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"Si te controlás, podés hacer una vida normal"

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"Si te controlás, podés hacer una vida normal"

Alejandro Samos

Federico Freire, es volante de Estudiantes de San Luis y convive con la enfermedad desde hace 10 años. Cuando se la detectaron, le dijeron que no podía jugar más. Pero siguió luchando, por amor al fútbol.

Federico Freire, actual jugador de Estudiantes de San Luis, convive hace 10 años con la diabetes tipo 1. Cuando se le despertó la enfermedad estaba en su mejor momento deportivo y una nutricionista le vaticinó que no podría jugar nunca más al fútbol. Por supuesto que se deprimió y estuvo cerca de tomar la decisión de colgar los botines, pero por suerte se rodeó de gente que lo supo aconsejar, luchó como un guerrero contra la adversidad y hoy, pese a medirse los niveles de glucosa entre 4 y 5 veces por día, hace una vida normal y sigue disfrutando día a día de su pasión.

Federico era una promesa de las inagotables inferiores de Vélez Sarsfield. En 2007, con 17 años, la rompía en la sexta división, a tal punto que ya tenía un lugar asegurado en la lista de buena fe del Seleccionado juvenil para viajar al Panamericano de Brasil y, poco después, también al Mundial de la categoría que se iba a disputar en Corea. Esa convocatoria lo llevó a hacerse un análisis de sangre y orina, pura rutina para obtener el apto físico, pero el estudio develó un resultado durísimo de asimilar para un joven deportista.

“Era un lunes al mediodía, yo estaba con mi mamá y viajaba el miércoles con la Selección. Me pidieron si me podía presentar en la Clínica Mitre, llegué y me dijeron que tenía diabetes tipo 1. Ahí psicológicamente me agarró un ataque de locura y me internaron para estabilizarme. Al día siguiente una nutricionista me dijo que no podía jugar más al fútbol. Me tuvieron internado una semana y media”, recordó Federico.

La frase de la nutricionista y el desconocimiento de la enfermedad lo destruyeron. “Estaba muerto, arruinado mentalmente, fui a ver a Omar Asad, mi técnico en sexta división y le dije que no iba a jugar más. Me pidió que me tome dos semanas para pensar y fue un buen consejo porque extrañé lo que hacía. Tuve muchos inconvenientes porque no me animaba a entrenar, me daba vergüenza, que todo el mundo supiera lo que me pasaba. La diabetes es una enfermedad de tratamiento complicado, porque te pinchás para medirte la glucosa, para ponerte insulina, no es una pastilla y se terminó”, explicó el volante.

Fue casi un año el que Federico luchó contra su vergüenza y angustia. Su madre lo llevaba hasta Liniers, desde ahí salía un colectivo del club para trasladar a los jugadores a entrenar al predio de Ituzaingó, en el Gran Buenos Aires. Muchos de esos días se escondía, dejaba que las horas pasen y se volvía en colectivo a su casa. “Fue un momento feo, le mentía al cuerpo técnico, me mentía a mí mismo, le mentía a mis papás”.

En uno de esos viajes de regreso a casa vivió una situación que le cambió la perspectiva de su problema para siempre. Derrumbado, en un asiento de la línea 37 y con la mente fija en dejar el fútbol, Federico vio a un canillita que subió a vender al colectivo. “Le faltaba un brazo y además de vender diarios les regalaba una sonrisa enorme a sus clientes y a la vida. En ese momento pensé: yo no puedo no pelear contra la diabetes si ese hombre la pelea así”.

Un representante que tenía en ese momento le presentó al diabetólogo Luis Grosembache. “La primera vez que llegué a su consultorio me dijo: ‘Despreocupate porque podés tener la vida normal de cualquiera’. Yo pensé ¿Cómo la vida de cualquiera si yo tengo diabetes y me sentía un bicho raro? Me explicó lo que es la enfermedad y cómo se maneja”, contó Freire, y agregó: “Me costó casi tres años adaptarme a mi nueva condición. Pasa que la gente tiene una muy mala información sobre la diabetes, es preocupante”.

Su carrera fue creciendo. Un buen paso por la primera de Vélez le permitió emigrar al Catania, en la liga italiana de fútbol. Más tarde regresó a Sudamérica, después a la Argentina y hoy es uno de los volantes titulares de Estudiantes, bajo las órdenes de uno de los técnicos más importantes de su carrera, Omar Asad, el que le pidió que pensara bien antes de dejar el fútbol.

Hace años que Freire sigue visitando la Liga Argentina de Protección al Diabético, que ayuda a los más pequeños en la lucha contra la enfermedad. Cuenta su testimonio y da consejos a quienes le escriben en redes sociales.

A la nutricionista que le prohibió jugar no la volvió a ver, aunque Federico confiesa que le gustaría encontrarla, para preguntarle por qué le dijo eso en el peor momento de su vida.

 

Federico disertará este martes en El Diario de la República: 

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"Si te controlás, podés hacer una vida normal"

Federico Freire, es volante de Estudiantes de San Luis y convive con la enfermedad desde hace 10 años. Cuando se la detectaron, le dijeron que no podía jugar más. Pero siguió luchando, por amor al fútbol.

Freire vive su enfermedad con naturalidad. Foto: Martín Gómez 

Federico Freire, actual jugador de Estudiantes de San Luis, convive hace 10 años con la diabetes tipo 1. Cuando se le despertó la enfermedad estaba en su mejor momento deportivo y una nutricionista le vaticinó que no podría jugar nunca más al fútbol. Por supuesto que se deprimió y estuvo cerca de tomar la decisión de colgar los botines, pero por suerte se rodeó de gente que lo supo aconsejar, luchó como un guerrero contra la adversidad y hoy, pese a medirse los niveles de glucosa entre 4 y 5 veces por día, hace una vida normal y sigue disfrutando día a día de su pasión.

Federico era una promesa de las inagotables inferiores de Vélez Sarsfield. En 2007, con 17 años, la rompía en la sexta división, a tal punto que ya tenía un lugar asegurado en la lista de buena fe del Seleccionado juvenil para viajar al Panamericano de Brasil y, poco después, también al Mundial de la categoría que se iba a disputar en Corea. Esa convocatoria lo llevó a hacerse un análisis de sangre y orina, pura rutina para obtener el apto físico, pero el estudio develó un resultado durísimo de asimilar para un joven deportista.

“Era un lunes al mediodía, yo estaba con mi mamá y viajaba el miércoles con la Selección. Me pidieron si me podía presentar en la Clínica Mitre, llegué y me dijeron que tenía diabetes tipo 1. Ahí psicológicamente me agarró un ataque de locura y me internaron para estabilizarme. Al día siguiente una nutricionista me dijo que no podía jugar más al fútbol. Me tuvieron internado una semana y media”, recordó Federico.

La frase de la nutricionista y el desconocimiento de la enfermedad lo destruyeron. “Estaba muerto, arruinado mentalmente, fui a ver a Omar Asad, mi técnico en sexta división y le dije que no iba a jugar más. Me pidió que me tome dos semanas para pensar y fue un buen consejo porque extrañé lo que hacía. Tuve muchos inconvenientes porque no me animaba a entrenar, me daba vergüenza, que todo el mundo supiera lo que me pasaba. La diabetes es una enfermedad de tratamiento complicado, porque te pinchás para medirte la glucosa, para ponerte insulina, no es una pastilla y se terminó”, explicó el volante.

Fue casi un año el que Federico luchó contra su vergüenza y angustia. Su madre lo llevaba hasta Liniers, desde ahí salía un colectivo del club para trasladar a los jugadores a entrenar al predio de Ituzaingó, en el Gran Buenos Aires. Muchos de esos días se escondía, dejaba que las horas pasen y se volvía en colectivo a su casa. “Fue un momento feo, le mentía al cuerpo técnico, me mentía a mí mismo, le mentía a mis papás”.

En uno de esos viajes de regreso a casa vivió una situación que le cambió la perspectiva de su problema para siempre. Derrumbado, en un asiento de la línea 37 y con la mente fija en dejar el fútbol, Federico vio a un canillita que subió a vender al colectivo. “Le faltaba un brazo y además de vender diarios les regalaba una sonrisa enorme a sus clientes y a la vida. En ese momento pensé: yo no puedo no pelear contra la diabetes si ese hombre la pelea así”.

Un representante que tenía en ese momento le presentó al diabetólogo Luis Grosembache. “La primera vez que llegué a su consultorio me dijo: ‘Despreocupate porque podés tener la vida normal de cualquiera’. Yo pensé ¿Cómo la vida de cualquiera si yo tengo diabetes y me sentía un bicho raro? Me explicó lo que es la enfermedad y cómo se maneja”, contó Freire, y agregó: “Me costó casi tres años adaptarme a mi nueva condición. Pasa que la gente tiene una muy mala información sobre la diabetes, es preocupante”.

Su carrera fue creciendo. Un buen paso por la primera de Vélez le permitió emigrar al Catania, en la liga italiana de fútbol. Más tarde regresó a Sudamérica, después a la Argentina y hoy es uno de los volantes titulares de Estudiantes, bajo las órdenes de uno de los técnicos más importantes de su carrera, Omar Asad, el que le pidió que pensara bien antes de dejar el fútbol.

Hace años que Freire sigue visitando la Liga Argentina de Protección al Diabético, que ayuda a los más pequeños en la lucha contra la enfermedad. Cuenta su testimonio y da consejos a quienes le escriben en redes sociales.

A la nutricionista que le prohibió jugar no la volvió a ver, aunque Federico confiesa que le gustaría encontrarla, para preguntarle por qué le dijo eso en el peor momento de su vida.

 

Federico disertará este martes en El Diario de la República: 

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