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Desafíos por la supremacía

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Desafíos por la supremacía

Según “The Washington Post”, uno de los diarios estadounidenses más prestigioso, China hackeó los sistemas de una empresa proveedora de la Armada de Estados Unidos y tuvo acceso a unos 164 gigabytes de información altamente confidencial, incluidos los planos para el desarrollo de un misil supersónico.

La noticia es extremadamente delicada. Llega cuando ambos países disputan una encarnizada batalla por la supremacía mundial. Una contienda que sólo reconoce un tercer “coloso” con chances reales de imponerse: Rusia, que aparentemente en este caso puntual, “sólo observa”.

Convertirse en “La primera nación entre las naciones”, siempre ha sido un tema de liderazgo reservado para unos pocos, y ese liderazgo nunca ha estado exento de tramas secretas. Espionaje, tecnología, diplomacia, teatralización; son capítulos del mismo libro que explica el camino hacia a la cima.

El mismo diario que ganó fama mundial con el caso Watergate y acabó con la presidencia de Richard Nixon en 1974, sostiene que esta acción, (tras la cual estaría el gobierno chino), permitió a los piratas informáticos acceder a información referente a planes militares en alta mar, entre los que destacan los planos para la fabricación de un misil supersónico contra buques que podría ser empleado por submarinos.

El diario, que cita fuentes oficiales que pidieron mantener el anonimato, no señaló el nombre de la compañía afectada, pero aseguró que la información sustraída pertenecía a un proyecto llamado “Sea Dragon” (Dragón Marino) y que la acción tuvo lugar entre los meses de enero y febrero del presente año.

El Pentágono rechazó confirmar la información por “motivos de seguridad”, aunque explicó que existen mecanismos para garantizar que las compañías proveedoras del Departamento de Defensa, notifican cualquier posible filtración.

“En general, nos tomamos el asunto de una intrusión cibernética contra nuestros proveedores muy seriamente. En caso de ocurrir una intrusión como esta, las entidades apropiadas estarían estudiando el incidente específico, tomando medidas para proteger la información y mitigando cualquier posible impacto”, indicó el comandante Daniel Day, portavoz de la Armada.

La noticia de esta intromisión surge en un momento de tensión militar entre Washington y Pekín, debido a las aspiraciones territoriales del país asiático en aguas del mar de China Meridional, donde Brunei, China, Filipinas, Malasia, Taiwán y Vietnam reclaman total o parcialmente las islas Spratly.

Esta situación se ha visto agravada por lo que el Pentágono considera una creciente presencia armamentística china en la región, que incluye la construcción de islas artificiales en la zona con fines puramente militares.

Y en este contexto es imposible ignorar que el 1º de marzo, el presidente ruso Vladimir Putin, dijo que su país había desarrollado un misil hipersónico (similar al que el “Post” dice que cuyos planos fueron robados), en su discurso del estado de la nación.

Luego del anuncio, algunos especialistas y muchos opositores al líder del Kremlin, pusieron en dudas que tal arma existiera, y hasta la calificaron de ciencia ficción. Las críticas duraron apenas dos semanas, cuando el mismo Putin confirmó que se había realizado el primer lanzamiento exitoso del misil.

Hay desafíos evidentes y otros silenciosos, hay acusaciones de espionaje, hay desconfianza, palabras y tonos elevados. Pueden verse gestos de dureza y conductas provocativas.

Día a día, las principales potencias mundiales intentan tomar la mínima ventaja para ser reconocidas como “primus inter pares”. En esa cotidiana carrera, no sería extraño el robo de los planos de un arma. Tampoco sería extraño “olvidar” por unos momentos la seguridad de uno de los sistemas más seguros del planeta. Aunque parezca extraño.

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Desafíos por la supremacía

Según “The Washington Post”, uno de los diarios estadounidenses más prestigioso, China hackeó los sistemas de una empresa proveedora de la Armada de Estados Unidos y tuvo acceso a unos 164 gigabytes de información altamente confidencial, incluidos los planos para el desarrollo de un misil supersónico.

La noticia es extremadamente delicada. Llega cuando ambos países disputan una encarnizada batalla por la supremacía mundial. Una contienda que sólo reconoce un tercer “coloso” con chances reales de imponerse: Rusia, que aparentemente en este caso puntual, “sólo observa”.

Convertirse en “La primera nación entre las naciones”, siempre ha sido un tema de liderazgo reservado para unos pocos, y ese liderazgo nunca ha estado exento de tramas secretas. Espionaje, tecnología, diplomacia, teatralización; son capítulos del mismo libro que explica el camino hacia a la cima.

El mismo diario que ganó fama mundial con el caso Watergate y acabó con la presidencia de Richard Nixon en 1974, sostiene que esta acción, (tras la cual estaría el gobierno chino), permitió a los piratas informáticos acceder a información referente a planes militares en alta mar, entre los que destacan los planos para la fabricación de un misil supersónico contra buques que podría ser empleado por submarinos.

El diario, que cita fuentes oficiales que pidieron mantener el anonimato, no señaló el nombre de la compañía afectada, pero aseguró que la información sustraída pertenecía a un proyecto llamado “Sea Dragon” (Dragón Marino) y que la acción tuvo lugar entre los meses de enero y febrero del presente año.

El Pentágono rechazó confirmar la información por “motivos de seguridad”, aunque explicó que existen mecanismos para garantizar que las compañías proveedoras del Departamento de Defensa, notifican cualquier posible filtración.

“En general, nos tomamos el asunto de una intrusión cibernética contra nuestros proveedores muy seriamente. En caso de ocurrir una intrusión como esta, las entidades apropiadas estarían estudiando el incidente específico, tomando medidas para proteger la información y mitigando cualquier posible impacto”, indicó el comandante Daniel Day, portavoz de la Armada.

La noticia de esta intromisión surge en un momento de tensión militar entre Washington y Pekín, debido a las aspiraciones territoriales del país asiático en aguas del mar de China Meridional, donde Brunei, China, Filipinas, Malasia, Taiwán y Vietnam reclaman total o parcialmente las islas Spratly.

Esta situación se ha visto agravada por lo que el Pentágono considera una creciente presencia armamentística china en la región, que incluye la construcción de islas artificiales en la zona con fines puramente militares.

Y en este contexto es imposible ignorar que el 1º de marzo, el presidente ruso Vladimir Putin, dijo que su país había desarrollado un misil hipersónico (similar al que el “Post” dice que cuyos planos fueron robados), en su discurso del estado de la nación.

Luego del anuncio, algunos especialistas y muchos opositores al líder del Kremlin, pusieron en dudas que tal arma existiera, y hasta la calificaron de ciencia ficción. Las críticas duraron apenas dos semanas, cuando el mismo Putin confirmó que se había realizado el primer lanzamiento exitoso del misil.

Hay desafíos evidentes y otros silenciosos, hay acusaciones de espionaje, hay desconfianza, palabras y tonos elevados. Pueden verse gestos de dureza y conductas provocativas.

Día a día, las principales potencias mundiales intentan tomar la mínima ventaja para ser reconocidas como “primus inter pares”. En esa cotidiana carrera, no sería extraño el robo de los planos de un arma. Tampoco sería extraño “olvidar” por unos momentos la seguridad de uno de los sistemas más seguros del planeta. Aunque parezca extraño.

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