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Cuando el hambre se convierte en noticia

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Cuando el hambre se convierte en noticia

El mayor número de conflictos y el cambio climático son las principales causas de un brusco aumento del hambre en el mundo en 2016, tras una década de retroceso casi constante, según un informe con muchas alarmas, difundido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que además hizo un llamado a las inversiones agrícolas, como una fuente genuina de producción de más alimentos, aunque está claro que los desequilibrios en la distribución de la comida también configuran el escenario indicado.

El año pasado, el hambre afectó a 815 millones de personas, es decir, al 11% de la población mundial, y a 38 millones de personas más que en 2015, según el informe sobre seguridad alimentaria mundial. El incremento se debe en “gran parte a la proliferación” de conflictos y a los fenómenos climáticos, señaló la ONU. Más de la mitad de las personas que sufrían hambre el año pasado, es decir, 489 millones, viven en países golpeados por los conflictos.

Paralelamente, 155 millones de niños menores de 5 años sufren un retraso de crecimiento debido al hambre y 52 millones de niños padecen una insuficiencia ponderal respecto a su talla.

El informe destaca al mismo tiempo que 41 millones de niños menores de cinco años sufren sobrepeso, lo que acrecienta el riesgo de sufrir obesidad y enfermedades durante la edad adulta. “La anemia entre las mujeres y la obesidad entre los adultos también son preocupantes”, juzgó el estudio publicado por varias agencias de la ONU, esto es, la FAO, el FIDA (Fondo Internacional de la ONU para el Desarrollo Agrícola) y el PAM (Programa Mundial de Alimentos), y a las que se sumaron por primera vez Unicef y la OMS.

Estas tendencias no sólo son consecuencia de los conflictos y el cambio climático, sino también de cambios profundos en las costumbres alimentarias y de la pobreza ligada a las ralentizaciones económicas. Según las agencias de la ONU, 520 millones de personas sufren hambre en Asia (11,7% de la población del continente), 243 en África (20%) y 42 millones en América Latina y el Caribe (6,6%).

Desde 2005, cuando había 926 millones de personas en el mundo afectadas por el hambre, las cifras habían mostrado un retroceso continuo hasta 2014, año en que la tendencia se invirtió muy ligeramente con 776 millones (frente a 775 en 2013). En 2015, el total sumó también un millón más (777).

Para Gilbert Houngbo, presidente del FIDA, era “difícil interpretar” esta ligera progresión entre 2013 y 2015. “Pero en 2016, el alza es realmente seria y constituye nuestra mayor preocupación en 15 años”, declaró.

Houngbo advirtió especialmente “del creciente impacto” del cambio climático, con “la sequía que perdura en Somalia, Etiopía y en África Oriental”. Las inversiones a largo plazo son insuficientes para permitir que las poblaciones rurales en las zonas más recónditas puedan vivir de sus cosechas.

“Hay que reconocer que hay una toma de conciencia de la comunidad internacional sobre este problema”, pero es necesario “relanzar la inversión agrícola a largo plazo”, añadió.

En particular, el especialista llamó a invertir en los pequeños agricultores, responsables del 80% de la producción agrícola en África, pese a que sus explotaciones tienen una superficie promedio que no excede las dos hectáreas.

Debe haber además una complementariedad entre los pequeños agricultores africanos -entre 38 y 40 millones- y las grandes multinacionales, que tratan de invertir masivamente en el continente. “La cuestión no es presionar a los grandes grupos, puesto que el sector agrícola privado está cada vez más interesado en invertir también en los pequeños productores, la cuestión es cómo establecer asociaciones que lleguen donde el hambre está instalada”, sostuvo.

Algo está funcionando muy mal en el mundo, porque una vez más el hambre se convirtió en noticia.

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El mayor número de conflictos y el cambio climático son las principales causas de un brusco aumento del hambre en el mundo en 2016, tras una década de retroceso casi constante, según un informe con muchas alarmas, difundido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que además hizo un llamado a las inversiones agrícolas, como una fuente genuina de producción de más alimentos, aunque está claro que los desequilibrios en la distribución de la comida también configuran el escenario indicado.

El año pasado, el hambre afectó a 815 millones de personas, es decir, al 11% de la población mundial, y a 38 millones de personas más que en 2015, según el informe sobre seguridad alimentaria mundial. El incremento se debe en “gran parte a la proliferación” de conflictos y a los fenómenos climáticos, señaló la ONU. Más de la mitad de las personas que sufrían hambre el año pasado, es decir, 489 millones, viven en países golpeados por los conflictos.

Paralelamente, 155 millones de niños menores de 5 años sufren un retraso de crecimiento debido al hambre y 52 millones de niños padecen una insuficiencia ponderal respecto a su talla.

El informe destaca al mismo tiempo que 41 millones de niños menores de cinco años sufren sobrepeso, lo que acrecienta el riesgo de sufrir obesidad y enfermedades durante la edad adulta. “La anemia entre las mujeres y la obesidad entre los adultos también son preocupantes”, juzgó el estudio publicado por varias agencias de la ONU, esto es, la FAO, el FIDA (Fondo Internacional de la ONU para el Desarrollo Agrícola) y el PAM (Programa Mundial de Alimentos), y a las que se sumaron por primera vez Unicef y la OMS.

Estas tendencias no sólo son consecuencia de los conflictos y el cambio climático, sino también de cambios profundos en las costumbres alimentarias y de la pobreza ligada a las ralentizaciones económicas. Según las agencias de la ONU, 520 millones de personas sufren hambre en Asia (11,7% de la población del continente), 243 en África (20%) y 42 millones en América Latina y el Caribe (6,6%).

Desde 2005, cuando había 926 millones de personas en el mundo afectadas por el hambre, las cifras habían mostrado un retroceso continuo hasta 2014, año en que la tendencia se invirtió muy ligeramente con 776 millones (frente a 775 en 2013). En 2015, el total sumó también un millón más (777).

Para Gilbert Houngbo, presidente del FIDA, era “difícil interpretar” esta ligera progresión entre 2013 y 2015. “Pero en 2016, el alza es realmente seria y constituye nuestra mayor preocupación en 15 años”, declaró.

Houngbo advirtió especialmente “del creciente impacto” del cambio climático, con “la sequía que perdura en Somalia, Etiopía y en África Oriental”. Las inversiones a largo plazo son insuficientes para permitir que las poblaciones rurales en las zonas más recónditas puedan vivir de sus cosechas.

“Hay que reconocer que hay una toma de conciencia de la comunidad internacional sobre este problema”, pero es necesario “relanzar la inversión agrícola a largo plazo”, añadió.

En particular, el especialista llamó a invertir en los pequeños agricultores, responsables del 80% de la producción agrícola en África, pese a que sus explotaciones tienen una superficie promedio que no excede las dos hectáreas.

Debe haber además una complementariedad entre los pequeños agricultores africanos -entre 38 y 40 millones- y las grandes multinacionales, que tratan de invertir masivamente en el continente. “La cuestión no es presionar a los grandes grupos, puesto que el sector agrícola privado está cada vez más interesado en invertir también en los pequeños productores, la cuestión es cómo establecer asociaciones que lleguen donde el hambre está instalada”, sostuvo.

Algo está funcionando muy mal en el mundo, porque una vez más el hambre se convirtió en noticia.

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