El otro reencuentro

Maximiliano Molina

La palabra del fin de semana en San Luis fue “reencuentro”. Y en el inicio de la semana también. Sencillamente porque a los que nos gusta correr vivimos un reencuentro con el deporte que nos apasiona; y que además tiene la magia de desenchufarnos, al menos por un rato, de todas nuestras obligaciones.

No fue un día más. Levantarse de la cama, desayunar, ponerse la remera, el pantalón corto y las zapatillas deportivas. Esta vez no era para dar vueltas en el patio como una calesita sino para salir a “volar bajito” por las calles de San Luis. 

Llegó el momento que tanto ansiaba. Primero la entrada en calor y a correr; esta vez sin olvidarse de poner el DNI en un bolsillo. Las piernas duras en las primeras cuadras. Nuevas sensaciones. El viento que volvía a pegar en la cara. El trote tranquilo, sin apuro, sin mirar el reloj. Cada paso fue un regocijo. Disfrutando eso de encontrarse con uno mismo, volver a vivir esa sensación difícil de explicar cuando te preguntan, ¿Por qué te gusta correr?        

En la zona del Parque IV Centenario era notorio ver como el césped había comenzado a ganarle la batalla a los senderos dado el poco tránsito de las últimas semanas. Será cuestión de días para que esos caminitos vuelvan a ser lo que fueron. También los números y las marcas de las distancias escritas en la ciclovía volverán a tener utilidad.

Ya en el regreso de la vuelta prevista, las piernas estaban cada vez más pesadas. Pero a esa altura nada importaba. Fueron treinta minutos de satisfacción, simplemente de sonreír en zapatillas.

 

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El otro reencuentro

La palabra del fin de semana en San Luis fue “reencuentro”. Y en el inicio de la semana también. Sencillamente porque a los que nos gusta correr vivimos un reencuentro con el deporte que nos apasiona; y que además tiene la magia de desenchufarnos, al menos por un rato, de todas nuestras obligaciones.

No fue un día más. Levantarse de la cama, desayunar, ponerse la remera, el pantalón corto y las zapatillas deportivas. Esta vez no era para dar vueltas en el patio como una calesita sino para salir a “volar bajito” por las calles de San Luis. 

Llegó el momento que tanto ansiaba. Primero la entrada en calor y a correr; esta vez sin olvidarse de poner el DNI en un bolsillo. Las piernas duras en las primeras cuadras. Nuevas sensaciones. El viento que volvía a pegar en la cara. El trote tranquilo, sin apuro, sin mirar el reloj. Cada paso fue un regocijo. Disfrutando eso de encontrarse con uno mismo, volver a vivir esa sensación difícil de explicar cuando te preguntan, ¿Por qué te gusta correr?        

En la zona del Parque IV Centenario era notorio ver como el césped había comenzado a ganarle la batalla a los senderos dado el poco tránsito de las últimas semanas. Será cuestión de días para que esos caminitos vuelvan a ser lo que fueron. También los números y las marcas de las distancias escritas en la ciclovía volverán a tener utilidad.

Ya en el regreso de la vuelta prevista, las piernas estaban cada vez más pesadas. Pero a esa altura nada importaba. Fueron treinta minutos de satisfacción, simplemente de sonreír en zapatillas.

 

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