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Del hambre al sobrepeso, el drama alimentario de América Latina

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Del hambre al sobrepeso, el drama alimentario de América Latina

Hace falta un cambio de paradigma en la forma en que se producen, consumen y comercializan los alimentos en los países de América Latina y el Caribe, si se quieren frenar los problemas de salud asociados a una mala nutrición. A esta conclusión llegaron los especialistas reunidos en el Simposio Regional sobre Sistemas Alimentarios Sostenibles para la Alimentación Saludable fue organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y por la Organización Panamericana para la Salud (OPS).

Encontrar sistemas de producción alimentarios sanos y sostenibles fue la idea que debatieron expertos, académicos y representantes de gobiernos del área, en San Salvador, la pasada semana. El reto es abrumador: combatir no sólo el hambre y la malnutrición, sino también el sobrepeso y la obesidad en América Latina y el Caribe, cuando esos padecimientos ganan terreno en la región de más de 640 millones de personas.

En 2012, 38 millones de personas murieron por enfermedades no transmisibles, de los que 48 por ciento eran menores de 70 años. Personas que no debieron haber muerto. Buena parte de esas enfermedades, como diabetes e hipertensión, están vinculadas a procesos de sobrepeso y obesidad, y con ello, a la alimentación.

La región había ejercido un importante liderazgo mundial, de la mano de políticas públicas integrales para enfrentar el hambre y se logró sacar a 26 millones del estado de inseguridad alimentaria desde 1990 hasta hoy.

Pero hace cinco años que ese avance se detuvo. La FAO publicará un informe en el que confirmará que, por primera vez en una generación, el planeta, y también la región, han retrocedido en la lucha contra el hambre.

En cuanto al sobrepeso, 24 países del área presentan una proporción de personas obesas en valores cercanos o superiores a 20 por ciento de la población. Sin embargo, Chile, México y Bahamas están por encima de 30 por ciento y Uruguay, Argentina y Trinidad y Tobago con cerca de 29 por ciento.

De acuerdo a la FAO, la obesidad está erosionando las oportunidades de desarrollo de casi cuatro millones de niños latinoamericanos y caribeños. En Brasil y en Paraguay representan 12 por ciento de ese grupo poblacional, en Chile, Bolivia y en México, nueve por ciento, y en El Salvador, seis por ciento.

La iniciativa de Escuelas Sostenibles, apoyada por la FAO y con el respaldo financiero de Brasil, se desarrolla en 10 de los 14 departamentos de El Salvador, e incluye a 40 de los 262 municipios y a 215 de las más de 3.000 escuelas ubicadas en el área rural. Beneficia a un total de 73.000 estudiantes.

Explorar experiencias como el programa alimentario escolar salvadoreño y de iniciativas similares en otros países fue parte del debate en el foro en la capital salvadoreña.

Un debate que se impone como lógica a una mala gestión, casi endémica, de los alimentos en el mundo. Porque nada cuesta trasladar la problemática de América Latina y el Caribe, a otras regiones del planeta como África o Asia.

Resulta casi absurdo comprobar que con los millones de toneladas de alimentos que se arrojan a la basura año tras año, se podría paliar el hambre en toda la Tierra. Y aunque el sobrepeso golpea fuertemente sobre la salud de las personas, está claro que solucionar la falta de alimento es prioritario, al menos con respecto a la mala alimentación.

También resulta absurdo que los grandes medios de comunicación, concentrados en manos con intereses corporativos muy puntuales, impongan una agenda de “interés general” que nada tiene que ver con una realidad acuciante. Como el fin de semana que acaba de concluir, donde pareciera que la “única noticia” destacada, haya sido el paso del huracán “Irma”, por distintas regiones del Caribe y la Península de Florida. Llamativo. Bastante.

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Del hambre al sobrepeso, el drama alimentario de América Latina

Ilustración: Pablo Blasberg.

Hace falta un cambio de paradigma en la forma en que se producen, consumen y comercializan los alimentos en los países de América Latina y el Caribe, si se quieren frenar los problemas de salud asociados a una mala nutrición. A esta conclusión llegaron los especialistas reunidos en el Simposio Regional sobre Sistemas Alimentarios Sostenibles para la Alimentación Saludable fue organizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y por la Organización Panamericana para la Salud (OPS).

Encontrar sistemas de producción alimentarios sanos y sostenibles fue la idea que debatieron expertos, académicos y representantes de gobiernos del área, en San Salvador, la pasada semana. El reto es abrumador: combatir no sólo el hambre y la malnutrición, sino también el sobrepeso y la obesidad en América Latina y el Caribe, cuando esos padecimientos ganan terreno en la región de más de 640 millones de personas.

En 2012, 38 millones de personas murieron por enfermedades no transmisibles, de los que 48 por ciento eran menores de 70 años. Personas que no debieron haber muerto. Buena parte de esas enfermedades, como diabetes e hipertensión, están vinculadas a procesos de sobrepeso y obesidad, y con ello, a la alimentación.

La región había ejercido un importante liderazgo mundial, de la mano de políticas públicas integrales para enfrentar el hambre y se logró sacar a 26 millones del estado de inseguridad alimentaria desde 1990 hasta hoy.

Pero hace cinco años que ese avance se detuvo. La FAO publicará un informe en el que confirmará que, por primera vez en una generación, el planeta, y también la región, han retrocedido en la lucha contra el hambre.

En cuanto al sobrepeso, 24 países del área presentan una proporción de personas obesas en valores cercanos o superiores a 20 por ciento de la población. Sin embargo, Chile, México y Bahamas están por encima de 30 por ciento y Uruguay, Argentina y Trinidad y Tobago con cerca de 29 por ciento.

De acuerdo a la FAO, la obesidad está erosionando las oportunidades de desarrollo de casi cuatro millones de niños latinoamericanos y caribeños. En Brasil y en Paraguay representan 12 por ciento de ese grupo poblacional, en Chile, Bolivia y en México, nueve por ciento, y en El Salvador, seis por ciento.

La iniciativa de Escuelas Sostenibles, apoyada por la FAO y con el respaldo financiero de Brasil, se desarrolla en 10 de los 14 departamentos de El Salvador, e incluye a 40 de los 262 municipios y a 215 de las más de 3.000 escuelas ubicadas en el área rural. Beneficia a un total de 73.000 estudiantes.

Explorar experiencias como el programa alimentario escolar salvadoreño y de iniciativas similares en otros países fue parte del debate en el foro en la capital salvadoreña.

Un debate que se impone como lógica a una mala gestión, casi endémica, de los alimentos en el mundo. Porque nada cuesta trasladar la problemática de América Latina y el Caribe, a otras regiones del planeta como África o Asia.

Resulta casi absurdo comprobar que con los millones de toneladas de alimentos que se arrojan a la basura año tras año, se podría paliar el hambre en toda la Tierra. Y aunque el sobrepeso golpea fuertemente sobre la salud de las personas, está claro que solucionar la falta de alimento es prioritario, al menos con respecto a la mala alimentación.

También resulta absurdo que los grandes medios de comunicación, concentrados en manos con intereses corporativos muy puntuales, impongan una agenda de “interés general” que nada tiene que ver con una realidad acuciante. Como el fin de semana que acaba de concluir, donde pareciera que la “única noticia” destacada, haya sido el paso del huracán “Irma”, por distintas regiones del Caribe y la Península de Florida. Llamativo. Bastante.

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