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Todos los caminos conducen a China

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Todos los caminos conducen a China

Carlos Etchepare

Entrevista con Diego Guelar (2ª parte)

Todos los caminos conducen a China (primera parte)

 

—¿El crecimiento en las exportaciones de carne es un ejemplo de ese mejoramiento que se empieza a vislumbrar?

—Es posible, especialmente en lo que respecta a vacunos ya que China representa hoy el principal destino de las exportaciones de este producto. Pero también en cerdos, hasta hace dos años no nos planteábamos ni siquiera la posibilidad de exportar carne porcina a China. No es que tuviéramos el mercado cerrado, es simplemente que ni habíamos iniciado los trámites y ni habíamos pedido firmar un protocolo de exportación de carne porcina.

 

—Hubo un golpe de fortuna, como fue la aparición de la peste porcina africana, ¿no es así?

—Es así, pero lo importante es que esto ahora cambió, y aunque se generó por el problema de la peste que sufre China, no deja de ser un muy buen desafío para nuestro país. Recordemos que en China hay una existencia de 700 millones de cabezas de ganado porcino, y que estos animales son la principal proteína animal en la dieta de sus habitantes. Y ahora, con este grave problema de brote de peste porcina, las  estimaciones hasta el momento hablan de una pérdida de 130 millones de cabezas. Esta situación de enorme gravedad para el pueblo chino, lo fuerza a tener que importar necesariamente mucho más de lo que ya importaba. Y ahí aparece la Argentina.

 

—¿Cuál es el potencial de esta ventana que se abre para nuestra industria de la carne porcina?

—Nuestro país, que hasta hace unos meses ni figuraba en su radar, hoy puede convertirse en un gran productor y exportador, pero eso implica la necesidad de un cambio en nuestra estructura productiva. El número de madres, la cantidad de criaderos, el desarrollo de los frigoríficos, todas cuestiones que nuestro país podría resolver fácilmente si es que hay una decisión política y empresarial de envergadura.

—¿Se puede equiparar esta situación a alguna otra que haya vivido el comercio exterior argentino en su historia?

—La verdad es que es un gran desafío, si lo pienso, es similar a lo que nos pasó en los años '70 cuando Europa nos cerró los mercados para las carnes y los granos, pero entonces apareció la oportunidad de venderles soja con arancel cero. En aquellos años, gracias a una restricción de mercado tradicional, apareció un nuevo producto y un nuevo complejo que es el sojero. Salvando las diferencias, esto es lo que puede pasar ahora con las exportaciones de carne porcina a China. Otra vez un factor externo a nosotros puede determinar un quiebre fenomenal para nuestra ganadería.

 

—La diferencia sería que ahora el cerdo es la soja de aquel momento...

—Nos podemos imaginar que si con el cerdo pasa algo similar a lo que pasó con la soja, cambiando o adecuando nuestra estructura productiva, tal vez dentro de 30 años el cerdo sea nuestro principal producto de exportación. El cerdo, a diferencia del vacuno,  tiene la particularidad de que posee una gran velocidad de reproducción y esto genera una posibilidad industrial extraordinaria y que puede ser desarrollada en muy pocos años.

 

—¿Está la industria cárnica porcina preparada para dar este salto?

—En la Argentina el conocimiento genético y la producción de carne son de altísima calidad, por eso podemos pensar en crecer de manera exponencial. Claro que se necesita una política pública y un trabajo privado muy grande, con una orientación clara y con un entendimiento de que estamos frente a un producto central de la economía futura de la Argentina.

 

—Se habla mucho últimamente de la posibilidad de venderle harina de soja a China. ¿Qué hay de cierto en esto?

—Lo de la harina de soja está en forma incipiente y debería desarrollarse el mercado. Las empresas argentinas que le venden al mundo deberían venir a China a hacer el esfuerzo vendedor. Que China no esté comprando en este momento no significa que no vaya a comprar en el futuro. Hace poco hicimos un encuentro y para los compradores chinos fue una sorpresa porque no tenían idea de la calidad de la harina de soja argentina. Creo que en algún momento vamos a abrir el mercado de harina de soja, pero para eso se necesita que todas las partes trabajen y hagan lo que tienen que hacer.

 

—Estamos en un contexto de guerra comercial entre China y Estados Unidos que ya lleva casi un año. ¿Cuál es el real impacto de este conflicto?

—El mundo vivió durante los últimos 20 años el período de cooperación internacional más fértil de la historia y esto tuvo un impacto muy fuerte en las sociedades. Un claro ejemplo es que se redujo a la mitad la pobreza extrema en todo el planeta. Creció en comercio, crecieron las inversiones y esto fue gracias al buen clima de cooperación, de diálogo y de multilateralismo. Esta situación hoy está puesta en duda debido a un brote de proteccionismo, de unilateralismo y de no respeto a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Es una preocupación, esperemos que muy pronto se vuelva al sentido común y a la cooperación.

 

—¿La Argentina gana o pierde con este conflicto entre Estados Unidos y China?

—En nuestra propia región Argentina tiene a Estados Unidos a Europa y a China como socios muy importantes. Lo mismo les pasa a otros países, por eso no podemos dejar de tener estas opciones. No podemos pretender volver a la guerra fría de mediados del siglo 20, cuando había que elegir por una de las potencias centrales. Es ridículo que el mundo se plantee esto, por lo tanto debería haber una gran presión mundial que convenga que esta guerra comercial no puede perdurar. Se necesita competir en un mercado universal y global, así que esperemos que esta situación de conflicto sea, en poco tiempo, una anécdota del pasado.

 —Hay un tercer fenómeno además de la guerra comercial y de la peste porcina africana que beneficia a nuestro país: el crecimiento constante de la demanda china. ¿Cree que esto va a continuar?

—Hay que calcular que se incorporan a la clase media consumidora unos 20 millones de chinos por año y esta tendencia no debería decaer, por el contrario, podría aumentar. Cuando uno ve los números de China, podemos concluir que esta es una sociedad ya no de mercado, sino de “hipermercado”. Es la sociedad más consumista del mundo, muy vanguardista en tecnología. En definitiva, es una tremenda aspiradora, superior a lo que nosotros conocemos en el mercado occidental y que llamamos sociedad capitalista.

 

—¿Es costoso ingresar a China?

—No, para nada. China tiene una política de reducción de sus aranceles de importación, a tal punto que el nivel de sus tarifas de ingreso hoy son menores que en Estados Unidos y que en Europa. Y por el lado de las barreras para arancelarias, que son por ejemplo las sanitarias, ya las superamos todas. Argentina tiene el reconocimiento sanitario más alto del mundo para China. Y esto nos abre un escenario extraordinario de posibilidades de inversiones, tanto chinas como de terceros países, en la agroindustria argentina.

 

—Entonces no queda otra que ser optimistas de cara al futuro…

—Sin duda, tenemos complementariedad, estamos en la agenda china, la relación está en un punto de madurez muy importante. El gran salto que tenemos que dar es ver la relación desde el Cono Sur, desde el Mercosur con Chile y Perú incluidos. Hay que asumir una relación regional que puede ser muy rica y beneficiosa. Debemos pensar en acuerdos de libre comercio, aunque por el momento nuestro país es bastante resistente ante este concepto. Hay un procedimiento muy importante previo a una negociación que es el análisis de factibilidad del acuerdo, y eso es vital porque permite que las dos economías analicen juntas su complementariedad para ver cuáles son sus sectores sensibles y en qué plazo se puede llegar a una apertura. La verdad es que hoy no es sensato que no hagamos un análisis de factibilidad entre China y el Mercosur para llegar a este tipo de acuerdo de libre comercio. Es verdad que China es el futuro, pero también es el presente y no podemos dejarlo pasar.

 

—¿Es China una meta alcanzable?

—La relación comercial entre Argentina y China sigue nutriéndose, creciendo en negocios y en expectativas. En este contexto, el consejero agrícola en Beijing, Hernán Viola, analizó el momento que estamos atravesando y las posibilidades futuras.

“Debemos tener en cuenta que en China hay muchos habitantes, más de 1.400 millones, y con un crecimiento sostenido en el poder adquisitivo. Entonces, por mayor producción que logren alcanzar año tras año, sus necesidades de importación de alimentos no se reducen. Por el contrario, se mantienen en franco aumento”, dice Viola.

Como sustento a esta realidad, se destaca que el traslado de gente del campo a la ciudad es de 20 millones de personas por año, lo que deja una expectativa de crecimiento para la clase media hacia 2030 de al menos 350 millones de personas. Es un nicho de mercado muy interesante.

Claro que las necesidades de China a veces chocan con el interés de la Argentina. Ellos no entienden cómo no les vendemos más poroto de soja y acá nos preocupamos cuando se reducen las compras de aceite, como sucedió a partir de 2010. Por suerte este año volvemos a ser los principales proveedores de aceite, aunque en niveles más bajos. Otro punto es el de la harina, producto cuyo mercado se está negociando.

Pero lo cierto es que hoy la gran oportunidad con China pasa por las carnes. “La situación de la peste porcina africana es más seria de lo que se preveía, con pérdidas de hasta 30% del stock. Esta situación encuentra a la Argentina en un buen momento, bien posicionada y con los protocolos sanitarios firmados. Claro que no somos un gran exportador de porcinos, pero hay que destacar el potencial de ventas y de inversiones en el sector. En China va a tomar tiempo para que esta situación se estabilice”, asegura Viola.

Argentina tiene que trabajar en mejorar su oferta de carnes. “Hoy el gran número de ventas se orienta a un consumo de calidad media/baja, pero si pensamos en los cortes premium el mercado es muy grande. Hay que promover y trabajar más en eso”, destacó el funcionario.

De la misma manera que se debe trabajar más la relación privada con los chinos, porque los negocios no se concretan de un día para otro, llevan su tiempo, pero cuando todo llega a un final feliz, se convierten en relaciones de mediano y largo plazo.

“Pese a las últimas novedades en cuanto a la guerra comercial, todavía hay mucha incertidumbre por lo que puede pasar entre China y Estados Unidos. Se puede solucionar en los próximos días o puede llevar mucho tiempo. Y esto, aunque es un problema para el comercio mundial, abre muchas oportunidades para nuestro país. Especialmente en aquellos mercados donde Estados Unidos tiene mucha presencia, como frutas o alimentos procesados” finalizó Viola.

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Todos los caminos conducen a China

Entrevista con Diego Guelar (2ª parte)

Todos los caminos conducen a China (primera parte)

 

—¿El crecimiento en las exportaciones de carne es un ejemplo de ese mejoramiento que se empieza a vislumbrar?

—Es posible, especialmente en lo que respecta a vacunos ya que China representa hoy el principal destino de las exportaciones de este producto. Pero también en cerdos, hasta hace dos años no nos planteábamos ni siquiera la posibilidad de exportar carne porcina a China. No es que tuviéramos el mercado cerrado, es simplemente que ni habíamos iniciado los trámites y ni habíamos pedido firmar un protocolo de exportación de carne porcina.

 

—Hubo un golpe de fortuna, como fue la aparición de la peste porcina africana, ¿no es así?

—Es así, pero lo importante es que esto ahora cambió, y aunque se generó por el problema de la peste que sufre China, no deja de ser un muy buen desafío para nuestro país. Recordemos que en China hay una existencia de 700 millones de cabezas de ganado porcino, y que estos animales son la principal proteína animal en la dieta de sus habitantes. Y ahora, con este grave problema de brote de peste porcina, las  estimaciones hasta el momento hablan de una pérdida de 130 millones de cabezas. Esta situación de enorme gravedad para el pueblo chino, lo fuerza a tener que importar necesariamente mucho más de lo que ya importaba. Y ahí aparece la Argentina.

 

—¿Cuál es el potencial de esta ventana que se abre para nuestra industria de la carne porcina?

—Nuestro país, que hasta hace unos meses ni figuraba en su radar, hoy puede convertirse en un gran productor y exportador, pero eso implica la necesidad de un cambio en nuestra estructura productiva. El número de madres, la cantidad de criaderos, el desarrollo de los frigoríficos, todas cuestiones que nuestro país podría resolver fácilmente si es que hay una decisión política y empresarial de envergadura.

—¿Se puede equiparar esta situación a alguna otra que haya vivido el comercio exterior argentino en su historia?

—La verdad es que es un gran desafío, si lo pienso, es similar a lo que nos pasó en los años '70 cuando Europa nos cerró los mercados para las carnes y los granos, pero entonces apareció la oportunidad de venderles soja con arancel cero. En aquellos años, gracias a una restricción de mercado tradicional, apareció un nuevo producto y un nuevo complejo que es el sojero. Salvando las diferencias, esto es lo que puede pasar ahora con las exportaciones de carne porcina a China. Otra vez un factor externo a nosotros puede determinar un quiebre fenomenal para nuestra ganadería.

 

—La diferencia sería que ahora el cerdo es la soja de aquel momento...

—Nos podemos imaginar que si con el cerdo pasa algo similar a lo que pasó con la soja, cambiando o adecuando nuestra estructura productiva, tal vez dentro de 30 años el cerdo sea nuestro principal producto de exportación. El cerdo, a diferencia del vacuno,  tiene la particularidad de que posee una gran velocidad de reproducción y esto genera una posibilidad industrial extraordinaria y que puede ser desarrollada en muy pocos años.

 

—¿Está la industria cárnica porcina preparada para dar este salto?

—En la Argentina el conocimiento genético y la producción de carne son de altísima calidad, por eso podemos pensar en crecer de manera exponencial. Claro que se necesita una política pública y un trabajo privado muy grande, con una orientación clara y con un entendimiento de que estamos frente a un producto central de la economía futura de la Argentina.

 

—Se habla mucho últimamente de la posibilidad de venderle harina de soja a China. ¿Qué hay de cierto en esto?

—Lo de la harina de soja está en forma incipiente y debería desarrollarse el mercado. Las empresas argentinas que le venden al mundo deberían venir a China a hacer el esfuerzo vendedor. Que China no esté comprando en este momento no significa que no vaya a comprar en el futuro. Hace poco hicimos un encuentro y para los compradores chinos fue una sorpresa porque no tenían idea de la calidad de la harina de soja argentina. Creo que en algún momento vamos a abrir el mercado de harina de soja, pero para eso se necesita que todas las partes trabajen y hagan lo que tienen que hacer.

 

—Estamos en un contexto de guerra comercial entre China y Estados Unidos que ya lleva casi un año. ¿Cuál es el real impacto de este conflicto?

—El mundo vivió durante los últimos 20 años el período de cooperación internacional más fértil de la historia y esto tuvo un impacto muy fuerte en las sociedades. Un claro ejemplo es que se redujo a la mitad la pobreza extrema en todo el planeta. Creció en comercio, crecieron las inversiones y esto fue gracias al buen clima de cooperación, de diálogo y de multilateralismo. Esta situación hoy está puesta en duda debido a un brote de proteccionismo, de unilateralismo y de no respeto a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Es una preocupación, esperemos que muy pronto se vuelva al sentido común y a la cooperación.

 

—¿La Argentina gana o pierde con este conflicto entre Estados Unidos y China?

—En nuestra propia región Argentina tiene a Estados Unidos a Europa y a China como socios muy importantes. Lo mismo les pasa a otros países, por eso no podemos dejar de tener estas opciones. No podemos pretender volver a la guerra fría de mediados del siglo 20, cuando había que elegir por una de las potencias centrales. Es ridículo que el mundo se plantee esto, por lo tanto debería haber una gran presión mundial que convenga que esta guerra comercial no puede perdurar. Se necesita competir en un mercado universal y global, así que esperemos que esta situación de conflicto sea, en poco tiempo, una anécdota del pasado.

 —Hay un tercer fenómeno además de la guerra comercial y de la peste porcina africana que beneficia a nuestro país: el crecimiento constante de la demanda china. ¿Cree que esto va a continuar?

—Hay que calcular que se incorporan a la clase media consumidora unos 20 millones de chinos por año y esta tendencia no debería decaer, por el contrario, podría aumentar. Cuando uno ve los números de China, podemos concluir que esta es una sociedad ya no de mercado, sino de “hipermercado”. Es la sociedad más consumista del mundo, muy vanguardista en tecnología. En definitiva, es una tremenda aspiradora, superior a lo que nosotros conocemos en el mercado occidental y que llamamos sociedad capitalista.

 

—¿Es costoso ingresar a China?

—No, para nada. China tiene una política de reducción de sus aranceles de importación, a tal punto que el nivel de sus tarifas de ingreso hoy son menores que en Estados Unidos y que en Europa. Y por el lado de las barreras para arancelarias, que son por ejemplo las sanitarias, ya las superamos todas. Argentina tiene el reconocimiento sanitario más alto del mundo para China. Y esto nos abre un escenario extraordinario de posibilidades de inversiones, tanto chinas como de terceros países, en la agroindustria argentina.

 

—Entonces no queda otra que ser optimistas de cara al futuro…

—Sin duda, tenemos complementariedad, estamos en la agenda china, la relación está en un punto de madurez muy importante. El gran salto que tenemos que dar es ver la relación desde el Cono Sur, desde el Mercosur con Chile y Perú incluidos. Hay que asumir una relación regional que puede ser muy rica y beneficiosa. Debemos pensar en acuerdos de libre comercio, aunque por el momento nuestro país es bastante resistente ante este concepto. Hay un procedimiento muy importante previo a una negociación que es el análisis de factibilidad del acuerdo, y eso es vital porque permite que las dos economías analicen juntas su complementariedad para ver cuáles son sus sectores sensibles y en qué plazo se puede llegar a una apertura. La verdad es que hoy no es sensato que no hagamos un análisis de factibilidad entre China y el Mercosur para llegar a este tipo de acuerdo de libre comercio. Es verdad que China es el futuro, pero también es el presente y no podemos dejarlo pasar.

 

—¿Es China una meta alcanzable?

—La relación comercial entre Argentina y China sigue nutriéndose, creciendo en negocios y en expectativas. En este contexto, el consejero agrícola en Beijing, Hernán Viola, analizó el momento que estamos atravesando y las posibilidades futuras.

“Debemos tener en cuenta que en China hay muchos habitantes, más de 1.400 millones, y con un crecimiento sostenido en el poder adquisitivo. Entonces, por mayor producción que logren alcanzar año tras año, sus necesidades de importación de alimentos no se reducen. Por el contrario, se mantienen en franco aumento”, dice Viola.

Como sustento a esta realidad, se destaca que el traslado de gente del campo a la ciudad es de 20 millones de personas por año, lo que deja una expectativa de crecimiento para la clase media hacia 2030 de al menos 350 millones de personas. Es un nicho de mercado muy interesante.

Claro que las necesidades de China a veces chocan con el interés de la Argentina. Ellos no entienden cómo no les vendemos más poroto de soja y acá nos preocupamos cuando se reducen las compras de aceite, como sucedió a partir de 2010. Por suerte este año volvemos a ser los principales proveedores de aceite, aunque en niveles más bajos. Otro punto es el de la harina, producto cuyo mercado se está negociando.

Pero lo cierto es que hoy la gran oportunidad con China pasa por las carnes. “La situación de la peste porcina africana es más seria de lo que se preveía, con pérdidas de hasta 30% del stock. Esta situación encuentra a la Argentina en un buen momento, bien posicionada y con los protocolos sanitarios firmados. Claro que no somos un gran exportador de porcinos, pero hay que destacar el potencial de ventas y de inversiones en el sector. En China va a tomar tiempo para que esta situación se estabilice”, asegura Viola.

Argentina tiene que trabajar en mejorar su oferta de carnes. “Hoy el gran número de ventas se orienta a un consumo de calidad media/baja, pero si pensamos en los cortes premium el mercado es muy grande. Hay que promover y trabajar más en eso”, destacó el funcionario.

De la misma manera que se debe trabajar más la relación privada con los chinos, porque los negocios no se concretan de un día para otro, llevan su tiempo, pero cuando todo llega a un final feliz, se convierten en relaciones de mediano y largo plazo.

“Pese a las últimas novedades en cuanto a la guerra comercial, todavía hay mucha incertidumbre por lo que puede pasar entre China y Estados Unidos. Se puede solucionar en los próximos días o puede llevar mucho tiempo. Y esto, aunque es un problema para el comercio mundial, abre muchas oportunidades para nuestro país. Especialmente en aquellos mercados donde Estados Unidos tiene mucha presencia, como frutas o alimentos procesados” finalizó Viola.

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