalmente después de tanto esperarlo apareció un evento climático en Estados Unidos que seguramente cortará una racha de cinco campañas consecutivas de record productivo. El exceso de lluvias está afectando de manera muy severa la siembra de soja y de maíz, generando un daño mucho mayor al que cualquier analista pudiera predecir.

Y eso repercute especialmente en los niveles de precios. De esta manera, los valores que habían llegado a su pico más bajo desde 2007, mostraron una importante recuperación en las últimas semanas.

Y esas son buenas noticias para los productores de nuestro país, que con su propio esfuerzo y a pesar de las complicaciones que se le siguen imponiendo desde arriba con políticas erráticas y antiproductvas, otra vez están levantando una excelente cosecha gruesa y comenzando a sembrar una vasta superficie de trigo que superará las 6 millones de hectáreas.  

Hasta ahora el mercado parece no encontrar un punto de equilibrio para los precios en función de la nueva situación que se presenta desde el lado de la oferta. Especialmente porque desde el punto de vista de la demanda las noticias cambian casi a diario y la situación no está tan clara. Es decir, al fundamento “alcista” que podemos denominar propio del mercado, como es una muy posible menor oferta de granos, se suman otros fundamentos “bajistas”, como son la peste porcina africana y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

 

Situación comercial de los granos en la Argentina

En el caso del trigo disponible, en el corto plazo, más allá de lo que ocurra en el contexto internacional, la situación de oferta y demanda local es muy ajustada. Adicionalmente Brasil aseguró que en el periodo junio-noviembre se estaría llevando unas 2,25 millones de toneladas (MT). Todo esto nos muestra que el trigo en el mercado local podría continuar con valores firmes, porque la relación oferta/demanda es muy tirante.

Por el lado del mercado internacional lo que se está viendo por estos días también son subas interesantes. Por un lado está Rusia, que hasta el momento no sabe qué hacer con sus exportaciones (ya vendió mucho y puede frenarlas), Australia tiene algunos problemas climáticos como el año pasado y Estados Unidos podría tener serias dificultades de calidad.

Estas dos situaciones, la ajustada oferta y demanda en Argentina, y las complicaciones en el mundo, nos están dejando precios más que interesantes para el cereal. Por un lado, valores por arriba de los 200 dólares por tonelada en el disponible y de alrededor de 180 dólares para la cosecha nueva. Precios que por supuesto ya tienen descontado el efecto de las retenciones.

En el caso del maíz, sobre una cosecha oficial de 55 MT, se exportarían según la Secretaria de Agroindustria de la Nación 32 MT. De todo esto ya hay 20 MT compradas por el sector exportador y anotadas como vendidas otras 21 MT. De acá hay que descartar unas 18 MT que están destinadas a otros consumos y que no deben ser consideradas dentro del análisis comercial.

En este contexto, teniendo en cuenta la demanda total, quedan aún compras pendientes por 15 MT (12 MT de la exportación y 3 MT del consumo), con un volumen disponible para negociar de 24,2 MT. Es decir, no debería haber problemas de oferta y demanda como veíamos por ejemplo con el trigo.

En cuanto a los precios, acá empieza a jugar fuertemente lo que está pasando en Estados Unidos con las inundaciones. El tan mentado cisne negro. El maíz es el producto que más ha recuperado su valor y ya se ubica en torno a los 170 dólares en el mercado internacional, logrando los precio más altos del último año.

En el mercado local también se visualiza esa recuperación, con un precio disponible de alrededor de 155 dólares, pero que posiblemente baje en julio cuando entre la gran cosecha de maíz tardío. Por el lado de la cosecha 2019/20, los actuales precios del maíz en 150 dólares también nos marcan un número bastante interesante.

En el caso de la soja, hay que destacar que de una oferta total de 62 MT (56 de producción y 6 de stock), el sector exportador por ahora tiene compradas casi 5 MT sobre una demanda de 9 MT (no las 15 que especulaban los que hablan de primarización de exportaciones). Y la industria ya compró casi 18 MT sobre una demanda final de 47 MT.

 En los valores hay una recuperación en  Chicago de alrededor de 35 dólares por tonelada, lo que puede marcar una tendencia, pero que de todos modos todavía está lejos de los niveles que teníamos hace un año. En cuanto al mercado local, en el disponible podemos ver valores de 235 dólares y un pase un poco más interesante para noviembre, con precios que pueden alcanzar los 250 dólares por tonelada. Pero también aquí vale la pena hacer mención a que los precios de la soja tienen descontado en nuestro mercado cerca de un 27%, que es lo que los productores están pagando por derechos de exportación. Si así no fuera, la rentabilidad sería otra y la necesidad de que siempre aparezca un cisne negro que nos salve, tal vez, no sería tan recurrente.

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¿Por qué los asesores no adivinan el futuro?

En los últimos días y debido al cambio en los precios del mercado de granos, muchos productores salieron a cuestionar a asesores y analistas. Esto no es nuevo, ocurre cada vez que hay cambios significativos en la variación de los precios. Si me preguntaran cuánto va a costar el trigo, la soja o el maíz mañana, la verdad es que les debería decir que no lo sé. Nadie puede saberlo.

En todo caso les diría qué es lo que está pasando en el mercado, qué es lo que se está viendo en ese momento y cuál es la tendencia más predecible que marcan las herramientas que existen para analizarlo. Una fotografía, y a partir de ahí imaginar el desarrollo de una película... de final incierto.

¿Los productores pueden creer conscientemente que si alguno de los analistas, cualquiera que sea, supiera cuánto va a estar el trigo, el maíz o la soja la semana que viene estaría haciendo el trabajo que hace? O por el contrario, ¿no creen que estaría dedicándose a hacer grandes negocios y ganando enormes fortunas? Si alguien cree que la primer opción es la correcta, no está conociendo la realidad de cómo funciona el negocio.

Lo cierto es que los analistas manejan mucha información, pero lo que no prevén, porque nadie puede hacerlo, son aquellas cosas que no son previsibles y que pueden cambiar drásticamente el rumbo del mercado. Lo que se conoce como un “cisne negro”. Es decir, aquello que no estaba previsto y que cambia la “película” hecha en función de la “foto”.

Entonces, cuando un analista o un asesor le da información al productor, lo hace en función de una fotografía de lo que está pasando en ese momento. Por ejemplo, una situación de oferta, de demanda, de la política, de la economía, un contexto determinado. Todo eso se tiene en cuenta y a partir de ahí concluye en lo que puede pasar con los precios de los granos.

Después está la decisión final de cada uno de los productores. Y la van a tomar en base a lo que el analista plantea, pero también en función de sus costos, de sus necesidades de márgenes, etc. Es decir, la decisión final, que es siempre del productor, surge de la suma de la información que se le suministró y de las propias necesidades. Y esto es importante porque cada individuo y cada empresa agropecuaria son únicos y tienen requerimientos diferentes a los demás actores del campo.

Entonces preocupa particularmente cuando los productores salen a cuestionar las recomendaciones de los asesores. Porque por ejemplo, si un  asesor le recomendó a un productor vender maíz hace unos meses porque se venía una baja en los precios, producto de la muy buena campaña argentina  y de lo que se suponía iba a ser la supercosecha norteamericana, era en realidad lo que estaba viendo en ese momento. ¿Alguien cree que había alguna persona en el mundo que sabía que algunas semanas después Estados Unidos se iba a inundar? Nadie lo podía saber.

Muchas veces es fácil echarle la culpa al analista. Pero no hay que dejar de tener en cuenta que jugamos en un mundo donde las reglas argentinas (por culpa propia) no son las mismas que las de nuestros países competidores. Y en este escenario no es acertado que un asesor nos recomiende utilizar las herramientas del mercado, como tomar coberturas por ejemplo, cuando ven que el mercado se puede derrumbar porque las condiciones de oferta y demanda previsible en ese momento así lo indican. Si aparece el "cisne negro” la predicción será “fallida”, según la forma en que se la analice

Este año, y para que no queden dudas,la verdad es que si no aparecía el “cisne negro”, lo más seguro era que el mercado se derrumbara y si así hubiera sido, seguramente hoy estaríamos quejándonos por los precios bajos y no por la información de un asesor al que le terminamos pidiendo que sea ni más ni menos que un adivino.

 

La estructura del mercado

Para entender mejor todo este tema del que venimos hablando hay que tener en cuenta cómo funciona la estructura del mercado, acá y en cualquier parte del mundo. Es como una pirámide invertida: miles y miles de productores arriba; en el medio, una estructura de servicios y comercialización; y finalmente, en el vértice inferior, un pequeño grupo, que representa a la demanda.

Pero si así funciona en todos lados, ¿cuál es la gran diferencia de nuestro país con el resto? La respuesta más descarnada pero certera es que en los países competidores los productores tienen protección mediante las políticas que aplican sus gobiernos. Por ejemplo, no se puede abusar de posiciones dominantes, como ocurre muchas veces en nuestro país, y además existe una cantidad de normativas que los participantes en el mercado deben respetar obligatoriamente, con un Estado que controla dicho cumplimiento. Más allá de ello, existen las políticas agropecuarias de las que tantas veces hemos comentado en estas líneas. En nuestro país nada de eso funciona.

Por eso cuando la realidad demuestra que hay que prevenirse frente al comportamiento errático de los mercados, la única herramienta que tienen los productores locales es tomar coberturas. Y eso es lo que estuvo pasando en estos meses, con excepción de las últimas semanas, y eso fue lo que estuvieron recomendando los asesores porque era lo más lógico. Después Estados Unidos se inundó y ahí las previsiones resultaron, por ahora, exageradas.

Hay otra estructura a tener en cuenta cuando hablamos del funcionamiento del mercado. Es la estructura comercial, que contempla a proveedores de insumos y de servicios, productores, acopios, cooperativas, corredores, mercados y la demanda. Un esquema comercial habitual que muchas veces no se respeta y se comercializa de “manera directa”. Este “salteo” al sistema comercial tradicional no es recomendable porque le quita transparencia. Como no tenemos ciertos marcos de protección como tienen nuestros competidores, la estructura comercial es lo mejor que podemos utilizar

Es real que todos aquellos que de alguna manera merodeamos el universo agropecuario en definitiva terminamos viviendo del trabajo de los productores. Es tan cierto como que en el camino pueden aparecer manos negras, “chantas” o malos operadores. Como los hay en cualquier lado, pero eso no invalida que esta estructura comercial sea el mejor y la más transparente de todas.

Y esa trasparencia es la que hay que defender por sobre todas las cosas. No hay forma de que los asesores tengan la verdad revelada de lo que puede pasar en el mercado. Entonces, como esto no se puede cambiar, tal vez deberíamos protestar por otras cuestiones. Por ejemplo, deberíamos seguir cuestionando por qué la Argentina no tiene políticas de defensa para sus productores. O por qué se permiten ciertos abusos de poder entre un eslabón de la cadena y otro.

No se trata solo de cuestionarnos entre nosotros, no alcanza con cargar de responsabilidades a un asesor, él lo que hace es tratar de proteger al productor de esas circunstancias en las que la Argentina no lo cubre. Porque recordemos que, en definitiva, protegiendo al productor ese asesor protege su trabajo. Nunca nos olvidemos, finalmente, que es un problema de la política, no del asesoramiento de una persona.

 

El efecto cisne negro

Hablamos arriba de la aparición de un cisne negro que “rompió” la tendencia del mercado. Así es, finalmente después de tanto esperarlo apareció un evento climático en Estados Unidos que seguramente cortará una racha de cinco campañas consecutivas de record productivo. El exceso de lluvias está afectando de manera muy severa la siembra de soja y de maíz, generando un daño mucho mayor al que cualquier analista pudiera predecir.

Y eso repercute especialmente en los niveles de precios. De esta manera, los valores que habían llegado a su pico más bajo desde 2007, mostraron una importante recuperación en las últimas semanas.

Y esas son buenas noticias para los productores de nuestro país, que con su propio esfuerzo y a pesar de las complicaciones que se le siguen imponiendo desde arriba con políticas erráticas y antiproductvas, otra vez están levantando una excelente cosecha gruesa y comenzando a sembrar una vasta superficie de trigo que superará las 6 millones de hectáreas.  

Hasta ahora el mercado parece no encontrar un punto de equilibrio para los precios en función de la nueva situación que se presenta desde el lado de la oferta. Especialmente porque desde el punto de vista de la demanda las noticias cambian casi a diario y la situación no está tan clara. Es decir, al fundamento “alcista” que podemos denominar propio del mercado, como es una muy posible menor oferta de granos, se suman otros fundamentos “bajistas”, como son la peste porcina africana y la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

 

Situación comercial de los granos en la Argentina

En el caso del trigo disponible, en el corto plazo, más allá de lo que ocurra en el contexto internacional, la situación de oferta y demanda local es muy ajustada. Adicionalmente Brasil aseguró que en el periodo junio-noviembre se estaría llevando unas 2,25 millones de toneladas (MT). Todo esto nos muestra que el trigo en el mercado local podría continuar con valores firmes, porque la relación oferta/demanda es muy tirante.

Por el lado del mercado internacional lo que se está viendo por estos días también son subas interesantes. Por un lado está Rusia, que hasta el momento no sabe qué hacer con sus exportaciones (ya vendió mucho y puede frenarlas), Australia tiene algunos problemas climáticos como el año pasado y Estados Unidos podría tener serias dificultades de calidad.

Estas dos situaciones, la ajustada oferta y demanda en Argentina, y las complicaciones en el mundo, nos están dejando precios más que interesantes para el cereal. Por un lado, valores por arriba de los 200 dólares por tonelada en el disponible y de alrededor de 180 dólares para la cosecha nueva. Precios que por supuesto ya tienen descontado el efecto de las retenciones.

En el caso del maíz, sobre una cosecha oficial de 55 MT, se exportarían según la Secretaria de Agroindustria de la Nación 32 MT. De todo esto ya hay 20 MT compradas por el sector exportador y anotadas como vendidas otras 21 MT. De acá hay que descartar unas 18 MT que están destinadas a otros consumos y que no deben ser consideradas dentro del análisis comercial.

En este contexto, teniendo en cuenta la demanda total, quedan aún compras pendientes por 15 MT (12 MT de la exportación y 3 MT del consumo), con un volumen disponible para negociar de 24,2 MT. Es decir, no debería haber problemas de oferta y demanda como veíamos por ejemplo con el trigo.

En cuanto a los precios, acá empieza a jugar fuertemente lo que está pasando en Estados Unidos con las inundaciones. El tan mentado cisne negro. El maíz es el producto que más ha recuperado su valor y ya se ubica en torno a los 170 dólares en el mercado internacional, logrando los precio más altos del último año.

En el mercado local también se visualiza esa recuperación, con un precio disponible de alrededor de 155 dólares, pero que posiblemente baje en julio cuando entre la gran cosecha de maíz tardío. Por el lado de la cosecha 2019/20, los actuales precios del maíz en 150 dólares también nos marcan un número bastante interesante.

En el caso de la soja, hay que destacar que de una oferta total de 62 MT (56 de producción y 6 de stock), el sector exportador por ahora tiene compradas casi 5 MT sobre una demanda de 9 MT (no las 15 que especulaban los que hablan de primarización de exportaciones). Y la industria ya compró casi 18 MT sobre una demanda final de 47 MT.

 En los valores hay una recuperación en  Chicago de alrededor de 35 dólares por tonelada, lo que puede marcar una tendencia, pero que de todos modos todavía está lejos de los niveles que teníamos hace un año. En cuanto al mercado local, en el disponible podemos ver valores de 235 dólares y un pase un poco más interesante para noviembre, con precios que pueden alcanzar los 250 dólares por tonelada. Pero también aquí vale la pena hacer mención a que los precios de la soja tienen descontado en nuestro mercado cerca de un 27%, que es lo que los productores están pagando por derechos de exportación. Si así no fuera, la rentabilidad sería otra y la necesidad de que siempre aparezca un cisne negro que nos salve, tal vez, no sería tan recurrente.

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