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En la búsqueda: libros de puntanos en librerías locales

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En la búsqueda: libros de puntanos en librerías locales

Gabriel Casari

Hay autores independientes que esperan ser descubiertos, hay consagrados y otros nóveles. En algunos comercios hay muchos y en otros, nada.

Para ingresar a esta nota les propongo un cambio de paradigma. Para hablar de literatura de San Luis, los invito a pensar en libro y no tanto en noticia, aunque los datos del relato se ciñen completamente a la realidad.

Planteamos un personaje central, un hombre, adulto, que llega a la provincia, es un lector empedernido y con tiempo. Estará algunos meses en San Luis y desarrollará tareas relacionadas al campo de la educación.

El personaje intenta acercarse a través de las librerías de la ciudad, a las producciones locales y por eso decide hacer un recorrido para interiorizarse sobre los autores puntanos, consultar a los libreros y pedir consejos.

Así comienza la narrativa en donde cualquier parecido con la realidad es la realidad y si bien el personaje puede ser ficticio, los entrevistados y los datos recabados son reales.

Acá no, señor

Miércoles por la mañana, uno de los empleados de la sucursal en San Luis de la cadena nacional de librerías, ubicada en Colón a pocas cuadras de Pringles, deja en claro algo: “No, no trabajamos con editoriales locales”. Así dijo entre los cartelitos de Literatura Latinoamérica o Filosofía. De sus dichos se desprende que nunca habrá un espacio que diga “Autores de San Luis”.

La librería reviste cierta magia, se pueden encontrar clásicos que se escribieron hace cientos de años a miles de kilómetros, pero nada de autores locales. “¿Ni siquiera a Eduardo Belgrano Rawson?, nace nuevamente la pregunta sobre el puntano que es reconocido y que edita Planeta. “No ahora, pero se lo puedo encargar”, lanza el mismo empleado mientras se acerca a una computadora para ahondar en el precio de los ejemplares.

“Acá a unos 90 metros hay otra librería, quizás allá consiga algo”, advierte uno de los lectores que revolvía entre ejemplares que se rotulaban como “novedades”. El hombre de unos 50 años señaló desde dentro del local con la mano hacia el sur.

Las palabras fueron un disparador para generar una salida del comercio que se dio revisando estanterías y chequeando la sección “Latinoamericanos”, esa palabra larga que guarda en su interior millones de palabras y cientos de autores. Los estantes tenían mucho “García Márquez”, algunos “Vargas Llosa” y un dejo de “Isabel Allende”. Existe la tentación de sucumbir ante un libro de Jorge “El Turco” Asís, pero sería rehuir del objetivo.

A la salida del local fue revisando unas ediciones de bolsillo y algunas novedades, pero con las manos vacías de autores puntanos.

Afuera el sol picaba con fuerza y los autos se amontonaban en la angosta calle Colón. La ida fue por una vereda apretadita, hacia el sur, hacia la calle Belgrano. Las bocinas como casi siempre a las cinco de la tarde tamizaban el lugar que alternaba entre bancos, negocios de ropa y edificios.

En la esquina de Belgrano una gran vidriera en donde se exponían cientos de ejemplares no dejaba lugar a dudas, ese era el lugar que recomendó el otro hombre. Era el cartel de Anello y hacía referencia a un local centenario. La otra librería deparaba algunas sorpresas.

Acá sí

¿Tiene libros de autores de San Luis? fue la pregunta. Esta vez la respuesta se hizo un poco más abierta. Primero una empleada trajo algunos ejemplares. Luego la misma chica decidió preguntarle a Pablo Anello, el dueño y heredero de ese comercio si recordaba donde quedaban algunos libros escritos por puntanos.

No había una sección que dijera “escritores locales”. El rigor, el local marca cierta lejanía respecto del papel, están colocados en escaparates, pero esa distancia se quiebra a la hora de revisar y pedir. No importa cuántos, quien atiende hace una pirámide de libros para elegir, comparar y palpar.

Hay un espacio para los ejemplares de San Luis Libro, la editorial del Gobierno de la Provincia que edita su material. Hay mucho de historia, de personas que recrean su entorno y así contextualizan un tiempo y un lugar de la ciudad, como por ejemplo una escuela, sus alumnas y sus anécdotas.

 Hay libros en donde se cuentan los pormenores de algunos pueblos, hay ensayos, pero poca ficción. La librería tiene anaqueles en donde resaltan algunos nombres conocidos.

Muchos son autores que no nacieron en San Luis pero que armaron sus obras en esta provincia. Las apreciaciones son claras, por lo general se editan de manera independiente. Hay algunos que son de niños en lo que se toma la provincia como escenario, se cambian algunos nombres y se arman nuevas historias.

Anello explica que a este tipo de literatura la consumen personas que llegan de otras provincias. “Se da que en verano llegan muchos turistas que se interesan por San Luis y piden algo de acá”, asegura.

Los autores arriban a cuentagotas, son pocas las producciones, por lo general de ediciones independientes. La rutina es similar, dejan los libros en consignación y a medidas que los van vendiendo recuperan el dinero. Los hay numerosos en páginas y otros más delgados.

 Se dejan ver “La imaginación sumergida”, de Pedro Bazán; “Poesías del Alma”, de Claudia Vanesa Vela Mucipoca; una edición independiente llamada “La Morcilla”, embutido cultural serrano de Merlo (es un revistita pero de fuerte contenido literario); “Moño azul”, de María Ester Rosales de Orozco; “El que busca encuentra”, de Ema Perarnau y “Quimera de juventud”, de Ernesto Golini. Entre otros tantos.

Hay más, pero que cumplen cierta premisa: son pocos, independientes, se reponen ocasionalmente. Anello no deja pasar la oportunidad para dejar en claro que la industria está en crisis, que se lee menos, que se hace complicado vender, que las cosas son muy caras. Al mismo tiempo habla con pasión de los libros, de su padre y da otra indicación. A un par de cuadras, por calle Rivadavia antes de llegar a 9 de Julio hay otra librería que tiene autores puntanos. Dicen que entre los libreros hay una gran relación y que saben que para sobrevivir tienen que actuar en conjunto.

La despedida es educada. Otra vez a la calle, a los bocinazos a encontrarse de nuevo con el sol que asola las veredas angostas y que se llenan de gente. Hay que caminar tres cuadras para arribar a otra librería. Esta vez el destino tiene nombre de Babel.

 Acá, mucho más

Por San Martín y unas pocas cuadras de 9 de Julio, hay otra librería. Allí los libros se pueden tocar, se pueden hojear y la dueña, entre algunas advertencias sobre lo complejo que es mantenerse en pie, aconseja con paciencia y conocimiento.

En uno de los escaparates hay una línea de libros de autores de San Luis, hay de diversos estilos, se pueden tomar varios ejemplares en las manos.

“¿En qué puedo ayudarlo?”, pregunta Enzo Mottura. El hombre que trabaja en Babel recibe la solicitud y rápidamente se dispone a mostrar todo lo que tiene sobre autores de San Luis. Dos escaparates muestran muchas obras. Las palabras de Mottura evidencian claridad y conocimiento.

Aclara que los interesados suelen llegar por una recomendación específica, son conocidos de los autores, familiares o recibieron una recomendación concreta.

También deja en claro que quienes editaron dejan sus libros en concesión y a medida que se van vendiendo, reciben el dinero.

 Las estanterías de la librería acunan varios ejemplares, unos 30 de diferentes autores. En el lugar hay personas que revisan libros, que preguntan de literatura y que reciben consejos acordes.

De San Luis Libro se pueden ver algunas ediciones de años anteriores como las obras: “Poetas de futuro”, de Nicolás Magaril; “Pequeños fraudes”, de Beatriz Isoldi o “Una conspiración llamada célula”, de César Albarracín, pero también están los más nuevos, como “Plaza seca”, de Nicolás Teté.

Hay de independientes como “Si los ángeles miraran”, de Fernando Saad; “Marraken” de Paulina Movsichoff; “Pueblo olvido”, de Juan Cruz Sarmiento, “Pastora”, de Alfredo Salinas; “Yo estuve ahí”, de Eddie Bustos; o “Encuentro”, de Cristina Bustos.

Algunos conocidos tienen un espacio como el caso de Gustavo Romero Borri con el libro “El peso de la luz en las manos”. Hay varias novelas de Ernesto Alfonso Golini, como “Emiliano”, “Leonor” y “La Nada y el ser”.

A casa con libros

Al final del recorrido y con algunos libros en casa se llega a algunas conclusiones: hay literatura de puntanos en los anaqueles, es necesario revisar, bucear, consultar con ahínco. Los autores son en su mayoría independientes y hacen un esfuerzo enorme por editar, muchos nacieron en otras provincias pero escribieron en San Luis. La calidad es variada, pero para elegir es necesario comenzar a leer, los precios son variados pero no exceden los 250 pesos.

¿Final feliz? Sólo los libros lo dirán.

 

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En la búsqueda: libros de puntanos en librerías locales

Hay autores independientes que esperan ser descubiertos, hay consagrados y otros nóveles. En algunos comercios hay muchos y en otros, nada.

Para ingresar a esta nota les propongo un cambio de paradigma. Para hablar de literatura de San Luis, los invito a pensar en libro y no tanto en noticia, aunque los datos del relato se ciñen completamente a la realidad.

Planteamos un personaje central, un hombre, adulto, que llega a la provincia, es un lector empedernido y con tiempo. Estará algunos meses en San Luis y desarrollará tareas relacionadas al campo de la educación.

El personaje intenta acercarse a través de las librerías de la ciudad, a las producciones locales y por eso decide hacer un recorrido para interiorizarse sobre los autores puntanos, consultar a los libreros y pedir consejos.

Así comienza la narrativa en donde cualquier parecido con la realidad es la realidad y si bien el personaje puede ser ficticio, los entrevistados y los datos recabados son reales.

Acá no, señor

Miércoles por la mañana, uno de los empleados de la sucursal en San Luis de la cadena nacional de librerías, ubicada en Colón a pocas cuadras de Pringles, deja en claro algo: “No, no trabajamos con editoriales locales”. Así dijo entre los cartelitos de Literatura Latinoamérica o Filosofía. De sus dichos se desprende que nunca habrá un espacio que diga “Autores de San Luis”.

La librería reviste cierta magia, se pueden encontrar clásicos que se escribieron hace cientos de años a miles de kilómetros, pero nada de autores locales. “¿Ni siquiera a Eduardo Belgrano Rawson?, nace nuevamente la pregunta sobre el puntano que es reconocido y que edita Planeta. “No ahora, pero se lo puedo encargar”, lanza el mismo empleado mientras se acerca a una computadora para ahondar en el precio de los ejemplares.

“Acá a unos 90 metros hay otra librería, quizás allá consiga algo”, advierte uno de los lectores que revolvía entre ejemplares que se rotulaban como “novedades”. El hombre de unos 50 años señaló desde dentro del local con la mano hacia el sur.

Las palabras fueron un disparador para generar una salida del comercio que se dio revisando estanterías y chequeando la sección “Latinoamericanos”, esa palabra larga que guarda en su interior millones de palabras y cientos de autores. Los estantes tenían mucho “García Márquez”, algunos “Vargas Llosa” y un dejo de “Isabel Allende”. Existe la tentación de sucumbir ante un libro de Jorge “El Turco” Asís, pero sería rehuir del objetivo.

A la salida del local fue revisando unas ediciones de bolsillo y algunas novedades, pero con las manos vacías de autores puntanos.

Afuera el sol picaba con fuerza y los autos se amontonaban en la angosta calle Colón. La ida fue por una vereda apretadita, hacia el sur, hacia la calle Belgrano. Las bocinas como casi siempre a las cinco de la tarde tamizaban el lugar que alternaba entre bancos, negocios de ropa y edificios.

En la esquina de Belgrano una gran vidriera en donde se exponían cientos de ejemplares no dejaba lugar a dudas, ese era el lugar que recomendó el otro hombre. Era el cartel de Anello y hacía referencia a un local centenario. La otra librería deparaba algunas sorpresas.

Acá sí

¿Tiene libros de autores de San Luis? fue la pregunta. Esta vez la respuesta se hizo un poco más abierta. Primero una empleada trajo algunos ejemplares. Luego la misma chica decidió preguntarle a Pablo Anello, el dueño y heredero de ese comercio si recordaba donde quedaban algunos libros escritos por puntanos.

No había una sección que dijera “escritores locales”. El rigor, el local marca cierta lejanía respecto del papel, están colocados en escaparates, pero esa distancia se quiebra a la hora de revisar y pedir. No importa cuántos, quien atiende hace una pirámide de libros para elegir, comparar y palpar.

Hay un espacio para los ejemplares de San Luis Libro, la editorial del Gobierno de la Provincia que edita su material. Hay mucho de historia, de personas que recrean su entorno y así contextualizan un tiempo y un lugar de la ciudad, como por ejemplo una escuela, sus alumnas y sus anécdotas.

 Hay libros en donde se cuentan los pormenores de algunos pueblos, hay ensayos, pero poca ficción. La librería tiene anaqueles en donde resaltan algunos nombres conocidos.

Muchos son autores que no nacieron en San Luis pero que armaron sus obras en esta provincia. Las apreciaciones son claras, por lo general se editan de manera independiente. Hay algunos que son de niños en lo que se toma la provincia como escenario, se cambian algunos nombres y se arman nuevas historias.

Anello explica que a este tipo de literatura la consumen personas que llegan de otras provincias. “Se da que en verano llegan muchos turistas que se interesan por San Luis y piden algo de acá”, asegura.

Los autores arriban a cuentagotas, son pocas las producciones, por lo general de ediciones independientes. La rutina es similar, dejan los libros en consignación y a medidas que los van vendiendo recuperan el dinero. Los hay numerosos en páginas y otros más delgados.

 Se dejan ver “La imaginación sumergida”, de Pedro Bazán; “Poesías del Alma”, de Claudia Vanesa Vela Mucipoca; una edición independiente llamada “La Morcilla”, embutido cultural serrano de Merlo (es un revistita pero de fuerte contenido literario); “Moño azul”, de María Ester Rosales de Orozco; “El que busca encuentra”, de Ema Perarnau y “Quimera de juventud”, de Ernesto Golini. Entre otros tantos.

Hay más, pero que cumplen cierta premisa: son pocos, independientes, se reponen ocasionalmente. Anello no deja pasar la oportunidad para dejar en claro que la industria está en crisis, que se lee menos, que se hace complicado vender, que las cosas son muy caras. Al mismo tiempo habla con pasión de los libros, de su padre y da otra indicación. A un par de cuadras, por calle Rivadavia antes de llegar a 9 de Julio hay otra librería que tiene autores puntanos. Dicen que entre los libreros hay una gran relación y que saben que para sobrevivir tienen que actuar en conjunto.

La despedida es educada. Otra vez a la calle, a los bocinazos a encontrarse de nuevo con el sol que asola las veredas angostas y que se llenan de gente. Hay que caminar tres cuadras para arribar a otra librería. Esta vez el destino tiene nombre de Babel.

 Acá, mucho más

Por San Martín y unas pocas cuadras de 9 de Julio, hay otra librería. Allí los libros se pueden tocar, se pueden hojear y la dueña, entre algunas advertencias sobre lo complejo que es mantenerse en pie, aconseja con paciencia y conocimiento.

En uno de los escaparates hay una línea de libros de autores de San Luis, hay de diversos estilos, se pueden tomar varios ejemplares en las manos.

“¿En qué puedo ayudarlo?”, pregunta Enzo Mottura. El hombre que trabaja en Babel recibe la solicitud y rápidamente se dispone a mostrar todo lo que tiene sobre autores de San Luis. Dos escaparates muestran muchas obras. Las palabras de Mottura evidencian claridad y conocimiento.

Aclara que los interesados suelen llegar por una recomendación específica, son conocidos de los autores, familiares o recibieron una recomendación concreta.

También deja en claro que quienes editaron dejan sus libros en concesión y a medida que se van vendiendo, reciben el dinero.

 Las estanterías de la librería acunan varios ejemplares, unos 30 de diferentes autores. En el lugar hay personas que revisan libros, que preguntan de literatura y que reciben consejos acordes.

De San Luis Libro se pueden ver algunas ediciones de años anteriores como las obras: “Poetas de futuro”, de Nicolás Magaril; “Pequeños fraudes”, de Beatriz Isoldi o “Una conspiración llamada célula”, de César Albarracín, pero también están los más nuevos, como “Plaza seca”, de Nicolás Teté.

Hay de independientes como “Si los ángeles miraran”, de Fernando Saad; “Marraken” de Paulina Movsichoff; “Pueblo olvido”, de Juan Cruz Sarmiento, “Pastora”, de Alfredo Salinas; “Yo estuve ahí”, de Eddie Bustos; o “Encuentro”, de Cristina Bustos.

Algunos conocidos tienen un espacio como el caso de Gustavo Romero Borri con el libro “El peso de la luz en las manos”. Hay varias novelas de Ernesto Alfonso Golini, como “Emiliano”, “Leonor” y “La Nada y el ser”.

A casa con libros

Al final del recorrido y con algunos libros en casa se llega a algunas conclusiones: hay literatura de puntanos en los anaqueles, es necesario revisar, bucear, consultar con ahínco. Los autores son en su mayoría independientes y hacen un esfuerzo enorme por editar, muchos nacieron en otras provincias pero escribieron en San Luis. La calidad es variada, pero para elegir es necesario comenzar a leer, los precios son variados pero no exceden los 250 pesos.

¿Final feliz? Sólo los libros lo dirán.

 

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