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Una víctima repetida en todos los conflictos

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Una víctima repetida en todos los conflictos

Una víctima repetida ante cada crisis que enfrentan gobiernos o grupos antagónicos en los intereses, es la veracidad, o quizás deba afirmarse con más exactitud: la información, su alcance y su influencia.

La información fue y es una víctima colateral en la crisis entre los independentistas catalanes y las autoridades españolas, que asistió a la proliferación de mensajes tóxicos en las redes sociales y unos medios de comunicación cada vez más polarizados.

Una mujer con los dedos rotos, por un policía que intentaba impedir que votara, un policía muerto en Cataluña, el presidente separatista catalán, Carles Puigdemont, cantando “Viva España!”, ...éstas y otras informaciones fueron compartidas miles de veces en Twitter, Facebook o WhatsApp. Y todas tenían en común un elemento: eran falsas.

“En España no habíamos visto esto hasta ahora” con la intensificación de la crisis entre Barcelona y Madrid, afirmó Clara Jiménez, periodista a cargo de la cuenta de Twitter “Maldito Bulo”, referente en España en verificación de información en Internet.

La oleada se desató algunos días antes del 1º de octubre, cuando las autoridades independentistas de Cataluña organizaron un referéndum de autodeterminación pese a la prohibición de la justicia, una votación marcada por la violencia policial. Imágenes y testimonios de heridos, verdaderos o falsos, dieron la vuelta al mundo.

“Es un caldo de cultivo perfecto para las noticias falsas”, estima Jiménez, en referencia al debate entre independentistas y unionistas que divide profundamente a Cataluña y España. “Las personas ven lo que quieren ver y se lo creen. No lo ponen en duda porque hay un sentimiento de por medio”.

El gobierno catalán anunció que por las cargas policiales 900 personas recibieron atención médica. Esa cifra fue transformada a “900 heridos” por algunos independentistas y rechazadas por el gobierno central, que señaló que dos días después de los hechos sólo dos personas estaban en el hospital.

“Cualquier golpeado fue contado como herido”, dice el politólogo catalán Gabriel Colomé. “Es evidente que (los independentistas) querían esas fotos de violencia”, dijo. “Como mediáticamente ya has ganado la batalla, tú puedes decir que son más de 800, nadie te lo va a discutir”. “Es una batalla de post verdad, literalmente”, apuntó.

La AFP intentó verificar el mismo día el estado de los heridos. Las autoridades de salud del gobierno catalán tan sólo respondieron que hubo 92 heridos confirmados, 2 graves.

Posteriormente no hubo disponible un balance más preciso.

Desde Madrid, el ministerio de Interior también fue aumentando paulatinamente la cifra de policías heridos. La noche del 1º de octubre informaron de 33 agentes atendidos médicamente. La tarde del lunes, la cifra subía a 431 policías nacionales y guardias civiles “heridos y lesionados”, de los que 39 requirieron atención sanitaria inmediata.

Si una persona escucha la versión de los acontecimientos en Madrid o en Barcelona, podría llegar a pensar que no se trata de los mismos.

“La Televisión Española y la televisión catalana parecen dos mundos distintos. Parece que están contando dos historias distintas”, afirmó Carlos Arcila, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca.

El día de la votación la cadena pública catalana TV3 abrió su especial informativo de la noche con las declaraciones del gobierno de Madrid alabando el “profesionalismo” de las fuerzas del orden, seguidas de las imágenes más brutales de las cargas policiales. En la cadena pública española TVE, la violencia no apareció en los titulares del noticiero vespertino.

Los propios periodistas de TVE en Cataluña denunciaron en un comunicado “la manipulación indigna y la censura de los acontecimientos”. El diario El País, muy crítico con los independentistas, afirmó por otro lado que los medios rusos RT y Sputnik se implicaron en la crisis catalana con el objetivo de desestabilizar, unas acusaciones difíciles de confirmar.

Ocurrió en San Luis con los incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas en el 2016 y que fue un caldo de cultivo para informaciones falsas y operaciones de prensa. Luego aparece la verdad y aunque las cosas se aclaren, el daño a la credibilidad resulta muy grande. Acaba de ocurrir también en España. Es grave.

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Una víctima repetida en todos los conflictos

Una víctima repetida ante cada crisis que enfrentan gobiernos o grupos antagónicos en los intereses, es la veracidad, o quizás deba afirmarse con más exactitud: la información, su alcance y su influencia.

La información fue y es una víctima colateral en la crisis entre los independentistas catalanes y las autoridades españolas, que asistió a la proliferación de mensajes tóxicos en las redes sociales y unos medios de comunicación cada vez más polarizados.

Una mujer con los dedos rotos, por un policía que intentaba impedir que votara, un policía muerto en Cataluña, el presidente separatista catalán, Carles Puigdemont, cantando “Viva España!”, ...éstas y otras informaciones fueron compartidas miles de veces en Twitter, Facebook o WhatsApp. Y todas tenían en común un elemento: eran falsas.

“En España no habíamos visto esto hasta ahora” con la intensificación de la crisis entre Barcelona y Madrid, afirmó Clara Jiménez, periodista a cargo de la cuenta de Twitter “Maldito Bulo”, referente en España en verificación de información en Internet.

La oleada se desató algunos días antes del 1º de octubre, cuando las autoridades independentistas de Cataluña organizaron un referéndum de autodeterminación pese a la prohibición de la justicia, una votación marcada por la violencia policial. Imágenes y testimonios de heridos, verdaderos o falsos, dieron la vuelta al mundo.

“Es un caldo de cultivo perfecto para las noticias falsas”, estima Jiménez, en referencia al debate entre independentistas y unionistas que divide profundamente a Cataluña y España. “Las personas ven lo que quieren ver y se lo creen. No lo ponen en duda porque hay un sentimiento de por medio”.

El gobierno catalán anunció que por las cargas policiales 900 personas recibieron atención médica. Esa cifra fue transformada a “900 heridos” por algunos independentistas y rechazadas por el gobierno central, que señaló que dos días después de los hechos sólo dos personas estaban en el hospital.

“Cualquier golpeado fue contado como herido”, dice el politólogo catalán Gabriel Colomé. “Es evidente que (los independentistas) querían esas fotos de violencia”, dijo. “Como mediáticamente ya has ganado la batalla, tú puedes decir que son más de 800, nadie te lo va a discutir”. “Es una batalla de post verdad, literalmente”, apuntó.

La AFP intentó verificar el mismo día el estado de los heridos. Las autoridades de salud del gobierno catalán tan sólo respondieron que hubo 92 heridos confirmados, 2 graves.

Posteriormente no hubo disponible un balance más preciso.

Desde Madrid, el ministerio de Interior también fue aumentando paulatinamente la cifra de policías heridos. La noche del 1º de octubre informaron de 33 agentes atendidos médicamente. La tarde del lunes, la cifra subía a 431 policías nacionales y guardias civiles “heridos y lesionados”, de los que 39 requirieron atención sanitaria inmediata.

Si una persona escucha la versión de los acontecimientos en Madrid o en Barcelona, podría llegar a pensar que no se trata de los mismos.

“La Televisión Española y la televisión catalana parecen dos mundos distintos. Parece que están contando dos historias distintas”, afirmó Carlos Arcila, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Salamanca.

El día de la votación la cadena pública catalana TV3 abrió su especial informativo de la noche con las declaraciones del gobierno de Madrid alabando el “profesionalismo” de las fuerzas del orden, seguidas de las imágenes más brutales de las cargas policiales. En la cadena pública española TVE, la violencia no apareció en los titulares del noticiero vespertino.

Los propios periodistas de TVE en Cataluña denunciaron en un comunicado “la manipulación indigna y la censura de los acontecimientos”. El diario El País, muy crítico con los independentistas, afirmó por otro lado que los medios rusos RT y Sputnik se implicaron en la crisis catalana con el objetivo de desestabilizar, unas acusaciones difíciles de confirmar.

Ocurrió en San Luis con los incendios forestales que arrasaron miles de hectáreas en el 2016 y que fue un caldo de cultivo para informaciones falsas y operaciones de prensa. Luego aparece la verdad y aunque las cosas se aclaren, el daño a la credibilidad resulta muy grande. Acaba de ocurrir también en España. Es grave.

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