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El incomprensible suplicio de llegar y salir de Retiro

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El incomprensible suplicio de llegar y salir de Retiro

Hay episodios simples, son situaciones de una relevancia coyuntural y que, en principio, no acarrean consecuencias ni demasiado duraderas, ni demasiado profundas. Pero que resultan elocuentes del espíritu imperante a la hora de fijar objetivos y cumplirlos, a la hora de manifestar y dejar muy en claro la posibilidad de establecer y sostener políticas públicas de relevancia.

El fracaso económico y la brutal devaluación que el gobierno de Cambiemos prometió no realizar, y ejecutó sin miramientos, colocó el tipo de cambio en un nivel muy alto. Este factor sumado a la disminución en los ingresos de la clase media, y la caída del salario real trajeron consecuencias nefastas. Fuera de ellas plantearon algunos escenarios potencialmente interesantes. La crisis generó una oportunidad para el turismo interno. En otras palabras, después de muchos años, promete crecer el número de argentinos que piensan pasar sus vacaciones de verano en la Argentina.

Este fenómeno se avizora desde hace algún tiempo. Cabe entonces, preparar toda la logística, disponer todos los recursos para facilitar que la industria del turismo interno genere buenos ingresos a todos los factores económicos intervinientes. Mostrarse eficaz cuando fluye la demanda sirve para recuperar clientes perdidos, y para exhibir las bondades de cada uno de los muchos espacios turísticos de los que dispone el territorio nacional.

Un medio de transporte habitual y muy utilizado es el ómnibus. Desde la Terminal de Retiro parten cientos de servicios todos los días, que obviamente regresan a este mismo lugar. El tránsito de vehículos y de pasajeros es intenso. Concurren pasajeros en sus autos particulares, en servicios de taxis y remises, en muchas líneas del transporte urbano, vehículos de carga, camiones y todo tipo de transporte. La zona conecta muchas calles que derivan en el puerto, en la zona de Puerto Madero, en los famosos Tribunales de Comodoro Py, y en otros sitios de gran convocatoria.

Una familia de clase media está dispuesta a pagar el mejor servicio de larga distancia para llegar a su destino. Está dispuesta a pagar un buen servicio de taxi hacia el lugar de salida de su transporte, la famosa Terminal de Retiro. Fondos que quedan en una parte de la industria turística. Hay muchas posibilidades que el viaje en taxi sea un caos, que demore el doble o el triple de lo habitual, que inevitablemente haya infranqueables atascamientos de tránsito. Que se deban recorrer zonas con calzada reducida, en obras, y con cambios permanentes del sentido de circulación. Si van en colectivo sucederá otro tanto. La salida del bus de larga distancia será lenta y tediosa, se dirija hacia donde se dirija. La Torre de los Ingleses será parte del paisaje por más de media hora. Y no llega el subterráneo. Y no hay un parque para caminar. La zona de las estaciones ferroviarias es un lugar para transitar con precaución, no es un hermoso paseo donde los pasajeros puedan llegar distendidos con su equipaje. Pueden incluso tener que atravesar zonas aledañas a lo que de un modo perenne se ha convertido en villas de emergencia. Y es cierto que hay policías, y que hay auxiliares de tránsito que pretenden encauzar el desborde. Y es cierto que parte del problema es que se están haciendo obras importantes para el futuro. Pero también es cierto que todo esto se sabía, que se esperan miles de personas y de vehículos, que no hay otra posibilidad, entonces esto debió preverse, debieron tomarse precauciones para que los viajes se disfruten y no se padezcan. Para que pasar las vacaciones en Argentina sea placentero y no tortuoso. Y si todos deben llegar a ese lugar y por esas vías, por qué no se facilitó esa llegada, por qué no se buscó un recorrido factible, por qué pasajeros, taxistas y choferes de corta y larga distancia deben maldecir cada día tener que llegar a ese lugar.

Es un esquema repetido en la Argentina. Se sabe que algo va a suceder. Incluso se desea que suceda y en un gran volumen, pero lejos de prepararse para aprovecharlo y convertirlo en un hecho auspicioso, se somete al usuario, al destinatario, al cliente al peor de los maltratos. Y la lección no se aprende.

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El incomprensible suplicio de llegar y salir de Retiro

Hay episodios simples, son situaciones de una relevancia coyuntural y que, en principio, no acarrean consecuencias ni demasiado duraderas, ni demasiado profundas. Pero que resultan elocuentes del espíritu imperante a la hora de fijar objetivos y cumplirlos, a la hora de manifestar y dejar muy en claro la posibilidad de establecer y sostener políticas públicas de relevancia.

El fracaso económico y la brutal devaluación que el gobierno de Cambiemos prometió no realizar, y ejecutó sin miramientos, colocó el tipo de cambio en un nivel muy alto. Este factor sumado a la disminución en los ingresos de la clase media, y la caída del salario real trajeron consecuencias nefastas. Fuera de ellas plantearon algunos escenarios potencialmente interesantes. La crisis generó una oportunidad para el turismo interno. En otras palabras, después de muchos años, promete crecer el número de argentinos que piensan pasar sus vacaciones de verano en la Argentina.

Este fenómeno se avizora desde hace algún tiempo. Cabe entonces, preparar toda la logística, disponer todos los recursos para facilitar que la industria del turismo interno genere buenos ingresos a todos los factores económicos intervinientes. Mostrarse eficaz cuando fluye la demanda sirve para recuperar clientes perdidos, y para exhibir las bondades de cada uno de los muchos espacios turísticos de los que dispone el territorio nacional.

Un medio de transporte habitual y muy utilizado es el ómnibus. Desde la Terminal de Retiro parten cientos de servicios todos los días, que obviamente regresan a este mismo lugar. El tránsito de vehículos y de pasajeros es intenso. Concurren pasajeros en sus autos particulares, en servicios de taxis y remises, en muchas líneas del transporte urbano, vehículos de carga, camiones y todo tipo de transporte. La zona conecta muchas calles que derivan en el puerto, en la zona de Puerto Madero, en los famosos Tribunales de Comodoro Py, y en otros sitios de gran convocatoria.

Una familia de clase media está dispuesta a pagar el mejor servicio de larga distancia para llegar a su destino. Está dispuesta a pagar un buen servicio de taxi hacia el lugar de salida de su transporte, la famosa Terminal de Retiro. Fondos que quedan en una parte de la industria turística. Hay muchas posibilidades que el viaje en taxi sea un caos, que demore el doble o el triple de lo habitual, que inevitablemente haya infranqueables atascamientos de tránsito. Que se deban recorrer zonas con calzada reducida, en obras, y con cambios permanentes del sentido de circulación. Si van en colectivo sucederá otro tanto. La salida del bus de larga distancia será lenta y tediosa, se dirija hacia donde se dirija. La Torre de los Ingleses será parte del paisaje por más de media hora. Y no llega el subterráneo. Y no hay un parque para caminar. La zona de las estaciones ferroviarias es un lugar para transitar con precaución, no es un hermoso paseo donde los pasajeros puedan llegar distendidos con su equipaje. Pueden incluso tener que atravesar zonas aledañas a lo que de un modo perenne se ha convertido en villas de emergencia. Y es cierto que hay policías, y que hay auxiliares de tránsito que pretenden encauzar el desborde. Y es cierto que parte del problema es que se están haciendo obras importantes para el futuro. Pero también es cierto que todo esto se sabía, que se esperan miles de personas y de vehículos, que no hay otra posibilidad, entonces esto debió preverse, debieron tomarse precauciones para que los viajes se disfruten y no se padezcan. Para que pasar las vacaciones en Argentina sea placentero y no tortuoso. Y si todos deben llegar a ese lugar y por esas vías, por qué no se facilitó esa llegada, por qué no se buscó un recorrido factible, por qué pasajeros, taxistas y choferes de corta y larga distancia deben maldecir cada día tener que llegar a ese lugar.

Es un esquema repetido en la Argentina. Se sabe que algo va a suceder. Incluso se desea que suceda y en un gran volumen, pero lejos de prepararse para aprovecharlo y convertirlo en un hecho auspicioso, se somete al usuario, al destinatario, al cliente al peor de los maltratos. Y la lección no se aprende.

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