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Los peligros de siempre, con otras herramientas

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Los peligros de siempre, con otras herramientas

Con más frecuencia de la deseada puede leerse en las noticias sobre tal o cual caso de una persona (casi siempre una mujer), que es objeto de violencia, o ha sido objeto de violencia, hasta el extremo de la muerte, luego de haber conocido a otra persona (casi siempre un hombre) y entablar una relación a través de las redes sociales.

Los titulares de los diarios tocan el tema con una liviandad que roza el ridículo y ponen el foco no ya en la situación violenta en sí (que es por donde “pasa la noticia”), sino en el hecho fortuito del nombre de la plataforma que conectó a las personas. La “culpa” entonces queda circunscripta a Tinder, Facebook, Instagram o lo que sea.

Esta mirada de los medios no sólo adolece de falta de profundidad profesional, sino que además corre el albur de desviar la verdadera desde la cuestión de fondo, en este caso la violencia de género, y establecer como eje temático el hecho casual que hizo que dos personas se conozcan.

Cada vez que esto ocurre no sólo se empobrece la información, sino que se le niega a gran parte de la sociedad la oportunidad de establecer un debate de fondo, serio, concreto, responsable y con voces autorizadas, respecto de lo que es un flagelo de las sociedades, aún en la segunda década del Siglo XXI. Porque la noticia debería hacer hincapié en los peligros de siempre, con otras herramientas.

El sometimiento del género femenino a instancias de la fuerza bruta, a instancias de golpes, maltratos físicos, psicológicos y el trágico final de los homicidios, lamentablemente no es una noticia nueva. Ocurre desde que existen tales registros. Lo que pasa ahora es que las sociedades paulatinamente se han ido alejando de los modelos patriarcales duros y se han acercado a una forma de comunidad en la que las mujeres tienen acceso a formas de poder y ejercicio de sus derechos, cada vez con mayor fuerza.

Y lo que demuestra la violencia de género es que persiste un modelo que “no se entrega” con facilidad. Un modelo en el que la mujer sigue siendo considerada una “cosa”, la “pertenencia” de alguien, un objeto, más que un individuo. Nadie sabe con certeza cuántas mujeres han de perecer aún a manos de hombres violentos, para que de una vez y para siempre, esto se convierta en la crónica arcaica y desalmada de una época que no debe regresar.

Se equivocan profundamente los medios en culpar a las redes sociales, como se equivocaron durante años en poner el foco en cómo se viste, cómo habla o cómo se maquilla la mujer que es objeto de violencia. Hablar de la herramienta como el centro de la culpa es de una miopía que ofende la inteligencia. Los peligros son los de siempre, sólo que existen nuevas herramientas a través de las cuales se expresan.

No tienen la responsabilidad Facebook, Tinder, Instagram o la red social que sea; de la violencia de género. Tienen mucha mayor responsabilidad los hombres que producen esa violencia, sobre todo aquellos que bajo el discurso contra el machismo dan continuidad al sistema patriarcal de que dicen estar fuera. Tienen mayor responsabilidad las sociedades que miran hacia otro lado mientras eso ocurre. Sociedades que eligen contar las historias por los bordes y no por el centro. Sociedades que se atosigan de medios que reproducen un discurso falso, que cuentan “apenas” una parte de la verdad, mientras las tragedias se suceden con una pasmosa continuidad. Porque los peligros de la violencia de género son los de siempre y a este ritmo siempre van a encontrar nuevas herramientas para explotar. La culpa no es de la herramienta, nunca lo fue, la culpa es de quién y cómo, utiliza esas herramientas.

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Los peligros de siempre, con otras herramientas

Ilustración: Pablo Blasberg. 

Con más frecuencia de la deseada puede leerse en las noticias sobre tal o cual caso de una persona (casi siempre una mujer), que es objeto de violencia, o ha sido objeto de violencia, hasta el extremo de la muerte, luego de haber conocido a otra persona (casi siempre un hombre) y entablar una relación a través de las redes sociales.

Los titulares de los diarios tocan el tema con una liviandad que roza el ridículo y ponen el foco no ya en la situación violenta en sí (que es por donde “pasa la noticia”), sino en el hecho fortuito del nombre de la plataforma que conectó a las personas. La “culpa” entonces queda circunscripta a Tinder, Facebook, Instagram o lo que sea.

Esta mirada de los medios no sólo adolece de falta de profundidad profesional, sino que además corre el albur de desviar la verdadera desde la cuestión de fondo, en este caso la violencia de género, y establecer como eje temático el hecho casual que hizo que dos personas se conozcan.

Cada vez que esto ocurre no sólo se empobrece la información, sino que se le niega a gran parte de la sociedad la oportunidad de establecer un debate de fondo, serio, concreto, responsable y con voces autorizadas, respecto de lo que es un flagelo de las sociedades, aún en la segunda década del Siglo XXI. Porque la noticia debería hacer hincapié en los peligros de siempre, con otras herramientas.

El sometimiento del género femenino a instancias de la fuerza bruta, a instancias de golpes, maltratos físicos, psicológicos y el trágico final de los homicidios, lamentablemente no es una noticia nueva. Ocurre desde que existen tales registros. Lo que pasa ahora es que las sociedades paulatinamente se han ido alejando de los modelos patriarcales duros y se han acercado a una forma de comunidad en la que las mujeres tienen acceso a formas de poder y ejercicio de sus derechos, cada vez con mayor fuerza.

Y lo que demuestra la violencia de género es que persiste un modelo que “no se entrega” con facilidad. Un modelo en el que la mujer sigue siendo considerada una “cosa”, la “pertenencia” de alguien, un objeto, más que un individuo. Nadie sabe con certeza cuántas mujeres han de perecer aún a manos de hombres violentos, para que de una vez y para siempre, esto se convierta en la crónica arcaica y desalmada de una época que no debe regresar.

Se equivocan profundamente los medios en culpar a las redes sociales, como se equivocaron durante años en poner el foco en cómo se viste, cómo habla o cómo se maquilla la mujer que es objeto de violencia. Hablar de la herramienta como el centro de la culpa es de una miopía que ofende la inteligencia. Los peligros son los de siempre, sólo que existen nuevas herramientas a través de las cuales se expresan.

No tienen la responsabilidad Facebook, Tinder, Instagram o la red social que sea; de la violencia de género. Tienen mucha mayor responsabilidad los hombres que producen esa violencia, sobre todo aquellos que bajo el discurso contra el machismo dan continuidad al sistema patriarcal de que dicen estar fuera. Tienen mayor responsabilidad las sociedades que miran hacia otro lado mientras eso ocurre. Sociedades que eligen contar las historias por los bordes y no por el centro. Sociedades que se atosigan de medios que reproducen un discurso falso, que cuentan “apenas” una parte de la verdad, mientras las tragedias se suceden con una pasmosa continuidad. Porque los peligros de la violencia de género son los de siempre y a este ritmo siempre van a encontrar nuevas herramientas para explotar. La culpa no es de la herramienta, nunca lo fue, la culpa es de quién y cómo, utiliza esas herramientas.

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