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Se salvaron de un derrumbe gracias a una mano solidaria

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Se salvaron de un derrumbe gracias a una mano solidaria

Una "brigada" de voluntarios los asistió y pudieron reconstruir la cubierta de una de sus habitaciones.

"Para nosotros significó un gesto enorme. Nos hicieron muy felices", expresó Silvia Fretes. La vecina del barrio San Antonio que vive junto a su esposo Manuel González en una precaria casa al fondo de la calle Pescadores, entre los pocos campos que costean el complejo del oeste. Hace algún tiempo, el techo de la habitación donde duermen seis de sus nueve hijos estaba a punto de colapsar pero una mano solidaria los salvó antes de que eso ocurriera.

La familia es vecina del San Antonio desde hace veinte años. Manuel es empleado del Plan de Inclusión Social y Silvia, ama de casa. En el pequeño terreno donde está su casa crían una decena de gallinas y gallos que los proveen de huevos. También tiene como mascotas dos caballos y dos perros callejeros.

Hace unos meses comenzaron a notar que la cubierta de una de sus dos piezas estaba a punto de colapsar.

"Nosotros estamos hace mucho tiempo acá y logramos mantenerla con lo poco que tenemos, pero ya se nos hacía imposible cambiar el techo pero por suerte ahora el panorama es otro", dijo Manuel mientras señalaba la nueva cubierta de aislante, chapas y tirantes que reemplazó a aquel añejo techo de blocks de cemento y material.

Los autores de la sonrisa que llevan ahora Silvia y su esposo fueron los integrantes de la "Brigada Solidaria", una decena de mujeres y hombres de distintos barrios que se unieron hace varios meses para ayudar a las familias más necesitadas de la ciudad.

"Son todos muy buenas personas. No sólo nos ayudaron con la casa también nos acompañaron con mates y le regalaron pelotas de fútbol a mis hijos. Fue una bendición", resaltó la ama de casa. Aunque reservada en sus palabras, la mujer dejó ver su alegría en sus ojos húmedos.

Silvia contó que la ayuda llegó el fin de semana. A las 8 de la mañana, casi en punto, un grupo de al menos unas diez personas llamaron a su puerta dispuestos a trabajar.

"Hicieron todo muy rápido y con mucha voluntad. Se fueron cerca de las 17. Hicieron un gran trabajo", señaló su esposo.

Manuel y algunos familiares también se arremangaron y ayudaron a cortar las chapas, separar los materiales, colgar y levantar los aislantes. Los hijos del matrimonio observaban con entusiasmo y esperaban la hora del descanso para invitarlos a jugar.

Manuel y Silvia resaltaron que no sólo recibieron ayuda de los voluntarios, también colaboraron  integrantes del merendero que funciona en la zona y les entregaron colchones y cuchetas para los más chiquitos del hogar. 

"Nos hacían mucha falta, con la última tormenta fuerte que hubo la semana pasada nos entró mucha agua y perdimos varias cosas. Gracias a la solidaridad de la gente que vino hasta casa pudimos recuperar gran parte de lo que nos faltaban en las habitaciones", dijo el empleado del Plan de Inclusión Social.

Ambos señalaron que el merendero fue un puente entre ellos y los chicos de la Brigada. "No los conocíamos pero cuando le contamos de nuestra situación a la gente de los comedores, vinieron a ver la casa y nos llegó la ayuda de inmediato. Después nos trajeron los muebles que nos hacían falta", dijo Silvia.

Además les arreglaron una habitación contigua que también estaba deteriorada. "Allí le pusieron los mismos materiales y reutilizamos algunos de los que sacamos con el techo que tuvimos que cambiar. Todo sirvió", expresó Manuel.

Los nueve pequeños ahora disfrutan de su renovada habitación. "Sólo nos queda hacerle un revoque pero nada más", dijo orgulloso González con una sonrisa. 

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Se salvaron de un derrumbe gracias a una mano solidaria

Una "brigada" de voluntarios los asistió y pudieron reconstruir la cubierta de una de sus habitaciones.

A salvo. Los más pequeños de los González pueden descansar más tranquilos en su nueva pieza. Foto: Héctor Portela.

"Para nosotros significó un gesto enorme. Nos hicieron muy felices", expresó Silvia Fretes. La vecina del barrio San Antonio que vive junto a su esposo Manuel González en una precaria casa al fondo de la calle Pescadores, entre los pocos campos que costean el complejo del oeste. Hace algún tiempo, el techo de la habitación donde duermen seis de sus nueve hijos estaba a punto de colapsar pero una mano solidaria los salvó antes de que eso ocurriera.

La familia es vecina del San Antonio desde hace veinte años. Manuel es empleado del Plan de Inclusión Social y Silvia, ama de casa. En el pequeño terreno donde está su casa crían una decena de gallinas y gallos que los proveen de huevos. También tiene como mascotas dos caballos y dos perros callejeros.

Hace unos meses comenzaron a notar que la cubierta de una de sus dos piezas estaba a punto de colapsar.

"Nosotros estamos hace mucho tiempo acá y logramos mantenerla con lo poco que tenemos, pero ya se nos hacía imposible cambiar el techo pero por suerte ahora el panorama es otro", dijo Manuel mientras señalaba la nueva cubierta de aislante, chapas y tirantes que reemplazó a aquel añejo techo de blocks de cemento y material.

Los autores de la sonrisa que llevan ahora Silvia y su esposo fueron los integrantes de la "Brigada Solidaria", una decena de mujeres y hombres de distintos barrios que se unieron hace varios meses para ayudar a las familias más necesitadas de la ciudad.

"Son todos muy buenas personas. No sólo nos ayudaron con la casa también nos acompañaron con mates y le regalaron pelotas de fútbol a mis hijos. Fue una bendición", resaltó la ama de casa. Aunque reservada en sus palabras, la mujer dejó ver su alegría en sus ojos húmedos.

Silvia contó que la ayuda llegó el fin de semana. A las 8 de la mañana, casi en punto, un grupo de al menos unas diez personas llamaron a su puerta dispuestos a trabajar.

"Hicieron todo muy rápido y con mucha voluntad. Se fueron cerca de las 17. Hicieron un gran trabajo", señaló su esposo.

Manuel y algunos familiares también se arremangaron y ayudaron a cortar las chapas, separar los materiales, colgar y levantar los aislantes. Los hijos del matrimonio observaban con entusiasmo y esperaban la hora del descanso para invitarlos a jugar.

Manuel y Silvia resaltaron que no sólo recibieron ayuda de los voluntarios, también colaboraron  integrantes del merendero que funciona en la zona y les entregaron colchones y cuchetas para los más chiquitos del hogar. 

"Nos hacían mucha falta, con la última tormenta fuerte que hubo la semana pasada nos entró mucha agua y perdimos varias cosas. Gracias a la solidaridad de la gente que vino hasta casa pudimos recuperar gran parte de lo que nos faltaban en las habitaciones", dijo el empleado del Plan de Inclusión Social.

Ambos señalaron que el merendero fue un puente entre ellos y los chicos de la Brigada. "No los conocíamos pero cuando le contamos de nuestra situación a la gente de los comedores, vinieron a ver la casa y nos llegó la ayuda de inmediato. Después nos trajeron los muebles que nos hacían falta", dijo Silvia.

Además les arreglaron una habitación contigua que también estaba deteriorada. "Allí le pusieron los mismos materiales y reutilizamos algunos de los que sacamos con el techo que tuvimos que cambiar. Todo sirvió", expresó Manuel.

Los nueve pequeños ahora disfrutan de su renovada habitación. "Sólo nos queda hacerle un revoque pero nada más", dijo orgulloso González con una sonrisa. 

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