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Merkel y la vocación del poder

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Merkel y la vocación del poder

La canciller Angela Merkel celebró la perspectiva de un gobierno “estable” en Alemania, tras el acuerdo logrado en unas duras negociaciones con los socialdemócratas, que le salió muy caro, pero le abre las puertas a un cuarto mandato.
Sólo la tenacidad y la vocación de poder de una de las líderes globales más fuertes de las últimas décadas, ha sido capaz de encauzar una negociación trascendental, no sólo para Alemania, si no también para el resto de Europa.
“Estoy convencida de que este contrato de coalición es el pilar del gobierno estable que necesita nuestro país y que mucha gente en el mundo espera de nosotros”, dijo la dirigente conservadora tras la última ronda de negociaciones, de 24 horas seguidas, en Berlín.
Ante las reticencias del Partido Socialdemócrata (SPD) para aliarse de nuevo con los conservadores, estos tuvieron que hacer varias concesiones. El SPD de Martin Schulz obtendrá así varias carteras clave, como la de Finanzas.
 Esto marca una ruptura con la herencia del ortodoxo Wolfgang Schaeuble, conservador y titular de Finanzas durante ocho años, hasta finales de 2017. Se cree que esta responsabilidad la asumirá ahora Olaf Scholz, alcalde de Hamburgo, la segunda ciudad del país, y una figura respetada del SPD. “Admito que la cuestión de quién obtiene qué ministerio no fue sencilla”, reconoció Merkel.
Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, podría convertirse en jefe de la diplomacia alemana, un cambio drástico para quien, aún a finales de 2017, aseguraba que no participaría en un gobierno de Merkel.
La CSU, los aliados bávaros de Merkel y el ala más a la derecha de su familia política, controlará un súper Ministerio del Interior, la Construcción y la Patria, una garantía para su electorado más conservador.
El partido lleva dos años denunciando la generosa política migratoria de la canciller. Según el diario “Bild”, Merkel cedió demasiado para evitar unas nuevas elecciones. “¿Qué preció ha pagado? ¡Es casi un sacrificio personal! ¿Qué queda realmente de ella?”, insiste el periódico. “Que Merkel ceda de esta manera ilustra la erosión de su poder en materia de política europea”.
A Merkel no le quedaba margen de error si quería permanecer en el poder. Las elecciones legislativas de setiembre, marcadas por el repliegue de los partidos tradicionales y el avance de la extrema derecha, no proporcionaron una mayoría clara en la Cámara de Diputados.
Las discusiones se atascaron durante un tiempo en la cuestión del gasto militar y, sobre todo, en el mercado de trabajo y en una reforma de la seguridad social dirigida a reducir las desigualdades entre la sanidad pública y privada.
Para comenzar su nuevo mandato de cuatro años, la canciller, de 63, aún tiene que superar un importante obstáculo: el voto de 460.000 militantes del SPD, que se pronunciarán en una consulta interna por correo que se llevará a cabo durante varias semanas. El partido, creado a finales del Siglo XIX, sigue muy dividido sobre la decisión de apoyar un nuevo Ejecutivo liderado por los conservadores del bloque CDU-CSU.
Tanto el SPD como los conservadores temen unos nuevos comicios, de los que se beneficiaría sobre todo la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), como muestran los últimos sondeos, y complicarían aún más la búsqueda de mayorías.
La capacidad estratégica de Merkel, más su probada convicción de administrar y ejercer el poder, hoy “garantizan” que Alemania no “descarrile” hacia la extrema derecha. Pero en un par de años el tema volverá a discutirse, y quizás allí, ya no haya “una Merkel”, para mostrar. El tiempo decide.
 

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Merkel y la vocación del poder

La canciller Angela Merkel celebró la perspectiva de un gobierno “estable” en Alemania, tras el acuerdo logrado en unas duras negociaciones con los socialdemócratas, que le salió muy caro, pero le abre las puertas a un cuarto mandato.
Sólo la tenacidad y la vocación de poder de una de las líderes globales más fuertes de las últimas décadas, ha sido capaz de encauzar una negociación trascendental, no sólo para Alemania, si no también para el resto de Europa.
“Estoy convencida de que este contrato de coalición es el pilar del gobierno estable que necesita nuestro país y que mucha gente en el mundo espera de nosotros”, dijo la dirigente conservadora tras la última ronda de negociaciones, de 24 horas seguidas, en Berlín.
Ante las reticencias del Partido Socialdemócrata (SPD) para aliarse de nuevo con los conservadores, estos tuvieron que hacer varias concesiones. El SPD de Martin Schulz obtendrá así varias carteras clave, como la de Finanzas.
 Esto marca una ruptura con la herencia del ortodoxo Wolfgang Schaeuble, conservador y titular de Finanzas durante ocho años, hasta finales de 2017. Se cree que esta responsabilidad la asumirá ahora Olaf Scholz, alcalde de Hamburgo, la segunda ciudad del país, y una figura respetada del SPD. “Admito que la cuestión de quién obtiene qué ministerio no fue sencilla”, reconoció Merkel.
Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, podría convertirse en jefe de la diplomacia alemana, un cambio drástico para quien, aún a finales de 2017, aseguraba que no participaría en un gobierno de Merkel.
La CSU, los aliados bávaros de Merkel y el ala más a la derecha de su familia política, controlará un súper Ministerio del Interior, la Construcción y la Patria, una garantía para su electorado más conservador.
El partido lleva dos años denunciando la generosa política migratoria de la canciller. Según el diario “Bild”, Merkel cedió demasiado para evitar unas nuevas elecciones. “¿Qué preció ha pagado? ¡Es casi un sacrificio personal! ¿Qué queda realmente de ella?”, insiste el periódico. “Que Merkel ceda de esta manera ilustra la erosión de su poder en materia de política europea”.
A Merkel no le quedaba margen de error si quería permanecer en el poder. Las elecciones legislativas de setiembre, marcadas por el repliegue de los partidos tradicionales y el avance de la extrema derecha, no proporcionaron una mayoría clara en la Cámara de Diputados.
Las discusiones se atascaron durante un tiempo en la cuestión del gasto militar y, sobre todo, en el mercado de trabajo y en una reforma de la seguridad social dirigida a reducir las desigualdades entre la sanidad pública y privada.
Para comenzar su nuevo mandato de cuatro años, la canciller, de 63, aún tiene que superar un importante obstáculo: el voto de 460.000 militantes del SPD, que se pronunciarán en una consulta interna por correo que se llevará a cabo durante varias semanas. El partido, creado a finales del Siglo XIX, sigue muy dividido sobre la decisión de apoyar un nuevo Ejecutivo liderado por los conservadores del bloque CDU-CSU.
Tanto el SPD como los conservadores temen unos nuevos comicios, de los que se beneficiaría sobre todo la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), como muestran los últimos sondeos, y complicarían aún más la búsqueda de mayorías.
La capacidad estratégica de Merkel, más su probada convicción de administrar y ejercer el poder, hoy “garantizan” que Alemania no “descarrile” hacia la extrema derecha. Pero en un par de años el tema volverá a discutirse, y quizás allí, ya no haya “una Merkel”, para mostrar. El tiempo decide.
 

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