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Juan, el bombero que superó todos los riesgos y ahora es entrenador

Participó de las tareas de rescate en los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel. Hoy dirige divisiones inferiores en Santa Rosa del Conlara. 

Por redacción
| 09 de septiembre de 2018
Raíces y vocación. Gauna en su natal Santa Rosa del Conlara, con dos recuerdos de la fuerza. Foto: Martín Gómez.

La vida de Juan Carlos Gauna fue en un comienzo combatir el fuego, salvar personas y trabajar siempre cerca del  peligro en Buenos Aires. Incluso participó en las labores de rescate durante los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA. Ahora dedica su vida a dirigir equipos de fútbol infantil en su pueblo, principalmente con la finalidad de incentivar a los chicos a que practiquen un deporte y eviten el contacto con la droga, un mal que aqueja a todo el mundo.   

 

Juan nació en Santa Rosa del Conlara hace 58 años. Está divorciado y tiene tres hijos: Facundo de 24, Alejo de 22 y el pequeño Lautaro de 5. Se retiró de la Policía Federal  con el grado de sargento, especialización de bombero. En la ciudad de Buenos Aires trabajó durante 23 años.

 

A los 16 años se fue a vivir a la Capital Federal porque tenía la intención de ingresar al Ejército.  Pero un tío le consiguió un trabajo en una fábrica textil y desistió de entrar. Dos años después regresó a San Luis para hacer el servicio militar obligatorio en 1978. Luego volvió para estudiar en la Escuela de Suboficiales y Agentes "Comisario General Alberto Villar" y unirse a la Policía Federal.

 

En Buenos Aires, Gauna tuvo la suerte de trabajar en los cuarteles más importantes de  la  fuerza,  como el  de Villa Crespo, el de Palermo, el de Recoleta y el que tiene jurisdicción en el autódromo "Oscar y Juan Gálvez", en el barrio de Villa Lugano. "Ahí cubrí la seguridad en las carreras de Fórmula Uno que se realizaron en esa época. También las de Turismo Carretera y TC2000", recordó.

 

Durante su profesión, Gauna  participó de tareas muy riesgosas  que  no sólo lo formaron si no que le dieron una lección de vida. "Aprendí mucho. Viví situaciones peligrosas en incendios de grandes magnitudes, derrumbes, explosiones, de quedar atrapado en medio del fuego en varias oportunidades. Por eso siempre agradezco a Dios de que nunca me pasó nada", resaltó. "Ser policía o bombero se encuentran entre las actividades más ingratas que hay en la sociedad. Dicen que el hombre se acuerda de Dios, la policía o el bombero sólo cuando los necesita", manifestó.

 

En los atentados

 

Juan intervino como rescatista cuando ocurrieron los atentados en la Embajada de Israel y la  AMIA en Buenos Aires durante la década de los noventa. "Fueron situaciones límites, porque uno fue a un lugar que no es normal. Hay incendios que tienen diferentes características, como en casas de familias, en edificios, choques de autos y campos. Pero un atentado con explosivos es muy impactante, porque uno se encuentra con personas mutiladas, hay derrumbes y la explosión misma provoca deflagración y afecta a los edificios linderos. Ambos atentados fueron una catástrofe total", aseguró.

 

Afirmó que el ataque a la AMIA fue el más  grave, debido a que habían varios edificaciones que rodeaban a la mutual y una gran cantidad de personas en la zona. "Uno se encontró con un panorama de película de terror. Tuvimos que tener mucha frialdad y profesionalismo para rescatar y salvar los sobrevivientes que más pudiéramos. Encontrábamos gente mutilada, atrapada y muerta. Se produjeron  una serie de derrumbes mientras nosotros trabajábamos, lo que originó  una gran nube de polvo. No sabíamos quien quedó o no. Fueron momentos angustiantes", resaltó.

 

El efectivo también recordó que durante el operativo del atentado a la mutual trabajaron junto a un equipo de brigadistas que integraban el grupo Mossad, una de las agencias de inteligencia de Israel, responsable de la recopilación de información, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo en todo el mundo. "Trabajaron con gran profesionalismo. Tenían tecnología que nosotros no teníamos, como equipos intercomunicadores en los cascos entre todos sus integrantes. Estaban en contacto permanentemente. Nosotros todavía teníamos los famosos handy, pero estuvimos a la altura de las circunstancias ", dijo.

 

El atentado terrorista contra la Embajada de Israel en Buenos Aires fue en 1992 y  dejó un saldo de 22 muertos. Se convirtió en uno de los mayores ataques terroristas internacionales perpetrados en la Argentina, junto con el ataque a la mutual judía AMIA, que fue en julio 1994 y  provocó 85 muertes. Ambos hechos permanecen impunes, sin culpables tras las rejas. En las investigaciones se determinó que entre los posibles culpables está la organización terrorista proiraní Hezbollah.

 

"Es un tema candente y espero que alguna vez se esclarezca para bien de los argentinos. Es increíble que aún no haya culpables", opinó. 

 

El regreso a casa

 

Tras más de dos décadas de vivir situaciones límites en su profesión, Juan regresó a su pueblo con la idea de incentivar a los niños a que hagan deporte, tengan buena salud y así alejarlos del flagelo de la droga.    

 

En el 2004 fundó una escuela de fútbol infantil, Club Social y Cultural Pringles, y comenzó a dirigir las inferiores. "Lo mío es técnico vocacional, no hice cursos", aclaró, "pero es algo que siento y lo vengo realizando. Inclusive tuve a cargo a mis hijos en los equipos que jugaron", afirmó.

 

En el 2012 se incorporó al Club San Martín, formando las divisiones inferiores que compiten actualmente en la Liga del Valle del Conlara. "Dirijo la categorías 2008, 2009 y en formación las 2012, 2013 y 2014. Son unos 140 pibes en total. También tengo a cargo la Primera División del club, que está compitiendo en la categoría B de la Liga del Valle del Conlara", señaló.

 

El fútbol es su pasión y eso lo supo cuando dejó de ser bombero. "Tenía  44 años y quería activar algo. Decidí meterme con el fútbol", dijo. "El fundamento que tengo es trabajar formando a los chicos y tratar de mantenerlos lo más ocupado posible para que no caigan en el flagelo de la droga, que lamentablemente acá tiene un muy alto porcentaje de consumo. Está afectando a nuestros jóvenes. Son chicos de 13 o 14 años que ya se drogan. Entonces esto para ellos es una forma de estar ocupados, concentrados en un deporte y compitiendo sanamente", destacó.

 

Durante el 2007 formó el Grupo Especial de Rescate (GER), en Santa Rosa del Conlara. La agrupación fue creada con la intención de convertirse en una ONG, pero al Municipio le interesó y a través de un decreto la puso en funcionamiento. Estaba compuesta por 12 brigadistas y participó en muchos incendios y cubrió competencias de rally en la zona.  

 

"El GER estaba al servicio de la comunidad", destacó, "pero por cuestiones políticas se quiso usar al grupo y eso originó un quiebre. Di un paso al costado y quedó inactivo. En un futuro lo quiero reflotar, es una materia pendiente", señaló.

 

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