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Detuvieron a una partera por la muerte de una beba

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Detuvieron a una partera por la muerte de una beba

En 2014 intervino en un parto humanizado. La parturienta que perdió a su hija, además, no podrá volver a dar a luz. Está imputada de homicidio culposo y lesiones culposas.

Para Ludmila debió haber sido uno de los momentos más hermosos e inolvidables, el del nacimiento de su primera hija. La fecha probable de parto era el 9 de setiembre de 2014, según los controles que se había hecho. Pero el 29 de agosto a la noche empezó a sentir dolores muy intensos, que le señalaron que Lina llegaría antes. Ella y su entonces esposo, Andrés, habían decidido tener un parto humanizado, en su propia casa, y contactaron a una partera especializada en ese tipo de alumbramientos, María Belén Weber. La mujer viajó desde Buenos Aires para acompañarlos. Nada resultó como la pareja esperaba: tras 72 horas de trabajo de parto en su hogar, la beba finalmente nació en una clínica privada y murió poco después, y Ludmila sufrió una infección por la que luego tuvieron que sacarle el útero, perdiendo así la posibilidad de dar a luz algún día. 

Weber fue arrestada días atrás en Capital Federal por orden del juez Penal 1 de San Luis, Sebastián Cadelago Filippi. La mujer de 32 años está imputada por “Homicidio y lesiones culposas”, y esta semana el magistrado resolverá si la procesa. 
La partera fue citada para presentarse a declarar en indagatoria. Enviaron notificaciones al domicilio que había brindado, pero no se presentó. Por ello, el juez ordenó su detención. 

Hace días, policías de San Luis se comunicaron con pares de la Ciudad de Buenos Aires para pedirles colaboración, y éstos lograron dar con ella y concretaron el arresto, explicó el abogado de Ludmila, Esteban Sala. 

Además de hacer otras averiguaciones, los efectivos monitorearon sus redes sociales y comunicaciones, y así establecieron que Weber planeaba mudarse a Córdoba. Fue arrestada antes de que se trasladara a esa provincia junto a su pareja y su hijo, de unos dos años.
En su declaración, Ludmila, psicóloga de profesión, contó que llegó a Weber a través de otra mujer que hacía partos domiciliarios en San Luis. En principio, la iba a asistir ella, pero le explicó que no podría hacerlo, ya que se iba de la provincia.
 

Ludmila y Weber estuvieron cara a cara recién el 30 de agosto. Entre junio, cuando la contactó, y esa fecha, se habían comunicado por teléfono, mensajes de WhatsApp y vía Skype. Así, la partera se puso al tanto de todos los controles y estudios que la embarazada se hizo. La joven relató que se atendió en el centro de salud ubicado en Malvinas Argentinas y Lafinur, y que tuvo un embarazo normal, sin complicaciones. 

Maniobras que salieron mal
Cuando la paciente le contó sobre los dolores que sentía, le explicó el cuadro y le manifestó que ya había roto bolsa, Weber pidió que le compraran el pasaje para viajar desde Aeroparque a San Luis. No consiguieron vuelo directo, así que fue hasta Mendoza y un familiar de una amiga de Ludmila la trajo en auto hasta la capital puntana.

Cuando llegó la partera, según recordó la damnificada, empezó a prepararla para el alumbramiento: cerró las cortinas de la habitación, la hizo sacarse la ropa, puso música y empezó a registrar los controles que le iba efectuando. 

En las horas que siguieron, se incrementaron los dolores, y también el agotamiento, explicó. Dijo que Weber la hizo ponerse en distintas posiciones, ya sea a ella sola, o con la ayuda de Andrés y de dos amigas que habían ido a acompañarla, pero la beba no salía. 
La partera pidió que consiguieran y armaran una pileta inflable, que hizo llenar con agua caliente y la hizo meter, supuestamente para propiciar la dilatación uterina. El malestar era cada vez mayor: la paciente empezó a sentirse muy descompuesta, a sudar mucho, a vomitar. 

“Ella me responsabilizaba diciendo que colaborara –declaró Ludmila–, que dependía de mí, que me despidiera de la panza, que el tiempo que me llevara iba a depender de mí (…) Entre tantas cosas que nos hacía hacer me angustiaba, sentía que algo no estaba bien. Me apretaba la panza, algo que habíamos hablado que no quería que pasara, que en los sanatorios sí pasa”. 
Así transcurrieron 72 horas, hasta que, finalmente Ludmila fue llevada por su mamá a la clínica privada Cerhu. La chica estaba preocupada: había dejado de sentir los movimientos de la beba. 

Ya en la clínica, la hicieron entrar en la sala de partos y pujar durante algunos minutos. Una de las médicas “empezó a hacerme fuerza en la panza, se me subió encima como cuatro o cinco veces, y yo sentía que ya no podía más (…) Todo lo que no quería que pasara, pasó: me hicieron tacto, se me subieron arriba de la panza, me gritaban”, relató Ludmila 

Debieron someterla a una cesárea. Lina nació muy grave, prácticamente sin pulso ni latidos. La reanimaron, pero no resistió mucho. Ludmila también estaba muy delicada. Después de la internación, cuando estuvo estabilizada, fue derivada a la Maternidad Provincial “Doctora Teresita Baigorria”. Allí la operaron, días después, para extraerle el útero, ya que tenía una gran infección. 

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Detuvieron a una partera por la muerte de una beba

En 2014 intervino en un parto humanizado. La parturienta que perdió a su hija, además, no podrá volver a dar a luz. Está imputada de homicidio culposo y lesiones culposas.

Weber arrestada. La ubicaron en la ciudad de Buenos Aires. Foto: gentileza.

Para Ludmila debió haber sido uno de los momentos más hermosos e inolvidables, el del nacimiento de su primera hija. La fecha probable de parto era el 9 de setiembre de 2014, según los controles que se había hecho. Pero el 29 de agosto a la noche empezó a sentir dolores muy intensos, que le señalaron que Lina llegaría antes. Ella y su entonces esposo, Andrés, habían decidido tener un parto humanizado, en su propia casa, y contactaron a una partera especializada en ese tipo de alumbramientos, María Belén Weber. La mujer viajó desde Buenos Aires para acompañarlos. Nada resultó como la pareja esperaba: tras 72 horas de trabajo de parto en su hogar, la beba finalmente nació en una clínica privada y murió poco después, y Ludmila sufrió una infección por la que luego tuvieron que sacarle el útero, perdiendo así la posibilidad de dar a luz algún día. 

Weber fue arrestada días atrás en Capital Federal por orden del juez Penal 1 de San Luis, Sebastián Cadelago Filippi. La mujer de 32 años está imputada por “Homicidio y lesiones culposas”, y esta semana el magistrado resolverá si la procesa. 
La partera fue citada para presentarse a declarar en indagatoria. Enviaron notificaciones al domicilio que había brindado, pero no se presentó. Por ello, el juez ordenó su detención. 

Hace días, policías de San Luis se comunicaron con pares de la Ciudad de Buenos Aires para pedirles colaboración, y éstos lograron dar con ella y concretaron el arresto, explicó el abogado de Ludmila, Esteban Sala. 

Además de hacer otras averiguaciones, los efectivos monitorearon sus redes sociales y comunicaciones, y así establecieron que Weber planeaba mudarse a Córdoba. Fue arrestada antes de que se trasladara a esa provincia junto a su pareja y su hijo, de unos dos años.
En su declaración, Ludmila, psicóloga de profesión, contó que llegó a Weber a través de otra mujer que hacía partos domiciliarios en San Luis. En principio, la iba a asistir ella, pero le explicó que no podría hacerlo, ya que se iba de la provincia.
 

Ludmila y Weber estuvieron cara a cara recién el 30 de agosto. Entre junio, cuando la contactó, y esa fecha, se habían comunicado por teléfono, mensajes de WhatsApp y vía Skype. Así, la partera se puso al tanto de todos los controles y estudios que la embarazada se hizo. La joven relató que se atendió en el centro de salud ubicado en Malvinas Argentinas y Lafinur, y que tuvo un embarazo normal, sin complicaciones. 

Maniobras que salieron mal
Cuando la paciente le contó sobre los dolores que sentía, le explicó el cuadro y le manifestó que ya había roto bolsa, Weber pidió que le compraran el pasaje para viajar desde Aeroparque a San Luis. No consiguieron vuelo directo, así que fue hasta Mendoza y un familiar de una amiga de Ludmila la trajo en auto hasta la capital puntana.

Cuando llegó la partera, según recordó la damnificada, empezó a prepararla para el alumbramiento: cerró las cortinas de la habitación, la hizo sacarse la ropa, puso música y empezó a registrar los controles que le iba efectuando. 

En las horas que siguieron, se incrementaron los dolores, y también el agotamiento, explicó. Dijo que Weber la hizo ponerse en distintas posiciones, ya sea a ella sola, o con la ayuda de Andrés y de dos amigas que habían ido a acompañarla, pero la beba no salía. 
La partera pidió que consiguieran y armaran una pileta inflable, que hizo llenar con agua caliente y la hizo meter, supuestamente para propiciar la dilatación uterina. El malestar era cada vez mayor: la paciente empezó a sentirse muy descompuesta, a sudar mucho, a vomitar. 

“Ella me responsabilizaba diciendo que colaborara –declaró Ludmila–, que dependía de mí, que me despidiera de la panza, que el tiempo que me llevara iba a depender de mí (…) Entre tantas cosas que nos hacía hacer me angustiaba, sentía que algo no estaba bien. Me apretaba la panza, algo que habíamos hablado que no quería que pasara, que en los sanatorios sí pasa”. 
Así transcurrieron 72 horas, hasta que, finalmente Ludmila fue llevada por su mamá a la clínica privada Cerhu. La chica estaba preocupada: había dejado de sentir los movimientos de la beba. 

Ya en la clínica, la hicieron entrar en la sala de partos y pujar durante algunos minutos. Una de las médicas “empezó a hacerme fuerza en la panza, se me subió encima como cuatro o cinco veces, y yo sentía que ya no podía más (…) Todo lo que no quería que pasara, pasó: me hicieron tacto, se me subieron arriba de la panza, me gritaban”, relató Ludmila 

Debieron someterla a una cesárea. Lina nació muy grave, prácticamente sin pulso ni latidos. La reanimaron, pero no resistió mucho. Ludmila también estaba muy delicada. Después de la internación, cuando estuvo estabilizada, fue derivada a la Maternidad Provincial “Doctora Teresita Baigorria”. Allí la operaron, días después, para extraerle el útero, ya que tenía una gran infección. 

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