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La cría necesita financiación, pero sobre todo rentabilidad

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La cría necesita financiación, pero sobre todo rentabilidad

Nicolás Razzetti

La faena de julio fue la más alta en mucho tiempo, por lo menos en los últimos 2 años y medio no se logró semejante nivel de oferta de ganado. El total, de acuerdo con los datos que publica la Dirección de Control Comercial Agropecuario, fue de 1,267 millón de animales, lo que significa un incremento de 12,2% respecto de igual mes del año pasado. Ese dato permite proyectar una faena total para este año de más de 13 millones de cabezas, muy similar al total alcanzado en 2018. 

Está claro que hace tiempo terminó la retención, y que entramos en el período del año en el cual hay mucha oferta de hacienda de feedlot. También que por la demanda de China y la falta de financiación seguirá siendo alta la faena de vacas, pero además se espera que en los próximos meses aparezca hacienda que estuvo en procesos de recría. Todo esto da cuenta de que por los menos por unos cuantos meses no habría reducción en la producción de carne, lo que no significa que la oferta sea alta para el consumo, ya que la demanda exportadora tiene un peso cada vez mayor en el negocio.

La alta faena de julio se explica por dos motivos. Por un lado, en menor medida, por el inicio del proceso de vaciado de los feedlots que, según la Cámara de Engordadores, en julio tuvo el 64% de su capacidad instalada ocupada, eso significa 6 puntos porcentuales menos que en igual mes del año pasado; pero, asimismo, un leve baja respecto de lo encerrado en junio, que llegó al 65% del total. Por otro lado, la alta faena obedece principalmente a la fuerte oferta de hembras, que sumaron 600 mil cabezas de las cuales 426 mil fueron vacas y el resto vaquillonas (que ahora incluye también a la categoría terneras).

La alta faena de vacas tiene que ver con la fuerte demanda de China por ese tipo de carne y con cuestiones locales. La necesidad del gigante asiático es cada vez mayor y nadie sabe dónde parará ni cuándo. La Argentina envía a ese destino el 72% de todo lo que exporta y las ventas crecen por encima del 100% interanual.

Por suerte, para el criador existe esa demanda, que elevó la participación de la exportación a cerca del 25% del total que se produce y que además evitó una crisis de precios, sobre todo en la cría vacuna, que sigue siendo el gran perdedor de la cadena.

Muchos analistas insisten con la falta de eficiencia productiva de la cría, los bajos niveles de destete. Es cierto que en algunas regiones se podrían producir muchos más terneros por vaca, pero hay que tener en cuenta que el productor arriesga su capital en un país con altos niveles de incertidumbre política, económica, cambiaria, climática y en un cadena que posterga el traslado a la cría de los beneficios que genera el incremento en exportaciones, así como las subas en los precios del gordo que va para consumo. Por "h o por b" siempre hay motivos para que el criador tenga que esperar.

En ese contexto, ¿es razonable pedirle que invierta en mejorar su base forrajera para que se preñen más vacas? ¿No es mejor buscar la forma de mejorar el contexto antes señalado para que la ganadería de cría sea más eficiente y deje de ser vista como una reserva de valor o caja de ahorro? 

Con respecto a esta cuestión, durante la reciente exposición rural de Palermo esto comentó el criador Hugo Sigman, quien tiene campos en el sur de San Luis: “El primer problema que tiene la Argentina es el bajo índice de destete, que hoy está en 62/63% cada 100 vacas. Y el otro es que no hay retención de hembras suficiente, porque cuando se hace el cálculo financiero del costo del dinero, por el valor de la hembra le conviene venderla. Entonces hay que mejorar el costo del crédito para el productor para que retenga la fábrica de terneros”. Sigman dijo que la demanda China seguirá creciendo y por eso cree que es necesario que haya financiación para que se pueda invertir en el sistema productivo y así aumentar el destete a niveles de 80/85%.

Sin financiación y sin renta no hay chances de que el criador apueste por la retención y por eso no despega el precio del vientre. La realidad se expresa también en los precios, ya que una vaca para faena vale lo mismo que un vientre, la reposición es 1 a 1. 

Los problemas de la cría no se resuelven solo con financiación, la actividad necesita rentabilidad y su ausencia queda reflejada en el boletín trimestral de resultados económicos que publica el ahora de nuevo ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. 

En ese informe se refleja esta evolución. En un campo de cría de la Cuenca del Salado de 450 hectáreas con 260 vacas, 72% de destete, 95% campo natural y una producción de 925 kilos de carne por hectárea, el resultado neto estimado a mayo de este año era de $1.490 por hectárea. El año pasado, en ese mismo campo y a igual fecha, el ingreso neto fue de $2.850 por hectárea.

En términos nominales, el resultado después de gastos e impuestos se redujo a la mitad y eso antes de cargarle al número final de la inflación, con lo cual el poder de compra del dinero que quedó en poder del criador se habría reducido a la tercera parte.

En San Luis, en la zona árida en un campo de 3.000 hectáreas, con 350 vacas, destete de 65%, campo con pasturas 100% natural y una producción de carne de 17 kilos por hectárea y año, el resultado neto a mayo fue estimado por los técnicos del área ganadera del ministerio nacional en $245 por hectárea y en forma anual. A mayo del año pasado el ingreso fue de $488.

Al igual que en el caso anterior, hubo una notable pérdida de rentabilidad y en el poder de compra del ingreso que le quedó a los criadores, a los que luego se señala injustamente de ineficientes.

En la zona semiárida la cuestión es también similar. El resultado neto este año fue de $512 a mayo de este año, contra los $1.025 de igual mes de 2018.

En síntesis, la cría necesita de financiación pero sobre todo recuperar la rentabilidad que mejore la disponibilidad de capital para poder invertir en infraestructura dentro del campo, en manejo, en forrajes y en genética. Caso contrario es probable que siga la alta faena de vacas y eso podría condicionar la oferta de terneros del año próximo.

Según los partes de prensa que difundió la cartera agropecuaria nacional, contamos con el mismo nivel de vientres de los últimos años, pero no todos consideran lo mismo y levantan la voz de alerta. Miguel Schiaritti, de Ciccra, dijo: “Veo que puede estar comprometida la oferta de carne del año que viene porque la alta faena de vacas, que en los primeros 6 meses de este año superó a la de 2018 en 400 mil cabezas y que sigue siendo alta en el arranque de la segunda parte del año, condicionará la disponibilidad de terneros. Sin retención y sin financiación para la cría tendremos poca carne, por lo que si no bajan las exportaciones habría aumentos de precios en el mercado interno”.

 

El ovino quiere despegar

En Uruguay se consumen entre 4 y 5 kilos de carne de ovinos por habitante y por año, mientras que en la Argentina la estimación (si bien no hay mediciones ciertas) es de 1 kilo.

Pero los productores creen que hay espacio en el mercado local para empatar niveles como el de Uruguay o al menos acercarse y también posibilidades de exportar.

La Mesa Ovina hizo su presentación en la reciente exposición rural de Palermo, donde los productores expresaron los objetivos de la cadena: pretenden aumentar la producción un 66% para 2030 hasta llevarla a 92.000 toneladas, pero para eso se requiere aumentar el rodeo actual en 22%, para llegar a las 18 millones de cabezas.

Además se requiere incrementar el rinde de lana por animal y el peso medio para lograr carcasas con más robustez. 

Para lograrlo, los productores consideran que es necesario incrementar el nivel tecnológico de los planteos productivos, lo que permitiría que la producción promedio de lana también crezca y pase de 3,30 a 3,60 kilogramos y el rinde en peine de 55% a 60%.

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La cría necesita financiación, pero sobre todo rentabilidad

La faena de julio fue la más alta en mucho tiempo, por lo menos en los últimos 2 años y medio no se logró semejante nivel de oferta de ganado. El total, de acuerdo con los datos que publica la Dirección de Control Comercial Agropecuario, fue de 1,267 millón de animales, lo que significa un incremento de 12,2% respecto de igual mes del año pasado. Ese dato permite proyectar una faena total para este año de más de 13 millones de cabezas, muy similar al total alcanzado en 2018. 

Está claro que hace tiempo terminó la retención, y que entramos en el período del año en el cual hay mucha oferta de hacienda de feedlot. También que por la demanda de China y la falta de financiación seguirá siendo alta la faena de vacas, pero además se espera que en los próximos meses aparezca hacienda que estuvo en procesos de recría. Todo esto da cuenta de que por los menos por unos cuantos meses no habría reducción en la producción de carne, lo que no significa que la oferta sea alta para el consumo, ya que la demanda exportadora tiene un peso cada vez mayor en el negocio.

La alta faena de julio se explica por dos motivos. Por un lado, en menor medida, por el inicio del proceso de vaciado de los feedlots que, según la Cámara de Engordadores, en julio tuvo el 64% de su capacidad instalada ocupada, eso significa 6 puntos porcentuales menos que en igual mes del año pasado; pero, asimismo, un leve baja respecto de lo encerrado en junio, que llegó al 65% del total. Por otro lado, la alta faena obedece principalmente a la fuerte oferta de hembras, que sumaron 600 mil cabezas de las cuales 426 mil fueron vacas y el resto vaquillonas (que ahora incluye también a la categoría terneras).

La alta faena de vacas tiene que ver con la fuerte demanda de China por ese tipo de carne y con cuestiones locales. La necesidad del gigante asiático es cada vez mayor y nadie sabe dónde parará ni cuándo. La Argentina envía a ese destino el 72% de todo lo que exporta y las ventas crecen por encima del 100% interanual.

Por suerte, para el criador existe esa demanda, que elevó la participación de la exportación a cerca del 25% del total que se produce y que además evitó una crisis de precios, sobre todo en la cría vacuna, que sigue siendo el gran perdedor de la cadena.

Muchos analistas insisten con la falta de eficiencia productiva de la cría, los bajos niveles de destete. Es cierto que en algunas regiones se podrían producir muchos más terneros por vaca, pero hay que tener en cuenta que el productor arriesga su capital en un país con altos niveles de incertidumbre política, económica, cambiaria, climática y en un cadena que posterga el traslado a la cría de los beneficios que genera el incremento en exportaciones, así como las subas en los precios del gordo que va para consumo. Por "h o por b" siempre hay motivos para que el criador tenga que esperar.

En ese contexto, ¿es razonable pedirle que invierta en mejorar su base forrajera para que se preñen más vacas? ¿No es mejor buscar la forma de mejorar el contexto antes señalado para que la ganadería de cría sea más eficiente y deje de ser vista como una reserva de valor o caja de ahorro? 

Con respecto a esta cuestión, durante la reciente exposición rural de Palermo esto comentó el criador Hugo Sigman, quien tiene campos en el sur de San Luis: “El primer problema que tiene la Argentina es el bajo índice de destete, que hoy está en 62/63% cada 100 vacas. Y el otro es que no hay retención de hembras suficiente, porque cuando se hace el cálculo financiero del costo del dinero, por el valor de la hembra le conviene venderla. Entonces hay que mejorar el costo del crédito para el productor para que retenga la fábrica de terneros”. Sigman dijo que la demanda China seguirá creciendo y por eso cree que es necesario que haya financiación para que se pueda invertir en el sistema productivo y así aumentar el destete a niveles de 80/85%.

Sin financiación y sin renta no hay chances de que el criador apueste por la retención y por eso no despega el precio del vientre. La realidad se expresa también en los precios, ya que una vaca para faena vale lo mismo que un vientre, la reposición es 1 a 1. 

Los problemas de la cría no se resuelven solo con financiación, la actividad necesita rentabilidad y su ausencia queda reflejada en el boletín trimestral de resultados económicos que publica el ahora de nuevo ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. 

En ese informe se refleja esta evolución. En un campo de cría de la Cuenca del Salado de 450 hectáreas con 260 vacas, 72% de destete, 95% campo natural y una producción de 925 kilos de carne por hectárea, el resultado neto estimado a mayo de este año era de $1.490 por hectárea. El año pasado, en ese mismo campo y a igual fecha, el ingreso neto fue de $2.850 por hectárea.

En términos nominales, el resultado después de gastos e impuestos se redujo a la mitad y eso antes de cargarle al número final de la inflación, con lo cual el poder de compra del dinero que quedó en poder del criador se habría reducido a la tercera parte.

En San Luis, en la zona árida en un campo de 3.000 hectáreas, con 350 vacas, destete de 65%, campo con pasturas 100% natural y una producción de carne de 17 kilos por hectárea y año, el resultado neto a mayo fue estimado por los técnicos del área ganadera del ministerio nacional en $245 por hectárea y en forma anual. A mayo del año pasado el ingreso fue de $488.

Al igual que en el caso anterior, hubo una notable pérdida de rentabilidad y en el poder de compra del ingreso que le quedó a los criadores, a los que luego se señala injustamente de ineficientes.

En la zona semiárida la cuestión es también similar. El resultado neto este año fue de $512 a mayo de este año, contra los $1.025 de igual mes de 2018.

En síntesis, la cría necesita de financiación pero sobre todo recuperar la rentabilidad que mejore la disponibilidad de capital para poder invertir en infraestructura dentro del campo, en manejo, en forrajes y en genética. Caso contrario es probable que siga la alta faena de vacas y eso podría condicionar la oferta de terneros del año próximo.

Según los partes de prensa que difundió la cartera agropecuaria nacional, contamos con el mismo nivel de vientres de los últimos años, pero no todos consideran lo mismo y levantan la voz de alerta. Miguel Schiaritti, de Ciccra, dijo: “Veo que puede estar comprometida la oferta de carne del año que viene porque la alta faena de vacas, que en los primeros 6 meses de este año superó a la de 2018 en 400 mil cabezas y que sigue siendo alta en el arranque de la segunda parte del año, condicionará la disponibilidad de terneros. Sin retención y sin financiación para la cría tendremos poca carne, por lo que si no bajan las exportaciones habría aumentos de precios en el mercado interno”.

 

El ovino quiere despegar

En Uruguay se consumen entre 4 y 5 kilos de carne de ovinos por habitante y por año, mientras que en la Argentina la estimación (si bien no hay mediciones ciertas) es de 1 kilo.

Pero los productores creen que hay espacio en el mercado local para empatar niveles como el de Uruguay o al menos acercarse y también posibilidades de exportar.

La Mesa Ovina hizo su presentación en la reciente exposición rural de Palermo, donde los productores expresaron los objetivos de la cadena: pretenden aumentar la producción un 66% para 2030 hasta llevarla a 92.000 toneladas, pero para eso se requiere aumentar el rodeo actual en 22%, para llegar a las 18 millones de cabezas.

Además se requiere incrementar el rinde de lana por animal y el peso medio para lograr carcasas con más robustez. 

Para lograrlo, los productores consideran que es necesario incrementar el nivel tecnológico de los planteos productivos, lo que permitiría que la producción promedio de lana también crezca y pase de 3,30 a 3,60 kilogramos y el rinde en peine de 55% a 60%.

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