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Las Lilas sacó a relucir su genética y larga tradición

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Las Lilas sacó a relucir su genética y larga tradición

Juan Luna

En plena incertidumbre económica, la longeva cabaña vendió 132 toros y 209 vientres gracias a la calidad de su hacienda y a un prestigio bien ganado en la ganadería argentina.

Con el prestigio que le da casi un siglo de historia y de selección genética, el equipo de la cabaña Las Lilas logró amortiguar los coletazos de la crisis y sacó adelante un nuevo remate de reproductores en tiempos en los que la incertidumbre económica se hace sentir en la actividad comercial de la ganadería.

Porque la devaluación y la recesión también se dieron una vuelta por las coquetas instalaciones de “El Pastor”, la estancia que la firma tiene en el sur puntano. Sus influencias se advirtieron en una menor concurrencia que la de los colmados años anteriores, se notaron en la cantidad de manos levantadas (pocas) para disputarse alguno de los 132 toros o de los 209 vientres ofrecidos y, por consiguiente, se tradujeron en el ritmo más cansino con el que se completaron las ventas.

Pero no por eso el resultado fue malo, más bien todo lo contrario. El oficio de Ismael Vértiz y Gastón Paz, los dos martilleros contratados por la empresa, y el excelente estado que mostraron tanto los machos como las hembras, permitieron que todos los lotes se fueran con nuevos dueños en un lapso de tres horas y que los precios finales hayan sido buenos, tal vez muy buenos para la coyuntura que atraviesa el país y que empieza a volverse una constante en las subastas de cabañas que se están dando esta temporada en la provincia.

“El balance del remate es positivo dentro de un momento negativo. Yo estoy conforme porque es un contexto muy difícil, aún cuando para la ganadería no ha sido un año malo. Pero no se puede sustraer del clima de incertidumbre que vive el país en lo que hace a la economía”, analizó Vértiz para la revista El Campo, apenas unos minutos después de bajarse del estrado.

Hubo algunos condimentos (síntomas de la época), explicó, que tampoco contribuyen a la fluidez de las compras. “Las tasas de las tarjetas de créditos hoy son prohibitivas. Es mejor que un productor no se embarque en tomar un crédito con esos intereses porque no resisten el menor análisis. Eso resta potenciales clientes”, dijo. Aunque reconoció que “los pocos compradores que había para la gran cantidad de hacienda encerrada, supieron valorar la calidad y de a poco se fue estableciendo un precio que es bueno de punta a punta”.

Es que pese a todo, Las Lilas no escatimó detalles en la preparación de su undécimo remate consecutivo en suelo puntano, en las tierras sobre las que decidió extender su presencia nacional allá por 1982. El campo que se levanta sobre la Autopista 55, unos 18 kilómetros al sudeste de Buena Esperanza, estuvo “vestido” para la ocasión. El verde de sus pasturas resplandeció y el monte se mostró imponente.

Bajo el sol del mediodía, los ejemplares aguardaron a los compradores distribuidos a lo largo de cuatro palenques y 72 corrales. Como muestra de que ese "shopping" de vacas y toros estaba minuciosamente preparado, en el orden de venta incluyeron un mapa con la ubicación y lo que se exhibía en cada compartimento.

Es que había varias categorías y razas dispuestas para la venta. Y para mantener atentos a todos los compradores y que nadie se durmiera en la tribuna, organizaron la subasta alternando tandas de Aberdeen Angus, Polled Hereford y Brangus Pampeanos, un orden que estuvo también detallado en la cartilla.

Las condiciones de venta siempre son un aspecto clave en las subastas de reproductores, pero cobran aún más relevancia en estos momentos en el que el acompañamiento de los bancos y las tarjetas rurales es menor y que la estabilidad del dólar resulta siempre una incógnita.

Por eso los martilleros se ocuparon de remarcar las bondades del sistema de Las Lilas, que tiene la particularidad de no incluir ningún tipo de gastos (ni siquiera el del flete) para el comprador más que el valor que ofrece cuando se baja el martillo y el porcentaje correspondiente de IVA. Además ofrecieron un 10% de descuento para el pago de contado y un 5% si la liquidación se hace a los treinta días del remate.

Asimismo, Vértiz aseguró que "las condiciones sanitarias de todos los productos son completas y están guardadas dentro de las normativas vigentes en la materia. De cualquier manera, está el respaldo de la empresa y la garantía detrás", y que el sistema de venta "incluye un seguimiento, en la medida de lo posible, de los clientes para acompañar a cada productor que lleva un producto que le tiene que funcionar".

Con todas esas diligencias listas, con las instalaciones prolijamente dispuestas y luego del almuerzo, la cabaña puso en marcha su remate, no sin antes dejar un lugar para los actos más protocolares: la entonación del Himno Nacional Argentino, la entrega de reconocimientos de las asociaciones de las tres razas, las palabras de bienvenida de los directivos, y una distinción a la trayectoria de uno de sus empleados.

Lo que más miradas acapararon al salir a la pista fueron los toros Puros de Pedigrí (PP), todos bautizados con un nombre propio y con datos detallados sobre su procedencia y su línea genética. Había cinco (tres Angus y dos Hereford) y fueron, lógicamente, los que llevaron los valores de venta a sus puntos más altos. "Gerónimo", un colorado de 918 kilos y 40 centímetros de circunferencia escrotal, se llevó la máxima cotización al ser comprado en $260.000 por un productor de Gualeguaychú.

Por el lado de los Hereford, el toro más caro quedó en el sur de San Luis, en la estancia "La Angelina". Lleva el nombre de "Don Segundo" y tiene el atractivo de ser descendiente de "Satanás", uno de los toros de mayor renombre y prestigio en la raza. Lo compró el productor Gabriel Ferrero en $180.000, para sumar otro padre de calidad a las filas de su cabaña "Don Gabriel"

Durante la subasta de Puros Controlados (PC), Puros Registrados (PR), y Brangus Controlados, la gama de precios fue amplia y el ritmo de venta también fue dispar, aún cuando la calidad de la hacienda era muy pareja entre los diferentes lotes y razas.

Juan Manuel Ochoa, el gerente general de la firma, explicó que los toros que llegan al remate puntano son seleccionados a través de un criterio específico: buscan bovinos "más moderados" que los que llevan a las otras cuatro subastas que dan durante el año en otras regiones del país. "Entendemos que estos campos requieren de animales que no tengan altas exigencias forrajeras, sino que sea una hacienda que se adapte bien y con mayor facilidad, por eso venimos con una selección especial para este tipo de ambientes", sostuvo.

Las Lilas tiene su sede principal en Pasteur, provincia de Buenos Aires, donde crían y recrían los terneros que nacen y se destetan en los otros campos que poseen diseminados en el territorio nacional, entre ellos la gigante estancia del sur de San Luis.

"Son unos campos fantásticos, pero tienen sus complicaciones climáticas en los años en los que la lluvia no acompaña tanto, porque hay registros muy variables en la provincia. Basta con ir a Arizona o Unión para ver lo poco que llueve, con un monte mucho más chico que el que tenemos acá", admitió el gerente.

Aunque sostuvo que "como productores, el desafío es tratar de ser cada vez más eficientes, y como cabaña el gran objetivo es vender fertilidad, que los toros tengan las condiciones para preñar y los vientres para ser preñados".

Eso fue lo que se vio sobre la pista. Animales con una gran estructura pero con la suficiente soltura para moverse por extensiones grandes. Fueron los más moderados los que obtuvieron mejores cotizaciones. Los 76 Angus PC se vendieron con un pico de $91.000 y un mínimo de $55.000, y establecieron un promedio de $69.803. El techo de los 33 Hereford PR estuvo un escalón más arriba y llegó a $92.000, mientras que el precio más bajo fue $52.000, por lo que el valor promedio quedó en $61.606. Además hubo 18 Brangus Pampeanos, que calificaron como ideales para hacer novillos pesados para exportación, y obtuvieron ofertas entre los $60.000 y los $80.000 y promediaron $67.111.

En el caso de las hembras, Vértiz opinó que en los diferentes remates de reproductores no se advierte "una predisposición masiva a volcarse a los vientres, pero hay una tendencia a invertir en genética seleccionada. Por eso hay una gran diferencia de valores entre las madres de cabaña y la de las subastas generales".

En el caso de Las Lilas, ofrecieron 42 vacas PC con cría, a un promedio de $49.571; 70 vaquillonas del mismo registro pero sin entorar, que fueron vendidas a unos $25.693; y 25 PR también para preñar, pagadas en unos $19.040 cada una. Además, completaron con 72 terneras Angus que se pagaron a $21.917 de valor nominal.

"Es muy feo comparar, pero hoy en día una ternera de faena de 350 kilos vale $16.000 sin plazos y sin financiación, y se terminó la historia. Por eso, comprar en un poquito más una ternera PC, con tanto trabajo por detrás, con tanta fuerza genética, de esta cabaña líder, me parece que es una inversión excelente. Es un precio muy acomodado para entrar al negocio", analizó el martillero.

El final del remate fue con la venta de un Caballo Argentino de Paso, manso y ensillado, y tres potros mansos de cabestro, que fueron una muestra de lo que ofrecerá la cabaña Motapé, también propiedad de Las Lilas, el próximo 2 de noviembre en su campo de San Antonio de Areco.

Todos los lotes fueron vendidos a lo largo de tres horas y el único factor que los martilleros se reprocharon al finalizar, fue la velocidad de las compras. "Estamos acostumbrados a remates que venían siendo muy fluidos, con una disposición compradora muy fuerte. Es muy claro el contexto que estamos viviendo, en el que la gente cuida la plata, las tasas son elevadísimas, los plazos se terminan acortando en toda la cadena. Los valores son muy buenos, razonables para la época, y todas las categorías y las tres razas tuvieron sus clientes y sus buenos precios", planteó, a modo de balance, Gastón Paz.

Más allá de la pequeña meseta en la que está inmersa la ganadería, todos coinciden que las perspectivas futuras son buenas. "Al abrir muchos mercados en el mundo, con compradores como China, la Argentina tiene mucho por crecer para convertirse en el gran proveedor de carne en el mundo. Ya tiene un prestigio ganado. Es cuestión de que siga para adelante y que se puedan encontrar los mercados externos que paguen más por esta buena genética y este saber hacer que tiene el campo argentino", sostuvo.

Mientras que Ochoa valoró el crecimiento de la actividad que perciben en San Luis, donde cada vez más productores deciden invertir en genética y en ser un poco más eficientes.

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El personal, una pata fundamental

En su sana costumbre de reconocer el trabajo de sus empleados como una parte fundamental de la empresa, este año la cabaña Las Lilas homenajeó a Salvador Candiotti, un peón que lleva más de treinta años en la compañía y que se mantiene vigente en las duras tareas diarias de la estancia "El Pastor".

La distinción fue entregada por el administrador del campo, Matías Bolaño, quien lleva dos años al frente del establecimiento tras el retiro del histórico Mario Pelazas. Ante la emoción del hombre cayó una lluvia de aplausos y se llevó las felicitaciones de su patrón Octavio Caraballo, el dueño de la firma.

En el comienzo del remate, Julio Benítez, otro de los trabajadores longevos de la estancia, también demostró su valía ante la mirada del público. 

Cuando ejercía de mariscal en la pista, un toro lo apuró y lo apretó contra la tranquera. Fue un golpe duro que dejó preocupada a toda la tribuna, pero el hombre se mantuvo firme arriba del caballo y no quiso salir del corral. Montado en un potente yeguarizo de paso, Benítez completó el remate.

Las Lilas sacó a relucir su genética y larga tradición

En plena incertidumbre económica, la longeva cabaña vendió 132 toros y 209 vientres gracias a la calidad de su hacienda y a un prestigio bien ganado en la ganadería argentina.

Fotos: gentileza Gabriel Varela - Palabra Rural.

Con el prestigio que le da casi un siglo de historia y de selección genética, el equipo de la cabaña Las Lilas logró amortiguar los coletazos de la crisis y sacó adelante un nuevo remate de reproductores en tiempos en los que la incertidumbre económica se hace sentir en la actividad comercial de la ganadería.

Porque la devaluación y la recesión también se dieron una vuelta por las coquetas instalaciones de “El Pastor”, la estancia que la firma tiene en el sur puntano. Sus influencias se advirtieron en una menor concurrencia que la de los colmados años anteriores, se notaron en la cantidad de manos levantadas (pocas) para disputarse alguno de los 132 toros o de los 209 vientres ofrecidos y, por consiguiente, se tradujeron en el ritmo más cansino con el que se completaron las ventas.

Pero no por eso el resultado fue malo, más bien todo lo contrario. El oficio de Ismael Vértiz y Gastón Paz, los dos martilleros contratados por la empresa, y el excelente estado que mostraron tanto los machos como las hembras, permitieron que todos los lotes se fueran con nuevos dueños en un lapso de tres horas y que los precios finales hayan sido buenos, tal vez muy buenos para la coyuntura que atraviesa el país y que empieza a volverse una constante en las subastas de cabañas que se están dando esta temporada en la provincia.

“El balance del remate es positivo dentro de un momento negativo. Yo estoy conforme porque es un contexto muy difícil, aún cuando para la ganadería no ha sido un año malo. Pero no se puede sustraer del clima de incertidumbre que vive el país en lo que hace a la economía”, analizó Vértiz para la revista El Campo, apenas unos minutos después de bajarse del estrado.

Hubo algunos condimentos (síntomas de la época), explicó, que tampoco contribuyen a la fluidez de las compras. “Las tasas de las tarjetas de créditos hoy son prohibitivas. Es mejor que un productor no se embarque en tomar un crédito con esos intereses porque no resisten el menor análisis. Eso resta potenciales clientes”, dijo. Aunque reconoció que “los pocos compradores que había para la gran cantidad de hacienda encerrada, supieron valorar la calidad y de a poco se fue estableciendo un precio que es bueno de punta a punta”.

Es que pese a todo, Las Lilas no escatimó detalles en la preparación de su undécimo remate consecutivo en suelo puntano, en las tierras sobre las que decidió extender su presencia nacional allá por 1982. El campo que se levanta sobre la Autopista 55, unos 18 kilómetros al sudeste de Buena Esperanza, estuvo “vestido” para la ocasión. El verde de sus pasturas resplandeció y el monte se mostró imponente.

Bajo el sol del mediodía, los ejemplares aguardaron a los compradores distribuidos a lo largo de cuatro palenques y 72 corrales. Como muestra de que ese "shopping" de vacas y toros estaba minuciosamente preparado, en el orden de venta incluyeron un mapa con la ubicación y lo que se exhibía en cada compartimento.

Es que había varias categorías y razas dispuestas para la venta. Y para mantener atentos a todos los compradores y que nadie se durmiera en la tribuna, organizaron la subasta alternando tandas de Aberdeen Angus, Polled Hereford y Brangus Pampeanos, un orden que estuvo también detallado en la cartilla.

Las condiciones de venta siempre son un aspecto clave en las subastas de reproductores, pero cobran aún más relevancia en estos momentos en el que el acompañamiento de los bancos y las tarjetas rurales es menor y que la estabilidad del dólar resulta siempre una incógnita.

Por eso los martilleros se ocuparon de remarcar las bondades del sistema de Las Lilas, que tiene la particularidad de no incluir ningún tipo de gastos (ni siquiera el del flete) para el comprador más que el valor que ofrece cuando se baja el martillo y el porcentaje correspondiente de IVA. Además ofrecieron un 10% de descuento para el pago de contado y un 5% si la liquidación se hace a los treinta días del remate.

Asimismo, Vértiz aseguró que "las condiciones sanitarias de todos los productos son completas y están guardadas dentro de las normativas vigentes en la materia. De cualquier manera, está el respaldo de la empresa y la garantía detrás", y que el sistema de venta "incluye un seguimiento, en la medida de lo posible, de los clientes para acompañar a cada productor que lleva un producto que le tiene que funcionar".

Con todas esas diligencias listas, con las instalaciones prolijamente dispuestas y luego del almuerzo, la cabaña puso en marcha su remate, no sin antes dejar un lugar para los actos más protocolares: la entonación del Himno Nacional Argentino, la entrega de reconocimientos de las asociaciones de las tres razas, las palabras de bienvenida de los directivos, y una distinción a la trayectoria de uno de sus empleados.

Lo que más miradas acapararon al salir a la pista fueron los toros Puros de Pedigrí (PP), todos bautizados con un nombre propio y con datos detallados sobre su procedencia y su línea genética. Había cinco (tres Angus y dos Hereford) y fueron, lógicamente, los que llevaron los valores de venta a sus puntos más altos. "Gerónimo", un colorado de 918 kilos y 40 centímetros de circunferencia escrotal, se llevó la máxima cotización al ser comprado en $260.000 por un productor de Gualeguaychú.

Por el lado de los Hereford, el toro más caro quedó en el sur de San Luis, en la estancia "La Angelina". Lleva el nombre de "Don Segundo" y tiene el atractivo de ser descendiente de "Satanás", uno de los toros de mayor renombre y prestigio en la raza. Lo compró el productor Gabriel Ferrero en $180.000, para sumar otro padre de calidad a las filas de su cabaña "Don Gabriel"

Durante la subasta de Puros Controlados (PC), Puros Registrados (PR), y Brangus Controlados, la gama de precios fue amplia y el ritmo de venta también fue dispar, aún cuando la calidad de la hacienda era muy pareja entre los diferentes lotes y razas.

Juan Manuel Ochoa, el gerente general de la firma, explicó que los toros que llegan al remate puntano son seleccionados a través de un criterio específico: buscan bovinos "más moderados" que los que llevan a las otras cuatro subastas que dan durante el año en otras regiones del país. "Entendemos que estos campos requieren de animales que no tengan altas exigencias forrajeras, sino que sea una hacienda que se adapte bien y con mayor facilidad, por eso venimos con una selección especial para este tipo de ambientes", sostuvo.

Las Lilas tiene su sede principal en Pasteur, provincia de Buenos Aires, donde crían y recrían los terneros que nacen y se destetan en los otros campos que poseen diseminados en el territorio nacional, entre ellos la gigante estancia del sur de San Luis.

"Son unos campos fantásticos, pero tienen sus complicaciones climáticas en los años en los que la lluvia no acompaña tanto, porque hay registros muy variables en la provincia. Basta con ir a Arizona o Unión para ver lo poco que llueve, con un monte mucho más chico que el que tenemos acá", admitió el gerente.

Aunque sostuvo que "como productores, el desafío es tratar de ser cada vez más eficientes, y como cabaña el gran objetivo es vender fertilidad, que los toros tengan las condiciones para preñar y los vientres para ser preñados".

Eso fue lo que se vio sobre la pista. Animales con una gran estructura pero con la suficiente soltura para moverse por extensiones grandes. Fueron los más moderados los que obtuvieron mejores cotizaciones. Los 76 Angus PC se vendieron con un pico de $91.000 y un mínimo de $55.000, y establecieron un promedio de $69.803. El techo de los 33 Hereford PR estuvo un escalón más arriba y llegó a $92.000, mientras que el precio más bajo fue $52.000, por lo que el valor promedio quedó en $61.606. Además hubo 18 Brangus Pampeanos, que calificaron como ideales para hacer novillos pesados para exportación, y obtuvieron ofertas entre los $60.000 y los $80.000 y promediaron $67.111.

En el caso de las hembras, Vértiz opinó que en los diferentes remates de reproductores no se advierte "una predisposición masiva a volcarse a los vientres, pero hay una tendencia a invertir en genética seleccionada. Por eso hay una gran diferencia de valores entre las madres de cabaña y la de las subastas generales".

En el caso de Las Lilas, ofrecieron 42 vacas PC con cría, a un promedio de $49.571; 70 vaquillonas del mismo registro pero sin entorar, que fueron vendidas a unos $25.693; y 25 PR también para preñar, pagadas en unos $19.040 cada una. Además, completaron con 72 terneras Angus que se pagaron a $21.917 de valor nominal.

"Es muy feo comparar, pero hoy en día una ternera de faena de 350 kilos vale $16.000 sin plazos y sin financiación, y se terminó la historia. Por eso, comprar en un poquito más una ternera PC, con tanto trabajo por detrás, con tanta fuerza genética, de esta cabaña líder, me parece que es una inversión excelente. Es un precio muy acomodado para entrar al negocio", analizó el martillero.

El final del remate fue con la venta de un Caballo Argentino de Paso, manso y ensillado, y tres potros mansos de cabestro, que fueron una muestra de lo que ofrecerá la cabaña Motapé, también propiedad de Las Lilas, el próximo 2 de noviembre en su campo de San Antonio de Areco.

Todos los lotes fueron vendidos a lo largo de tres horas y el único factor que los martilleros se reprocharon al finalizar, fue la velocidad de las compras. "Estamos acostumbrados a remates que venían siendo muy fluidos, con una disposición compradora muy fuerte. Es muy claro el contexto que estamos viviendo, en el que la gente cuida la plata, las tasas son elevadísimas, los plazos se terminan acortando en toda la cadena. Los valores son muy buenos, razonables para la época, y todas las categorías y las tres razas tuvieron sus clientes y sus buenos precios", planteó, a modo de balance, Gastón Paz.

Más allá de la pequeña meseta en la que está inmersa la ganadería, todos coinciden que las perspectivas futuras son buenas. "Al abrir muchos mercados en el mundo, con compradores como China, la Argentina tiene mucho por crecer para convertirse en el gran proveedor de carne en el mundo. Ya tiene un prestigio ganado. Es cuestión de que siga para adelante y que se puedan encontrar los mercados externos que paguen más por esta buena genética y este saber hacer que tiene el campo argentino", sostuvo.

Mientras que Ochoa valoró el crecimiento de la actividad que perciben en San Luis, donde cada vez más productores deciden invertir en genética y en ser un poco más eficientes.

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