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Los golpes que no vemos

Bernardo Stamateas

Hoy en día tristemente los malos tratos son moneda corriente. Pero hay un tipo de maltrato que, aunque no lo veamos en forma física, lastima tanto o más que un golpe. Se trata del maltrato verbal que consiste en una estrategia a la que la persona recurre por medio de sus dichos con el fin de controlar al otro y demostrar que es más fuerte y poderoso que él o ella.

Este tipo de maltrato puede ser ocasional o rutinario. En este último caso es casi siempre un plan a largo plazo que el maltratador ha desarrollado a través del tiempo, sin tener consideración alguna por el daño que provoca a su paso.

Pues, quien maltrata con esta modalidad es consciente de que las palabras que salen de su boca tienen poder.

Un golpe físico es visto por todos pero un golpe emocional, una agresión verbal (casual o frecuente), deja en el alma de aquel que lo recibe “moretones invisibles” que pueden tardar mucho en sanar. Por eso, es preciso estar alerta frente al maltratador verbal porque su ataque suele llegar en cualquier momento. Por lo general, al principio se muestra sincero y simpático pero es solo un modo de disimular su violencia. Recordemos que:

Se pega primero con palabras y después con las manos.

Esta clase de violencia que no se ve, como la que es ejercida sobre el cuerpo, tan común por estos días incluye: el abuso psicológico, la tortura mental, la manipulación emocional y, en los peores casos, el terrorismo íntimo. El objetivo siempre es el mismo: conquistar o tener bajo su control a quien es violentado de esta forma.

Existen ciertas personalidades que emplean el maltrato verbal como un “estilo de vida”, independientemente del sexo y la clase socioeconómica de los participantes. Estas tres son quizás las más habituales:

1. el narcisista
2. el psicópata
3. el neurótico

Una persona narcisista expresa: “Yo soy especial y exijo que me den un trato diferente que al resto de los mortales”. No considera especiales a los demás y suele envidiar el éxito de quienes están a su alrededor y a quienes atacará con sus palabras cuando tenga la ocasión.

Una persona psicópata actúa cosificando al otro, es decir, considerándolo una cosa o un objeto a ser usado y descartado. Esto lo hará atacando con sus dichos, sin sentir nunca culpa ni remordimiento.

Una persona neurótica intenta siempre manipular a los demás por medio de la culpa. Su agresión es comúnmente verbal y, si bien no deja cicatrices físicas, deja marcas afectivas invisibles y sobre todo un gran dolor en aquel que es depositario de esta.

Es sumamente importante reconocer la violencia verbal y sus consecuencias y no aceptarla bajo ningún concepto. Hoy en día se halla en ascenso, pareciera que de manera incontrolable, razón por la cual necesitamos darnos cuenta de que estamos ante alguien con rasgos propios de alguna de estas personalidades descriptas en cualquier ámbito que nos movamos. El maltrato no es solo lo que oímos sino lo que vemos a través de las conductas. Dicho de otro modo: las relaciones interpersonales sanas para ambas partes tienen que estar fundadas en hechos y no en palabras.

Si podés identificar estas conductas en quienes están a tu alrededor, tenés que saber que también podés elegir quién está a tu lado.

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Los golpes que no vemos

Hoy en día tristemente los malos tratos son moneda corriente. Pero hay un tipo de maltrato que, aunque no lo veamos en forma física, lastima tanto o más que un golpe. Se trata del maltrato verbal que consiste en una estrategia a la que la persona recurre por medio de sus dichos con el fin de controlar al otro y demostrar que es más fuerte y poderoso que él o ella.

Este tipo de maltrato puede ser ocasional o rutinario. En este último caso es casi siempre un plan a largo plazo que el maltratador ha desarrollado a través del tiempo, sin tener consideración alguna por el daño que provoca a su paso.

Pues, quien maltrata con esta modalidad es consciente de que las palabras que salen de su boca tienen poder.

Un golpe físico es visto por todos pero un golpe emocional, una agresión verbal (casual o frecuente), deja en el alma de aquel que lo recibe “moretones invisibles” que pueden tardar mucho en sanar. Por eso, es preciso estar alerta frente al maltratador verbal porque su ataque suele llegar en cualquier momento. Por lo general, al principio se muestra sincero y simpático pero es solo un modo de disimular su violencia. Recordemos que:

Se pega primero con palabras y después con las manos.

Esta clase de violencia que no se ve, como la que es ejercida sobre el cuerpo, tan común por estos días incluye: el abuso psicológico, la tortura mental, la manipulación emocional y, en los peores casos, el terrorismo íntimo. El objetivo siempre es el mismo: conquistar o tener bajo su control a quien es violentado de esta forma.

Existen ciertas personalidades que emplean el maltrato verbal como un “estilo de vida”, independientemente del sexo y la clase socioeconómica de los participantes. Estas tres son quizás las más habituales:

1. el narcisista
2. el psicópata
3. el neurótico

Una persona narcisista expresa: “Yo soy especial y exijo que me den un trato diferente que al resto de los mortales”. No considera especiales a los demás y suele envidiar el éxito de quienes están a su alrededor y a quienes atacará con sus palabras cuando tenga la ocasión.

Una persona psicópata actúa cosificando al otro, es decir, considerándolo una cosa o un objeto a ser usado y descartado. Esto lo hará atacando con sus dichos, sin sentir nunca culpa ni remordimiento.

Una persona neurótica intenta siempre manipular a los demás por medio de la culpa. Su agresión es comúnmente verbal y, si bien no deja cicatrices físicas, deja marcas afectivas invisibles y sobre todo un gran dolor en aquel que es depositario de esta.

Es sumamente importante reconocer la violencia verbal y sus consecuencias y no aceptarla bajo ningún concepto. Hoy en día se halla en ascenso, pareciera que de manera incontrolable, razón por la cual necesitamos darnos cuenta de que estamos ante alguien con rasgos propios de alguna de estas personalidades descriptas en cualquier ámbito que nos movamos. El maltrato no es solo lo que oímos sino lo que vemos a través de las conductas. Dicho de otro modo: las relaciones interpersonales sanas para ambas partes tienen que estar fundadas en hechos y no en palabras.

Si podés identificar estas conductas en quienes están a tu alrededor, tenés que saber que también podés elegir quién está a tu lado.

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