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Los líderes llaman la atención

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Los líderes llaman la atención

Hay personas, cuyos actos, llaman la atención de millones de personas. Son los líderes. Existen en las variadas ocupaciones: líderes de la música, del deporte, de una religión, de un movimiento popular. Las acciones de los líderes, y sus conductas, hasta donde sea posible conocer, atraen la mirada, el análisis, el insulto, o la admiración de millones. Las nuevas tecnologías facilitan que el “contacto” de los líderes con esos millones, sea cotidiano y persistente.

En el mundo de la política, Lula da Silva es un líder. Sigue preso, pero la confusión judicial que se produjo hace unos días, en torno a su posible liberación, volvió a colocar al ex presidente en el centro del debate electoral en Brasil.

El timing era perfecto: dos días después de la eliminación de la Seleçao en la Copa del Mundo, los brasileños ya no estaban con la mente obnubilada por el fútbol y la política podía retomar sus derechos. Porque los líderes están rodeados de mucha gente, que desean que ese liderazgo continúe.

Y la defensa de Lula eligió precisamente el fin de semana en el que un juez supuestamente favorable a sus intereses estaba de guardia para presentar el enésimo pedido de Habeas Corpus a través de tres diputados del Partido de los Trabajadores (PT).

El ex mandatario (2003-2010), que purga desde hace tres meses una pena de 12 años y un mes de prisión por corrupción, encabeza las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de octubre a pesar de que su candidatura tiene grandes chances de ser invalidada por la justicia electoral.

Sin que nadie lo esperara, la noticia estalló como una bomba: el juez Rogerio Favreto, de la corte de apelaciones TRF4 de Porto Alegre, ordenó liberar al ícono de la izquierda. La prensa brasileña no pasó por alto que el magistrado fue miembro del PT durante cerca de 20 años y que trabajó en varias ocasiones como consejero del gobierno de Lula.

En un guión digno de telenovela, empezó un pulso de órdenes y contraórdenes entre Favreto y los jueces y fiscales que se oponen a la liberación de Lula. Para poner fin a toda esa confusión, el presidente del TRF4 acabó decidiendo en la noche que Lula permanecería entre rejas.

Para los seguidores del ex obrero metalúrgico, el entusiasmo pasó rápidamente a la cólera. “¡Qué vergüenza para el sistema judicial brasileño! Vale todo para perjudicar a Lula y, en consecuencia, a la democracia y al pueblo brasileño”, dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann.

Para numerosos juristas, la verdadera víctima de todo este enredo es el propio sistema judicial brasileño, cuya credibilidad quedó fuertemente en entredicho. “La población brasileña no debería pagar el costo de la desmoralización de la justicia por una estrategia del PT”, dijo Ivar Hartmann, profesor de derecho en la Fundación Getulio Vargas (FGV) de Rio de Janeiro.

La realidad es que Lula, sin salir de la prisión, volvió a centrar todos los focos del gigante latinoamericano. Según el grupo de análisis Eurasia Group, el ruido alrededor de la situación legal del ex mandatario, de 72 años, “refuerza la capacidad del PT de propagar la narrativa de la persecución política y aumenta las posibilidades de ese partido de llegar al segundo turno” en las elecciones.

La confusión en torno a la posible liberación de Lula tiene un impacto sobre la campaña y deja más incierto un escenario electoral sujeto a intervenciones inesperadas de la justicia.

Pero para que todo eso suceda, como está sucediendo y sucederá, es necesario que exista un líder. Alguien que concite la atención. Lula es un líder de la política global.

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Los líderes llaman la atención

Hay personas, cuyos actos, llaman la atención de millones de personas. Son los líderes. Existen en las variadas ocupaciones: líderes de la música, del deporte, de una religión, de un movimiento popular. Las acciones de los líderes, y sus conductas, hasta donde sea posible conocer, atraen la mirada, el análisis, el insulto, o la admiración de millones. Las nuevas tecnologías facilitan que el “contacto” de los líderes con esos millones, sea cotidiano y persistente.

En el mundo de la política, Lula da Silva es un líder. Sigue preso, pero la confusión judicial que se produjo hace unos días, en torno a su posible liberación, volvió a colocar al ex presidente en el centro del debate electoral en Brasil.

El timing era perfecto: dos días después de la eliminación de la Seleçao en la Copa del Mundo, los brasileños ya no estaban con la mente obnubilada por el fútbol y la política podía retomar sus derechos. Porque los líderes están rodeados de mucha gente, que desean que ese liderazgo continúe.

Y la defensa de Lula eligió precisamente el fin de semana en el que un juez supuestamente favorable a sus intereses estaba de guardia para presentar el enésimo pedido de Habeas Corpus a través de tres diputados del Partido de los Trabajadores (PT).

El ex mandatario (2003-2010), que purga desde hace tres meses una pena de 12 años y un mes de prisión por corrupción, encabeza las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de octubre a pesar de que su candidatura tiene grandes chances de ser invalidada por la justicia electoral.

Sin que nadie lo esperara, la noticia estalló como una bomba: el juez Rogerio Favreto, de la corte de apelaciones TRF4 de Porto Alegre, ordenó liberar al ícono de la izquierda. La prensa brasileña no pasó por alto que el magistrado fue miembro del PT durante cerca de 20 años y que trabajó en varias ocasiones como consejero del gobierno de Lula.

En un guión digno de telenovela, empezó un pulso de órdenes y contraórdenes entre Favreto y los jueces y fiscales que se oponen a la liberación de Lula. Para poner fin a toda esa confusión, el presidente del TRF4 acabó decidiendo en la noche que Lula permanecería entre rejas.

Para los seguidores del ex obrero metalúrgico, el entusiasmo pasó rápidamente a la cólera. “¡Qué vergüenza para el sistema judicial brasileño! Vale todo para perjudicar a Lula y, en consecuencia, a la democracia y al pueblo brasileño”, dijo la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann.

Para numerosos juristas, la verdadera víctima de todo este enredo es el propio sistema judicial brasileño, cuya credibilidad quedó fuertemente en entredicho. “La población brasileña no debería pagar el costo de la desmoralización de la justicia por una estrategia del PT”, dijo Ivar Hartmann, profesor de derecho en la Fundación Getulio Vargas (FGV) de Rio de Janeiro.

La realidad es que Lula, sin salir de la prisión, volvió a centrar todos los focos del gigante latinoamericano. Según el grupo de análisis Eurasia Group, el ruido alrededor de la situación legal del ex mandatario, de 72 años, “refuerza la capacidad del PT de propagar la narrativa de la persecución política y aumenta las posibilidades de ese partido de llegar al segundo turno” en las elecciones.

La confusión en torno a la posible liberación de Lula tiene un impacto sobre la campaña y deja más incierto un escenario electoral sujeto a intervenciones inesperadas de la justicia.

Pero para que todo eso suceda, como está sucediendo y sucederá, es necesario que exista un líder. Alguien que concite la atención. Lula es un líder de la política global.

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