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El campo de hoy, pensando en mañana

Por Esperanza Ordoñez


Haber llegado a los cien números de la revista El Campo nos obligaba a hacer algo especial. Y decidimos ir por todo: convocamos una mesa de debate con especialistas de varias áreas para hablar del campo de hoy, pero con la mirada puesta en el futuro. Resultó una discusión interesante, no exenta de discusiones fuertes, pero siempre constructivas.

San Luis está en 0,52 terneros por vaca, en tanto el país está en 0,63. Sin embargo, el campo puntano podría mejorar este índice productivo con tecnologías de manejo.



Javier Genovés, director de la Estación Agropecuaria del INTA San Luis, Daniel Lusich, presidente de la regional de Aapresid San Luis, Guillermo Belgrano Rawson, del grupo "Ganadería de Monte" de Cambio Rural, José Lorenzino, gran productor agrícola y ganadero que entre otras cosas está al frente de San Luis Feria, y Guillermo Ordoñez, ingeniero agrónomo y productor de la firma Granos del Oeste fueron invitados para dialogar, cruzar opiniones e ilustrar con sus voces el presente y futuro del campo puntano. 


“¿Cómo está la agricultura en San Luis?” La primera respuesta es el silencio que encierra una respuesta compleja. La tarea queda en manos de Daniel Lusich, quien además de dirigir Aapresid San Luis es productor agropecuario: “Desde el punto de vista productivo la agricultura en San Luis ha pegado un salto tecnológico que sigue avanzando día a día en sus prácticas y en ese sentido creo que este año va a ser uno de los mejores de los últimos seis  por las abundantes lluvias que han acompañado. El problema son las políticas económicas”, indicó.


Está claro, el régimen de lluvias de febrero superó ampliamente el promedio histórico y en algunos casos llegó incluso al doble: en febrero de 2014 las precipitaciones en San Luis fueron de 273 milímetros, en tanto las de este año fueron 443 según datos de la Estación Meteorológica de La Punta.


El agua fue un estímulo para los rindes, pero no para los bolsillos. De hecho, la soja se pagó esta semana unos 2.200 pesos en Rosario, en tanto el maíz rondó los 950 pesos por tonelada. En contrapartida los costos fijos van en aumento, junto con el transporte y los impuestos, que terminan por estrangular la ecuación.


Para San Luis, un signo de este cambio se vio con el descenso de la superficie sembrada, principalmente en maíz. Para Javier Genovés, del INTA San Luis, “el retroceso no se debe a un cambio en la curva de avance de la agricultura, sino a que varios campos se quedaron sin alquilar, en especial en la zona del Valle del Conlara”.


Más allá de la superficie, lo cierto es que este deterioro económico repercutirá en la sustentabilidad de los suelos. Fue un punto coincidente, el desgaste impactará no sólo en el área sembrada, sino también en la calidad de los insumos, semillas, fertilizantes, herbicidas y por supuesto en el uso de tecnología e inversión en maquinaria, que ya lleva un atraso de tres años.


Otro punto crucial será el futuro de la situación del maíz, una gramínea vital e imprescindible para la rotación de estas tierras semiáridas, que actualmente sufre precios internacionales por el piso.  “Nosotros en la regional de Aapresid ya tenemos mediciones de diez años que indican que tenés pérdidas de entre cuatro a cinco quintales por hectárea si hacés soja sobre soja y no rotás con maíz. En cambio en la zona núcleo, por ejemplo, la rotación promedio de soja es de siete años contra uno de maíz”, explicó Guillermo Ordoñez, agricultor de la zona de La Petra y El Amparo.


Entonces, ¿qué va a pasar con este cultivo? Para este joven ingeniero será inevitable que "si las condiciones se mantienen como están, va a volver a caer el área sembrada. En San Luis menos que en el resto del país por una cuestión de necesidad y por las perspectivas de transformación”.


Además, el maíz arrastra otro problema que es el transporte. El volumen de cosecha en comparación con la soja es del doble o el triple, por lo que el costo de traslado se duplica o triplica —el rinde promedio de maíz es de 7 mil kilos y el de soja no llega a los 2 mil en la provincia—. De ahí que la alternativa de la conversión en kilos de carne dentro de San Luis se posiciona como una de las mejores opciones.


Más allá de estos pronósticos, la campaña que transcurre y que cerrará en los próximos meses está sobrecargada de incertidumbre. “La cosecha se hará en pleno inicio electoral, en tanto la comercialización se dará ya con un nuevo gobierno”, acotó Lusich. Planificar a mediano plazo suena bastante complejo.


El mundo continúa y en esos planes de futuro, también aparecen las nuevas tendencias a las que hay que subirse para seguir en primera. Una que está sonando con fuerza es la de la agricultura certificada. Pero por el conjunto de condiciones especiales que atraviesa el sector agrícola local, “la certificación para los puntanos está muy lejos”, opinó Genovés.


En una orientación distinta, para Lusich y como la voz cantante de Aapresid, el problema no estaría en las condiciones de la producción agrícola puertas adentro, sino afuera, en el marco legislativo. “La agricultura certificada implica certificar las buenas prácticas agrícolas de un campo, que a mi entender por la metodología y registros que en general comprende la siembra directa, el productor medio estaría en condiciones de hacerla. Pero San Luis tiene una gran contra que es un exceso de legislación, que en la práctica no funciona, no se aplica y quita agilidad y efectividad en los procesos probatorios”, disparó. Además, no modifica cuantitativamente los rindes como sí lo hizo la siembra directa. Encima, el mercado tampoco paga un extra por este tipo de agricultura diferenciada.


Mientras tanto y adentro de los lotes empezó la batalla contra las malezas resistentes y tolerantes. El tema fue el puntapié de distintos conceptos interesantes sobre ciencia, tecnología y naturaleza. "Las tecnologías tienen un ciclo y los desarrollos químicos que se venían usando, como el glifosato con la siembra directa, ya no son el milagro que eran, por lo que ya se ve están llegando a su fin y están apareciendo productos nuevos. “Es más, la naturaleza fue buena con nosotros, porque actualmente la Argentina tiene 20 millones de hectáreas de soja, de las cuales el 99,9% son transgénicas, y lo mismo para otras 3,5 millones de hectáreas de maíz. Y a pesar de todo recién ahora tenemos problemas cuando Estados Unidos, por ejemplo, ya tiene más de 45 malezas resistentes desde hace más de 15 años”, aportó Ordoñez, que sentenció que “la solución se llama chequera”.


Claro está, hay herramientas para afrontar esta batalla pero a un costo muchísimo más elevado, sumado a la rotación y a un cuidado manejo agronómico. Esto devela otra rajadura en el sistema, que son los alquileres a corto plazo que tienen la mirada puesta en la renta puntual de una campaña. Todos estuvieron de acuerdo en que hacen falta contratos a largo plazo, que contemplen la rotación y el cuidado del suelo. 


Los alquileres desataron un debate aparte: el de la concentración de la tierra. Un 70% está en manos de terceros, es decir, que ese porcentaje de campos no está explotado por sus propios dueños. “La agricultura hoy esta en manos de los que no tienen campos, los dueños se acostumbraron a vivir del alquiler y esa tirantez quedó evidenciada esta campaña”, agregó Lusich.


Ante tantas piedras y actores en escena,  con un panorama difícil para el alquiler, es muy difícil que el propietario retirado pueda encarar una campaña a 400 dólares por hectárea para cultivar sus tierras. Pero también sería impensado que en esos campos vuelva la ganadería tradicional, o que los que se retiraron del negocio de la hacienda regresen como si nada; por los costos de capital: “El que se va de la actividad no vuelve más”, apuntaron todos con sus opiniones.


Así, el timón tiró para dirigirse a los créditos, un tema candente que cruzó el diálogo y que encendió aún más el debate. “No hay créditos para productores chicos que tienen proyectos viables”, aseguró Guillermo Rawson, conocedor del Departamento Belgrano. “Pero no todos son viables ni tienen las cuentas prolijas”, opinó Lusich. “Ya no sería un problema del sector, sino del Estado”, agregó Genovés.


Y así fue casi imposible esquivar el dilema del éxodo rural y la escasez de mano de obra calificada en el campo. Los cinco integrantes de la mesa estuvieron de acuerdo en que no existen políticas fuertes que estimulen el arraigo rural.


Ganadería


Una vez que las voces entraron en calor, el diálogo fue directo a la principal actividad de la provincia: la ganadería La actividad no queda ajena a las decisiones políticas de la carne que mantiene la Argentina. Como para delinear la situación, en la actualidad el país ronda en las 51 millones de cabezas, 10 millones menos que en 1977 (según datos de Confederaciones Rurales Argentinas); está en el puesto 11 de exportaciones de carne vacuna, por debajo de Uruguay,  Paraguay y Brasil; la producción de carne también está en baja (con 2,8 millones en 2014) por la diminuta participación de novillos y gordos en la faena.


A pesar de la tendencia del país, San Luis no sólo que ha mantenido su stock, sino que lo ha aumentado: con 1,5 millones de cabezas pasó al 8ª puesto del ranking nacional, con una participación que fue del 2,3  por ciento al 3,1 por ciento del stock total. Una de las razones fue el avance de la agricultura en las provincias vecinas, que “corrieron” la hacienda para estas tierras. Lo cierto es que en el norte de la provincia, principalmente en Belgrano, Ayacucho, parte de Pueyrredón y San Martín,  la actividad histórica ha sido la cría; y por los precios de mercado, todo indica que sería un buen momento para esas regiones.


Sin embargo, a pesar de estos meses de buen ánimo económico por el precio del ternero, el rubro  esconde algunos problemas de fondo. Por lo menos así lo entendió Guillermo Rawson del grupo GAMO, Ganadería de Monte. “Hoy es el mejor momento de la ganadería en años, pero la ganadería no está bien”. 


Las críticas fueron directamente hacia las tecnologías de manejo y el uso que hacen los pequeños, medianos y grandes productores. Un dato destacable que aportó Rawson a la mesa fue que hace 20 años Belgrano producía 4 kilos por hectárea. Hoy, a pesar de los avances tecnológicos e infraestructura aportada, el departamento sigue produciendo apenas 4 kilos por hectárea.


¿Qué es lo que sucede? La respuesta tiene distintas aristas. “Hay una falla cultural de transferencia de tecnología y conocimiento hacia sectores de la producción”, señaló Rawson que explicó que se da por la falta de incorporación de  tecnologías de manejo, que son de bajo costo y que realmente mejoran los índices de preñez y destete de los rodeos.


Agregó que a veces, el sistema tradicional cae en el error garrafal de que con las abundantes lluvias de verano, “se mete el doble de vacas en los lotes” sin tener en cuenta que las pasturas son estivales y cuando termina marzo, se acaba el pastizal. “Ese know how del manejo de los forrajes lo tiene muy poca gente, pero está y tiene que expandirse”, comentó en referencia a la información que han recaudado los grupos de trabajo.


Sin embargo, a veces la historia tiene las respuestas del presente. Rawson destacó la labor de los productores ganaderos que supieron mantenerse a momentos feroces para la ganadería como fue la década de los 90. “Pasaron muchos años duros para el sector, en los que el productor se las tuvo que arreglar para sobrevivir”, señaló. La realidad es que los ganaderos tuvieron que afrontar distintos frentes macroeconómicos que no hicieron fácil la inversión tranqueras adentro.  


Como perspectivas de trabajo,  Rawson y Genovés, el titular del INTA, dieron algunas sugerencias sobre cómo sería el ideal de trabajo: “Lo primero que tiene que hacer el productor es modificar pautas culturales, ver el estado del campo, sus pasturas, sus aguadas y planificar, con orden y un seguimiento”, dijo Genovés. “A veces la respuesta fácil es meter buffel grass, pero yo te puedo mostrar que con buen manejo, y esto está comprobado por nuestro grupo, que uno de nuestros campos pasó de tener 800 kilos de materia seca a 1.300 por año, por hectárea sólo con buen manejo”, aportó Rawson, en referencia a los seguimientos que hacen con GAMO, el grupo que hace más de 25 años trabaja en el Departamento Belgrano como ejemplo de buen asociativismo, y que forma parte de Cambio Rural, un programa que impulsa el INTA.


A diferencia de lo que sucede en otros ámbitos de la economía, en la mesa las distintas voces estuvieron de acuerdo en que las fallas salpican a grandes y pequeños. “Es común ver campos grandes, totalmente abandonados, que se parecen más a un baldío que a un campo ganadero”, señaló Rawson, y completó que en general provienen de otras actividades, pero que cuando entran al campo de monte lo hacen sin conocimiento, sin orientar sus resultados a la eficiencia productiva. 


“Los productores de cría tienen que aprovechar este viento de cola para aumentar la producción no con cantidad de vacas, sino con índices de producción. Esto es aumentar los índices de preñez y destete”, aseguró Lusich. Es que a pesar de todo, en San Luis el índice de ternero por vaca sigue estando en 0,52 en tanto el nacional está en 0,63, pero esta vara puede aumentar en nuestros campos de monte incluso al 0,8 por ciento, tal como lo muestran estudios del INTA.


El conflicto no tiene una solución fácil, ni rápida. A través de los años, el oeste puntano sufrió una degradación grave de sus pasturas naturales, que requerirán de un esfuerzo en tiempo y dinero que no todos están dispuestos a afrontar. Además, otro problema de la cría son los tiempos que requiere y las  variables que tiene que tener en cuenta como la genética y la epigenética, o la influencia medioambiental en el desarrollo del rodeo.


Tras tocar la cría, el tema giró hacia la recría y engorde. Este segundo eslabón productivo actualmente padece la brecha irrisoria entre el precio del ternero y el gordo. “El ternero está un 35 por ciento más caro que el precio de venta del gordo, y eso no lo recuperás con los kilos extra de engorde. Hay que equilibrar esta ecuación”, aseguró Lorenzino, quien hace el circuito completo de cría, recría y engorde. En la misma posición, el resto de la mesa estuvo de acuerdo que el engorde atraviesa por un momento difícil, por los precios de mercado. 


Más adelante está el tercer eslabón: el frigorífico que ofrece un precio al productor muy distinto al que aparece en la góndola de la carnicería. “Hoy el kilo de res está en 18 kilos y en la carnicería el kilo promedio está en 80 pesos, esta distancia entre valores es indignante”, denunció Lusich, quien aportó rápidamente una serie de soluciones bastante anheladas por los productores: “Se tendrían que abrir las exportaciones, estimular la producción de otros tipos de carne como cerdo y pollo para balancear el mercado interno, y que el consumidor pague los cortes populares a precios populares, pero que pague el lomo al mismo precio que cotiza en el mercado internacional".


Su denuncia es válida, tanto por los tiempos de producción —una vaca tarda 9 meses en dar un ternero y un cerdo poco más de tres meses, ni hablar del pollo— como por los costos de producción, ya que se requieren 7 kilos de maíz por kilo de carne producido contra 3,5 el cerdo". Algo que sí mejoró con los años y que reconocieron los cinco integrantes de la mesa fue que la sanidad creció gracias a los controles y al trabajo de las instituciones públicas y privadas. 


En el medio quedan otros agentes que también hay que ajustar, como el manejo de los frigoríficos en la provincia. Según un estudio de Acrea, San Luis abastece el 85 por ciento de la carne vacuna que se consume en Cuyo.  Sin embargo los números de faena local están lejos de abastecer ese mercado.


“Los frigoríficos en San Luis están mal manejados. Se hicieron frigoríficos con estructuras que parecen mataderos, y adentro están mal administrados. Encima no tienen tráfico federal, eso es gravísimo”, lanzó Lorenzino. “Fueron pensados por tecnócratas, gente que no sabía del tema” agregó Lusich, que señaló que las instalaciones no están preparadas para canalizar el recupero de sangre, achuras, cuero y subproductos, “cuando podrían pagar las operaciones del frigorífico”. “Encima la administración fue entregada sin ningún tipo de control”, denunció.


Para el titular de Aapresid, el problema está en la falta de coordinación entre el Estado y los productores. Lorenzino aportó que a su entender falta reforzar cada uno de los eslabones de la cadena, para que ninguno se vuelque sobre otro y para que cada uno “haga lo que sepa hacer”.


“Esta situación también pasó con la ZAL, la zona de actividades logísticas, que no cumplen con lo que se comprometieron hacer. No acondicionan los granos, no hay secado, no hay beneficios en el transporte, no prestan ningún servicio eficaz a los productores”, agregó Lusich.


Más allá de este problema puntual, el sector de la carne debe y tiene que mejorar. El pulso de esta situación es bien conocida por Lorenzino, a través de San Luis Feria: “Hoy la persona que te compra una vaca con garantía de preñez no es un productor, sino alguien de afuera que piensa que el negocio de la carne va a repuntar. Esto te muestra que tarde o temprano tiene que suceder, por las expectativas que hay”. Las expectativas son buenas, habrá que esperar a que cambie el gobierno nacional, cambie la dinámica de trabajo provincial y se ajusten a los eslabones involucrados en esta cadena.


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El campo de hoy, pensando en mañana

Mesa de debate convocada por la Revista El Campo en su número 100.

Haber llegado a los cien números de la revista El Campo nos obligaba a hacer algo especial. Y decidimos ir por todo: convocamos una mesa de debate con especialistas de varias áreas para hablar del campo de hoy, pero con la mirada puesta en el futuro. Resultó una discusión interesante, no exenta de discusiones fuertes, pero siempre constructivas.

San Luis está en 0,52 terneros por vaca, en tanto el país está en 0,63. Sin embargo, el campo puntano podría mejorar este índice productivo con tecnologías de manejo.



Javier Genovés, director de la Estación Agropecuaria del INTA San Luis, Daniel Lusich, presidente de la regional de Aapresid San Luis, Guillermo Belgrano Rawson, del grupo "Ganadería de Monte" de Cambio Rural, José Lorenzino, gran productor agrícola y ganadero que entre otras cosas está al frente de San Luis Feria, y Guillermo Ordoñez, ingeniero agrónomo y productor de la firma Granos del Oeste fueron invitados para dialogar, cruzar opiniones e ilustrar con sus voces el presente y futuro del campo puntano. 


“¿Cómo está la agricultura en San Luis?” La primera respuesta es el silencio que encierra una respuesta compleja. La tarea queda en manos de Daniel Lusich, quien además de dirigir Aapresid San Luis es productor agropecuario: “Desde el punto de vista productivo la agricultura en San Luis ha pegado un salto tecnológico que sigue avanzando día a día en sus prácticas y en ese sentido creo que este año va a ser uno de los mejores de los últimos seis  por las abundantes lluvias que han acompañado. El problema son las políticas económicas”, indicó.


Está claro, el régimen de lluvias de febrero superó ampliamente el promedio histórico y en algunos casos llegó incluso al doble: en febrero de 2014 las precipitaciones en San Luis fueron de 273 milímetros, en tanto las de este año fueron 443 según datos de la Estación Meteorológica de La Punta.


El agua fue un estímulo para los rindes, pero no para los bolsillos. De hecho, la soja se pagó esta semana unos 2.200 pesos en Rosario, en tanto el maíz rondó los 950 pesos por tonelada. En contrapartida los costos fijos van en aumento, junto con el transporte y los impuestos, que terminan por estrangular la ecuación.


Para San Luis, un signo de este cambio se vio con el descenso de la superficie sembrada, principalmente en maíz. Para Javier Genovés, del INTA San Luis, “el retroceso no se debe a un cambio en la curva de avance de la agricultura, sino a que varios campos se quedaron sin alquilar, en especial en la zona del Valle del Conlara”.


Más allá de la superficie, lo cierto es que este deterioro económico repercutirá en la sustentabilidad de los suelos. Fue un punto coincidente, el desgaste impactará no sólo en el área sembrada, sino también en la calidad de los insumos, semillas, fertilizantes, herbicidas y por supuesto en el uso de tecnología e inversión en maquinaria, que ya lleva un atraso de tres años.


Otro punto crucial será el futuro de la situación del maíz, una gramínea vital e imprescindible para la rotación de estas tierras semiáridas, que actualmente sufre precios internacionales por el piso.  “Nosotros en la regional de Aapresid ya tenemos mediciones de diez años que indican que tenés pérdidas de entre cuatro a cinco quintales por hectárea si hacés soja sobre soja y no rotás con maíz. En cambio en la zona núcleo, por ejemplo, la rotación promedio de soja es de siete años contra uno de maíz”, explicó Guillermo Ordoñez, agricultor de la zona de La Petra y El Amparo.


Entonces, ¿qué va a pasar con este cultivo? Para este joven ingeniero será inevitable que "si las condiciones se mantienen como están, va a volver a caer el área sembrada. En San Luis menos que en el resto del país por una cuestión de necesidad y por las perspectivas de transformación”.


Además, el maíz arrastra otro problema que es el transporte. El volumen de cosecha en comparación con la soja es del doble o el triple, por lo que el costo de traslado se duplica o triplica —el rinde promedio de maíz es de 7 mil kilos y el de soja no llega a los 2 mil en la provincia—. De ahí que la alternativa de la conversión en kilos de carne dentro de San Luis se posiciona como una de las mejores opciones.


Más allá de estos pronósticos, la campaña que transcurre y que cerrará en los próximos meses está sobrecargada de incertidumbre. “La cosecha se hará en pleno inicio electoral, en tanto la comercialización se dará ya con un nuevo gobierno”, acotó Lusich. Planificar a mediano plazo suena bastante complejo.


El mundo continúa y en esos planes de futuro, también aparecen las nuevas tendencias a las que hay que subirse para seguir en primera. Una que está sonando con fuerza es la de la agricultura certificada. Pero por el conjunto de condiciones especiales que atraviesa el sector agrícola local, “la certificación para los puntanos está muy lejos”, opinó Genovés.


En una orientación distinta, para Lusich y como la voz cantante de Aapresid, el problema no estaría en las condiciones de la producción agrícola puertas adentro, sino afuera, en el marco legislativo. “La agricultura certificada implica certificar las buenas prácticas agrícolas de un campo, que a mi entender por la metodología y registros que en general comprende la siembra directa, el productor medio estaría en condiciones de hacerla. Pero San Luis tiene una gran contra que es un exceso de legislación, que en la práctica no funciona, no se aplica y quita agilidad y efectividad en los procesos probatorios”, disparó. Además, no modifica cuantitativamente los rindes como sí lo hizo la siembra directa. Encima, el mercado tampoco paga un extra por este tipo de agricultura diferenciada.


Mientras tanto y adentro de los lotes empezó la batalla contra las malezas resistentes y tolerantes. El tema fue el puntapié de distintos conceptos interesantes sobre ciencia, tecnología y naturaleza. "Las tecnologías tienen un ciclo y los desarrollos químicos que se venían usando, como el glifosato con la siembra directa, ya no son el milagro que eran, por lo que ya se ve están llegando a su fin y están apareciendo productos nuevos. “Es más, la naturaleza fue buena con nosotros, porque actualmente la Argentina tiene 20 millones de hectáreas de soja, de las cuales el 99,9% son transgénicas, y lo mismo para otras 3,5 millones de hectáreas de maíz. Y a pesar de todo recién ahora tenemos problemas cuando Estados Unidos, por ejemplo, ya tiene más de 45 malezas resistentes desde hace más de 15 años”, aportó Ordoñez, que sentenció que “la solución se llama chequera”.


Claro está, hay herramientas para afrontar esta batalla pero a un costo muchísimo más elevado, sumado a la rotación y a un cuidado manejo agronómico. Esto devela otra rajadura en el sistema, que son los alquileres a corto plazo que tienen la mirada puesta en la renta puntual de una campaña. Todos estuvieron de acuerdo en que hacen falta contratos a largo plazo, que contemplen la rotación y el cuidado del suelo. 


Los alquileres desataron un debate aparte: el de la concentración de la tierra. Un 70% está en manos de terceros, es decir, que ese porcentaje de campos no está explotado por sus propios dueños. “La agricultura hoy esta en manos de los que no tienen campos, los dueños se acostumbraron a vivir del alquiler y esa tirantez quedó evidenciada esta campaña”, agregó Lusich.


Ante tantas piedras y actores en escena,  con un panorama difícil para el alquiler, es muy difícil que el propietario retirado pueda encarar una campaña a 400 dólares por hectárea para cultivar sus tierras. Pero también sería impensado que en esos campos vuelva la ganadería tradicional, o que los que se retiraron del negocio de la hacienda regresen como si nada; por los costos de capital: “El que se va de la actividad no vuelve más”, apuntaron todos con sus opiniones.


Así, el timón tiró para dirigirse a los créditos, un tema candente que cruzó el diálogo y que encendió aún más el debate. “No hay créditos para productores chicos que tienen proyectos viables”, aseguró Guillermo Rawson, conocedor del Departamento Belgrano. “Pero no todos son viables ni tienen las cuentas prolijas”, opinó Lusich. “Ya no sería un problema del sector, sino del Estado”, agregó Genovés.


Y así fue casi imposible esquivar el dilema del éxodo rural y la escasez de mano de obra calificada en el campo. Los cinco integrantes de la mesa estuvieron de acuerdo en que no existen políticas fuertes que estimulen el arraigo rural.


Ganadería


Una vez que las voces entraron en calor, el diálogo fue directo a la principal actividad de la provincia: la ganadería La actividad no queda ajena a las decisiones políticas de la carne que mantiene la Argentina. Como para delinear la situación, en la actualidad el país ronda en las 51 millones de cabezas, 10 millones menos que en 1977 (según datos de Confederaciones Rurales Argentinas); está en el puesto 11 de exportaciones de carne vacuna, por debajo de Uruguay,  Paraguay y Brasil; la producción de carne también está en baja (con 2,8 millones en 2014) por la diminuta participación de novillos y gordos en la faena.


A pesar de la tendencia del país, San Luis no sólo que ha mantenido su stock, sino que lo ha aumentado: con 1,5 millones de cabezas pasó al 8ª puesto del ranking nacional, con una participación que fue del 2,3  por ciento al 3,1 por ciento del stock total. Una de las razones fue el avance de la agricultura en las provincias vecinas, que “corrieron” la hacienda para estas tierras. Lo cierto es que en el norte de la provincia, principalmente en Belgrano, Ayacucho, parte de Pueyrredón y San Martín,  la actividad histórica ha sido la cría; y por los precios de mercado, todo indica que sería un buen momento para esas regiones.


Sin embargo, a pesar de estos meses de buen ánimo económico por el precio del ternero, el rubro  esconde algunos problemas de fondo. Por lo menos así lo entendió Guillermo Rawson del grupo GAMO, Ganadería de Monte. “Hoy es el mejor momento de la ganadería en años, pero la ganadería no está bien”. 


Las críticas fueron directamente hacia las tecnologías de manejo y el uso que hacen los pequeños, medianos y grandes productores. Un dato destacable que aportó Rawson a la mesa fue que hace 20 años Belgrano producía 4 kilos por hectárea. Hoy, a pesar de los avances tecnológicos e infraestructura aportada, el departamento sigue produciendo apenas 4 kilos por hectárea.


¿Qué es lo que sucede? La respuesta tiene distintas aristas. “Hay una falla cultural de transferencia de tecnología y conocimiento hacia sectores de la producción”, señaló Rawson que explicó que se da por la falta de incorporación de  tecnologías de manejo, que son de bajo costo y que realmente mejoran los índices de preñez y destete de los rodeos.


Agregó que a veces, el sistema tradicional cae en el error garrafal de que con las abundantes lluvias de verano, “se mete el doble de vacas en los lotes” sin tener en cuenta que las pasturas son estivales y cuando termina marzo, se acaba el pastizal. “Ese know how del manejo de los forrajes lo tiene muy poca gente, pero está y tiene que expandirse”, comentó en referencia a la información que han recaudado los grupos de trabajo.


Sin embargo, a veces la historia tiene las respuestas del presente. Rawson destacó la labor de los productores ganaderos que supieron mantenerse a momentos feroces para la ganadería como fue la década de los 90. “Pasaron muchos años duros para el sector, en los que el productor se las tuvo que arreglar para sobrevivir”, señaló. La realidad es que los ganaderos tuvieron que afrontar distintos frentes macroeconómicos que no hicieron fácil la inversión tranqueras adentro.  


Como perspectivas de trabajo,  Rawson y Genovés, el titular del INTA, dieron algunas sugerencias sobre cómo sería el ideal de trabajo: “Lo primero que tiene que hacer el productor es modificar pautas culturales, ver el estado del campo, sus pasturas, sus aguadas y planificar, con orden y un seguimiento”, dijo Genovés. “A veces la respuesta fácil es meter buffel grass, pero yo te puedo mostrar que con buen manejo, y esto está comprobado por nuestro grupo, que uno de nuestros campos pasó de tener 800 kilos de materia seca a 1.300 por año, por hectárea sólo con buen manejo”, aportó Rawson, en referencia a los seguimientos que hacen con GAMO, el grupo que hace más de 25 años trabaja en el Departamento Belgrano como ejemplo de buen asociativismo, y que forma parte de Cambio Rural, un programa que impulsa el INTA.


A diferencia de lo que sucede en otros ámbitos de la economía, en la mesa las distintas voces estuvieron de acuerdo en que las fallas salpican a grandes y pequeños. “Es común ver campos grandes, totalmente abandonados, que se parecen más a un baldío que a un campo ganadero”, señaló Rawson, y completó que en general provienen de otras actividades, pero que cuando entran al campo de monte lo hacen sin conocimiento, sin orientar sus resultados a la eficiencia productiva. 


“Los productores de cría tienen que aprovechar este viento de cola para aumentar la producción no con cantidad de vacas, sino con índices de producción. Esto es aumentar los índices de preñez y destete”, aseguró Lusich. Es que a pesar de todo, en San Luis el índice de ternero por vaca sigue estando en 0,52 en tanto el nacional está en 0,63, pero esta vara puede aumentar en nuestros campos de monte incluso al 0,8 por ciento, tal como lo muestran estudios del INTA.


El conflicto no tiene una solución fácil, ni rápida. A través de los años, el oeste puntano sufrió una degradación grave de sus pasturas naturales, que requerirán de un esfuerzo en tiempo y dinero que no todos están dispuestos a afrontar. Además, otro problema de la cría son los tiempos que requiere y las  variables que tiene que tener en cuenta como la genética y la epigenética, o la influencia medioambiental en el desarrollo del rodeo.


Tras tocar la cría, el tema giró hacia la recría y engorde. Este segundo eslabón productivo actualmente padece la brecha irrisoria entre el precio del ternero y el gordo. “El ternero está un 35 por ciento más caro que el precio de venta del gordo, y eso no lo recuperás con los kilos extra de engorde. Hay que equilibrar esta ecuación”, aseguró Lorenzino, quien hace el circuito completo de cría, recría y engorde. En la misma posición, el resto de la mesa estuvo de acuerdo que el engorde atraviesa por un momento difícil, por los precios de mercado. 


Más adelante está el tercer eslabón: el frigorífico que ofrece un precio al productor muy distinto al que aparece en la góndola de la carnicería. “Hoy el kilo de res está en 18 kilos y en la carnicería el kilo promedio está en 80 pesos, esta distancia entre valores es indignante”, denunció Lusich, quien aportó rápidamente una serie de soluciones bastante anheladas por los productores: “Se tendrían que abrir las exportaciones, estimular la producción de otros tipos de carne como cerdo y pollo para balancear el mercado interno, y que el consumidor pague los cortes populares a precios populares, pero que pague el lomo al mismo precio que cotiza en el mercado internacional".


Su denuncia es válida, tanto por los tiempos de producción —una vaca tarda 9 meses en dar un ternero y un cerdo poco más de tres meses, ni hablar del pollo— como por los costos de producción, ya que se requieren 7 kilos de maíz por kilo de carne producido contra 3,5 el cerdo". Algo que sí mejoró con los años y que reconocieron los cinco integrantes de la mesa fue que la sanidad creció gracias a los controles y al trabajo de las instituciones públicas y privadas. 


En el medio quedan otros agentes que también hay que ajustar, como el manejo de los frigoríficos en la provincia. Según un estudio de Acrea, San Luis abastece el 85 por ciento de la carne vacuna que se consume en Cuyo.  Sin embargo los números de faena local están lejos de abastecer ese mercado.


“Los frigoríficos en San Luis están mal manejados. Se hicieron frigoríficos con estructuras que parecen mataderos, y adentro están mal administrados. Encima no tienen tráfico federal, eso es gravísimo”, lanzó Lorenzino. “Fueron pensados por tecnócratas, gente que no sabía del tema” agregó Lusich, que señaló que las instalaciones no están preparadas para canalizar el recupero de sangre, achuras, cuero y subproductos, “cuando podrían pagar las operaciones del frigorífico”. “Encima la administración fue entregada sin ningún tipo de control”, denunció.


Para el titular de Aapresid, el problema está en la falta de coordinación entre el Estado y los productores. Lorenzino aportó que a su entender falta reforzar cada uno de los eslabones de la cadena, para que ninguno se vuelque sobre otro y para que cada uno “haga lo que sepa hacer”.


“Esta situación también pasó con la ZAL, la zona de actividades logísticas, que no cumplen con lo que se comprometieron hacer. No acondicionan los granos, no hay secado, no hay beneficios en el transporte, no prestan ningún servicio eficaz a los productores”, agregó Lusich.


Más allá de este problema puntual, el sector de la carne debe y tiene que mejorar. El pulso de esta situación es bien conocida por Lorenzino, a través de San Luis Feria: “Hoy la persona que te compra una vaca con garantía de preñez no es un productor, sino alguien de afuera que piensa que el negocio de la carne va a repuntar. Esto te muestra que tarde o temprano tiene que suceder, por las expectativas que hay”. Las expectativas son buenas, habrá que esperar a que cambie el gobierno nacional, cambie la dinámica de trabajo provincial y se ajusten a los eslabones involucrados en esta cadena.


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