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Un festejo que cada año recuerda el punto de partida

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Un festejo que cada año recuerda el punto de partida

El Instituto Santa Catalina, el 6 de agosto de 1883, fue el que lanzó por primera vez  el dictado de las carreras de nivel superior. Daba Agronomía, Veterinaria y Haras.

Los tiempos cambian y el avance de las tecnologías hacen su parte. Eso obligó a perfeccionar los trabajos de los establecimientos educativos del país. Al parecer fue Faustino Sarmiento quien impulso la creación de una carrera de nivel superior que tuviera vínculo con la producción agropecuaria. El día de los profesionales que se dedican a esas tareas vinculadas con la actividad rural quedó instaurado el 6 de agosto  porque en 1883 el Instituto Santa Catalina, que hoy se conoce como la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, presentó entre sus propuestas la carrera de Agronomía, Veterinaria y Haras, en lo que en ese momento creían iba a ser el fuerte de la economía argentina: el campo.

San Luis tuvo un profesional recibido en la primera escuela, Domingo Félix Preti, quien vino a hacer sus primeras armas a la zona y dejó el legado en su nieto, el veterinario y actual funcionario provincial Juan Manuel Celi Preti. 

Hoy la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora tiene 12 carreras de grado y pregrado. Además de tres maestrías: una en Floricultura, otra en Zootecnia y una en Procesamiento de cereales y oleaginosas.

Tiene una matrícula de 1.000 futuros profesionales de la actividad agropecuaria. Su decano, Carlos Rossi, se recibió allí y junto a sus compañeros de trabajo dan a conocer la historia del claustro que forma profesionales del agro. “En esa fecha empezaron los cursos de Agronomía, Veterinaria y Haras. En el caso de la última especialidad, se enseñaba la crianza de caballos, ya que era el medio de movilidad de esa época impuesto luego de la llegada de la Revolución Industrial gestada en Inglaterra”, dijo Rossi, quién aclaró a esta cronista que el día que se celebraba era el de todos los profesionales del campo.

“Esa generación fue la conocida como la de después del '80, en la que también estaba incluido Sarmiento. Veían que el país tenía su potencial en el campo de la producción agropecuaria. En la época de la colonia existían escuelas técnicas secundarias con esa orientación, sobre todo en provincias como Salta y Jujuy, pero lo que quisieron hacer fue una de nivel superior”, contó el rector, quien destacó que en aquella época el NOA estaba más desarrollado a nivel productivo por el comercio con el Alto Perú, mientras que la Región Pampeana aún estaba postergada.

“Crearon el Instituto Santa Catalina, que otorgaba un título profesional en agricultura y ganadería. En ese momento a nivel nacional no había estudios, ni de veterinaria ni de  agronomía. Luego se crearon muchas otras carreras vinculadas al sector, que hoy persisten. Tal es el caso de la Ingeniería en Zootecnia, que sería como agronomía pero especializada en la cría de animales. A esa carrera la damos acá (por la Universidad de Lomas de Zamora), en Tucumán, en la Universidad del Chaco Austral y en la Universidad Nacional de Córdoba. También está la Ingeniería en Producción Agropecuaria que se dicta, principalmente, en universidades privadas, y por supuesto medicina veterinaria, muy difundida en todo el país”.

Según contó el decano, en ese momento no había educadores que pudieran enseñar a los hombres de campo. Así fue que los formadores vinieron desde el exterior. “Al momento de la creación de la primera carrera orientada a profesionalizar las labores en los campos, trajeron docentes franceses, que imponían un modelo en el que nuestra escuela, hasta la actualidad, tiene mucha influencia. Los documentos a los que he accedido mostraban, según los apellidos, que los primeros técnicos estuvieron formados por profesores del exterior”, contó Rossi.

“La carrera duraba alrededor de tres años. Al completar ese tiempo alcanzaban un título de grado. Para aquel momento era una revolución académica. Las universidades nacionales no tenían esas carreras, que se encuadraban más en lo tecnológico y en la sanidad animal. Entre las metodologías de enseñanza estaban las prácticas a campo tal y como se hacen en la actualidad”, detalló este ingeniero zootécnico, que disfruta de contar esa parte de la historia de la que es aficionado y, como buen ex alumno, quiere difundir.

Las distancias eran otras y los tiempos, también. Volver al hogar todos los días a veces era una odisea, así que se pensó en la forma de facilitarles los estudios a los jóvenes. “Había un sistema de internado, algunos alumnos pasaban todo el semestre en Santa Catalina, que está en Camino de Cintura a la altura de Llavallol, en el partido de Lomas de Zamora. Había habitaciones, salas de estudio, cocina y baños para la estadía de los estudiantes, que en su mayoría eran varones“, aseguró el académico, y añadió que quienes vivían en Capital Federal iban y venían en tren.

El momento en el que se separaron las carreras fue, según contó el decano, cuando se creó la Universidad Nacional de La Plata. “La fundación de esa casa de estudios fue gracias a Joaquín V. González en 1905. Allí empezó a reconocerse como carrera Veterinaria e Ingeniería Agronómica, inclusive en la Universidad de Buenos Aires, con más años de especialización y mayor complejidad en las materias”.

“Estuvimos entre los mejores cinco países de mejor nivel económico y educativo y el desarrollo productivo se empezaba a dar en la zona pampeana”, analizó Rossi y continúo: “Aquí hubo una innovación tecnológica muy importante que fue la aparición del barco frigorífico y el uso del ferrocarril. En Argentina había ganadería pero la usaban para la venta de cuero. La carne tenía poco valor y era difícil exportarla como hacían con los granos de trigo y maíz”, recordó.

“El barco a vapor que se usaba en aquella época tardaba alrededor de 45 días, en ese tiempo cualquier trozo de carne se pudría. Con la llegada del frigorífico móvil, hecho por franceses y con capitales ingleses, era posible transportar el material refrigerado al viejo mundo. En ese momento es cuando se da el auge en la ganadería local”, detalló dando los motivos que hicieron que la parte académica se ocupara de encontrar nuevas propuestas para el sector.

Como buen educador, pretende llevar la historia de la facultad que él preside a la mayor cantidad de personas al punto que de puño y letra, volcó la información que pudo recolectar.  “Si bien no lo enseñamos como parte de la currícula académica tratamos de que nuestros alumnos conozcan la historia de la Universidad, que ni siquiera los vecinos de Lomas de Zamora tienen muy clara. Queremos que esa realidad cambie para poder valorar nuestra historia”.

Los puntanos del agro

Los ingenieros agrónomos y los veterinarios, en su mayoría y aunque hay excepciones, son amantes del mate mientras recorren los campos o en los viajes durante muchos kilómetros en los que se embarcan a primerísima hora de la mañana. Entre las preferencias sostienen que si la infusión puede ser amarga, mucho mejor. Son amantes de la naturaleza, no sólo de la vida al aire libre, también de las plantas y los animales, sean silvestres o productivas. Es muy común ver a personajes de ambas profesiones cargándose por las tareas que cada uno desempeña. Si las vacas están flacas, el veterinario dirá que es porque las pasturas no ayudan. Del otro lado del mostrador, se defenderán con algún contraataque gracioso.

En realidad comparten la pasión por el campo y la producción, no componen el Boca-River que muchos nos quieren hacer creer.

Juan Manuel Celi Preti contó que esa teórica rivalidad no existe, que es la  mejor manera que encuentran para pasar mejor las largas jornadas de trabajo que les toca compartir. “Eso es folclore. La realidad es que trabajamos como equipo y nos complementamos. En esos encuentros todos aprendemos por compartir incumbencias. Esto viene desde la Universidad, en donde compartimos materias”.  

Él llegó a ser veterinario por la fuerte influencia de su abuelo, Félix Preti, quien lo marcó y le transmitió su pasión por el trabajo y la enseñanza. “Mi abuelo era perito agrónomo veterinario recibido en el Instituto Santa Catalina. Normalmente yo era el que lo acompañaba a los campos cuando hacía trabajos de asesoramiento. De ahí viene mi gusto por los animales y nunca pensé en otra cosa que ser veterinario”, dijo con inmenso orgullo, mientras reconocía que a su papá le gustaba la actividad, pero que nunca se dedicó a las tareas rurales. 

Hoy Juan Manuel vive con su familia en San Luis y es funcionario en el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural. Allí comparte tareas con otro colega, Martín Rodríguez, quien también le contó a la revista El Campo su sentir en referencia a su profesión. Quienes lo conocen saben de su activa participación en cualquier cosa que necesiten los pobladores rurales. 

“Mi padre tiene un campo sobre la autopista de Los Puquios, donde cría vacunos. Era notorio desde muy chico mi gusto por el trabajo con los animales. Así que decidí estudiar en Río Cuarto, facultad en la que me recibí en 2001. Mis primeras armas las hice en San Luis, en la parte privada. De ahí pasé a la parte pública como director de Zoonosis y ahora soy el jefe del Programa en el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción”, comentó Rodríguez, quien destacó que a partir de poder presidir la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa) tiene un vínculo más cercano con la realidad de los productores. “Amo mi profesión y la disfruto mucho. Somos dos hermanos y soy el único de mi familia que profesionalizó las tareas de campo”, concluyó el actual funcionario.   

Alfredo Cartellone vino desde Mendoza con la idea de contribuir en la producción frutícola, en la que él se especializó tanto en la universidad como en su vida familiar. San Luis ya incursiona desde hace un tiempo en ese tipo de producciones, sin embargo aún queda un largo camino por recorrer. “Todo empezó en la zona rural de San Martín, a 10 kilómetros de la ciudad, con mi abuelo paterno, que tenía un pequeño viñedo en el que yo sigo su legado. Allí tenemos nuestra marca propia de aceite de oliva y un vino en el que aún nos perfeccionamos”, recuerda.

Hace 18 años que Cartellone se recibió en la Universidad Nacional de Cuyo y aunque confiesa que sus estudios fueron complicados y requirieron de mucho esfuerzo, en ningún momento, da indicios de sentirse arrepentido. “Lo que hice fue profesionalizar la tradición familiar. Siempre tuve una fuerte inclinación por la biología y la enología. Cuando me enteré que la carrera en Mendoza te daba la especialidad, me incliné por Agronomía”, cuenta con pasión.  

Ante la pregunta sobre qué era lo que su profesión le daba y si habían colmado sus expectativas, comenzó a hablar de una realidad que muchos de sus colegas también viven. “Sé que mis bisabuelos disfrutaron mucho del campo. Mi abuelo un poco menos, pero también podía mantenerse con la finca de la familia. Para mi papá fue un poco más difícil. Estudiar Agronomía me ayudó a poder ampliar mi campo laboral y prestar nuevos servicios, como los de asesoramiento a otros establecimientos”, concluyó el ingeniero.

 

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Un festejo que cada año recuerda el punto de partida

El Instituto Santa Catalina, el 6 de agosto de 1883, fue el que lanzó por primera vez  el dictado de las carreras de nivel superior. Daba Agronomía, Veterinaria y Haras.

Los tiempos cambian y el avance de las tecnologías hacen su parte. Eso obligó a perfeccionar los trabajos de los establecimientos educativos del país. Al parecer fue Faustino Sarmiento quien impulso la creación de una carrera de nivel superior que tuviera vínculo con la producción agropecuaria. El día de los profesionales que se dedican a esas tareas vinculadas con la actividad rural quedó instaurado el 6 de agosto  porque en 1883 el Instituto Santa Catalina, que hoy se conoce como la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, presentó entre sus propuestas la carrera de Agronomía, Veterinaria y Haras, en lo que en ese momento creían iba a ser el fuerte de la economía argentina: el campo.

San Luis tuvo un profesional recibido en la primera escuela, Domingo Félix Preti, quien vino a hacer sus primeras armas a la zona y dejó el legado en su nieto, el veterinario y actual funcionario provincial Juan Manuel Celi Preti. 

Hoy la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora tiene 12 carreras de grado y pregrado. Además de tres maestrías: una en Floricultura, otra en Zootecnia y una en Procesamiento de cereales y oleaginosas.

Tiene una matrícula de 1.000 futuros profesionales de la actividad agropecuaria. Su decano, Carlos Rossi, se recibió allí y junto a sus compañeros de trabajo dan a conocer la historia del claustro que forma profesionales del agro. “En esa fecha empezaron los cursos de Agronomía, Veterinaria y Haras. En el caso de la última especialidad, se enseñaba la crianza de caballos, ya que era el medio de movilidad de esa época impuesto luego de la llegada de la Revolución Industrial gestada en Inglaterra”, dijo Rossi, quién aclaró a esta cronista que el día que se celebraba era el de todos los profesionales del campo.

“Esa generación fue la conocida como la de después del '80, en la que también estaba incluido Sarmiento. Veían que el país tenía su potencial en el campo de la producción agropecuaria. En la época de la colonia existían escuelas técnicas secundarias con esa orientación, sobre todo en provincias como Salta y Jujuy, pero lo que quisieron hacer fue una de nivel superior”, contó el rector, quien destacó que en aquella época el NOA estaba más desarrollado a nivel productivo por el comercio con el Alto Perú, mientras que la Región Pampeana aún estaba postergada.

“Crearon el Instituto Santa Catalina, que otorgaba un título profesional en agricultura y ganadería. En ese momento a nivel nacional no había estudios, ni de veterinaria ni de  agronomía. Luego se crearon muchas otras carreras vinculadas al sector, que hoy persisten. Tal es el caso de la Ingeniería en Zootecnia, que sería como agronomía pero especializada en la cría de animales. A esa carrera la damos acá (por la Universidad de Lomas de Zamora), en Tucumán, en la Universidad del Chaco Austral y en la Universidad Nacional de Córdoba. También está la Ingeniería en Producción Agropecuaria que se dicta, principalmente, en universidades privadas, y por supuesto medicina veterinaria, muy difundida en todo el país”.

Según contó el decano, en ese momento no había educadores que pudieran enseñar a los hombres de campo. Así fue que los formadores vinieron desde el exterior. “Al momento de la creación de la primera carrera orientada a profesionalizar las labores en los campos, trajeron docentes franceses, que imponían un modelo en el que nuestra escuela, hasta la actualidad, tiene mucha influencia. Los documentos a los que he accedido mostraban, según los apellidos, que los primeros técnicos estuvieron formados por profesores del exterior”, contó Rossi.

“La carrera duraba alrededor de tres años. Al completar ese tiempo alcanzaban un título de grado. Para aquel momento era una revolución académica. Las universidades nacionales no tenían esas carreras, que se encuadraban más en lo tecnológico y en la sanidad animal. Entre las metodologías de enseñanza estaban las prácticas a campo tal y como se hacen en la actualidad”, detalló este ingeniero zootécnico, que disfruta de contar esa parte de la historia de la que es aficionado y, como buen ex alumno, quiere difundir.

Las distancias eran otras y los tiempos, también. Volver al hogar todos los días a veces era una odisea, así que se pensó en la forma de facilitarles los estudios a los jóvenes. “Había un sistema de internado, algunos alumnos pasaban todo el semestre en Santa Catalina, que está en Camino de Cintura a la altura de Llavallol, en el partido de Lomas de Zamora. Había habitaciones, salas de estudio, cocina y baños para la estadía de los estudiantes, que en su mayoría eran varones“, aseguró el académico, y añadió que quienes vivían en Capital Federal iban y venían en tren.

El momento en el que se separaron las carreras fue, según contó el decano, cuando se creó la Universidad Nacional de La Plata. “La fundación de esa casa de estudios fue gracias a Joaquín V. González en 1905. Allí empezó a reconocerse como carrera Veterinaria e Ingeniería Agronómica, inclusive en la Universidad de Buenos Aires, con más años de especialización y mayor complejidad en las materias”.

“Estuvimos entre los mejores cinco países de mejor nivel económico y educativo y el desarrollo productivo se empezaba a dar en la zona pampeana”, analizó Rossi y continúo: “Aquí hubo una innovación tecnológica muy importante que fue la aparición del barco frigorífico y el uso del ferrocarril. En Argentina había ganadería pero la usaban para la venta de cuero. La carne tenía poco valor y era difícil exportarla como hacían con los granos de trigo y maíz”, recordó.

“El barco a vapor que se usaba en aquella época tardaba alrededor de 45 días, en ese tiempo cualquier trozo de carne se pudría. Con la llegada del frigorífico móvil, hecho por franceses y con capitales ingleses, era posible transportar el material refrigerado al viejo mundo. En ese momento es cuando se da el auge en la ganadería local”, detalló dando los motivos que hicieron que la parte académica se ocupara de encontrar nuevas propuestas para el sector.

Como buen educador, pretende llevar la historia de la facultad que él preside a la mayor cantidad de personas al punto que de puño y letra, volcó la información que pudo recolectar.  “Si bien no lo enseñamos como parte de la currícula académica tratamos de que nuestros alumnos conozcan la historia de la Universidad, que ni siquiera los vecinos de Lomas de Zamora tienen muy clara. Queremos que esa realidad cambie para poder valorar nuestra historia”.

Los puntanos del agro

Los ingenieros agrónomos y los veterinarios, en su mayoría y aunque hay excepciones, son amantes del mate mientras recorren los campos o en los viajes durante muchos kilómetros en los que se embarcan a primerísima hora de la mañana. Entre las preferencias sostienen que si la infusión puede ser amarga, mucho mejor. Son amantes de la naturaleza, no sólo de la vida al aire libre, también de las plantas y los animales, sean silvestres o productivas. Es muy común ver a personajes de ambas profesiones cargándose por las tareas que cada uno desempeña. Si las vacas están flacas, el veterinario dirá que es porque las pasturas no ayudan. Del otro lado del mostrador, se defenderán con algún contraataque gracioso.

En realidad comparten la pasión por el campo y la producción, no componen el Boca-River que muchos nos quieren hacer creer.

Juan Manuel Celi Preti contó que esa teórica rivalidad no existe, que es la  mejor manera que encuentran para pasar mejor las largas jornadas de trabajo que les toca compartir. “Eso es folclore. La realidad es que trabajamos como equipo y nos complementamos. En esos encuentros todos aprendemos por compartir incumbencias. Esto viene desde la Universidad, en donde compartimos materias”.  

Él llegó a ser veterinario por la fuerte influencia de su abuelo, Félix Preti, quien lo marcó y le transmitió su pasión por el trabajo y la enseñanza. “Mi abuelo era perito agrónomo veterinario recibido en el Instituto Santa Catalina. Normalmente yo era el que lo acompañaba a los campos cuando hacía trabajos de asesoramiento. De ahí viene mi gusto por los animales y nunca pensé en otra cosa que ser veterinario”, dijo con inmenso orgullo, mientras reconocía que a su papá le gustaba la actividad, pero que nunca se dedicó a las tareas rurales. 

Hoy Juan Manuel vive con su familia en San Luis y es funcionario en el Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural. Allí comparte tareas con otro colega, Martín Rodríguez, quien también le contó a la revista El Campo su sentir en referencia a su profesión. Quienes lo conocen saben de su activa participación en cualquier cosa que necesiten los pobladores rurales. 

“Mi padre tiene un campo sobre la autopista de Los Puquios, donde cría vacunos. Era notorio desde muy chico mi gusto por el trabajo con los animales. Así que decidí estudiar en Río Cuarto, facultad en la que me recibí en 2001. Mis primeras armas las hice en San Luis, en la parte privada. De ahí pasé a la parte pública como director de Zoonosis y ahora soy el jefe del Programa en el Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción”, comentó Rodríguez, quien destacó que a partir de poder presidir la Comisión Provincial de Sanidad Animal (Coprosa) tiene un vínculo más cercano con la realidad de los productores. “Amo mi profesión y la disfruto mucho. Somos dos hermanos y soy el único de mi familia que profesionalizó las tareas de campo”, concluyó el actual funcionario.   

Alfredo Cartellone vino desde Mendoza con la idea de contribuir en la producción frutícola, en la que él se especializó tanto en la universidad como en su vida familiar. San Luis ya incursiona desde hace un tiempo en ese tipo de producciones, sin embargo aún queda un largo camino por recorrer. “Todo empezó en la zona rural de San Martín, a 10 kilómetros de la ciudad, con mi abuelo paterno, que tenía un pequeño viñedo en el que yo sigo su legado. Allí tenemos nuestra marca propia de aceite de oliva y un vino en el que aún nos perfeccionamos”, recuerda.

Hace 18 años que Cartellone se recibió en la Universidad Nacional de Cuyo y aunque confiesa que sus estudios fueron complicados y requirieron de mucho esfuerzo, en ningún momento, da indicios de sentirse arrepentido. “Lo que hice fue profesionalizar la tradición familiar. Siempre tuve una fuerte inclinación por la biología y la enología. Cuando me enteré que la carrera en Mendoza te daba la especialidad, me incliné por Agronomía”, cuenta con pasión.  

Ante la pregunta sobre qué era lo que su profesión le daba y si habían colmado sus expectativas, comenzó a hablar de una realidad que muchos de sus colegas también viven. “Sé que mis bisabuelos disfrutaron mucho del campo. Mi abuelo un poco menos, pero también podía mantenerse con la finca de la familia. Para mi papá fue un poco más difícil. Estudiar Agronomía me ayudó a poder ampliar mi campo laboral y prestar nuevos servicios, como los de asesoramiento a otros establecimientos”, concluyó el ingeniero.

 

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