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Preñez, el índice que se gesta desde los suelos

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Preñez, el índice que se gesta desde los suelos

Varios ganaderos del sur de la provincia obtuvieron porcentajes más bajos de los esperados. A raíz de ello, los especialistas aconsejan mirar el manejo de las pasturas.

El índice de preñez es una estadística fundamental para cualquier establecimiento ganadero, desde el más pequeño hasta el más grande. Junto a las tasas de parición y destete, son las cifras a las que más atención le prestan quienes se dedican al duro negocio de las vacas. Sobre todo aquéllos que se especializan en los rodeos de cría, donde la rentabilidad está sujeta, casi exclusivamente, al número de terneros que nacerán cada año.

Esta temporada, varios productores del sur de la provincia no tuvieron el desempeño que anhelaban y obtuvieron porcentajes de preñez por debajo de lo esperado. Para ser justos, hay que decir que hubo muchos otros criadores que sí alcanzaron excelentes resultados, incluso más altos que los de años anteriores. Pero existe una inquietud generalizada porque hubo más de uno, de esa larga franja que inicia en Buena Esperanza y llega a los límites con La Pampa, que notó un rendimiento más bajo. Tal es así que hace unas semanas organizaron una jornada técnica en Unión, para intercambiar datos y conseguir asesoramiento de investigadores del INTA en la búsqueda de una explicación y, en la medida de lo posible, una solución.

La revista El Campo aprovechó esta preocupación para indagar en los factores que influyen en el nivel de fecundidad de las hembras de un plantel vacuno. Un grupo de especialistas del INTA, el mismo que llegó hasta el sur para asesorar a los productores, sugiere que es necesario ampliar la mirada y prestar atención no sólo al estado físico del animal y a las condiciones del servicio. Para afinar la puntería y mejorar los números, hay que hacer foco en el manejo de las pasturas que se utilizan como forraje y empezar a pensar en la preñez de una vaca, aunque suene extraño, desde la tierra que pisa.

Radiografía del sur

El Departamento Dupuy es el polo ganadero más fuerte de todo el territorio provincial. Un estudio muy completo que realizó la Fundación de Investigación Social Argentino Latinoamericana (FISAL) sobre la cadena de producción de carne en San Luis, reveló que de las 1.439.230 de cabezas que existían en la provincia en 2014, 442.075 pertenecían a rodeos del departamento más austral, lo que representaba un 31% del stock total.

Esparcidos por todo ese extenso terreno se encuentran los campos de reconocidas firmas ganaderas y algunas cabañas de renombre nacional. También hay un intenso mercado de hacienda, con ferias de consignatarias como Alfredo S. Mondino, que se caracterizan por la calidad y la cantidad de los encierres.

Pero lo que más predomina son los rodeos de cría, que tienen como principal objetivo producir terneros para vender, y luego recriar y engordar. De hecho, del total de cabezas relevadas por FISAL en Dupuy, el 51% eran vacas y el 13% vaquillonas, lo que habla de que hay un gran cantidad de hembras en los planteles porque se utilizan como madres, mientras que los machos, que no son toros, suelen destinarse a la venta.

De manera que una merma en la cantidad de vacas o vaquillonas que logran quedar preñadas representa una caída en productividad y rentabilidad. "El objetivo de la cría es tener un ternero por vaca por año. Si vos bajás el porcentaje de preñez, representa una pérdida económica grande porque esa hembra está consumiendo mucho alimento, más todos los requerimientos sanitarios, y va a estar todo un año sin producir", explicó la investigadora de INTA, María Laura Guzmán.

El índice y las bajas

El índice de preñez es una estadística que se obtiene de un cálculo muy sencillo. De la totalidad de las hembras que se enviaron a servicio, ya sea un entore natural o a un proceso de inseminación artificial, hay que contar cuántas resultaron preñadas.

Para determinar si la vaca está gestando se puede realizar una ecografía o recurrir a la técnica de tacto que hace el veterinario y que es el método más utilizado en la provincia. Por eso, "el índice de preñez se calcula entre 45 y 60 días después del servicio, porque hay que tocar el ternero con la mano. Pero si se hace antes de ese tiempo y todavía es muy chico, no se llega a palpar y encima se corre el riesgo de dañarlo", advirtió Adriana Bengolea, quien también integra el grupo de investigadoras en Producción y Sanidad Animal en la Estación Experimental de Villa Mercedes.

Pero al ser tan temprano, el porcentaje es una estadística preliminar que puede cambiar, porque algún ternero puede morir durante el embarazo o en el momento del parto. Por lo que la preñez debe complementarse luego con el índice de parición y más tarde con el de destete. En una situación ideal, el número de vacas preñadas debería ser casi igual a la cantidad de terneros que salen del destete. "Siempre hay un 2% o un 3% de diferencia que es normal, porque el veterinario o el ecógrafo pueden fallar y porque siempre hay pérdidas, como en cualquier especie animal. Si hay una brecha más grande, significa que hay algún problema o alguna enfermedad infecciosa", aclaró.

En el sur de la provincia, como en muchos otros lugares de impronta ganadera, los productores suelen aglutinarse en grupos, cooperativas o centros, para intercambiar datos, experiencias y tener un crecimiento conjunto. Uno de ellos, el grupo "Ganaderos de Dupuy", reúne a nueve productores que tienen sus rodeos en el departamento, algunos en la línea oeste y otros en la zona más central, desde Anchorena hasta Batavia. Su coordinadora, Inés Valle, fue una de las que expuso la cuestión de la preñez en la jornada que el INTA de Unión organizó para hacer un seguimiento.

Valle, quien es ingeniera agrónoma, reveló que el grupo tenía un promedio de 90% de preñez en 2014 y de 91% en 2015, sobre un total aproximado de 11.000 vacas. Pero para 2016, el porcentaje bajó hasta el 77%.

Este año, con un gran promedio de lluvias que habían aumentado el volumen de pasturas, los criadores esperaban que la cifra aumentara a los valores normales del grupo, pero se estancó en un 84%.

La investigadora Karina Frigerio sostuvo que entre los distintos productores que manifestaron sus preocupaciones, había distintas realidades. Algunos registraron bajas de un 6%, mientras que hubo casos extremos de un 20% de descenso. En promedio, estiman que hubo una caída de alrededor del 10%, y que hubo asesores y técnicos que representaban a unos 40 establecimientos.

La mayor cantidad de bajas se presentaron en las vaquillonas de segundo servicio, que es justamente la categoría vacuna más sensible.

"Las vaquillonas son animales que siguen en crecimiento. A partir de los 15 meses ya tienen un desarrollo para ser madres. Si están bien alimentadas y con un buen peso, el productor puede decidir ponerlas al servicio, o bien esperar un poco más y hacer un servicio de entre 24 y 27 meses", explicó Frigerio.

Si el ejemplar reúne las condiciones, es probable que logre quedar preñado y realizar con éxito su primer parto. Pero una vez que dio a luz, corre el riesgo de no recuperarse de la mejor manera para un segundo servicio por haber disminuido mucho su condición corporal. Y además necesitará nutrientes para continuar con su propio desarrollo y con el de su cría. "Por eso es la categoría que hay que cuidar más", remarcó.

Más allá de la vaca

Existen varios factores que afectan o inciden en la fecundidad de una vaca.  Algunos están en las propias características del animal y otros están vinculados al ambiente que la rodea y el forraje con el que se alimenta.

"Lo más determinante para un índice de preñez alto es el estado nutricional de la vaca. Porque para que entre a servicio tiene que tener una condición corporal que le permita tener un ciclo. Cuando el animal pare, tiene que poder recuperarse en un máximo de tres meses para poder volver a quedar preñado, de modo que alcance a producir un ternero por año", sostuvo Guzmán.

La Condición Corporal (CC) es un parámetro que permite evaluar el estado de un vacuno con más detalle y confiabilidad que el simple dato del peso. Generalmente se mide en una escala del 1 al 5 y permite tener una noción sobre la energía, nutrientes y musculación que tiene el animal. "Lo ideal es que tengan una CC de, por lo menos, entre 2, 7 y 3 puntos para ingresar al servicio, gestar y parir", indicó.

Pero también es importante la sanidad del rodeo y que estén libres de enfermedades venéreas. "Eso es algo que nosotras damos casi como un supuesto, porque en la provincia hay planes de vacunación y en general hay muy buena sanidad y los productores consultan constantemente a los veterinarios", sostuvo Frigerio.

Bengolea agregó que otro de los factores importantes es tener garantizada la aptitud reproductiva de los toros del plantel. "De la totalidad de las vacas que se busca preñar, es necesario tener al menos un 3% de toros, que a su vez tienen que tener buenas condiciones sanitarias y una buena estructura para poder caminar y buscar a las vacas. En zonas de potreros muy grandes, como es el sur de San Luis, siempre se requiere un poco más, alrededor de un 5%, porque se tienen que desplazar mucho en montes difíciles para poder llegar alcanzar a las hembras", señaló la veterinaria.

Pero también cobran una especial dimensión aquellos factores externos al animal, tanto las condiciones ambientales como las estrategias que el criador aplique para manejar el forraje y la alimentación. Es en este último aspecto donde las investigadoras encuentran una posible explicación a las bajas que padecen los productores de Dupuy.

"Como hubo buenas precipitaciones, hubo un gran volumen de pastos. Pero si bien había mucha cantidad, pueden haber sido deficientes en el contenido nutricional. Entonces no llegan a cubrir los requerimientos del animal", hipotetizó Guzmán.

En la mayoría de los establecimientos utilizan al pasto llorón como parte de la cadena forrajera durante la primavera y el verano. Durante ese lapso, las vacas pueden ingresar a comer unas cuatro o cinco veces, siempre y cuando las lluvias acompañen.

"Pero si nosotros no manejamos bien la carga (cantidad de vacas por hectárea), no van a alcanzar a comerse todo el pasto. Entonces, va a durar más pero la calidad no va a ser la misma. Aumenta la cantidad de forraje o biomasa, pero los nutrientes se diluyen", expuso Frigerio, de profesión agrónoma.

"Desde hace algunos años se viene dando una sub-utilización de esos pastos. Entonces siempre va quedando un poco, se va acumulando y va perdiendo calidad", agregó Guzmán.

Inés Valle planteó que para remediarlo "es muy importante la estrategia de la quema prescripta, pero no siempre están disponibles los permisos al momento en que el productor debería ejecutar la acción".

Las bajas cargas de los lotes pueden tener diferentes explicaciones. Una de ellas es que durante el kirchnerismo, muchos establecimientos tuvieron que reducir la cantidad de cabezas porque la ganadería había dejado de ser rentable. Pero también, "como son potreros muy grandes, con mucho monte, cuesta mucho manejar la carga. Son cuestiones de manejo, que son casi individuales, que no se pueden generalizar. Cada campo tiene su realidad de cantidad de empleados, la frecuencia con la que pueden recorrerlo, las distancias", contemplaron las técnicas.

Con esto en mente, las investigadoras y los centros ganaderos se pusieron de acuerdo para hacer un seguimiento de los pastizales, realizar ensayos y estudiar los nutrientes de las pasturas y de los suelos. Pero como estrategia más inmediata, sugirieron suplementar la dieta con los nutrientes que le faltan a los vacunos para una mejor condición corporal, pero también realizar una adecuada fertilización de los llorones, para darle los componentes que son escasos.

"Lo que se advierte es que más allá de las condiciones ambientales que pueden estar afectando el forraje, también hay que hacer más seguimientos sobre el rodeo, para ver el nivel de reservas corporales y evolución", rescató Valle.

Nota: Juan Luna

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Preñez, el índice que se gesta desde los suelos

Varios ganaderos del sur de la provincia obtuvieron porcentajes más bajos de los esperados. A raíz de ello, los especialistas aconsejan mirar el manejo de las pasturas.

Polo ganadero. El Departamento Dupuy es el que más cabezas tiene en todo San Luis y ostenta más del 30% del stock provincial.

El índice de preñez es una estadística fundamental para cualquier establecimiento ganadero, desde el más pequeño hasta el más grande. Junto a las tasas de parición y destete, son las cifras a las que más atención le prestan quienes se dedican al duro negocio de las vacas. Sobre todo aquéllos que se especializan en los rodeos de cría, donde la rentabilidad está sujeta, casi exclusivamente, al número de terneros que nacerán cada año.

Esta temporada, varios productores del sur de la provincia no tuvieron el desempeño que anhelaban y obtuvieron porcentajes de preñez por debajo de lo esperado. Para ser justos, hay que decir que hubo muchos otros criadores que sí alcanzaron excelentes resultados, incluso más altos que los de años anteriores. Pero existe una inquietud generalizada porque hubo más de uno, de esa larga franja que inicia en Buena Esperanza y llega a los límites con La Pampa, que notó un rendimiento más bajo. Tal es así que hace unas semanas organizaron una jornada técnica en Unión, para intercambiar datos y conseguir asesoramiento de investigadores del INTA en la búsqueda de una explicación y, en la medida de lo posible, una solución.

La revista El Campo aprovechó esta preocupación para indagar en los factores que influyen en el nivel de fecundidad de las hembras de un plantel vacuno. Un grupo de especialistas del INTA, el mismo que llegó hasta el sur para asesorar a los productores, sugiere que es necesario ampliar la mirada y prestar atención no sólo al estado físico del animal y a las condiciones del servicio. Para afinar la puntería y mejorar los números, hay que hacer foco en el manejo de las pasturas que se utilizan como forraje y empezar a pensar en la preñez de una vaca, aunque suene extraño, desde la tierra que pisa.

Radiografía del sur

El Departamento Dupuy es el polo ganadero más fuerte de todo el territorio provincial. Un estudio muy completo que realizó la Fundación de Investigación Social Argentino Latinoamericana (FISAL) sobre la cadena de producción de carne en San Luis, reveló que de las 1.439.230 de cabezas que existían en la provincia en 2014, 442.075 pertenecían a rodeos del departamento más austral, lo que representaba un 31% del stock total.

Esparcidos por todo ese extenso terreno se encuentran los campos de reconocidas firmas ganaderas y algunas cabañas de renombre nacional. También hay un intenso mercado de hacienda, con ferias de consignatarias como Alfredo S. Mondino, que se caracterizan por la calidad y la cantidad de los encierres.

Pero lo que más predomina son los rodeos de cría, que tienen como principal objetivo producir terneros para vender, y luego recriar y engordar. De hecho, del total de cabezas relevadas por FISAL en Dupuy, el 51% eran vacas y el 13% vaquillonas, lo que habla de que hay un gran cantidad de hembras en los planteles porque se utilizan como madres, mientras que los machos, que no son toros, suelen destinarse a la venta.

De manera que una merma en la cantidad de vacas o vaquillonas que logran quedar preñadas representa una caída en productividad y rentabilidad. "El objetivo de la cría es tener un ternero por vaca por año. Si vos bajás el porcentaje de preñez, representa una pérdida económica grande porque esa hembra está consumiendo mucho alimento, más todos los requerimientos sanitarios, y va a estar todo un año sin producir", explicó la investigadora de INTA, María Laura Guzmán.

El índice y las bajas

El índice de preñez es una estadística que se obtiene de un cálculo muy sencillo. De la totalidad de las hembras que se enviaron a servicio, ya sea un entore natural o a un proceso de inseminación artificial, hay que contar cuántas resultaron preñadas.

Para determinar si la vaca está gestando se puede realizar una ecografía o recurrir a la técnica de tacto que hace el veterinario y que es el método más utilizado en la provincia. Por eso, "el índice de preñez se calcula entre 45 y 60 días después del servicio, porque hay que tocar el ternero con la mano. Pero si se hace antes de ese tiempo y todavía es muy chico, no se llega a palpar y encima se corre el riesgo de dañarlo", advirtió Adriana Bengolea, quien también integra el grupo de investigadoras en Producción y Sanidad Animal en la Estación Experimental de Villa Mercedes.

Pero al ser tan temprano, el porcentaje es una estadística preliminar que puede cambiar, porque algún ternero puede morir durante el embarazo o en el momento del parto. Por lo que la preñez debe complementarse luego con el índice de parición y más tarde con el de destete. En una situación ideal, el número de vacas preñadas debería ser casi igual a la cantidad de terneros que salen del destete. "Siempre hay un 2% o un 3% de diferencia que es normal, porque el veterinario o el ecógrafo pueden fallar y porque siempre hay pérdidas, como en cualquier especie animal. Si hay una brecha más grande, significa que hay algún problema o alguna enfermedad infecciosa", aclaró.

En el sur de la provincia, como en muchos otros lugares de impronta ganadera, los productores suelen aglutinarse en grupos, cooperativas o centros, para intercambiar datos, experiencias y tener un crecimiento conjunto. Uno de ellos, el grupo "Ganaderos de Dupuy", reúne a nueve productores que tienen sus rodeos en el departamento, algunos en la línea oeste y otros en la zona más central, desde Anchorena hasta Batavia. Su coordinadora, Inés Valle, fue una de las que expuso la cuestión de la preñez en la jornada que el INTA de Unión organizó para hacer un seguimiento.

Valle, quien es ingeniera agrónoma, reveló que el grupo tenía un promedio de 90% de preñez en 2014 y de 91% en 2015, sobre un total aproximado de 11.000 vacas. Pero para 2016, el porcentaje bajó hasta el 77%.

Este año, con un gran promedio de lluvias que habían aumentado el volumen de pasturas, los criadores esperaban que la cifra aumentara a los valores normales del grupo, pero se estancó en un 84%.

La investigadora Karina Frigerio sostuvo que entre los distintos productores que manifestaron sus preocupaciones, había distintas realidades. Algunos registraron bajas de un 6%, mientras que hubo casos extremos de un 20% de descenso. En promedio, estiman que hubo una caída de alrededor del 10%, y que hubo asesores y técnicos que representaban a unos 40 establecimientos.

La mayor cantidad de bajas se presentaron en las vaquillonas de segundo servicio, que es justamente la categoría vacuna más sensible.

"Las vaquillonas son animales que siguen en crecimiento. A partir de los 15 meses ya tienen un desarrollo para ser madres. Si están bien alimentadas y con un buen peso, el productor puede decidir ponerlas al servicio, o bien esperar un poco más y hacer un servicio de entre 24 y 27 meses", explicó Frigerio.

Si el ejemplar reúne las condiciones, es probable que logre quedar preñado y realizar con éxito su primer parto. Pero una vez que dio a luz, corre el riesgo de no recuperarse de la mejor manera para un segundo servicio por haber disminuido mucho su condición corporal. Y además necesitará nutrientes para continuar con su propio desarrollo y con el de su cría. "Por eso es la categoría que hay que cuidar más", remarcó.

Más allá de la vaca

Existen varios factores que afectan o inciden en la fecundidad de una vaca.  Algunos están en las propias características del animal y otros están vinculados al ambiente que la rodea y el forraje con el que se alimenta.

"Lo más determinante para un índice de preñez alto es el estado nutricional de la vaca. Porque para que entre a servicio tiene que tener una condición corporal que le permita tener un ciclo. Cuando el animal pare, tiene que poder recuperarse en un máximo de tres meses para poder volver a quedar preñado, de modo que alcance a producir un ternero por año", sostuvo Guzmán.

La Condición Corporal (CC) es un parámetro que permite evaluar el estado de un vacuno con más detalle y confiabilidad que el simple dato del peso. Generalmente se mide en una escala del 1 al 5 y permite tener una noción sobre la energía, nutrientes y musculación que tiene el animal. "Lo ideal es que tengan una CC de, por lo menos, entre 2, 7 y 3 puntos para ingresar al servicio, gestar y parir", indicó.

Pero también es importante la sanidad del rodeo y que estén libres de enfermedades venéreas. "Eso es algo que nosotras damos casi como un supuesto, porque en la provincia hay planes de vacunación y en general hay muy buena sanidad y los productores consultan constantemente a los veterinarios", sostuvo Frigerio.

Bengolea agregó que otro de los factores importantes es tener garantizada la aptitud reproductiva de los toros del plantel. "De la totalidad de las vacas que se busca preñar, es necesario tener al menos un 3% de toros, que a su vez tienen que tener buenas condiciones sanitarias y una buena estructura para poder caminar y buscar a las vacas. En zonas de potreros muy grandes, como es el sur de San Luis, siempre se requiere un poco más, alrededor de un 5%, porque se tienen que desplazar mucho en montes difíciles para poder llegar alcanzar a las hembras", señaló la veterinaria.

Pero también cobran una especial dimensión aquellos factores externos al animal, tanto las condiciones ambientales como las estrategias que el criador aplique para manejar el forraje y la alimentación. Es en este último aspecto donde las investigadoras encuentran una posible explicación a las bajas que padecen los productores de Dupuy.

"Como hubo buenas precipitaciones, hubo un gran volumen de pastos. Pero si bien había mucha cantidad, pueden haber sido deficientes en el contenido nutricional. Entonces no llegan a cubrir los requerimientos del animal", hipotetizó Guzmán.

En la mayoría de los establecimientos utilizan al pasto llorón como parte de la cadena forrajera durante la primavera y el verano. Durante ese lapso, las vacas pueden ingresar a comer unas cuatro o cinco veces, siempre y cuando las lluvias acompañen.

"Pero si nosotros no manejamos bien la carga (cantidad de vacas por hectárea), no van a alcanzar a comerse todo el pasto. Entonces, va a durar más pero la calidad no va a ser la misma. Aumenta la cantidad de forraje o biomasa, pero los nutrientes se diluyen", expuso Frigerio, de profesión agrónoma.

"Desde hace algunos años se viene dando una sub-utilización de esos pastos. Entonces siempre va quedando un poco, se va acumulando y va perdiendo calidad", agregó Guzmán.

Inés Valle planteó que para remediarlo "es muy importante la estrategia de la quema prescripta, pero no siempre están disponibles los permisos al momento en que el productor debería ejecutar la acción".

Las bajas cargas de los lotes pueden tener diferentes explicaciones. Una de ellas es que durante el kirchnerismo, muchos establecimientos tuvieron que reducir la cantidad de cabezas porque la ganadería había dejado de ser rentable. Pero también, "como son potreros muy grandes, con mucho monte, cuesta mucho manejar la carga. Son cuestiones de manejo, que son casi individuales, que no se pueden generalizar. Cada campo tiene su realidad de cantidad de empleados, la frecuencia con la que pueden recorrerlo, las distancias", contemplaron las técnicas.

Con esto en mente, las investigadoras y los centros ganaderos se pusieron de acuerdo para hacer un seguimiento de los pastizales, realizar ensayos y estudiar los nutrientes de las pasturas y de los suelos. Pero como estrategia más inmediata, sugirieron suplementar la dieta con los nutrientes que le faltan a los vacunos para una mejor condición corporal, pero también realizar una adecuada fertilización de los llorones, para darle los componentes que son escasos.

"Lo que se advierte es que más allá de las condiciones ambientales que pueden estar afectando el forraje, también hay que hacer más seguimientos sobre el rodeo, para ver el nivel de reservas corporales y evolución", rescató Valle.

Nota: Juan Luna

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