Escuchá acá la 90.9

Escuchá acá la 90.9
X

El problema es que el futuro nunca llega

Carlos Etchepare

Una nueva edición de la tradicional Exposición Rural de Palermo acaba de finalizar. Para muchos es la forma de mostrar el campo en la ciudad, pero esta afirmación contiene dos grandes errores. La ciudad de Buenos Aires no es la representación de toda la “urbanidad” argentina y mucho menos de los millones que habitan las diferentes ciudades que cubren a lo largo y a lo ancho la amplia geografía nacional. Y tampoco el campo que allí se muestra es “el campo argentino”. Es un slogan viejo, perimido y que poco aporta para subsanar el grave problema de comunicación que existe desde tiempos inmemoriales en la sociedad argentina.

Una de las tantas “grietas” que subsisten en el complejo entramando de la estructura social de nuestro país y que en estos últimos tiempos algunos sectores han descubierto que su fomento resulta un “interesante negocio”, sin darse cuenta que con ello se retrasa el futuro del país que dicen defender.

La Argentina se ha transformado en el país del futuro y en donde se confirma que el futuro nunca llega. Esto no es simplemente un juego de palabras, es la realidad de nuestro país desde su aparición como tal. Podríamos dar muchos ejemplos de “grietas” que nunca se han cerrado: “Unitarios y Federales”, “Capital y provincias”, Campo y ciudad”, “Peronismo y antiperonismo”, "Campo o industria” y así podríamos llegar hasta nuestros días con las más recientes de “Kirchnerismo y anti kirchnerismo” o hasta “macrismo y antimacrismo”. En definitiva, no es más que “argentinos vs. argentinos”. Resultado: un país desintegrado y por ende, casi derrotado.

Por si con esto no alcanzara, estas disputas experimentan su mayor virulencia en un año electoral como este 2019. Desde hace meses los argentinos, estamos una vez más asistiendo a un proceso electoral en el cual lo que menos se escuchan son propuestas y en donde comprobamos todo el tiempo que aquellos mismos políticos que piden “fidelidad” a sus posibles votantes no dudan en traicionarlos si con ello se logra mantener o aumentar la cuota de poder que detentan.

Y nosotros, ciudadanos comunes, en general, con singular tolerancia nos sumamos a ese juego y lo cuestionamos solo cuando no nos conviene a nuestros intereses individuales. 

En muchas provincias argentinas ya ha habido elecciones y sus ciudadanos democráticamente han elegido sus gobiernos. El voto de esos argentinos muchas veces es cuestionado hasta por quienes nunca en su vida han pisado un centímetro de esas provincias y por lo tanto lejos están de conocer su realidad y de entender por qué sus habitantes votan de determinada manera.

A algunas provincias las llaman “feudales”como una forma de denostación. Nunca escuché calificar de la misma manera a lugares como San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, en donde viene gobernando la misma familia desde 1983. ¿Es que para muchos argentinos el voto de un habitante de Formosa, Santiago del Estero o cualquier otra provincia argentina es “menos inteligente” que el voto de los habitantes de San Isidro? Tal vez esos argentinos pretendan una democracia con “voto calificado” o añoren las épocas del “fraude patriótico”. Pretender construir un país de esa manera es una utopía.

El campo entra en el juego
Llegado este punto es necesario comenzar a aclarar adónde pretendo llegar con estas dispersiones del pensamiento: se los digo claramente, “el campo”, el sector más importante de nuestra economía, forma parte indisoluble de esta sociedad y por lo tanto entra en este juego perverso que lo lleva a estar siempre del “lado” de los "malos".

En ello no puede soslayarse su propia responsabilidad. Casi me atrevo a afirmar que esa responsabilidad tiene que ver con su propia torpeza en la manera de relacionarse con el resto de esa sociedad que integra.
Palermo 2019 fue un claro ejemplo de ello. El campo muestra todo “su potencial” suelen decir muchos. Error, es hora de que el campo muestre toda “su realidad” y que está muy lejos de su potencial. Para eso el “campo” debe asumir que las políticas que se vienen aplicando siempre lo han tenido como el “pato de la boda”, independientemente del color político del gobierno nacional de turno.

Que hoy mostrar como logros de una política lo que es normal para cualquier país que funcione no sirve como demostración de éxito. Que asustar con los errores del pasado no habla de la gestión nueva. La realidad se convierte en noticia cuando las políticas producen hechos excepcionales, ya sea por lo bueno o por lo malo.

El gobierno anterior tuvo claramente una política poco favorable para el sector, el gobierno actual “normalizó” algunas de esas políticas erradas, pero también de alguna manera “normalizó” otras, como volver a las retenciones cuando la economía tambalea por los errores propios de la política que viene aplicando bajo la orientación del Fondo Monetario Internacional.

En Palermo 2019 quedaron expuestas diferencias que preocupan. El mundo está cambiando en muchos aspectos y aunque nos duela y nos resulte poco atractivo, o nos adaptamos o seguiremos corriendo el tren desde atrás.

Semanas antes nos ocupamos, y se celebró de manera significativa, el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Mercosur. Sin duda tal vez el más importante de la historia de nuestro país. En el caso particular de nuestro sector, uno de los aspectos más atacados por quienes quieren derribar este acuerdo (recuerden que falta entre otras muchas cosas la aprobación de todos los parlamentos nacionales de los países involucrados), es que ningún país del Mercosur está en condiciones de cumplir con los requisitos que en temas sanitarios, bienestar animal o deforestación, solo por nombrar algunos, impone como requisito el referido acuerdo. Son conocidas las posturas de los “radicales verdes – ecologistas” y su poder de lobby en la Unión Europea. En Palermo tuvimos la oportunidad de comprobarlo.

Primero con una “invasión” absolutamente fuera de lugar de un grupo de jóvenes veganos que invadieron la pista cuando había una exhibición del arte campero. Sin embargo la reacción a esa desubicada manifestación no fue la mejor, se los castigó a rebencazos, tirándoles encima los caballos y en algún caso castigando a esos jóvenes, la mayor parte mujeres, con “patadas” mientras se los tenía tirados en el piso.

Las imágenes recorrieron el mundo. Los veganos lograron su objetivo. Demostraron lo que querían y tuvieron mucha más difusión de la pretendida. El campo verdadero nada tuvo que ver con eso, sin embargo la imagen que quedó frente a la sociedad urbana no es precisamente esa. Si Palermo es el campo, todo lo que allí pasa es atribuible al campo.

En pocos minutos, todo el esfuerzo que muchos hacemos para cambiar la imagen del sector y mostrar su verdad quedó arruinado por una reacción absolutamente desmesurada de quienes no entienden lo que actualmente significan los medios de comunicación en sus diversas variantes y las repercusiones que eso tiene sobre el conjunto de la sociedad, y en particular los sectores mas jóvenes.

Y aunque esa reacción intempestiva de quienes con cierta razón se sintieron atacados pueda justificarse en la “calentura del momento”, los comentarios en las redes sociales y en diferentes medios de comunicación que después y ya sin la “calentura del momento” hicieron muchos referentes del sector, poco hicieron para cambiar esa imagen. En definitiva, una vez mas quedó demostrado que falta inteligencia, al menos comunicacional, y en el mundo actual eso se paga muy caro,

Pero no fue lo único. En pleno acto de inauguración, en medio del discurso del presidente de la sociedad rural argentina, y por sobre la cabeza del presidente de la República, Greenpeace se dio el lujo de desplegar sendas pancartas en contra de la ganadería y la deforestación. Como acción de marketing, realmente brillante. La seguridad presidencial una vez más mostró su incapacidad. La ministra responsable solo atinó a acusar a los trabajadores que armaron el palco. Nada dijo de los cientos de efectivos de la custodia presidencial, de la Policía Federal, de la policía aeroportuaria, de la policía de la ciudad y de los efectivos de gendarmería que tuvieron a su cargo la seguridad del acto.

Otra vez, la oposición al campo ganó la batalla mediática, tal vez una de las más importantes de nuestro tiempo. El discurso del presidente de la Sociedad Rural Argentina, que a pesar de reiterar su apoyo al gobierno nacional una vez más, por primera vez durante el actual período de gobierno contenía duras críticas a la actual situación del país, pasó desapercibido para los medios y por lo tanto para la mayor parte de la ciudadanía.

 

Sólo nos proponen un desafío

Un día antes de la inauguración formal, el presidente Mauricio Macri mediante un decreto le devolvió el rango que le había quitado al ministerio que atiende los intereses del sector. Ya no será ministerio de agroindustria, ahora será nuevamente el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, como lo decidió el gobierno anterior cuando lo creara en el año 2009.

Tal vez sea un premio al único sector que apoyó y se mantuvo fiel a la actual gestión, desde su postulación como candidato hasta estos días. Y además ese apoyo no solo fueron palabras, sino también hechos. Hechos que pocas veces tuvieron medidas efectivas para provocarlos de parte del gobierno nacional, mas allá de aquellas que fueron poner en su lugar lo que se había distorsionado con el kirchnerismo.

También debe tener algo de reconocimiento a la gestión de Luis Miguel Etchevehere, aquel presidente de la Sociedad Rural Argentina, que pedía el voto para Macri desde su institución, y que tuvo que esperar en el “banco” para ser ministro. Y cuando llegó a serlo soportó que lo degradaran y además que volvieran a implantar las retenciones.

Se mantuvo al lado de su “jefe” político aunque ello le costó alejarse de la gente que durante mucho tiempo representó. Reconocimiento a la lealtad, una virtud difícil de encontrar en esta época, aunque en este caso esa lealtad para muchos empezó con una traición a sus orígenes.

Y el presidente Macri le propone al “campo” el desafío de producir más alimentos. El doble de lo que se produce actualmente, solo que se olvidó de decir cuáles iban a ser las políticas que se iban a implementar desde su gobierno, en caso de continuar, para que eso fuera posible.

Si alguien le dijo que con lo que ya estaba hecho era suficiente, para hacerlo sencillo, le mintió. Con la carga impositiva actual, la falta de asistencia financiera, sin infraestructura, debe saber que gran parte del “milagro” de este año del campo, fue consecuencia del clima y el esfuerzo en soledad de los productores. Por eso es que ese futuro que el Presidente pretende no habrá de llegar tampoco a ser presente si quien dirige los destinos del país cree que las responsabilidades solo son discursivas.
 

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

El problema es que el futuro nunca llega

Una nueva edición de la tradicional Exposición Rural de Palermo acaba de finalizar. Para muchos es la forma de mostrar el campo en la ciudad, pero esta afirmación contiene dos grandes errores. La ciudad de Buenos Aires no es la representación de toda la “urbanidad” argentina y mucho menos de los millones que habitan las diferentes ciudades que cubren a lo largo y a lo ancho la amplia geografía nacional. Y tampoco el campo que allí se muestra es “el campo argentino”. Es un slogan viejo, perimido y que poco aporta para subsanar el grave problema de comunicación que existe desde tiempos inmemoriales en la sociedad argentina.

Una de las tantas “grietas” que subsisten en el complejo entramando de la estructura social de nuestro país y que en estos últimos tiempos algunos sectores han descubierto que su fomento resulta un “interesante negocio”, sin darse cuenta que con ello se retrasa el futuro del país que dicen defender.

La Argentina se ha transformado en el país del futuro y en donde se confirma que el futuro nunca llega. Esto no es simplemente un juego de palabras, es la realidad de nuestro país desde su aparición como tal. Podríamos dar muchos ejemplos de “grietas” que nunca se han cerrado: “Unitarios y Federales”, “Capital y provincias”, Campo y ciudad”, “Peronismo y antiperonismo”, "Campo o industria” y así podríamos llegar hasta nuestros días con las más recientes de “Kirchnerismo y anti kirchnerismo” o hasta “macrismo y antimacrismo”. En definitiva, no es más que “argentinos vs. argentinos”. Resultado: un país desintegrado y por ende, casi derrotado.

Por si con esto no alcanzara, estas disputas experimentan su mayor virulencia en un año electoral como este 2019. Desde hace meses los argentinos, estamos una vez más asistiendo a un proceso electoral en el cual lo que menos se escuchan son propuestas y en donde comprobamos todo el tiempo que aquellos mismos políticos que piden “fidelidad” a sus posibles votantes no dudan en traicionarlos si con ello se logra mantener o aumentar la cuota de poder que detentan.

Y nosotros, ciudadanos comunes, en general, con singular tolerancia nos sumamos a ese juego y lo cuestionamos solo cuando no nos conviene a nuestros intereses individuales. 

En muchas provincias argentinas ya ha habido elecciones y sus ciudadanos democráticamente han elegido sus gobiernos. El voto de esos argentinos muchas veces es cuestionado hasta por quienes nunca en su vida han pisado un centímetro de esas provincias y por lo tanto lejos están de conocer su realidad y de entender por qué sus habitantes votan de determinada manera.

A algunas provincias las llaman “feudales”como una forma de denostación. Nunca escuché calificar de la misma manera a lugares como San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, en donde viene gobernando la misma familia desde 1983. ¿Es que para muchos argentinos el voto de un habitante de Formosa, Santiago del Estero o cualquier otra provincia argentina es “menos inteligente” que el voto de los habitantes de San Isidro? Tal vez esos argentinos pretendan una democracia con “voto calificado” o añoren las épocas del “fraude patriótico”. Pretender construir un país de esa manera es una utopía.

El campo entra en el juego
Llegado este punto es necesario comenzar a aclarar adónde pretendo llegar con estas dispersiones del pensamiento: se los digo claramente, “el campo”, el sector más importante de nuestra economía, forma parte indisoluble de esta sociedad y por lo tanto entra en este juego perverso que lo lleva a estar siempre del “lado” de los "malos".

En ello no puede soslayarse su propia responsabilidad. Casi me atrevo a afirmar que esa responsabilidad tiene que ver con su propia torpeza en la manera de relacionarse con el resto de esa sociedad que integra.
Palermo 2019 fue un claro ejemplo de ello. El campo muestra todo “su potencial” suelen decir muchos. Error, es hora de que el campo muestre toda “su realidad” y que está muy lejos de su potencial. Para eso el “campo” debe asumir que las políticas que se vienen aplicando siempre lo han tenido como el “pato de la boda”, independientemente del color político del gobierno nacional de turno.

Que hoy mostrar como logros de una política lo que es normal para cualquier país que funcione no sirve como demostración de éxito. Que asustar con los errores del pasado no habla de la gestión nueva. La realidad se convierte en noticia cuando las políticas producen hechos excepcionales, ya sea por lo bueno o por lo malo.

El gobierno anterior tuvo claramente una política poco favorable para el sector, el gobierno actual “normalizó” algunas de esas políticas erradas, pero también de alguna manera “normalizó” otras, como volver a las retenciones cuando la economía tambalea por los errores propios de la política que viene aplicando bajo la orientación del Fondo Monetario Internacional.

En Palermo 2019 quedaron expuestas diferencias que preocupan. El mundo está cambiando en muchos aspectos y aunque nos duela y nos resulte poco atractivo, o nos adaptamos o seguiremos corriendo el tren desde atrás.

Semanas antes nos ocupamos, y se celebró de manera significativa, el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Mercosur. Sin duda tal vez el más importante de la historia de nuestro país. En el caso particular de nuestro sector, uno de los aspectos más atacados por quienes quieren derribar este acuerdo (recuerden que falta entre otras muchas cosas la aprobación de todos los parlamentos nacionales de los países involucrados), es que ningún país del Mercosur está en condiciones de cumplir con los requisitos que en temas sanitarios, bienestar animal o deforestación, solo por nombrar algunos, impone como requisito el referido acuerdo. Son conocidas las posturas de los “radicales verdes – ecologistas” y su poder de lobby en la Unión Europea. En Palermo tuvimos la oportunidad de comprobarlo.

Primero con una “invasión” absolutamente fuera de lugar de un grupo de jóvenes veganos que invadieron la pista cuando había una exhibición del arte campero. Sin embargo la reacción a esa desubicada manifestación no fue la mejor, se los castigó a rebencazos, tirándoles encima los caballos y en algún caso castigando a esos jóvenes, la mayor parte mujeres, con “patadas” mientras se los tenía tirados en el piso.

Las imágenes recorrieron el mundo. Los veganos lograron su objetivo. Demostraron lo que querían y tuvieron mucha más difusión de la pretendida. El campo verdadero nada tuvo que ver con eso, sin embargo la imagen que quedó frente a la sociedad urbana no es precisamente esa. Si Palermo es el campo, todo lo que allí pasa es atribuible al campo.

En pocos minutos, todo el esfuerzo que muchos hacemos para cambiar la imagen del sector y mostrar su verdad quedó arruinado por una reacción absolutamente desmesurada de quienes no entienden lo que actualmente significan los medios de comunicación en sus diversas variantes y las repercusiones que eso tiene sobre el conjunto de la sociedad, y en particular los sectores mas jóvenes.

Y aunque esa reacción intempestiva de quienes con cierta razón se sintieron atacados pueda justificarse en la “calentura del momento”, los comentarios en las redes sociales y en diferentes medios de comunicación que después y ya sin la “calentura del momento” hicieron muchos referentes del sector, poco hicieron para cambiar esa imagen. En definitiva, una vez mas quedó demostrado que falta inteligencia, al menos comunicacional, y en el mundo actual eso se paga muy caro,

Pero no fue lo único. En pleno acto de inauguración, en medio del discurso del presidente de la sociedad rural argentina, y por sobre la cabeza del presidente de la República, Greenpeace se dio el lujo de desplegar sendas pancartas en contra de la ganadería y la deforestación. Como acción de marketing, realmente brillante. La seguridad presidencial una vez más mostró su incapacidad. La ministra responsable solo atinó a acusar a los trabajadores que armaron el palco. Nada dijo de los cientos de efectivos de la custodia presidencial, de la Policía Federal, de la policía aeroportuaria, de la policía de la ciudad y de los efectivos de gendarmería que tuvieron a su cargo la seguridad del acto.

Otra vez, la oposición al campo ganó la batalla mediática, tal vez una de las más importantes de nuestro tiempo. El discurso del presidente de la Sociedad Rural Argentina, que a pesar de reiterar su apoyo al gobierno nacional una vez más, por primera vez durante el actual período de gobierno contenía duras críticas a la actual situación del país, pasó desapercibido para los medios y por lo tanto para la mayor parte de la ciudadanía.

 

Sólo nos proponen un desafío

Un día antes de la inauguración formal, el presidente Mauricio Macri mediante un decreto le devolvió el rango que le había quitado al ministerio que atiende los intereses del sector. Ya no será ministerio de agroindustria, ahora será nuevamente el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, como lo decidió el gobierno anterior cuando lo creara en el año 2009.

Tal vez sea un premio al único sector que apoyó y se mantuvo fiel a la actual gestión, desde su postulación como candidato hasta estos días. Y además ese apoyo no solo fueron palabras, sino también hechos. Hechos que pocas veces tuvieron medidas efectivas para provocarlos de parte del gobierno nacional, mas allá de aquellas que fueron poner en su lugar lo que se había distorsionado con el kirchnerismo.

También debe tener algo de reconocimiento a la gestión de Luis Miguel Etchevehere, aquel presidente de la Sociedad Rural Argentina, que pedía el voto para Macri desde su institución, y que tuvo que esperar en el “banco” para ser ministro. Y cuando llegó a serlo soportó que lo degradaran y además que volvieran a implantar las retenciones.

Se mantuvo al lado de su “jefe” político aunque ello le costó alejarse de la gente que durante mucho tiempo representó. Reconocimiento a la lealtad, una virtud difícil de encontrar en esta época, aunque en este caso esa lealtad para muchos empezó con una traición a sus orígenes.

Y el presidente Macri le propone al “campo” el desafío de producir más alimentos. El doble de lo que se produce actualmente, solo que se olvidó de decir cuáles iban a ser las políticas que se iban a implementar desde su gobierno, en caso de continuar, para que eso fuera posible.

Si alguien le dijo que con lo que ya estaba hecho era suficiente, para hacerlo sencillo, le mintió. Con la carga impositiva actual, la falta de asistencia financiera, sin infraestructura, debe saber que gran parte del “milagro” de este año del campo, fue consecuencia del clima y el esfuerzo en soledad de los productores. Por eso es que ese futuro que el Presidente pretende no habrá de llegar tampoco a ser presente si quien dirige los destinos del país cree que las responsabilidades solo son discursivas.
 

Logín