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Tiene 91 años y sueña con tocar el piano ante un gran público

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Tiene 91 años y sueña con tocar el piano ante un gran público

Olga Aguilera fue profesora en varios colegios, hoy vive en una residencia y no deja de lado las teclas.

Durante las tardes y algunas mañanas, pasar por la esquina de Lisandro de la Torre y 9 de Julio es un momento de conmoción y encanto, al oír y a sentir las melodías que Olga Lelis Aguilera recita con su piano desde el interior de la Residencia “Carmen”, ubicada a algunos metros de la Parroquia San Roque, en el barrio Estación.

La anciana de 91 años convive en el hogar junto a otros quince adultos. Fue profesora de piano y aún conserva su pasión, donde cuenta que al sentir el sonido de las teclas le genera una profunda sensación de felicidad y también de recuerdos. Nació en Justo Daract y eligió Villa Mercedes para formarse profesionalmente, donde también creó su familia junto a Axel Fernández, el padre de Nancy Dellys y Ariel Omar, sus dos hijos, quienes le dieron cinco nietos, aunque ninguno tomó el camino de la música.

“Perdón que haya demorado, estaba eligiendo el vestido para ponerme”, fueron las primeras palabras de Olga, mientras ingresaba a la sala de visitas luciendo un elegante vestuario que combinó con unos aros de grandes perlas violeta. Y con una sonrisa encantadora y contagiosa, eligió el sillón para sentarse y luego poder colocar su piano en frente de ella.

Su padre era maestro pero dedicó su vida al ferrocarril, de los cuatro hermanos fue la única que eligió vivir de la música. “En mi casa teníamos un piano de cola, así que desde chiquita me mandaron a estudiar. Al principio no me gustaba porque, aunque tocaba bien, veía como la profesora les pegaba con una regla a los chicos que se equivocaban mucho, así que dije ‘yo acá no vengo más’. Después de un tiempo, cuando tenía nueve años, me trajeron a estudiar a esta ciudad y cada quince días viajaba también a Buenos Aires”, recordó Olga, con su mirada vidriosa, y agregó: “A mi papá siempre le gustó la música, él nos designaba un instrumento a cada uno y formaba una orquesta en nuestra casa todas las noches”.

Axel, su esposo, era oficial de Gendarmería Nacional y el trabajo de él la obligó a mudarse a Las Lajas, un pequeño pueblo de Neuquén. “El recuerdo más hermoso que tengo de ahí es que tuve mi primer piano vertical, era precioso”, conmemoró. En ese pueblo tuvo muchísimos alumnos, contó, al igual que cuando regresó a Villa Mercedes. Fue maestra en varias escuelas, entre ellas dejó su huella en el Instituto “Sagrado Corazón”, y los Colegios “Justo Daract” y “Vicente Dupuy”, hasta jubilarse. Entre sus estudiantes estaba su hija que “por poco tiempo tuvo interés de tocar el piano, después eligió dedicarse a estudiar como su hermano, y yo los apoyé como mi mamá hizo conmigo, ella quería que fuera doctora, pero mi sueño era ser profesora de piano”, confesó “Perlita”, como la llaman desde pequeña.

La maestra reveló que la gente que la escucha y la observa le pide que toque alguna de sus canciones favoritas. “Antes venían y me pedían que les enseñe, y yo lo hacía gratis, pero ahora no escucho muy bien y además no veo las notas como antes, así que no puedo dar clase”, contó. Y añadió que: “Uno de mis deseos es poder tocar ante un gran público, pero lástima que estoy tan viejita”.

En el hogar, todos los días le dedica tiempo al instrumento, reconoce que su mayor descanso pasa por el sonido y el tacto con el piano. “Siempre me gustaron las pistas clásicas, cuando toco me genera una mezcla de sensaciones, sentimientos y muchos recuerdos, sobre todo las canciones románticas que me recuerdan a mi infancia. Beethoven es mi favorito, aunque cada vez que hago sus canciones le cambio alguna nota a la manera que más me gusta”, relató.
 

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Tiene 91 años y sueña con tocar el piano ante un gran público

Olga Aguilera fue profesora en varios colegios, hoy vive en una residencia y no deja de lado las teclas.

Prefiere los de antes. La "profe", mientras tocaba el piano digital, aclaró que en los de cola o vertical el sonido es más lindo. Foto: Juan Andrés Galli

Durante las tardes y algunas mañanas, pasar por la esquina de Lisandro de la Torre y 9 de Julio es un momento de conmoción y encanto, al oír y a sentir las melodías que Olga Lelis Aguilera recita con su piano desde el interior de la Residencia “Carmen”, ubicada a algunos metros de la Parroquia San Roque, en el barrio Estación.

La anciana de 91 años convive en el hogar junto a otros quince adultos. Fue profesora de piano y aún conserva su pasión, donde cuenta que al sentir el sonido de las teclas le genera una profunda sensación de felicidad y también de recuerdos. Nació en Justo Daract y eligió Villa Mercedes para formarse profesionalmente, donde también creó su familia junto a Axel Fernández, el padre de Nancy Dellys y Ariel Omar, sus dos hijos, quienes le dieron cinco nietos, aunque ninguno tomó el camino de la música.

“Perdón que haya demorado, estaba eligiendo el vestido para ponerme”, fueron las primeras palabras de Olga, mientras ingresaba a la sala de visitas luciendo un elegante vestuario que combinó con unos aros de grandes perlas violeta. Y con una sonrisa encantadora y contagiosa, eligió el sillón para sentarse y luego poder colocar su piano en frente de ella.

Su padre era maestro pero dedicó su vida al ferrocarril, de los cuatro hermanos fue la única que eligió vivir de la música. “En mi casa teníamos un piano de cola, así que desde chiquita me mandaron a estudiar. Al principio no me gustaba porque, aunque tocaba bien, veía como la profesora les pegaba con una regla a los chicos que se equivocaban mucho, así que dije ‘yo acá no vengo más’. Después de un tiempo, cuando tenía nueve años, me trajeron a estudiar a esta ciudad y cada quince días viajaba también a Buenos Aires”, recordó Olga, con su mirada vidriosa, y agregó: “A mi papá siempre le gustó la música, él nos designaba un instrumento a cada uno y formaba una orquesta en nuestra casa todas las noches”.

Axel, su esposo, era oficial de Gendarmería Nacional y el trabajo de él la obligó a mudarse a Las Lajas, un pequeño pueblo de Neuquén. “El recuerdo más hermoso que tengo de ahí es que tuve mi primer piano vertical, era precioso”, conmemoró. En ese pueblo tuvo muchísimos alumnos, contó, al igual que cuando regresó a Villa Mercedes. Fue maestra en varias escuelas, entre ellas dejó su huella en el Instituto “Sagrado Corazón”, y los Colegios “Justo Daract” y “Vicente Dupuy”, hasta jubilarse. Entre sus estudiantes estaba su hija que “por poco tiempo tuvo interés de tocar el piano, después eligió dedicarse a estudiar como su hermano, y yo los apoyé como mi mamá hizo conmigo, ella quería que fuera doctora, pero mi sueño era ser profesora de piano”, confesó “Perlita”, como la llaman desde pequeña.

La maestra reveló que la gente que la escucha y la observa le pide que toque alguna de sus canciones favoritas. “Antes venían y me pedían que les enseñe, y yo lo hacía gratis, pero ahora no escucho muy bien y además no veo las notas como antes, así que no puedo dar clase”, contó. Y añadió que: “Uno de mis deseos es poder tocar ante un gran público, pero lástima que estoy tan viejita”.

En el hogar, todos los días le dedica tiempo al instrumento, reconoce que su mayor descanso pasa por el sonido y el tacto con el piano. “Siempre me gustaron las pistas clásicas, cuando toco me genera una mezcla de sensaciones, sentimientos y muchos recuerdos, sobre todo las canciones románticas que me recuerdan a mi infancia. Beethoven es mi favorito, aunque cada vez que hago sus canciones le cambio alguna nota a la manera que más me gusta”, relató.
 

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