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No declaró un hombre que atacó a su sobrina y le quemó la casa

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No declaró un hombre que atacó a su sobrina y le quemó la casa


La madrugada del domingo, cuando los policías de la Comisaría Distrito 16 de La Toma lo detuvieron en la calle, Miguel Santos Díaz García parecía tener mucho para decir. Hablaba sin que nadie le preguntara algo. Gritaba, envalentonado por la bebida. Vociferaba que él había sido el que un rato antes quemó la casa de su sobrina, dijo un testigo. Pero anteayer, cuando fue llevado ante la jueza de instrucción Penal 3, Virginia Palacios, así como el efecto del alcohol en su sangre, esa valentía se le había evaporado. Se abstuvo de declarar en la indagatoria y su defensor pidió una prórroga de la detención.


Desde entonces, el hombre de 33 años continúa su aprehensión en la ciudad de San Luis, a la espera de que la magistrada defina si lo procesa o no por incendiar la vivienda de Maita Luz García.


Pero ése no sería el único problema judicial que Díaz García podría afrontar en estos días. Los policías de La Toma esperan que desde el Juzgado de Instrucción de Guaymallén le confirmen un presunto pedido de captura que habría contra el hombre por un robo, comentó el comisario Ariel Rivero, jefe de la Comisaría Distrito 16.


Según su sobrina, hace poco el acusado le contó que cuando estaba en Mendoza, un día que estaba drogado, fue a un estacionamiento. Le pidió plata a un conocido “para continuar drogándose y, como el otro no le dio el dinero, lo golpeó y después robó en ese lugar”.


Esas, de todas formas, no serían las primeras manchas del mendocino ante la Ley. Tiene antecedentes por robo, robo calificado y resistencia a la autoridad y, hace unos años, purgó una condena por uno de esos tantos delitos, refirió el jefe policial.


Su pareja, Yohana Isabel Roldán, cuando declaró también dejó entrever que la maltrata. Dijo que conviven desde hace tres años, con una nena de cinco años, fruto de una relación anterior de la mujer. Pero que el noviazgo siempre estuvo marcado por la violencia. “Miguel, cada vez que se toma, me golpea. Me da cachetadas, me tira el pelo, me agarra del cuello. Siempre me está celando sin motivo”,  aseguró. Señaló, además, que cuando vivían en Mendoza, la había obligado a fumar marihuana y a inyectarse cocaína.


Roldán contó que hace cuatro meses vinieron a la provincia. Según expuso, a pasear. Primero fueron a San Luis, a lo de una cuñada y, luego, como en la casa de esa mujer no había suficiente lugar para toda la familia, hace dos meses enrumbaron hacia La Toma, donde vive la sobrina del acusado. “Nos gustó y decidimos quedarnos. Mi pareja consiguió trabajo. Estábamos bien”, relató.


Eso, al cabo de unos días, comenzó a incomodar a Díaz y a su familia. “Los primeros tres días fueron normales, pero después hubo muchos problemas, de violencia física y psicológica de mi tío hacia su pareja y la nena”, indicó la damnificada. Dijo que más de una vez ella y su esposo, Walter Ezequiel Magallanes, intervinieron para que el imputado ya no le pegara a Roldán. “Nunca podíamos estar en el mismo lugar, ni a comer juntos nos sentábamos y tampoco podíamos recibir visitas porque a Miguel le molestaba”, se quejó Magallanes.


Los días pasaron y el matrimonio notó que ni García Díaz ni su familia tenían la más mínima intención de irse de su casa. Decidieron, entonces, alquilar otra, más espaciosa, en la que pudieran vivir ambas familias y compartieran los gastos del alquiler y la comida.


Una semana antes del incendio, todos se mudaron a la vivienda de avenida Mármol Ónix y Daniel Falco. “Nos llevamos todos nuestros muebles y prendas. Mi tío y su familia sólo tenían dos camas, una de dos plazas y otra de una, porque ellos llegaron así, con lo puesto”, recordó.


Roldán relató que el sábado 28, a las 20:30, fueron a comprar a un supermercado. Cuando regresaron al domicilio, empezaron a tomar cerveza. Todo, según expuso, estuvo bien, hasta que el imputado se acordó de los hijos que tiene en Mendoza. “Se puso mal, como siempre cuando se toma (…) Y, como yo lo conozco y sé que después comienza a pegarme, salí corriendo a la calle”, narró. Pero su hija quedó en la cama, durmiendo.


A las 00:20, cuando Díaz y su familia regresaron de visitar a un cuñado encontraron a Roldán llorando en la puerta de la vivienda. Les dijo que su pareja le había pegado con un palo en la cara y les pidió que, por favor, sacaran a su hija que había quedado adentro. “Entré. Mi tío estaba dormido. Agarré a la nena, se la di a Yohana y le dije que se fuera para ponerla a salvo”, recordó la mujer.


Pero cuando la damnificada regresó a su domicilio, su tío la esperaba en la puerta. “¡Hija de p…! ¡Te voy a matar, la ayudaste a la otra a que me dejara!”, le gritó García Díaz, según ella. “Traté de hablar con él, pero me amenazaba con atacarme con una botella de vidrio cortada”, aseguró la mujer.


Díaz sacó a sus tres nenes, de ocho meses, de dos y cuatro años, que hacía un rato había acostado, y se fue. Una vez fuera, llamó a la Policía y se quedó esperándola en la esquina. Apenas vio que se aproximó una patrulla, le hizo señas a los efectivos y les indicó dónde estaba su tío. Pero ya era tarde. De la vivienda se desprendía una columna de humo, que escalaba al cielo. García Díaz se había ido. 


Los policías lo hallaron veinte minutos después, a unas calles de ahí, en San Luis y Mármol Ónix. “¡Yo fui quien prendió la casa, loco! ¡Yo soy! ¡Llevame a la comisaría, que me voy a cortar todo hasta los huesos!”, gritaba.


Una hora después quiso quitarse la vida en el calabozo de la dependencia, dijo otro informante. Trató de prenderle fuego a su pantalón corto con un encendedor, que consiguió infiltrar. Esa noche se la pasó insultando a los policías e insistiendo con que era inocente.  


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No declaró un hombre que atacó a su sobrina y le quemó la casa

Un hombre con experiencia. Santos Díaz posee antecedentes por robo y resistencia a la autoridad.

La madrugada del domingo, cuando los policías de la Comisaría Distrito 16 de La Toma lo detuvieron en la calle, Miguel Santos Díaz García parecía tener mucho para decir. Hablaba sin que nadie le preguntara algo. Gritaba, envalentonado por la bebida. Vociferaba que él había sido el que un rato antes quemó la casa de su sobrina, dijo un testigo. Pero anteayer, cuando fue llevado ante la jueza de instrucción Penal 3, Virginia Palacios, así como el efecto del alcohol en su sangre, esa valentía se le había evaporado. Se abstuvo de declarar en la indagatoria y su defensor pidió una prórroga de la detención.


Desde entonces, el hombre de 33 años continúa su aprehensión en la ciudad de San Luis, a la espera de que la magistrada defina si lo procesa o no por incendiar la vivienda de Maita Luz García.


Pero ése no sería el único problema judicial que Díaz García podría afrontar en estos días. Los policías de La Toma esperan que desde el Juzgado de Instrucción de Guaymallén le confirmen un presunto pedido de captura que habría contra el hombre por un robo, comentó el comisario Ariel Rivero, jefe de la Comisaría Distrito 16.


Según su sobrina, hace poco el acusado le contó que cuando estaba en Mendoza, un día que estaba drogado, fue a un estacionamiento. Le pidió plata a un conocido “para continuar drogándose y, como el otro no le dio el dinero, lo golpeó y después robó en ese lugar”.


Esas, de todas formas, no serían las primeras manchas del mendocino ante la Ley. Tiene antecedentes por robo, robo calificado y resistencia a la autoridad y, hace unos años, purgó una condena por uno de esos tantos delitos, refirió el jefe policial.


Su pareja, Yohana Isabel Roldán, cuando declaró también dejó entrever que la maltrata. Dijo que conviven desde hace tres años, con una nena de cinco años, fruto de una relación anterior de la mujer. Pero que el noviazgo siempre estuvo marcado por la violencia. “Miguel, cada vez que se toma, me golpea. Me da cachetadas, me tira el pelo, me agarra del cuello. Siempre me está celando sin motivo”,  aseguró. Señaló, además, que cuando vivían en Mendoza, la había obligado a fumar marihuana y a inyectarse cocaína.


Roldán contó que hace cuatro meses vinieron a la provincia. Según expuso, a pasear. Primero fueron a San Luis, a lo de una cuñada y, luego, como en la casa de esa mujer no había suficiente lugar para toda la familia, hace dos meses enrumbaron hacia La Toma, donde vive la sobrina del acusado. “Nos gustó y decidimos quedarnos. Mi pareja consiguió trabajo. Estábamos bien”, relató.


Eso, al cabo de unos días, comenzó a incomodar a Díaz y a su familia. “Los primeros tres días fueron normales, pero después hubo muchos problemas, de violencia física y psicológica de mi tío hacia su pareja y la nena”, indicó la damnificada. Dijo que más de una vez ella y su esposo, Walter Ezequiel Magallanes, intervinieron para que el imputado ya no le pegara a Roldán. “Nunca podíamos estar en el mismo lugar, ni a comer juntos nos sentábamos y tampoco podíamos recibir visitas porque a Miguel le molestaba”, se quejó Magallanes.


Los días pasaron y el matrimonio notó que ni García Díaz ni su familia tenían la más mínima intención de irse de su casa. Decidieron, entonces, alquilar otra, más espaciosa, en la que pudieran vivir ambas familias y compartieran los gastos del alquiler y la comida.


Una semana antes del incendio, todos se mudaron a la vivienda de avenida Mármol Ónix y Daniel Falco. “Nos llevamos todos nuestros muebles y prendas. Mi tío y su familia sólo tenían dos camas, una de dos plazas y otra de una, porque ellos llegaron así, con lo puesto”, recordó.


Roldán relató que el sábado 28, a las 20:30, fueron a comprar a un supermercado. Cuando regresaron al domicilio, empezaron a tomar cerveza. Todo, según expuso, estuvo bien, hasta que el imputado se acordó de los hijos que tiene en Mendoza. “Se puso mal, como siempre cuando se toma (…) Y, como yo lo conozco y sé que después comienza a pegarme, salí corriendo a la calle”, narró. Pero su hija quedó en la cama, durmiendo.


A las 00:20, cuando Díaz y su familia regresaron de visitar a un cuñado encontraron a Roldán llorando en la puerta de la vivienda. Les dijo que su pareja le había pegado con un palo en la cara y les pidió que, por favor, sacaran a su hija que había quedado adentro. “Entré. Mi tío estaba dormido. Agarré a la nena, se la di a Yohana y le dije que se fuera para ponerla a salvo”, recordó la mujer.


Pero cuando la damnificada regresó a su domicilio, su tío la esperaba en la puerta. “¡Hija de p…! ¡Te voy a matar, la ayudaste a la otra a que me dejara!”, le gritó García Díaz, según ella. “Traté de hablar con él, pero me amenazaba con atacarme con una botella de vidrio cortada”, aseguró la mujer.


Díaz sacó a sus tres nenes, de ocho meses, de dos y cuatro años, que hacía un rato había acostado, y se fue. Una vez fuera, llamó a la Policía y se quedó esperándola en la esquina. Apenas vio que se aproximó una patrulla, le hizo señas a los efectivos y les indicó dónde estaba su tío. Pero ya era tarde. De la vivienda se desprendía una columna de humo, que escalaba al cielo. García Díaz se había ido. 


Los policías lo hallaron veinte minutos después, a unas calles de ahí, en San Luis y Mármol Ónix. “¡Yo fui quien prendió la casa, loco! ¡Yo soy! ¡Llevame a la comisaría, que me voy a cortar todo hasta los huesos!”, gritaba.


Una hora después quiso quitarse la vida en el calabozo de la dependencia, dijo otro informante. Trató de prenderle fuego a su pantalón corto con un encendedor, que consiguió infiltrar. Esa noche se la pasó insultando a los policías e insistiendo con que era inocente.  


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