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Identificando lo que nos presiona

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Identificando lo que nos presiona

Bernardo Stamateas

Cuando una persona tiene su sistema inmunológico sano, esa persona vive mejor, más y feliz. Sin embargo, a diario, nos encontramos viviendo bajo un estrés que lastima y perjudica permanentemente al sistema inmunológico. Veamos entonces a qué llamamos estrés, palabra que a diario usamos rutinariamente.

Si se te cayó el pelo, te dicen que es estrés; si te duele la cabeza, es estrés; si estás con problemas digestivos, es estrés.

Todo se debe al estrés, definamos entonces este concepto para darle el significado que realmente tiene.

¿A qué llamamos estrés?

A la dificultad que nos enfrentamos al manejar aquellos hechos que nos ocasionan presión. Seguramente, en medio de un proyecto, de un emprendimiento, te encuentres bajo presión, con dificultades, con trabas, con personas que primero te dijeron que sí pero que en el momento en que los necesitás, se contradicen. Sin embargo, es en el momento de presión y de crisis cuando damos a conocer lo que tenemos en nuestro interior, las agallas, la pasión que, a pesar de la presión en la que nos encontramos, nos impulsa a seguir por nuestros objetivos.

El hecho es aprender a manejar las presiones, de no hacerlo, terminaremos enfermándonos. Comentaba un médico que el noventa por ciento de las enfermedades físicas provienen de la cabeza, del “estrés”.

Sin embargo, hay un tipo de presión y de preocupación que no son malos. La presión puede ser buena, la preocupación es buena, porque lo que éstas hacen es enviar sangre a los pies y a las manos para pelear o para escapar, para luchar o huir; pero cuando el estrés es permanente, el cuerpo genera una droga llamada “cortisol", que en poca medida es bueno, pero cuando es demasiado, ese cortisol (que es un ácido) nos lastima el cuerpo. Es por eso, que es necesario que aprendamos a manejar la preocupación y la ansiedad.

¿Qué pasa cuando una persona es ansiosa constantemente?

Genera pensamientos obsesivos, los cuales frenarán el objetivo que te hayas propuesto. Las presiones pueden enfermarnos pero también desafiarnos a alcanzar un nuevo nivel de éxito.

Frente a la presión, no abandones, tenés que saber que después de luchar por tu objetivo, vendrá un tiempo de descanso y de disfrute.

• En primer lugar, después de cada logro, ¡descansá!

• En segundo lugar, buscá premios que te motiven. Tenemos que aprender a automotivarnos. Buscá el premio, la recompensa, en cada emprendimiento que comiences ya sea emocional, laboral, siempre hay un premio.

• Y en tercer lugar, soltate de todos y de todo. Alejate de las voces externas que anuncian fracaso, unite a tu sueño, a tu proyecto.

Pensá cuáles son tus presiones y preocupaciones con nombre y apellido, definilas y una vez que lo hagas, preguntate:

¿Vale la pena que siga dándole vueltas a este asunto?

¿Vale mi tiempo y mi esfuerzo esta presión?

¿A dónde estoy yendo con esta preocupación?

Y una vez que diferencies una presión enferma de una presión que te acercará a lo que estás soñando y que es propia del nivel de liderazgo y del proyecto en el que te encuentras, respirá profundo, llenate de paz, y seguí a la meta. Cuando cada desafío que emprendas esté lleno de tu convicción interior, de tu seguridad y de paz, el estrés solo será un escalón más para sortear, pero jamás un obstáculo para no llegar a lo que te propusiste. Recordá que una vez que llegues, vendrá un gran tiempo de descanso, de disfrute y de recompensa.

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Identificando lo que nos presiona

Cuando una persona tiene su sistema inmunológico sano, esa persona vive mejor, más y feliz. Sin embargo, a diario, nos encontramos viviendo bajo un estrés que lastima y perjudica permanentemente al sistema inmunológico. Veamos entonces a qué llamamos estrés, palabra que a diario usamos rutinariamente.

Si se te cayó el pelo, te dicen que es estrés; si te duele la cabeza, es estrés; si estás con problemas digestivos, es estrés.

Todo se debe al estrés, definamos entonces este concepto para darle el significado que realmente tiene.

¿A qué llamamos estrés?

A la dificultad que nos enfrentamos al manejar aquellos hechos que nos ocasionan presión. Seguramente, en medio de un proyecto, de un emprendimiento, te encuentres bajo presión, con dificultades, con trabas, con personas que primero te dijeron que sí pero que en el momento en que los necesitás, se contradicen. Sin embargo, es en el momento de presión y de crisis cuando damos a conocer lo que tenemos en nuestro interior, las agallas, la pasión que, a pesar de la presión en la que nos encontramos, nos impulsa a seguir por nuestros objetivos.

El hecho es aprender a manejar las presiones, de no hacerlo, terminaremos enfermándonos. Comentaba un médico que el noventa por ciento de las enfermedades físicas provienen de la cabeza, del “estrés”.

Sin embargo, hay un tipo de presión y de preocupación que no son malos. La presión puede ser buena, la preocupación es buena, porque lo que éstas hacen es enviar sangre a los pies y a las manos para pelear o para escapar, para luchar o huir; pero cuando el estrés es permanente, el cuerpo genera una droga llamada “cortisol", que en poca medida es bueno, pero cuando es demasiado, ese cortisol (que es un ácido) nos lastima el cuerpo. Es por eso, que es necesario que aprendamos a manejar la preocupación y la ansiedad.

¿Qué pasa cuando una persona es ansiosa constantemente?

Genera pensamientos obsesivos, los cuales frenarán el objetivo que te hayas propuesto. Las presiones pueden enfermarnos pero también desafiarnos a alcanzar un nuevo nivel de éxito.

Frente a la presión, no abandones, tenés que saber que después de luchar por tu objetivo, vendrá un tiempo de descanso y de disfrute.

• En primer lugar, después de cada logro, ¡descansá!

• En segundo lugar, buscá premios que te motiven. Tenemos que aprender a automotivarnos. Buscá el premio, la recompensa, en cada emprendimiento que comiences ya sea emocional, laboral, siempre hay un premio.

• Y en tercer lugar, soltate de todos y de todo. Alejate de las voces externas que anuncian fracaso, unite a tu sueño, a tu proyecto.

Pensá cuáles son tus presiones y preocupaciones con nombre y apellido, definilas y una vez que lo hagas, preguntate:

¿Vale la pena que siga dándole vueltas a este asunto?

¿Vale mi tiempo y mi esfuerzo esta presión?

¿A dónde estoy yendo con esta preocupación?

Y una vez que diferencies una presión enferma de una presión que te acercará a lo que estás soñando y que es propia del nivel de liderazgo y del proyecto en el que te encuentras, respirá profundo, llenate de paz, y seguí a la meta. Cuando cada desafío que emprendas esté lleno de tu convicción interior, de tu seguridad y de paz, el estrés solo será un escalón más para sortear, pero jamás un obstáculo para no llegar a lo que te propusiste. Recordá que una vez que llegues, vendrá un gran tiempo de descanso, de disfrute y de recompensa.

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