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Las subas del gordo y la invernada no son suficientes

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Las subas del gordo y la invernada no son suficientes

Nicolás Razzetti

Las mejoras experimentadas en diciembre para ambos segmentos no alcanzan para compensar las pérdidas que sufren los feedlots, para los que el valor del ganado para faena debería ser mayor. La ecuación no les cierra porque vienen mal desde el año pasado. Por eso actuarán con cautela.

Los datos oficiales dicen que en 2018 la faena sumó 13,4 millones de animales, con los cuales se produjeron 3,06 millones de toneladas de carne vacuna. El peso medio fue de 228 kilos, lo que indica una muy leve tendencia la suba, de apenas 1,3% respecto del dato de 2017.
Del total producido, el consumo se quedó con 2,5 millones de toneladas con un promedio per cápita de 57,5 kilos, casi 2% menos de lo que dispuso el año anterior. Eso es consecuencia del enorme salto que dieron las exportaciones, que se llevó todo el crecimiento productivo y que, teniendo en cuenta las estadísticas públicas en los embarques, habrían sumado (restando a la producción el consumo, ya que no están publicados todavía los datos del total embarcado) 55 mil toneladas. Así el total del año habría llegado a las 550 mil, lo que significaría el 18% del total producido.
Con esos datos, la actividad de ganados y carnes habría recuperado su performance histórica, en la cual las exportaciones representaron entre 18 y 20% del total producido. Para este año se supone que podría haber un nuevo salto en las ventas al extranjero, pero de menor porcentaje. Los analistas estiman que sería del 15%.
En cuanto a las cotizaciones, los especialistas esperan que la suba del gordo que arrancó a fines de diciembre y que se sostiene en enero ayudaría a la posterior mejora de la invernada, que el año pasado tuvo un incremento promedio de apenas 15% contra una inflación de casi 48% y con una suba de costos aún mayor. La pregunta es cuánto puede subir el gordo. En el Mercado de Liniers el novillo liviano o mediano de mejor condición promedia entre $50 y $55 el kilo vivo; y en el caso del consumo liviano los mejores conjuntos rozan los $60, pero no parecen ser valores que conformen a los engordadores, que en 2018 tuvieron pérdidas notables.
Desde fines de diciembre el mercado está en un proceso de mejora en los precios del ganado para faena, pero lamentablemente la mayor parte de la hacienda que se produjo este año no capturó esa suba sino que se negoció con precios de quebranto. Hay que tener en cuenta que lo que pasó por los corrales se comercializó antes de esa mejora, que justamente responde al faltante de gordo, que a su vez se combinó con el incremento de la demanda que suele haber en el cierre del año, la poca disponibilidad de carne en cámara, la acumulación de feriados y las lluvias que siguen complicando al sector y que ponen en vilo a una importante región productiva, sobre todo en las provincias del NEA y el Litoral.
"Habrá que esperar a la segunda quincena de este enero para saber dónde estamos parados", decían algunos operadores y analistas en el arranque del año. Pues bien, lluvias mediante la demanda sigue dando muestras de interés, aunque los valores no sean aún lo suficientemente buenos como para incentivar al encierre. Y parece poco probable que se llegue a esos niveles de precios teniendo en cuenta el castigo que recibió la demanda local este año y que se volvería a ver afectada por las subas de tarifas de servicios públicos previstas para los meses próximos entre otras cuestiones. La inflación volverá a pegar en el bolsillo: la mayoría de los economistas dicen que no será menor a 30%.
Según los engordadores, el precio de la hacienda liviana debería ser de $65 más IVA. Dicen que si el dólar (en definitiva el alimento) se mantiene en torno a los $40, la cosecha de maíz es abundante como se espera y el gordo salta a esos precios se verían incentivados a encerrar hacienda, aunque siempre con mucha cautela. Esa es la palabra que repiten porque vienen de un año de fuertes pérdidas económicas. Según sus cálculos, en 2018 perdieron $1.500 por animal que pasó por los corrales y eso sin cargar el costo financiero al dinero que se invirtió. La falta de capital de trabajo, dicen los feedloteros, es notable y por eso la reposición en los corrales es baja.
Según los datos que releva la Cámara de Feedlot entre sus socios, en enero la ocupación en los corrales fue del 56% de la capacidad total, se trata del registro más bajo en tres años. En tanto, el índice de reposición fue de 0,87%, lo que indica que por cada animal que se vende ingresa menos de 1. Pero además hay que tener en cuenta que ese indicador se calcula en base a lo que informan los establecimientos que están activos, el faltante es mucho mayor si se tiene en cuenta que hay muchos que están directamente cerrados.
El valor del gordo tracciona a toda la cadena productiva y es una de las principales variables del negocio ganadero, pero también influyen el precio del maíz y el del ternero. En cuanto al maíz, los engordadores consideran que si el valor del dólar se mantiene en torno a los 40 pesos no habría grandes saltos en la cotización, ya que se espera una cosecha de 44 millones de toneladas de granos del tipo comercial.
Por el lado de la invernada, se supone que teniendo en cuenta los excesos de agua en parte de una región criadora como es el NEA, pero también en el centro del país, y considerando además los problemas que hay a nivel financiero en toda la economía argentina, los criadores tenderían a adelantar la venta de terneros. Pero aun así el feedlotero dice que mantendrá una actitud cautelosa y que con los precios actuales no puede pagar más de $45 por kilo de ternero, menos de lo que se paga en el disponible. Conclusión, si el gordo no sube lo suficiente, el que termina la hacienda en los corrales no podría convalidar valores más altos. 
En las últimas semanas se vio cierta recuperación en los precios de la mano de la mejora que tuvo el gordo. En los remates hubo valores promedio cercanos a los $50 por los machos de 180/200 kilos. Seguramente al momento de la zafra serán los recriadores los que lideren las compras y los que tengan mejor capacidad de compra. En ellos están puestas las esperanzas de los criadores de lograr ventas con precios acordes a las exigencias del negocio, luego se verá qué pasa con la venta de la cola y de las terneras, donde el engorde a corral tendría más posibilidades de competir.
Un párrafo aparte merece el tema de la financiación. Un importante engordador bonaerense hacía este razonamiento: “Además de las variables clásicas del negocio, este año jugará un papel muy importante la tasa de interés. El problema va a estar en el crédito al interior de la cadena para la compra de terneros de maíz”. Ese productor dice que el problema de las tasas y la falta de liquidez que hay en el sector ganadero y en particular entre los feedloteros complicarán la forma de pago de esos insumos. El engordador necesita plazos, pero el criador y el productor de maíz no están en condiciones de darlo, por lo que a su criterio veremos qué sucede cuando se vaya desarrollando la zafra. 

Cuota 481
La Cuota 481 fue un buen negocio este año. Los que pudieron engordar novillos para ese destino lograron precios diferenciales. Hasta hace poco tiempo atrás se pagaban 95 pesos por kilo en gancho cuando el consumo estaba en 85. La diferencia justificaba la inversión y dejaba una renta interesante. En las últimas semanas esa diferencia se dio vuelta a favor del consumo local,  en parte por la suba del gordo y en parte porque estamos en el momento de menos demanda de Europa, pero el sector confía en que seguirá siendo un buen negocio. Muchos se mostraron seguros que siempre es mucho más convenientes tener la mayor cantidad de puertas abiertas para poder negociar la carne que se produce en nuestro país. 

Feedloteros no quieren que baje el peso mínimo de faena
En las últimas semanas se volvió a discutir esta cuestión una vez que se supo que sería parte de la agenda a tratar con el presidente Mauricio Macri en la reunión del lunes 21 con la Mesa de las Carnes. Pero si bien entre los engordadores no hay una postura definida, en su mayoría prefieren que no haya cambios. Dicen que en los últimos años a raíz de esa limitante fijada en los 300 kilos se sumaron herramientas tecnológicas y se adaptaron dietas y procesos para que las terneras lleguen a ese peso sin quedar sobre engrasadas y de ese modo su rinde sea el conveniente. “Un claro ejemplo es lo que pasa con las vaquillonas de 400/420 kilos cuya carne se vende a Europa dentro de la Cuota 481 y no reciben castigo alguno de parte de los importadores, ya que no tienen problemas con el engrasamiento”, comentó un importante feedlotero y ex presidente de la entidad que los agrupa, quien agregó: “Lo mejor es subir la exigencia para que se produzca cada vez más”. 

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Las subas del gordo y la invernada no son suficientes

Las mejoras experimentadas en diciembre para ambos segmentos no alcanzan para compensar las pérdidas que sufren los feedlots, para los que el valor del ganado para faena debería ser mayor. La ecuación no les cierra porque vienen mal desde el año pasado. Por eso actuarán con cautela.

Los datos oficiales dicen que en 2018 la faena sumó 13,4 millones de animales, con los cuales se produjeron 3,06 millones de toneladas de carne vacuna. El peso medio fue de 228 kilos, lo que indica una muy leve tendencia la suba, de apenas 1,3% respecto del dato de 2017.
Del total producido, el consumo se quedó con 2,5 millones de toneladas con un promedio per cápita de 57,5 kilos, casi 2% menos de lo que dispuso el año anterior. Eso es consecuencia del enorme salto que dieron las exportaciones, que se llevó todo el crecimiento productivo y que, teniendo en cuenta las estadísticas públicas en los embarques, habrían sumado (restando a la producción el consumo, ya que no están publicados todavía los datos del total embarcado) 55 mil toneladas. Así el total del año habría llegado a las 550 mil, lo que significaría el 18% del total producido.
Con esos datos, la actividad de ganados y carnes habría recuperado su performance histórica, en la cual las exportaciones representaron entre 18 y 20% del total producido. Para este año se supone que podría haber un nuevo salto en las ventas al extranjero, pero de menor porcentaje. Los analistas estiman que sería del 15%.
En cuanto a las cotizaciones, los especialistas esperan que la suba del gordo que arrancó a fines de diciembre y que se sostiene en enero ayudaría a la posterior mejora de la invernada, que el año pasado tuvo un incremento promedio de apenas 15% contra una inflación de casi 48% y con una suba de costos aún mayor. La pregunta es cuánto puede subir el gordo. En el Mercado de Liniers el novillo liviano o mediano de mejor condición promedia entre $50 y $55 el kilo vivo; y en el caso del consumo liviano los mejores conjuntos rozan los $60, pero no parecen ser valores que conformen a los engordadores, que en 2018 tuvieron pérdidas notables.
Desde fines de diciembre el mercado está en un proceso de mejora en los precios del ganado para faena, pero lamentablemente la mayor parte de la hacienda que se produjo este año no capturó esa suba sino que se negoció con precios de quebranto. Hay que tener en cuenta que lo que pasó por los corrales se comercializó antes de esa mejora, que justamente responde al faltante de gordo, que a su vez se combinó con el incremento de la demanda que suele haber en el cierre del año, la poca disponibilidad de carne en cámara, la acumulación de feriados y las lluvias que siguen complicando al sector y que ponen en vilo a una importante región productiva, sobre todo en las provincias del NEA y el Litoral.
"Habrá que esperar a la segunda quincena de este enero para saber dónde estamos parados", decían algunos operadores y analistas en el arranque del año. Pues bien, lluvias mediante la demanda sigue dando muestras de interés, aunque los valores no sean aún lo suficientemente buenos como para incentivar al encierre. Y parece poco probable que se llegue a esos niveles de precios teniendo en cuenta el castigo que recibió la demanda local este año y que se volvería a ver afectada por las subas de tarifas de servicios públicos previstas para los meses próximos entre otras cuestiones. La inflación volverá a pegar en el bolsillo: la mayoría de los economistas dicen que no será menor a 30%.
Según los engordadores, el precio de la hacienda liviana debería ser de $65 más IVA. Dicen que si el dólar (en definitiva el alimento) se mantiene en torno a los $40, la cosecha de maíz es abundante como se espera y el gordo salta a esos precios se verían incentivados a encerrar hacienda, aunque siempre con mucha cautela. Esa es la palabra que repiten porque vienen de un año de fuertes pérdidas económicas. Según sus cálculos, en 2018 perdieron $1.500 por animal que pasó por los corrales y eso sin cargar el costo financiero al dinero que se invirtió. La falta de capital de trabajo, dicen los feedloteros, es notable y por eso la reposición en los corrales es baja.
Según los datos que releva la Cámara de Feedlot entre sus socios, en enero la ocupación en los corrales fue del 56% de la capacidad total, se trata del registro más bajo en tres años. En tanto, el índice de reposición fue de 0,87%, lo que indica que por cada animal que se vende ingresa menos de 1. Pero además hay que tener en cuenta que ese indicador se calcula en base a lo que informan los establecimientos que están activos, el faltante es mucho mayor si se tiene en cuenta que hay muchos que están directamente cerrados.
El valor del gordo tracciona a toda la cadena productiva y es una de las principales variables del negocio ganadero, pero también influyen el precio del maíz y el del ternero. En cuanto al maíz, los engordadores consideran que si el valor del dólar se mantiene en torno a los 40 pesos no habría grandes saltos en la cotización, ya que se espera una cosecha de 44 millones de toneladas de granos del tipo comercial.
Por el lado de la invernada, se supone que teniendo en cuenta los excesos de agua en parte de una región criadora como es el NEA, pero también en el centro del país, y considerando además los problemas que hay a nivel financiero en toda la economía argentina, los criadores tenderían a adelantar la venta de terneros. Pero aun así el feedlotero dice que mantendrá una actitud cautelosa y que con los precios actuales no puede pagar más de $45 por kilo de ternero, menos de lo que se paga en el disponible. Conclusión, si el gordo no sube lo suficiente, el que termina la hacienda en los corrales no podría convalidar valores más altos. 
En las últimas semanas se vio cierta recuperación en los precios de la mano de la mejora que tuvo el gordo. En los remates hubo valores promedio cercanos a los $50 por los machos de 180/200 kilos. Seguramente al momento de la zafra serán los recriadores los que lideren las compras y los que tengan mejor capacidad de compra. En ellos están puestas las esperanzas de los criadores de lograr ventas con precios acordes a las exigencias del negocio, luego se verá qué pasa con la venta de la cola y de las terneras, donde el engorde a corral tendría más posibilidades de competir.
Un párrafo aparte merece el tema de la financiación. Un importante engordador bonaerense hacía este razonamiento: “Además de las variables clásicas del negocio, este año jugará un papel muy importante la tasa de interés. El problema va a estar en el crédito al interior de la cadena para la compra de terneros de maíz”. Ese productor dice que el problema de las tasas y la falta de liquidez que hay en el sector ganadero y en particular entre los feedloteros complicarán la forma de pago de esos insumos. El engordador necesita plazos, pero el criador y el productor de maíz no están en condiciones de darlo, por lo que a su criterio veremos qué sucede cuando se vaya desarrollando la zafra. 

Cuota 481
La Cuota 481 fue un buen negocio este año. Los que pudieron engordar novillos para ese destino lograron precios diferenciales. Hasta hace poco tiempo atrás se pagaban 95 pesos por kilo en gancho cuando el consumo estaba en 85. La diferencia justificaba la inversión y dejaba una renta interesante. En las últimas semanas esa diferencia se dio vuelta a favor del consumo local,  en parte por la suba del gordo y en parte porque estamos en el momento de menos demanda de Europa, pero el sector confía en que seguirá siendo un buen negocio. Muchos se mostraron seguros que siempre es mucho más convenientes tener la mayor cantidad de puertas abiertas para poder negociar la carne que se produce en nuestro país. 

Feedloteros no quieren que baje el peso mínimo de faena
En las últimas semanas se volvió a discutir esta cuestión una vez que se supo que sería parte de la agenda a tratar con el presidente Mauricio Macri en la reunión del lunes 21 con la Mesa de las Carnes. Pero si bien entre los engordadores no hay una postura definida, en su mayoría prefieren que no haya cambios. Dicen que en los últimos años a raíz de esa limitante fijada en los 300 kilos se sumaron herramientas tecnológicas y se adaptaron dietas y procesos para que las terneras lleguen a ese peso sin quedar sobre engrasadas y de ese modo su rinde sea el conveniente. “Un claro ejemplo es lo que pasa con las vaquillonas de 400/420 kilos cuya carne se vende a Europa dentro de la Cuota 481 y no reciben castigo alguno de parte de los importadores, ya que no tienen problemas con el engrasamiento”, comentó un importante feedlotero y ex presidente de la entidad que los agrupa, quien agregó: “Lo mejor es subir la exigencia para que se produzca cada vez más”. 

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