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Muerte de una beba: citaron a declarar a médicos de una clínica

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Muerte de una beba: citaron a declarar a médicos de una clínica

La partera independiente imputada y detenida por el caso culpa a estos profesionales. Son un ginecólogo y una obstetra que atendieron a una parturienta en setiembre de 2014, en San Luis.

La pregunta que atraviesa la investigación que lleva adelante el juez Penal 1 de San Luis, Sebastián Cadelago Filippi, es quién fue responsable de que una beba, Lina, muriera a poco de llegar al mundo, el 3 de setiembre de 2014, y de que a su mamá, Ludmila, le sacaran el útero, por la infección que sufrió. Hoy será un día de relatos clave: declararán dos médicos que atendieron a la joven y a su pequeña en una clínica privada de San Luis Capital, a quienes María Belén Weber, la partera independiente que está imputada y detenida por este caso, señala como los causantes del fallecimiento de la criatura y de las lesiones graves sufridas por Ludmila. 

Esteban Sala, el abogado de la damnificada, le detalló ayer a El Diario que los especialistas llamados a declarar son un ginecólogo y una licenciada en obstetricia de la Clínica Privada Cerhu. “Estaban citados para hoy (por ayer), pero entiendo que no fueron notificados, por eso deberían presentarse mañana (por hoy)”, explicó Sala, quien consideró que convocar a estos profesionales ha sido una buena decisión del juez, “para escucharlos y que digan en qué estado llegaron la mamá y la bebé” al centro de salud.

“Como representante de la damnificada sólo quiero que se descubra la verdad. En ese sentido, me interesa preguntarles a los médicos de manera muy seria sobre su accionar, y será el juez quien defina quién es responsable. En principio, no estoy viendo nada cuestionable en ellos, porque la paciente llegó, hicieron una serie de intentos para que la bebé naciera de forma natural, se dieron cuenta de que no podía ser y le hicieron la cesárea. Creo que, en definitiva, eso le salvó la vida. La imputada dice lo contrario. Considero que es conveniente investigar sobre su hipótesis de los hechos”, indicó. 

La partera cuestionada aseguró que llevó a Ludmila al Cerhu en buen estado. El personal de la clínica, por su parte, “ha dicho que hubo una demora injustificada en llevar a la joven al centro de salud”, y que esto desencadenó  el lamentable resultado, resumió el querellante.  
Los profesionales de la clínica atendieron a Ludmila después de que ella tuviera un trabajo de parto en su hogar, bajo la coordinación de Weber, a quien la embarazada y Andrés, su entonces marido, habían contratado especialmente para que los asistiera para un alumbramiento domiciliario, también conocido como humanizado. 

Ese trabajo de parto se extendió por 72 horas, lapso que, según Weber, es normal y no implicaba riesgos ni para la madre ni para la beba. Más aún, la partera dijo que ella sugirió a los padres que siguieran con el plan B –esto es, ir a una clínica u hospital–, que fueron ellos los que prefirieron esperar más tiempo en su casa y que cuando llegaron al Cerhu, madre y bebé estaban bien, aptas para una cesárea, ya que se había dado cuenta de que el parto natural no era una opción viable. 

Pero fueron los especialistas de la clínica quienes, desoyendo a Weber, hicieron entrar a la madre a la sala e intentaron que tuviera un alumbramiento natural, realizando en esa circunstancia la maniobra de Kristeller, causante del daño que la beba sufrió en la cabeza y también, a la postre, de la infección de Ludmila, afirmó José Alberto Olguín, el abogado de la partera detenida días atrás en Capital Federal. 
La maniobra de Kristeller consiste en presionar el abdomen de la madre hacia abajo, para que el bebé salga o al menos llegue a lo que se conoce como la coronación, es decir, cuando la cabeza de la criatura ya pasó el canal de parto y la parte superior, la corona, es visible en la abertura vaginal. 
 

Olguín refirió que la propia damnificada declaró que los médicos le presionaron el vientre. E indicó que la maniobra de Kristeller “está prohibida por el Ministerio de Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. Esto produjo “daños muy severos en el cráneo del bebé, y su posterior fallecimiento”. 

En verdad, en otro pasaje de su narración, la damnificada también expresó que Weber le había hecho presión en la panza, destacando una contradicción: ella había optado por un parto humanizado y había buscado a una partera que trabajaba en esta corriente porque no quería experimentar ciertas prácticas que los médicos hacen en los centros de salud, tales como el tacto y ejercer presión. Para los seguidores de esta modalidad, esas acciones médicas son invasivas y violentas. Ludmila dijo que justamente lo que no quería que le pasara, terminó viviéndolo en su casa. 

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Dicen que Weber es la responsable

Los dos profesionales del Cerhu ya brindaron declaración, durante la pre-instrucción de la causa, antes de que le tomaran la indagatoria a Weber. Ellos refirieron “que hicieron un trabajo de parto, en el que advierten que el bebé no podía de ningún modo nacer de forma natural, y que debía ir a cesárea por una estrechez pélvica”, manifestó Esteban Sala, abogado de la damnificada.

Para los médicos, la responsabilidad, en definitiva, fue de la partera Weber, “dado que demoró demasiado tiempo, con un bebé encajado en el canal de parto, tales son las palabras que utilizaron. Dicen que eso provocó la lesión y la infección. E indicaron que ella, como partera, jamás podría no haber detectado la estrechez pelviana de la mamá”.

“El ginecólogo es quien hizo la cesárea y advirtió que había una gran infección en el útero de la mamá, que había un olor fétido, así lo definió, lo que daría cuenta de que la infección no era reciente. Y notó también que el bebé tenía un coágulo en la cabeza, que es en definitiva la causa del fallecimiento”, expresó.

Muerte de una beba: citaron a declarar a médicos de una clínica

La partera independiente imputada y detenida por el caso culpa a estos profesionales. Son un ginecólogo y una obstetra que atendieron a una parturienta en setiembre de 2014, en San Luis.

Investigada. Weber (a la izquierda) fue detenida en Buenos Aires, donde reside. La damnificada la contrató para que la ayudara a dar a luz.   

La pregunta que atraviesa la investigación que lleva adelante el juez Penal 1 de San Luis, Sebastián Cadelago Filippi, es quién fue responsable de que una beba, Lina, muriera a poco de llegar al mundo, el 3 de setiembre de 2014, y de que a su mamá, Ludmila, le sacaran el útero, por la infección que sufrió. Hoy será un día de relatos clave: declararán dos médicos que atendieron a la joven y a su pequeña en una clínica privada de San Luis Capital, a quienes María Belén Weber, la partera independiente que está imputada y detenida por este caso, señala como los causantes del fallecimiento de la criatura y de las lesiones graves sufridas por Ludmila. 

Esteban Sala, el abogado de la damnificada, le detalló ayer a El Diario que los especialistas llamados a declarar son un ginecólogo y una licenciada en obstetricia de la Clínica Privada Cerhu. “Estaban citados para hoy (por ayer), pero entiendo que no fueron notificados, por eso deberían presentarse mañana (por hoy)”, explicó Sala, quien consideró que convocar a estos profesionales ha sido una buena decisión del juez, “para escucharlos y que digan en qué estado llegaron la mamá y la bebé” al centro de salud.

“Como representante de la damnificada sólo quiero que se descubra la verdad. En ese sentido, me interesa preguntarles a los médicos de manera muy seria sobre su accionar, y será el juez quien defina quién es responsable. En principio, no estoy viendo nada cuestionable en ellos, porque la paciente llegó, hicieron una serie de intentos para que la bebé naciera de forma natural, se dieron cuenta de que no podía ser y le hicieron la cesárea. Creo que, en definitiva, eso le salvó la vida. La imputada dice lo contrario. Considero que es conveniente investigar sobre su hipótesis de los hechos”, indicó. 

La partera cuestionada aseguró que llevó a Ludmila al Cerhu en buen estado. El personal de la clínica, por su parte, “ha dicho que hubo una demora injustificada en llevar a la joven al centro de salud”, y que esto desencadenó  el lamentable resultado, resumió el querellante.  
Los profesionales de la clínica atendieron a Ludmila después de que ella tuviera un trabajo de parto en su hogar, bajo la coordinación de Weber, a quien la embarazada y Andrés, su entonces marido, habían contratado especialmente para que los asistiera para un alumbramiento domiciliario, también conocido como humanizado. 

Ese trabajo de parto se extendió por 72 horas, lapso que, según Weber, es normal y no implicaba riesgos ni para la madre ni para la beba. Más aún, la partera dijo que ella sugirió a los padres que siguieran con el plan B –esto es, ir a una clínica u hospital–, que fueron ellos los que prefirieron esperar más tiempo en su casa y que cuando llegaron al Cerhu, madre y bebé estaban bien, aptas para una cesárea, ya que se había dado cuenta de que el parto natural no era una opción viable. 

Pero fueron los especialistas de la clínica quienes, desoyendo a Weber, hicieron entrar a la madre a la sala e intentaron que tuviera un alumbramiento natural, realizando en esa circunstancia la maniobra de Kristeller, causante del daño que la beba sufrió en la cabeza y también, a la postre, de la infección de Ludmila, afirmó José Alberto Olguín, el abogado de la partera detenida días atrás en Capital Federal. 
La maniobra de Kristeller consiste en presionar el abdomen de la madre hacia abajo, para que el bebé salga o al menos llegue a lo que se conoce como la coronación, es decir, cuando la cabeza de la criatura ya pasó el canal de parto y la parte superior, la corona, es visible en la abertura vaginal. 
 

Olguín refirió que la propia damnificada declaró que los médicos le presionaron el vientre. E indicó que la maniobra de Kristeller “está prohibida por el Ministerio de Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. Esto produjo “daños muy severos en el cráneo del bebé, y su posterior fallecimiento”. 

En verdad, en otro pasaje de su narración, la damnificada también expresó que Weber le había hecho presión en la panza, destacando una contradicción: ella había optado por un parto humanizado y había buscado a una partera que trabajaba en esta corriente porque no quería experimentar ciertas prácticas que los médicos hacen en los centros de salud, tales como el tacto y ejercer presión. Para los seguidores de esta modalidad, esas acciones médicas son invasivas y violentas. Ludmila dijo que justamente lo que no quería que le pasara, terminó viviéndolo en su casa. 

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