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Hay que hacer más por los derechos humanos

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Hay que hacer más por los derechos humanos

Desde los escenarios dramáticos causados por la guerra civil en Siria, los desplazados que mueren ahogados en las aguas del Mediterráneo, o huyen en largas filas por las planicies de América; los rohinyás que anhelan volver a Birmania, los que padecen hambre en las estepas de África, o los niños y mujeres en condición de esclavitud; millones de seres humanos cada año, necesitan quién los defienda.

Pero las personas que luchan en defensa de los derechos humanos sufren ataques persistentes y cada vez más violentos, al punto de llegar a una situación “de crisis” en todo el planeta: “Cuando ves a alguien con cadenas, a quien se le están negando los derechos, no te das la vuelta. Le haces frente a la injusticia y defiendes los derechos de los otros. Cada avance en materia de equidad, dignidad y derechos logrados se alcanzó gracias a la lucha y al trabajo de defensores de derechos humanos”.

Con esas palabras arengó Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y alta comisionada de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a los más de 150 activistas que se reunieron en París para acordar una estrategia de lucha durante la segunda Cumbre Mundial de Defensores de Derechos Humanos.

La reunión ocurrió en el 20 aniversario de la Declaración de los Defensores de Derechos Humanos, adoptada en 1998 por la comunidad internacional durante la primera cumbre para garantizar que “seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten la libertad de palabra y de creencias”.

Pero los gobiernos no cumplieron con sus compromisos, pues los defensores de derechos humanos siguen perdiendo la vida en distintas partes del mundo con total impunidad.

El relator especial de la ONU sobre la situación de los defensores de derechos humanos, Michel Forst, señaló: “La declaración se convirtió en un hito en el proyecto de derechos humanos; sin embargo, estoy más preocupado que nunca. Estamos frente a un panorama alarmante para los defensores de derechos humanos. Su situación se deteriora en todo el mundo a pesar de las obligaciones de los Estados de garantizar su protección”.

En su último informe, Forst concluyó que por lo menos 3.500 activistas fueron asesinados desde la adopción de la declaración en 1998. En 2017, más de 300 activistas de 27 países fueron asesinados, el doble de 2015, concluyó la Fundación Internacional para la Protección de los Defensores de los Derechos Humanos, con sede en Irlanda.

Casi 85 por ciento de los asesinatos registrados se concentraron en cinco países de América Latina: Brasil, Colombia, Guatemala, Honduras y México.

Colombia, uno de los países más peligrosos para los activistas, registró un aumento del número de asesinatos tras el acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En 2017, más de 120 líderes sociales y ambientales fueron asesinados por paramilitares o grupos armados no identificados en áreas que abandonaron las FARC, lo que favoreció las luchas de poder y por tierras.

El secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, coincidió: “El grado de peligro que afrontan los activistas alcanzó un ‘punto de crisis’. Todos los días, se amenaza, tortura, encarcela y asesina a la gente de a pie, por su lucha o simplemente por quienes son. Es hora de actuar y de hacer frente al aumento de la represión de los defensores de derechos humanos”.

La frase de Michel Forst explica las razones por las que hay que hacer más, por los derechos humanos: “La impunidad generalizada y sistemática es una muy mala señal para las familias de las víctimas y para cualquiera que defienda los derechos humanos; más allá de esos ataques y asesinatos, son nuestros derechos y nuestras democracias las que están en grave peligro”.

El mundo necesita más acciones y menos palabras.

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Hay que hacer más por los derechos humanos

Desde los escenarios dramáticos causados por la guerra civil en Siria, los desplazados que mueren ahogados en las aguas del Mediterráneo, o huyen en largas filas por las planicies de América; los rohinyás que anhelan volver a Birmania, los que padecen hambre en las estepas de África, o los niños y mujeres en condición de esclavitud; millones de seres humanos cada año, necesitan quién los defienda.

Pero las personas que luchan en defensa de los derechos humanos sufren ataques persistentes y cada vez más violentos, al punto de llegar a una situación “de crisis” en todo el planeta: “Cuando ves a alguien con cadenas, a quien se le están negando los derechos, no te das la vuelta. Le haces frente a la injusticia y defiendes los derechos de los otros. Cada avance en materia de equidad, dignidad y derechos logrados se alcanzó gracias a la lucha y al trabajo de defensores de derechos humanos”.

Con esas palabras arengó Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile y alta comisionada de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a los más de 150 activistas que se reunieron en París para acordar una estrategia de lucha durante la segunda Cumbre Mundial de Defensores de Derechos Humanos.

La reunión ocurrió en el 20 aniversario de la Declaración de los Defensores de Derechos Humanos, adoptada en 1998 por la comunidad internacional durante la primera cumbre para garantizar que “seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten la libertad de palabra y de creencias”.

Pero los gobiernos no cumplieron con sus compromisos, pues los defensores de derechos humanos siguen perdiendo la vida en distintas partes del mundo con total impunidad.

El relator especial de la ONU sobre la situación de los defensores de derechos humanos, Michel Forst, señaló: “La declaración se convirtió en un hito en el proyecto de derechos humanos; sin embargo, estoy más preocupado que nunca. Estamos frente a un panorama alarmante para los defensores de derechos humanos. Su situación se deteriora en todo el mundo a pesar de las obligaciones de los Estados de garantizar su protección”.

En su último informe, Forst concluyó que por lo menos 3.500 activistas fueron asesinados desde la adopción de la declaración en 1998. En 2017, más de 300 activistas de 27 países fueron asesinados, el doble de 2015, concluyó la Fundación Internacional para la Protección de los Defensores de los Derechos Humanos, con sede en Irlanda.

Casi 85 por ciento de los asesinatos registrados se concentraron en cinco países de América Latina: Brasil, Colombia, Guatemala, Honduras y México.

Colombia, uno de los países más peligrosos para los activistas, registró un aumento del número de asesinatos tras el acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En 2017, más de 120 líderes sociales y ambientales fueron asesinados por paramilitares o grupos armados no identificados en áreas que abandonaron las FARC, lo que favoreció las luchas de poder y por tierras.

El secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, coincidió: “El grado de peligro que afrontan los activistas alcanzó un ‘punto de crisis’. Todos los días, se amenaza, tortura, encarcela y asesina a la gente de a pie, por su lucha o simplemente por quienes son. Es hora de actuar y de hacer frente al aumento de la represión de los defensores de derechos humanos”.

La frase de Michel Forst explica las razones por las que hay que hacer más, por los derechos humanos: “La impunidad generalizada y sistemática es una muy mala señal para las familias de las víctimas y para cualquiera que defienda los derechos humanos; más allá de esos ataques y asesinatos, son nuestros derechos y nuestras democracias las que están en grave peligro”.

El mundo necesita más acciones y menos palabras.

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