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Sin lugar para otra cosa

La forma de encarar los problemas y las soluciones desde que ocupa la Presidencia de Estados Unidos, convirtieron a Donald Trump en una celebridad global, con más polémicas y cuestionamientos, que elogios. Una fama que solo puede sorprender a los que desconocen a un hombre, cuya biografía está jalonada de fortuna, escándalos y peleas memorables.

Trump ha actuado, exactamente como dijo que lo haría, desde el día en que lanzó su candidatura republicana. Pero luego de tres años, está inmerso en problemas, quizás más grandes de los que imaginó: el abrupto cambio en la política hacia Siria profundizó su aislamiento, en un momento en el que precisa de todos los aliados posibles para defenderse de un proceso de destitución.

La autoproclamada “inigualable sabiduría” de Trump pareció insuficiente para controlar un nuevo revuelo en Washington, que comenzó el domingo 6 por la noche cuando la Casa Blanca anunció en un comunicado el retiro de tropas de posiciones clave a lo largo de la frontera norte de Siria.

El anuncio, emitido poco después de una conversación telefónica entre Trump y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, fue interpretado (ese diálogo telefónico es clave) como el abandono a las milicias kurdas de esa región -aliados de Washington en la larga batalla contra el Estado Islámico (EI)-, y una luz verde para que Ankara ponga en marcha una operación transfronteriza contra ellos, a quienes considera terroristas. Todo ello ocurrió.

En una serie de mensajes publicados en Twitter, Trump defendió la decisión como parte de su viejo anhelo de poner fin al despliegue de militares estadounidenses en conflictos de Medio Oriente, a los que calificó de “ridículas Guerras Sin Fin”.
“Turquía, Europa, Siria, Irán, Irak, Rusia y los kurdos tendrán ahora que resolver la situación (por ellos mismos)”, escribió Trump. “Nosotros estamos a 7000 millas”.

El súbito cambio de postura despertó un inusual consenso bipartidario en Washington, incluyendo a cercanos aliados republicanos de Trump, que reaccionaron con alarma e indignación.

Con un proceso de destitución en su contra, la supervivencia política de Trump depende de la mayoría republicana en el Senado. En ese contexto, resaltaron las reacciones de dos de los principales aliados republicanos de Trump en el Congreso, Lindsey Graham y Mitch McConnell.

Graham, presidente del poderoso Comité Judicial del Senado y uno de los partidarios más francos de Trump en el Capitolio, describió la medida como un “desastre en ciernes” que “garantiza el resurgimiento” del EI y dijo que sería una “mancha en el honor de Estados Unidos por abandonar a los kurdos”.

McConnell, líder de la mayoría del Senado, calificó por su parte en un comunicado la retirada como “precipitada”, alegando que este movimiento resultará beneficioso para Rusia, Irán y el régimen de Bashar al Asad.

Incluso la exembajadora de Trump en la ONU, Nikki Haley, se sumó a las críticas, apuntando sobre todo a las consecuencias sobre los aliados kurdos. “Dejarlos morir es un grave error”, dijo.

La Casa Blanca tuvo que reaccionar al descontento generalizado. En un tuit, Trump amenazó: “Si Turquía hace algo que yo, con mi gran e inigualable sabiduría, considere que sobrepasa los límites, voy a destruir y arrasar completamente la economía de Turquía", escribió.

Esta controversia se suma a una seguidilla caótica de decisiones sobre política exterior que han incomodado al establishment en Washington y a sus aliados extranjeros.

Desde el anuncio, luego cancelado, de una reunión con líderes talibanes hasta sus contradictorias posturas hacia Irán, Trump tiene al mundo acostumbrado a este tipo de comportamiento errático.

Pero el problema en Siria toca una fibra especialmente sensible. En Washington prevalece la preocupación de que esta retirada sea vista como un triunfo por Irán y Rusia pero también por Turquía, un aliado estadounidense que resulta cada vez más problemático.

Sin lugar para otra cosa, el hombre responde a la misma lógica que lo depositó en el lugar más elevado de su carrera. Tiene sentido que no cambie.

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Sin lugar para otra cosa

La forma de encarar los problemas y las soluciones desde que ocupa la Presidencia de Estados Unidos, convirtieron a Donald Trump en una celebridad global, con más polémicas y cuestionamientos, que elogios. Una fama que solo puede sorprender a los que desconocen a un hombre, cuya biografía está jalonada de fortuna, escándalos y peleas memorables.

Trump ha actuado, exactamente como dijo que lo haría, desde el día en que lanzó su candidatura republicana. Pero luego de tres años, está inmerso en problemas, quizás más grandes de los que imaginó: el abrupto cambio en la política hacia Siria profundizó su aislamiento, en un momento en el que precisa de todos los aliados posibles para defenderse de un proceso de destitución.

La autoproclamada “inigualable sabiduría” de Trump pareció insuficiente para controlar un nuevo revuelo en Washington, que comenzó el domingo 6 por la noche cuando la Casa Blanca anunció en un comunicado el retiro de tropas de posiciones clave a lo largo de la frontera norte de Siria.

El anuncio, emitido poco después de una conversación telefónica entre Trump y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, fue interpretado (ese diálogo telefónico es clave) como el abandono a las milicias kurdas de esa región -aliados de Washington en la larga batalla contra el Estado Islámico (EI)-, y una luz verde para que Ankara ponga en marcha una operación transfronteriza contra ellos, a quienes considera terroristas. Todo ello ocurrió.

En una serie de mensajes publicados en Twitter, Trump defendió la decisión como parte de su viejo anhelo de poner fin al despliegue de militares estadounidenses en conflictos de Medio Oriente, a los que calificó de “ridículas Guerras Sin Fin”.
“Turquía, Europa, Siria, Irán, Irak, Rusia y los kurdos tendrán ahora que resolver la situación (por ellos mismos)”, escribió Trump. “Nosotros estamos a 7000 millas”.

El súbito cambio de postura despertó un inusual consenso bipartidario en Washington, incluyendo a cercanos aliados republicanos de Trump, que reaccionaron con alarma e indignación.

Con un proceso de destitución en su contra, la supervivencia política de Trump depende de la mayoría republicana en el Senado. En ese contexto, resaltaron las reacciones de dos de los principales aliados republicanos de Trump en el Congreso, Lindsey Graham y Mitch McConnell.

Graham, presidente del poderoso Comité Judicial del Senado y uno de los partidarios más francos de Trump en el Capitolio, describió la medida como un “desastre en ciernes” que “garantiza el resurgimiento” del EI y dijo que sería una “mancha en el honor de Estados Unidos por abandonar a los kurdos”.

McConnell, líder de la mayoría del Senado, calificó por su parte en un comunicado la retirada como “precipitada”, alegando que este movimiento resultará beneficioso para Rusia, Irán y el régimen de Bashar al Asad.

Incluso la exembajadora de Trump en la ONU, Nikki Haley, se sumó a las críticas, apuntando sobre todo a las consecuencias sobre los aliados kurdos. “Dejarlos morir es un grave error”, dijo.

La Casa Blanca tuvo que reaccionar al descontento generalizado. En un tuit, Trump amenazó: “Si Turquía hace algo que yo, con mi gran e inigualable sabiduría, considere que sobrepasa los límites, voy a destruir y arrasar completamente la economía de Turquía", escribió.

Esta controversia se suma a una seguidilla caótica de decisiones sobre política exterior que han incomodado al establishment en Washington y a sus aliados extranjeros.

Desde el anuncio, luego cancelado, de una reunión con líderes talibanes hasta sus contradictorias posturas hacia Irán, Trump tiene al mundo acostumbrado a este tipo de comportamiento errático.

Pero el problema en Siria toca una fibra especialmente sensible. En Washington prevalece la preocupación de que esta retirada sea vista como un triunfo por Irán y Rusia pero también por Turquía, un aliado estadounidense que resulta cada vez más problemático.

Sin lugar para otra cosa, el hombre responde a la misma lógica que lo depositó en el lugar más elevado de su carrera. Tiene sentido que no cambie.

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