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La agenda cárnica y la económica van de la mano

Nicolás Razzetti

La producción de todos los tipos de cortes tiene mucho margen de crecimiento, tanto en el mercado interno como en el externo, pero necesita de estabilidad en la macroeconomía y de políticas que permitan el desarrollo de todas las cadenas en sus diferentes eslabones. 

La producción de carnes en su conjunto puede aumentar más de un 40% al 2025”. Así se titula el primer comunicado de prensa de la Mesa de las Carnes que ahora lidera Dardo Chiesa, expresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Es que desde la entidad vienen señalando que es necesario desarrollar políticas coordinadas y de conjunto entre la carne vacuna, la aviar, la porcina, la ovina y el resto. 

Todos coinciden que el crecimiento de la exportación de los cortes vacunos desagota al mercado doméstico y que ese bache puede ser ocupado por las demás alternativas, como fue el caso de los pollos que recibieron de muy buen gusto ese beneficio y lo aprovechó al máximo con un incremento de la producción, aun en un año difícil como el 2019.

Según sus estimaciones: “El conjunto de las cadenas pecuarias pasaría de producir 6 millones de toneladas a más de 8,5 millones, enviando al mercado interno 5,8 millones equivalentes a 118 kilos por habitante por año y exportando algo más de 2,8 millones con un ingreso de divisas cercanos a los 10 mil millones de dólares. El crecimiento proyectado implica mantener el nivel de consumo de carnes de nuestro país entre los más altos a nivel mundial”.

Dardo Chiesa, el titular de este espacio, considera que “el crecimiento permitiría crear más de 200.000 nuevos empleos de calidad y agregar valor a la producción agrícola y forrajera, a través de la transformación en carnes de estos productos. Todo esto se puede dar con un adecuado marco de políticas públicas y el compromiso de todos los eslabones de la cadena de invertir y motorizar el crecimiento de sus negocios. Los aumentos de producción a alcanzar, contemplan las buenas prácticas ganaderas (BPG) que hace que el sistema de producción cárnica sea más amigable con el ambiente al secuestrar más carbono y emitir menos gases efecto invernadero por unidad de producto”.

Pero para eso es necesario contar con otro marco macroeconómico, y ahí es donde todo se empantana. En esta Argentina, que tolera años de crisis recurrentes con los mismos dirigentes políticos pasándose el poder y que tolera el 38% de pobreza, la cuestión no parece simple. “Si se dan condiciones financieras con estabilidad a largo plazo, en cuatro años el sector cárnico puede generar 10 mil millones de dólares de divisas y generar más de 5.000 puestos de trabajo”, aseveró.

Sin dudas la cadena cárnica tiene mucho para aportar, pero todas esas inversiones necesitan antes de otro contexto institucional y económico. 

Según recientes declaraciones de Chiesa, las carnes sustitutas de la vacuna tienen mucho para dar, pero falta el dinero necesario para las inversiones. En el caso de los cerdos, por ejemplo, dijo que se requieren unos 9 mil dólares por madre, y que también el sector avícola requiere de créditos para crecer. Al respecto, Roberto Domenech, del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, señaló que hay inversiones pendientes en túneles de frío que no se pueden hacer porque no hay créditos. En el caso de la carne ovina faltan canales de comercialización formales, es decir, frigoríficos, comercios minoristas y el Estado controlando la sanidad del alimento y cobrando los impuestos correspondientes.

Gracias a las exportaciones de carne vacuna el sector ganadero evitó que los impactos de la macroeconomía no fueran mayores. Los ingresos por despachos al exterior, que el año pasaron se acercaron a los 3.000 millones de dólares, son superavitarios, no se compensan con importaciones, y eso es lo que la economía argentina necesita. Lamentablemente, las medidas restrictivas como los derechos de exportación que llegarían a 450 millones de dólares, suponiendo retenciones del 15% y que en 2020 se repita la performance exportadora del año pasado. Quitarle ese dinero a la cadena hace daño, es plata que no se invierte en el desarrollo productivo. El presidente Alberto Fernández dijo que el país necesitaba generar trabajo, producción y exportaciones, pero los descuentos vía retenciones y tipo de cambio desdoblado generan el efecto contrario: empobrecen a los que producen.

La reactivación de la exportación permitió crear puestos de trabajo y generar ambiente de realce en la actividad, que hubiera sido mucho mayor de no mediar la crisis económica, que devino en una falta de financiamiento para el sector que necesita producir más para aprovechar las oportunidades que generan mercados como el de China.

En síntesis, faltan condiciones para que el sector exprese su potencial. Daniel Urcía, el vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra), señaló recientemente que “el productor ganadero necesita mejores precios y seguridad para invertir porque sus resultados se verán en un lapso mínimo de 2 a 3 años. Es biología y no hay soluciones mágicas, el único acelerador posible es con políticas que promuevan la inversión en ganadería y que por otra parte no se hicieron en los últimos veinte años al menos”. 

Con respecto a la situación de la industria frigorífica, Urcía planteó que: “Es necesario aceptar que se requiere, primero, de instalaciones y operatividad que aseguren una producción con garantías sanitarias, también se requiere de más escala para reducir costos. Esta realidad va en contra de la falsa creencia que un matadero en cada pueblo mejora las condiciones sanitarias, reduce costos y genera empleo. Es exactamente al contrario, menos sanidad en el proceso productivo encarece el producto y precariza el empleo. Es necesario un plan de modernización de la industria. Los frigoríficos tienen que ser regionales, con adecuadas instalaciones, con salas de despostadas y con capacidad de frío suficiente. Una vez conseguida esa base, luego se pueden comenzar a pensar en sistemas de comercialización en cortes. Cualquier política diferente implicaría poner el carro delante del caballo”, expresó.
Otro tema que fue eje de debate en las sucesivas reuniones de la Mesa de las Carnes y que sigue preocupando a los diferentes eslabones, tanto productivos como comerciales, es el de la cuestión impositiva. Urcía señaló al respecto que "es necesario trabajar en los distintos impuestos nacionales, provinciales y municipales que encarecen nuestra producción y que pagan, en definitiva, nuestros consumidores y que además generan situaciones de competencia desleal entre los operadores. Está demostrado por distintos trabajos de investigación, entre ellos el que publica FADA, que cuando en el valor de un kilo de carne el 40% son impuestos, entre ellos los ingresos brutos y las tasas de abasto, son los más distorsivos”.
Finalmente el dirigente industrial sostuvo que Argentina se debe un gran acuerdo en materia de ganados y carnes entre el sector público nacional y provincial y el privado, para construir un escenario mucho más pujante. 
Las carnes tienen mucho para dar, pueden generar empleo y divisas, movimientos económicos en las comunidades del interior, diversificación productiva, alternativas de arraigo y desarrollo. Pero para eso falta lo de siempre, la estabilidad macroeconómica primero y que los políticos asuman el rol de servicio a la comunidad para el que fueron elegidos.

El sector avícola crece
Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas dijeron recientemente que esperan un 2020 con mayor demanda de carne de pollos por la crisis de oferta mundial (China) y por las perspectivas de cierta reactivación del consumo doméstico. Domenech, su titular, consideró que desde la Mesa de las Carnes el objetivo “es poner a todas las carnes en un proyecto país lo que implica definir cuál es el lugar que se pretende en el mercado mundial”.  En tal sentido destacó que en 2018 se habría alcanzado (no están todos los datos computados) exportaciones de entre 270 y 280 mil toneladas, lo que sería todo un récord para el sector. El 40% de ese volumen corresponde a un producto histórico como la garra de pollo, pero todo el resto son productos que en su gran mayoría no se exportaban como es el caso del pollo entero o por partes. El crecimiento en exportaciones sería de 30% respecto de 2018 cuando se alcanzó un volumen de 210 mil toneladas de 30%.
Pero el sector también creció en el consumo interno, como consecuencia del boom de las exportaciones de carne vacuna, que dio lugar a una mayor penetración de la carne de pollo. De acuerdo con las mediciones del organismo, se consolidó un consumo de 47 kilos por habitante por año. 
 

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La agenda cárnica y la económica van de la mano

La producción de todos los tipos de cortes tiene mucho margen de crecimiento, tanto en el mercado interno como en el externo, pero necesita de estabilidad en la macroeconomía y de políticas que permitan el desarrollo de todas las cadenas en sus diferentes eslabones. 

La producción de carnes en su conjunto puede aumentar más de un 40% al 2025”. Así se titula el primer comunicado de prensa de la Mesa de las Carnes que ahora lidera Dardo Chiesa, expresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Es que desde la entidad vienen señalando que es necesario desarrollar políticas coordinadas y de conjunto entre la carne vacuna, la aviar, la porcina, la ovina y el resto. 

Todos coinciden que el crecimiento de la exportación de los cortes vacunos desagota al mercado doméstico y que ese bache puede ser ocupado por las demás alternativas, como fue el caso de los pollos que recibieron de muy buen gusto ese beneficio y lo aprovechó al máximo con un incremento de la producción, aun en un año difícil como el 2019.

Según sus estimaciones: “El conjunto de las cadenas pecuarias pasaría de producir 6 millones de toneladas a más de 8,5 millones, enviando al mercado interno 5,8 millones equivalentes a 118 kilos por habitante por año y exportando algo más de 2,8 millones con un ingreso de divisas cercanos a los 10 mil millones de dólares. El crecimiento proyectado implica mantener el nivel de consumo de carnes de nuestro país entre los más altos a nivel mundial”.

Dardo Chiesa, el titular de este espacio, considera que “el crecimiento permitiría crear más de 200.000 nuevos empleos de calidad y agregar valor a la producción agrícola y forrajera, a través de la transformación en carnes de estos productos. Todo esto se puede dar con un adecuado marco de políticas públicas y el compromiso de todos los eslabones de la cadena de invertir y motorizar el crecimiento de sus negocios. Los aumentos de producción a alcanzar, contemplan las buenas prácticas ganaderas (BPG) que hace que el sistema de producción cárnica sea más amigable con el ambiente al secuestrar más carbono y emitir menos gases efecto invernadero por unidad de producto”.

Pero para eso es necesario contar con otro marco macroeconómico, y ahí es donde todo se empantana. En esta Argentina, que tolera años de crisis recurrentes con los mismos dirigentes políticos pasándose el poder y que tolera el 38% de pobreza, la cuestión no parece simple. “Si se dan condiciones financieras con estabilidad a largo plazo, en cuatro años el sector cárnico puede generar 10 mil millones de dólares de divisas y generar más de 5.000 puestos de trabajo”, aseveró.

Sin dudas la cadena cárnica tiene mucho para aportar, pero todas esas inversiones necesitan antes de otro contexto institucional y económico. 

Según recientes declaraciones de Chiesa, las carnes sustitutas de la vacuna tienen mucho para dar, pero falta el dinero necesario para las inversiones. En el caso de los cerdos, por ejemplo, dijo que se requieren unos 9 mil dólares por madre, y que también el sector avícola requiere de créditos para crecer. Al respecto, Roberto Domenech, del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, señaló que hay inversiones pendientes en túneles de frío que no se pueden hacer porque no hay créditos. En el caso de la carne ovina faltan canales de comercialización formales, es decir, frigoríficos, comercios minoristas y el Estado controlando la sanidad del alimento y cobrando los impuestos correspondientes.

Gracias a las exportaciones de carne vacuna el sector ganadero evitó que los impactos de la macroeconomía no fueran mayores. Los ingresos por despachos al exterior, que el año pasaron se acercaron a los 3.000 millones de dólares, son superavitarios, no se compensan con importaciones, y eso es lo que la economía argentina necesita. Lamentablemente, las medidas restrictivas como los derechos de exportación que llegarían a 450 millones de dólares, suponiendo retenciones del 15% y que en 2020 se repita la performance exportadora del año pasado. Quitarle ese dinero a la cadena hace daño, es plata que no se invierte en el desarrollo productivo. El presidente Alberto Fernández dijo que el país necesitaba generar trabajo, producción y exportaciones, pero los descuentos vía retenciones y tipo de cambio desdoblado generan el efecto contrario: empobrecen a los que producen.

La reactivación de la exportación permitió crear puestos de trabajo y generar ambiente de realce en la actividad, que hubiera sido mucho mayor de no mediar la crisis económica, que devino en una falta de financiamiento para el sector que necesita producir más para aprovechar las oportunidades que generan mercados como el de China.

En síntesis, faltan condiciones para que el sector exprese su potencial. Daniel Urcía, el vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales (Fifra), señaló recientemente que “el productor ganadero necesita mejores precios y seguridad para invertir porque sus resultados se verán en un lapso mínimo de 2 a 3 años. Es biología y no hay soluciones mágicas, el único acelerador posible es con políticas que promuevan la inversión en ganadería y que por otra parte no se hicieron en los últimos veinte años al menos”. 

Con respecto a la situación de la industria frigorífica, Urcía planteó que: “Es necesario aceptar que se requiere, primero, de instalaciones y operatividad que aseguren una producción con garantías sanitarias, también se requiere de más escala para reducir costos. Esta realidad va en contra de la falsa creencia que un matadero en cada pueblo mejora las condiciones sanitarias, reduce costos y genera empleo. Es exactamente al contrario, menos sanidad en el proceso productivo encarece el producto y precariza el empleo. Es necesario un plan de modernización de la industria. Los frigoríficos tienen que ser regionales, con adecuadas instalaciones, con salas de despostadas y con capacidad de frío suficiente. Una vez conseguida esa base, luego se pueden comenzar a pensar en sistemas de comercialización en cortes. Cualquier política diferente implicaría poner el carro delante del caballo”, expresó.
Otro tema que fue eje de debate en las sucesivas reuniones de la Mesa de las Carnes y que sigue preocupando a los diferentes eslabones, tanto productivos como comerciales, es el de la cuestión impositiva. Urcía señaló al respecto que "es necesario trabajar en los distintos impuestos nacionales, provinciales y municipales que encarecen nuestra producción y que pagan, en definitiva, nuestros consumidores y que además generan situaciones de competencia desleal entre los operadores. Está demostrado por distintos trabajos de investigación, entre ellos el que publica FADA, que cuando en el valor de un kilo de carne el 40% son impuestos, entre ellos los ingresos brutos y las tasas de abasto, son los más distorsivos”.
Finalmente el dirigente industrial sostuvo que Argentina se debe un gran acuerdo en materia de ganados y carnes entre el sector público nacional y provincial y el privado, para construir un escenario mucho más pujante. 
Las carnes tienen mucho para dar, pueden generar empleo y divisas, movimientos económicos en las comunidades del interior, diversificación productiva, alternativas de arraigo y desarrollo. Pero para eso falta lo de siempre, la estabilidad macroeconómica primero y que los políticos asuman el rol de servicio a la comunidad para el que fueron elegidos.

El sector avícola crece
Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas dijeron recientemente que esperan un 2020 con mayor demanda de carne de pollos por la crisis de oferta mundial (China) y por las perspectivas de cierta reactivación del consumo doméstico. Domenech, su titular, consideró que desde la Mesa de las Carnes el objetivo “es poner a todas las carnes en un proyecto país lo que implica definir cuál es el lugar que se pretende en el mercado mundial”.  En tal sentido destacó que en 2018 se habría alcanzado (no están todos los datos computados) exportaciones de entre 270 y 280 mil toneladas, lo que sería todo un récord para el sector. El 40% de ese volumen corresponde a un producto histórico como la garra de pollo, pero todo el resto son productos que en su gran mayoría no se exportaban como es el caso del pollo entero o por partes. El crecimiento en exportaciones sería de 30% respecto de 2018 cuando se alcanzó un volumen de 210 mil toneladas de 30%.
Pero el sector también creció en el consumo interno, como consecuencia del boom de las exportaciones de carne vacuna, que dio lugar a una mayor penetración de la carne de pollo. De acuerdo con las mediciones del organismo, se consolidó un consumo de 47 kilos por habitante por año. 
 

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