Semáforos a los que cuesta respetar

Hernán Silva

Es cierto que no todos conducen con este nivel de imprudencia y temeridad; y que pagan justos por pecadores. Pero ningún puntano podrá negar que por cada semáforo que funciona en la ciudad de San Luis hay un porcentaje de automovilistas, que en algunos casos puede llegar incluso hasta el diez  por ciento, que no   muestra el más mínimo inconveniente o remordimiento en pasarlos en rojo, como si estos conductores padecieran daltonismo al estar cerca de las señales lumínicas.

Hay varios puntos preocupantes en la capital provincial, aunque con certeza una de las áreas más sensibles es la Ediro. Cualquiera que transite por este ingreso a la ciudad comprobará el enorme riesgo que representan las personas que hacen caso omiso de los semáforos y que bajan a toda velocidad como si se tratara de la recta de un autódromo. Solo el azar, la acción oportuna de los santos, o la cautela  de conductores y peatones (muchos ya adoptaron con resignación el hábito de ver que no venga nadie antes de pasar a pesar de tener el verde) han obrado para que no ocurran más accidentes graves.

Independientemente del sitio en el que se cometa la falta, la modalidad de cómo se transgrede el color rojo en la ciudad de San Luis asume tres perfiles definidos. Uno, el más inconsciente, es el automovilista que pasa siempre sin importarle en qué fase esté el semáforo. El segundo es el que no deja de pisar el acelerador cuando la señal ya dejó hace unos segundos el amarillo y trata de acoplarse al "trensito" de  vehículos que cruzaron lícitamente y circulan por adelante. El tercero es obediente de día, pero no de noche cuando disminuye el tráfico.  Piensa que no tiene sentido respetar una  señal cuando no viene y lo observa nadie.

A pesar de ser una acción bastante frecuente, las cifras desnudan que esta falta está  subrepresentada entre las infracciones que se labran en la vía pública en la capital provincial. De las 40 mil multas que se emiten en promedio por año, prácticamente todas (más del 95 por ciento) corresponden a mal estacionamiento. Sin embargo, cualquiera que esté atento a las inconductas que se cometen diariamente al volante constatará que pasar en rojo es una acción muy común.

El panorama pasa de gris a gris oscuro cuando  a estas malas acciones arriba de los vehículos se suma la negligencia de los que se desplazan a pie. Según un estudio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), difundido a mediados del 2019 (la última estadística oficial disponible), cuatro de cada diez peatones en el país reconoce que cruza la calle cuando los vehículos tienen el paso en verde.

Este riesgoso mix provocó que en el 2018 se registrara un incremento del 15% en la cifra de transeúntes fallecidos en el país en relación al 2017, cuando las colisiones de vehículos con personas se habían cobrado 638 vidas.  El informe resaltó que los más afectados son los  peatones menores de 14 años y los mayores de 65.

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Semáforos a los que cuesta respetar

Es cierto que no todos conducen con este nivel de imprudencia y temeridad; y que pagan justos por pecadores. Pero ningún puntano podrá negar que por cada semáforo que funciona en la ciudad de San Luis hay un porcentaje de automovilistas, que en algunos casos puede llegar incluso hasta el diez  por ciento, que no   muestra el más mínimo inconveniente o remordimiento en pasarlos en rojo, como si estos conductores padecieran daltonismo al estar cerca de las señales lumínicas.

Hay varios puntos preocupantes en la capital provincial, aunque con certeza una de las áreas más sensibles es la Ediro. Cualquiera que transite por este ingreso a la ciudad comprobará el enorme riesgo que representan las personas que hacen caso omiso de los semáforos y que bajan a toda velocidad como si se tratara de la recta de un autódromo. Solo el azar, la acción oportuna de los santos, o la cautela  de conductores y peatones (muchos ya adoptaron con resignación el hábito de ver que no venga nadie antes de pasar a pesar de tener el verde) han obrado para que no ocurran más accidentes graves.

Independientemente del sitio en el que se cometa la falta, la modalidad de cómo se transgrede el color rojo en la ciudad de San Luis asume tres perfiles definidos. Uno, el más inconsciente, es el automovilista que pasa siempre sin importarle en qué fase esté el semáforo. El segundo es el que no deja de pisar el acelerador cuando la señal ya dejó hace unos segundos el amarillo y trata de acoplarse al "trensito" de  vehículos que cruzaron lícitamente y circulan por adelante. El tercero es obediente de día, pero no de noche cuando disminuye el tráfico.  Piensa que no tiene sentido respetar una  señal cuando no viene y lo observa nadie.

A pesar de ser una acción bastante frecuente, las cifras desnudan que esta falta está  subrepresentada entre las infracciones que se labran en la vía pública en la capital provincial. De las 40 mil multas que se emiten en promedio por año, prácticamente todas (más del 95 por ciento) corresponden a mal estacionamiento. Sin embargo, cualquiera que esté atento a las inconductas que se cometen diariamente al volante constatará que pasar en rojo es una acción muy común.

El panorama pasa de gris a gris oscuro cuando  a estas malas acciones arriba de los vehículos se suma la negligencia de los que se desplazan a pie. Según un estudio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), difundido a mediados del 2019 (la última estadística oficial disponible), cuatro de cada diez peatones en el país reconoce que cruza la calle cuando los vehículos tienen el paso en verde.

Este riesgoso mix provocó que en el 2018 se registrara un incremento del 15% en la cifra de transeúntes fallecidos en el país en relación al 2017, cuando las colisiones de vehículos con personas se habían cobrado 638 vidas.  El informe resaltó que los más afectados son los  peatones menores de 14 años y los mayores de 65.

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