eldiariodelarepublica.com
Decisiones internas y repercusiones externas

Escuchanos EN VIVO!
X

Decisiones internas y repercusiones externas

La purga sin precedentes entre las élites económicas y políticas de Arabia Saudita provoca cierta “preocupación”, afirmó el secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson, días después que su presidente Donald Trump mostrara su apoyo sin reservas a la operación llevada a cabo en la monarquía.

Más de 200 personas fueron detenidas el 4 de noviembre, entre ellas príncipes, ministros e importantes hombres de negocios, en una redada anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán.

“He hablado con el ministro de Relaciones Exteriores Adel al Jubeir para obtener aclaraciones”, dijo Tillerson. “Y, basándome en esa conversación, creo que la intención es buena. Personalmente, creo que suscita cierta preocupación mientras no tengamos más claridad sobre lo que va a ocurrirles a esos individuos (detenidos)”, añadió, sin embargo.

El fiscal general saudita dijo que los arrestados, cuyo lugar de detención no ha sido indicado por las autoridades, comparecerán ante un tribunal. Las autoridades sauditas revelaron los primeros resultados de la campaña anticorrupción. “Un total de 208 personas han sido interrogadas hasta ahora. De esos individuos, siete han sido puestos en libertad sin cargos”, informó el ministerio de Información.

Según una investigación oficial de los tres últimos años, calculan que al menos 100.000 millones de dólares fueron desviados a través de una corrupción y una malversación sistemáticas durante varias décadas.

Con la purga, que algunos analistas describen como un movimiento atrevido y arriesgado, el príncipe Mohamed, de 32 años, ha adquirido un poder sin precedentes en la historia reciente de su país. El hijo del rey Salmán ya se considera como el líder de facto de la monarquía saudita y parece dispuesto a acabar con cualquier disensión interna antes que su padre, de 81 años, le entregue formalmente el poder.

El presidente Trump había expresado su apoyo a la redada. “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero de Arabia Saudita, saben perfectamente lo que están haciendo”, tuiteó entonces. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, agregó.

El resuelto apoyo del presidente estadounidense a los dirigentes sauditas, especialmente ante Irán, su enemigo común, preocupa a observadores y expertos que lo consideran como una apuesta muy arriesgada. Desde el pasado fin de semana, el tono volvió a subir entre Irán y Arabia Saudita respecto a la guerra en Yemen, donde Riad dirige desde marzo de 2015 una coalición que apoya a las fuerzas gubernamentales, y Teherán respalda a los rebeldes chiitas hutíes.

Tras un fallido ataque de los rebeldes contra el aeropuerto de Riad, la monarquía saudita acusó a Irán de “agresión directa” y decidió el cierre temporal de las fronteras aérea, marítima y terrestre de Yemen.

En Yemen, uno de los países más pobres del mundo, la guerra causó más de 8.650 muertos y cerca de 58.600 heridos, entre ellos numerosos civiles, según Naciones Unidas.

El Consejo de Seguridad de la ONU abordó la situación humanitaria catastrófica del país y la importancia de mantener todos los puertos y aeropuertos en estado de funcionamiento.

La coalición dirigida por Riad aseguró que el bloqueo es temporal y busca impedir las entregas de armas a los rebeldes hutíes. En este convulso contexto regional, el primer ministro libanés, Saad Hariri, dimitió la semana pasada aprovechando una visita a Riad, donde criticó el “control” ejercido por Irán en su país y aseguró temer por su vida.

Arabia Saudita es el país petrolero más rico del mundo y un estratégico aliado estadounidense en la región. Si los conflictos en los que está inmerso no ceden rápidamente, no sólo Medio Oriente estará en riesgo.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
¿TE GUSTÓ LA NOTA?
TAGS
COMENTARIOS

Decisiones internas y repercusiones externas

La purga sin precedentes entre las élites económicas y políticas de Arabia Saudita provoca cierta “preocupación”, afirmó el secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson, días después que su presidente Donald Trump mostrara su apoyo sin reservas a la operación llevada a cabo en la monarquía.

Más de 200 personas fueron detenidas el 4 de noviembre, entre ellas príncipes, ministros e importantes hombres de negocios, en una redada anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán.

“He hablado con el ministro de Relaciones Exteriores Adel al Jubeir para obtener aclaraciones”, dijo Tillerson. “Y, basándome en esa conversación, creo que la intención es buena. Personalmente, creo que suscita cierta preocupación mientras no tengamos más claridad sobre lo que va a ocurrirles a esos individuos (detenidos)”, añadió, sin embargo.

El fiscal general saudita dijo que los arrestados, cuyo lugar de detención no ha sido indicado por las autoridades, comparecerán ante un tribunal. Las autoridades sauditas revelaron los primeros resultados de la campaña anticorrupción. “Un total de 208 personas han sido interrogadas hasta ahora. De esos individuos, siete han sido puestos en libertad sin cargos”, informó el ministerio de Información.

Según una investigación oficial de los tres últimos años, calculan que al menos 100.000 millones de dólares fueron desviados a través de una corrupción y una malversación sistemáticas durante varias décadas.

Con la purga, que algunos analistas describen como un movimiento atrevido y arriesgado, el príncipe Mohamed, de 32 años, ha adquirido un poder sin precedentes en la historia reciente de su país. El hijo del rey Salmán ya se considera como el líder de facto de la monarquía saudita y parece dispuesto a acabar con cualquier disensión interna antes que su padre, de 81 años, le entregue formalmente el poder.

El presidente Trump había expresado su apoyo a la redada. “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero de Arabia Saudita, saben perfectamente lo que están haciendo”, tuiteó entonces. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, agregó.

El resuelto apoyo del presidente estadounidense a los dirigentes sauditas, especialmente ante Irán, su enemigo común, preocupa a observadores y expertos que lo consideran como una apuesta muy arriesgada. Desde el pasado fin de semana, el tono volvió a subir entre Irán y Arabia Saudita respecto a la guerra en Yemen, donde Riad dirige desde marzo de 2015 una coalición que apoya a las fuerzas gubernamentales, y Teherán respalda a los rebeldes chiitas hutíes.

Tras un fallido ataque de los rebeldes contra el aeropuerto de Riad, la monarquía saudita acusó a Irán de “agresión directa” y decidió el cierre temporal de las fronteras aérea, marítima y terrestre de Yemen.

En Yemen, uno de los países más pobres del mundo, la guerra causó más de 8.650 muertos y cerca de 58.600 heridos, entre ellos numerosos civiles, según Naciones Unidas.

El Consejo de Seguridad de la ONU abordó la situación humanitaria catastrófica del país y la importancia de mantener todos los puertos y aeropuertos en estado de funcionamiento.

La coalición dirigida por Riad aseguró que el bloqueo es temporal y busca impedir las entregas de armas a los rebeldes hutíes. En este convulso contexto regional, el primer ministro libanés, Saad Hariri, dimitió la semana pasada aprovechando una visita a Riad, donde criticó el “control” ejercido por Irán en su país y aseguró temer por su vida.

Arabia Saudita es el país petrolero más rico del mundo y un estratégico aliado estadounidense en la región. Si los conflictos en los que está inmerso no ceden rápidamente, no sólo Medio Oriente estará en riesgo.

Logín