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"Cuando te da un ACV, cambia la perspectiva de la vida"

Leonardo Kram

El cardiólogo Jorge Luis Álvarez contó cómo vivió un accidente cerebro vascular.

Es imposible hablar con Jorge Luis Álvarez y no pensar que se está escuchando a un médico. A través del contacto telefónico que logró El Diario de la República ayer,  el cardiólogo de 56 años, que estaba en un congreso sobre insuficiencias cardíacas en Mar del Plata, dio detalles, síntomas  y recomendaciones sobre el accidente cerebro vascular (ACV). Pero esto no era un padecimiento más para él. Su experiencia personal y profesional iba a ir y volver a lo largo de la entrevista. Y es que el médico, que trabaja en una clínica privada de la capital, sobrevivió a un ACV y hoy, después de unos meses de recuperación, puede contar su historia.

El 1º de junio, a las 9 de la mañana, el doctor Álvarez tomaba mate con su mujer. Era un sábado tranquilo. Sin embargo comenzó a sentir que no podía mover su brazo izquierdo. La fuerza ni siquiera le alcanzaba para poder meter su billetera en el bolsillo de su pantalón. Ese adormecimiento no lo dejó inmóvil. Llamó a un neurólogo amigo, que le dijo que fuera a hacerse estudios lo antes posible. “¿Cuál es el mensaje que la gente debería recordar? Si tenés un dolor en el pecho, o te falta aire, que no le eche la culpa al hígado. Que no tome nada y vaya a la guardia más cercana, lo antes posible”, apuntó, volviendo a su rol de consultorio.

El médico continuó explicando lo que le había pasado, con una amalgama de datos científicos, propios de su profesión. “Generalmente este tipo de incidentes, tanto las enfermedades coronarias como el ACV, se producen en las primeras horas de la madrugada, hasta la media mañana porque el organismo, en ese momento de descanso, libera toda una serie de sustancias para preparar el cuerpo para el próximo día”, detalló. Coágulos o trombos de colesterol se liberan, “se rompen” y atascan distintas arterias. “Si se tapan las arterias del corazón, te da un infarto. Si se tapan las del cerebro, es un infarto cerebral”, explicó.

En su caso, una placa de colesterol  “se fracturó” y se le alojó en la carótida, una arteria que está en el cuello. “Yo me hice el diagnóstico en el acto. Yo soy médico, pero en realidad cualquiera lo puede hacer. Si usted se levanta, y le cuesta mover las piernas, los brazos, o quien te acompaña se le tuerce la cara o no puede expresar lo que quiere decir. En ese momento hay que actuar”, remarcó.

Álvarez se tomó la presión. Tenía 12,7, estaba dentro de los parámetros normales. Pero igual fue a la guardia, donde le tomaron imágenes del cerebro y comprobó que había tenido un ACV. Allí le informaron que se trataba por una placa de colesterol y no por la otra razón por las que se provoca el mal, una rotura de una arteria. Lo trataron a tiempo y a las 20 ya se movía con normalidad.

Estuvo internado un tiempo y semanas después tuvo que hacer una recuperación fonoaudiológica, es decir ejercicios de habla, que también se había visto levemente afectada. Hoy se lo escucha hablar con normalidad. “Yo me recuperé. Caminó normal y si me ves, y me comparás con un paciente con secuelas, ni te enterás”, afirmó. Sus colegas que lo rodeaban al momento de la nota, no lo podían creer, agregó.

“Por supuesto que ahora pasó toda la tormenta, pero en el momento que me hice el diagnóstico y estaba padeciendo, mi mayor preocupación era hasta dónde iba a llegar la gravedad de mi arteria tapada y cuál eventualmente iba a ser la secuela”, recordó.

El cardiólogo admitió que en su vida era “muy ordenado”. “Corría 10 kilómetros por día y a partir de los 50 aumenté mucho más los hábitos saludables. A pesar de eso me tocó tener un ACV”, admitió.

¿Cómo es qué llegó a padecer, algo característico de personas adictas al tabaco, sedentarias y con mala alimentación? “Yo tengo una predisposición genética importante. Mi padre falleció a los 45 años entrando el auto a la cochera y mi hermano tuvo un infarto a los 30”, indicó. “La incidencia de enfermedades en las arterias es muchísimo más alta, con lo cual venía ajustando las cosas. Si hubiera pesado 130 kilos y fuera sedentario, me iba a costar mucho recuperarme y las secuelas hubieran sido distintas”, agregó.

Consultado sobre si algo cambió en su cotidianidad luego de tener el ACV contestó que “cuando uno tiene un evento de estos, cambia la perspectiva de la vida. Trabajo pero menos horas. Trato de tomar con más calma a algunas cuestiones y no dejo de hacer actividad física cada vez que puedo”. Lo cierto es que el stress también influye en los ACV y su caso, como dejó deslizar, fue un ejemplo de ello. “El stress es algo natural, es un mecanismo de defensa. Pero cuando es sostenido, es anormal y dañino”, afirmó.

“Te pone en otra perspectiva cuando estás frente al paciente. Antes de que pasara esto, todo esto que te dije, lo dije 400 veces por día”, afirmó por último el médico, recuperado y consciente de lo que le había ocurrido.

 

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Consejos del doctor

-Evitar el sedentarismo. Realizar actividad física, constante.

-Hacer una dieta equilibrada, con abundancia de verduras y frutas, pescado y cereales. Evitar sal y grasas.

-En ambos casos, redoblar esfuerzos si se tienen familiares con problemas cardíacos o de diabetes.

-Hacerse chequeos cardíacos constantes, en especial hombres a partir de los 45 años, controlando niveles de colesterol, azúcar y presión.

-Tener un estricto control de la presión arterial, diabetes y enfermedades del corazón.

-Reducir los niveles de stress, ya que éste aumenta las posibilidades de sufrir el padecimiento.

-Beber con moderación y si es posible dejar de fumar.

-Conocer las señales de alarma: rostro, piernas o brazos entumecidos; balbuceo sin sentido o incapacidad para hablar; pérdida de la visión de un lado o dolores fuertes de cabeza.

-Apenas se detecten los síntomas, concurrir a un médico. El diagnóstico temprano reduce las posibilidades de secuelas e incluso la muerte.

-Luego de sufrir un ACV, aumentar la actividad física, dejar el tabaco y comer más sano. En el caso de adolescentes, acompañar con terapia conductual.

"Cuando te da un ACV, cambia la perspectiva de la vida"

El cardiólogo Jorge Luis Álvarez contó cómo vivió un accidente cerebro vascular.

El médico. Álvarez conduce un programa de televisión en el que se divulga sobre enfermedades.

Es imposible hablar con Jorge Luis Álvarez y no pensar que se está escuchando a un médico. A través del contacto telefónico que logró El Diario de la República ayer,  el cardiólogo de 56 años, que estaba en un congreso sobre insuficiencias cardíacas en Mar del Plata, dio detalles, síntomas  y recomendaciones sobre el accidente cerebro vascular (ACV). Pero esto no era un padecimiento más para él. Su experiencia personal y profesional iba a ir y volver a lo largo de la entrevista. Y es que el médico, que trabaja en una clínica privada de la capital, sobrevivió a un ACV y hoy, después de unos meses de recuperación, puede contar su historia.

El 1º de junio, a las 9 de la mañana, el doctor Álvarez tomaba mate con su mujer. Era un sábado tranquilo. Sin embargo comenzó a sentir que no podía mover su brazo izquierdo. La fuerza ni siquiera le alcanzaba para poder meter su billetera en el bolsillo de su pantalón. Ese adormecimiento no lo dejó inmóvil. Llamó a un neurólogo amigo, que le dijo que fuera a hacerse estudios lo antes posible. “¿Cuál es el mensaje que la gente debería recordar? Si tenés un dolor en el pecho, o te falta aire, que no le eche la culpa al hígado. Que no tome nada y vaya a la guardia más cercana, lo antes posible”, apuntó, volviendo a su rol de consultorio.

El médico continuó explicando lo que le había pasado, con una amalgama de datos científicos, propios de su profesión. “Generalmente este tipo de incidentes, tanto las enfermedades coronarias como el ACV, se producen en las primeras horas de la madrugada, hasta la media mañana porque el organismo, en ese momento de descanso, libera toda una serie de sustancias para preparar el cuerpo para el próximo día”, detalló. Coágulos o trombos de colesterol se liberan, “se rompen” y atascan distintas arterias. “Si se tapan las arterias del corazón, te da un infarto. Si se tapan las del cerebro, es un infarto cerebral”, explicó.

En su caso, una placa de colesterol  “se fracturó” y se le alojó en la carótida, una arteria que está en el cuello. “Yo me hice el diagnóstico en el acto. Yo soy médico, pero en realidad cualquiera lo puede hacer. Si usted se levanta, y le cuesta mover las piernas, los brazos, o quien te acompaña se le tuerce la cara o no puede expresar lo que quiere decir. En ese momento hay que actuar”, remarcó.

Álvarez se tomó la presión. Tenía 12,7, estaba dentro de los parámetros normales. Pero igual fue a la guardia, donde le tomaron imágenes del cerebro y comprobó que había tenido un ACV. Allí le informaron que se trataba por una placa de colesterol y no por la otra razón por las que se provoca el mal, una rotura de una arteria. Lo trataron a tiempo y a las 20 ya se movía con normalidad.

Estuvo internado un tiempo y semanas después tuvo que hacer una recuperación fonoaudiológica, es decir ejercicios de habla, que también se había visto levemente afectada. Hoy se lo escucha hablar con normalidad. “Yo me recuperé. Caminó normal y si me ves, y me comparás con un paciente con secuelas, ni te enterás”, afirmó. Sus colegas que lo rodeaban al momento de la nota, no lo podían creer, agregó.

“Por supuesto que ahora pasó toda la tormenta, pero en el momento que me hice el diagnóstico y estaba padeciendo, mi mayor preocupación era hasta dónde iba a llegar la gravedad de mi arteria tapada y cuál eventualmente iba a ser la secuela”, recordó.

El cardiólogo admitió que en su vida era “muy ordenado”. “Corría 10 kilómetros por día y a partir de los 50 aumenté mucho más los hábitos saludables. A pesar de eso me tocó tener un ACV”, admitió.

¿Cómo es qué llegó a padecer, algo característico de personas adictas al tabaco, sedentarias y con mala alimentación? “Yo tengo una predisposición genética importante. Mi padre falleció a los 45 años entrando el auto a la cochera y mi hermano tuvo un infarto a los 30”, indicó. “La incidencia de enfermedades en las arterias es muchísimo más alta, con lo cual venía ajustando las cosas. Si hubiera pesado 130 kilos y fuera sedentario, me iba a costar mucho recuperarme y las secuelas hubieran sido distintas”, agregó.

Consultado sobre si algo cambió en su cotidianidad luego de tener el ACV contestó que “cuando uno tiene un evento de estos, cambia la perspectiva de la vida. Trabajo pero menos horas. Trato de tomar con más calma a algunas cuestiones y no dejo de hacer actividad física cada vez que puedo”. Lo cierto es que el stress también influye en los ACV y su caso, como dejó deslizar, fue un ejemplo de ello. “El stress es algo natural, es un mecanismo de defensa. Pero cuando es sostenido, es anormal y dañino”, afirmó.

“Te pone en otra perspectiva cuando estás frente al paciente. Antes de que pasara esto, todo esto que te dije, lo dije 400 veces por día”, afirmó por último el médico, recuperado y consciente de lo que le había ocurrido.

 

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