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El destino de los pueblos

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El destino de los pueblos

En los albores de la literatura del Imperio Romano, Apio Claudio el Ciego (340-273 aC) publicó una serie de ideas, pensamientos, aforismos y frases cortas, reunidas en un volumen conocido como “Sentencias”. El autor había sido un político prominente en su labor como censor y daba inicio con aquella publicación a la literatura romana.

En ese texto, que llegó incompleto a esta época, aparece la célebre cita: “Cada uno es artífice de su propia fortuna”. Sobre esta cita, la filosofía ha puesto a prueba durante más de dos mil años, la dicotomía entre el libre albedrío y el fatalismo, sin que hasta ahora pueda determinarse un “claro vencedor”, entre ambos conceptos.

Lo concreto es que la frase de Apio Claudio, es utilizada de igual forma para justificar la plenitud de la existencia, como la tragedia de la desgracia que sobreviene a las decisiones irreflexivas, sujetas al destino como única norma.

La historia ha demostrado que la cita, si bien esquiva lo parcial para generalizar sobre la enorme variedad de conductas individuales, suele ser bastante más precisa cuando se hace extensiva al pueblo, a los pueblos, a las naciones. Es interesante comprobar el destino de estas a lo largo de un tiempo razonable (los últimos dos siglos, por ejemplo), por lo que cada una de esas naciones hizo, o no.

Estremece el destino al que arribó Venezuela, y aunque el futuro dirá ¿qué responsabilidad le cabe al pueblo en su conjunto? la sospecha de que esto era muy probable, es cada vez mayor.

El caos es tan grande que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le ofreció ayuda al gobierno del presidente Nicolás Maduro para atender temas “urgentes” como la alimentación y la salud, severamente afectadas por la peor crisis económica de la historia reciente del país petrolero.

“Hay temas urgentes en salud, alimentación, en temas de protección y otros”, dijo Peter Grohmann, coordinador residente del sistema de Naciones Unidas en Venezuela, durante un encuentro con Maduro transmitido por la televisión gubernamental.

Con la cooperación de Naciones Unidas se podrían buscar fondos adicionales, como el Programa Mundial de Alimentos que está interesado en ayudar a Venezuela, es una conclusión inmediata.

El funcionario recalcó que la cooperación busca mitigar “las necesidades de la población” venezolana que padece los rigores de una “coyuntura complicada”.

“Pido apoyo a todo el sistema de alimentación, porque ha sido uno de los problemas que hemos tenido que afrontar en 2016, 2017 y 2018”, dijo Maduro en respuesta al ofrecimiento. Resulta menos extraño, que un gobierno demore tres años en aceptar que el pueblo pasa hambre, pero no por nada Venezuela atraviesa estos dramas.

El gobierno, a pesar de todo, niega una “crisis humanitaria” y achaca la postración económica a sanciones de Estados Unidos que impiden la importación de alimentos y medicamentos.

En octubre pasado, Unicef asignó 32 millones de dólares para reducir la mortalidad materno-infantil y proteger la niñez en Venezuela.

La primera aumentó 30,12 por ciento en 2016, con 11.466 muertes de niños de 0 a 1 año, y la materna se disparó al 65 por ciento, según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Salud venezolano.

La debacle económica muestra la crudeza de una hiperinflación que treparía a 10.000.000 por ciento al término de 2019, limitando el acceso a alimentos, además de la escasez de medicamentos que, según la Federación Farmacéutica, promedia un 85 por ciento.

La crisis forzó el éxodo de unos 2,3 millones de venezolanos desde 2015 y la ONU espera que en 2019 la diáspora llegue a los 5,3.

Los escépticos y los opositores, dicen que el pedido de ayuda de Maduro, es un show. “Una cosa es pedir que vengan y otra es aceptar la ayuda humanitaria. Siguen jugando con la vida de la gente”, fue una frase repetida en las redes sociales.

El destino de los pueblos se parece mucho a las decisiones, que los pueblos toman en su conjunto. Y algunas veces, hasta es previsible.

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El destino de los pueblos

En los albores de la literatura del Imperio Romano, Apio Claudio el Ciego (340-273 aC) publicó una serie de ideas, pensamientos, aforismos y frases cortas, reunidas en un volumen conocido como “Sentencias”. El autor había sido un político prominente en su labor como censor y daba inicio con aquella publicación a la literatura romana.

En ese texto, que llegó incompleto a esta época, aparece la célebre cita: “Cada uno es artífice de su propia fortuna”. Sobre esta cita, la filosofía ha puesto a prueba durante más de dos mil años, la dicotomía entre el libre albedrío y el fatalismo, sin que hasta ahora pueda determinarse un “claro vencedor”, entre ambos conceptos.

Lo concreto es que la frase de Apio Claudio, es utilizada de igual forma para justificar la plenitud de la existencia, como la tragedia de la desgracia que sobreviene a las decisiones irreflexivas, sujetas al destino como única norma.

La historia ha demostrado que la cita, si bien esquiva lo parcial para generalizar sobre la enorme variedad de conductas individuales, suele ser bastante más precisa cuando se hace extensiva al pueblo, a los pueblos, a las naciones. Es interesante comprobar el destino de estas a lo largo de un tiempo razonable (los últimos dos siglos, por ejemplo), por lo que cada una de esas naciones hizo, o no.

Estremece el destino al que arribó Venezuela, y aunque el futuro dirá ¿qué responsabilidad le cabe al pueblo en su conjunto? la sospecha de que esto era muy probable, es cada vez mayor.

El caos es tan grande que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le ofreció ayuda al gobierno del presidente Nicolás Maduro para atender temas “urgentes” como la alimentación y la salud, severamente afectadas por la peor crisis económica de la historia reciente del país petrolero.

“Hay temas urgentes en salud, alimentación, en temas de protección y otros”, dijo Peter Grohmann, coordinador residente del sistema de Naciones Unidas en Venezuela, durante un encuentro con Maduro transmitido por la televisión gubernamental.

Con la cooperación de Naciones Unidas se podrían buscar fondos adicionales, como el Programa Mundial de Alimentos que está interesado en ayudar a Venezuela, es una conclusión inmediata.

El funcionario recalcó que la cooperación busca mitigar “las necesidades de la población” venezolana que padece los rigores de una “coyuntura complicada”.

“Pido apoyo a todo el sistema de alimentación, porque ha sido uno de los problemas que hemos tenido que afrontar en 2016, 2017 y 2018”, dijo Maduro en respuesta al ofrecimiento. Resulta menos extraño, que un gobierno demore tres años en aceptar que el pueblo pasa hambre, pero no por nada Venezuela atraviesa estos dramas.

El gobierno, a pesar de todo, niega una “crisis humanitaria” y achaca la postración económica a sanciones de Estados Unidos que impiden la importación de alimentos y medicamentos.

En octubre pasado, Unicef asignó 32 millones de dólares para reducir la mortalidad materno-infantil y proteger la niñez en Venezuela.

La primera aumentó 30,12 por ciento en 2016, con 11.466 muertes de niños de 0 a 1 año, y la materna se disparó al 65 por ciento, según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Salud venezolano.

La debacle económica muestra la crudeza de una hiperinflación que treparía a 10.000.000 por ciento al término de 2019, limitando el acceso a alimentos, además de la escasez de medicamentos que, según la Federación Farmacéutica, promedia un 85 por ciento.

La crisis forzó el éxodo de unos 2,3 millones de venezolanos desde 2015 y la ONU espera que en 2019 la diáspora llegue a los 5,3.

Los escépticos y los opositores, dicen que el pedido de ayuda de Maduro, es un show. “Una cosa es pedir que vengan y otra es aceptar la ayuda humanitaria. Siguen jugando con la vida de la gente”, fue una frase repetida en las redes sociales.

El destino de los pueblos se parece mucho a las decisiones, que los pueblos toman en su conjunto. Y algunas veces, hasta es previsible.

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