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Una muy mala gestión

Las condiciones sociales y económicas lamentables, con las que Mauricio Macri termina su gestión, ahorran cualquier análisis encuadrado en la trascendencia histórica, para referirse en exclusiva a un fracaso muy doloroso para los más humildes. Dos trabajos recientes le ponen claridad a dos temas con los que a diario conviven duramente los argentinos: las deudas y la fragilidad económica.

El 51% de los adultos está endeudado, principalmente a través de tarjetas de crédito, y ese porcentaje creció 4 puntos durante la gestión de Macri, de acuerdo con un informe del Banco Central.

A lo largo del período, las financiaciones mediante tarjetas de crédito continuaron siendo el instrumento de financiación más difundido entre la población adulta (32% a marzo de 2019), mientras que en el otro extremo se encontraban los créditos hipotecarios (0,7%), según primer informe de Inclusión Financiera elaborado por la autoridad monetaria.

En cuanto a la asistencia crediticia de las unidades productivas, a agosto de 2018, un 40% de las microempresas (constituidas como personas jurídicas) tenía una línea de crédito con el sistema financiero, mientras que, considerando una ventana de 12 meses, un 52% de ellas tomó algún financiamiento.

En el caso de las empresas pequeñas y medianas, el 74% y 76% de las mismas, respectivamente, habían tomado algún tipo de financiamiento entre septiembre de 2017 y agosto de 2018.

Por su parte, las transacciones por medios electrónicos de pago realizadas por personas humanas, esto es la suma de las operaciones con tarjetas de débito, tarjetas de crédito, transferencias y tarjetas prepagas totalizaron 5,3 operaciones por adulto (promedio mensual) durante el primer trimestre de 2019, de acuerdo con la información oficial.

El informe reveló también que la efectividad de los canales de atención del sistema financiero, medida por la cantidad de localidades con al menos tres sucursales de diferentes bancos, ha permanecido sin cambios desde diciembre 2015 a marzo 2019.

Para el Banco Central, con el panorama actual “quedan abiertos desafíos para cubrir déficits de puntos de acceso físico en ciertas zonas del país, la profundización del uso de medios de pago electrónicos, una mayor penetración de los instrumentos de crédito en la población adulta y las empresas de menor tamaño, así como lograr un mayor grado de educación financiera de la población”.

El segundo informe dice que la fragilidad laboral, entendida como el déficit de empleo y la precariedad de los puestos existentes, alcanzó los 39,7 puntos en el segundo trimestre de 2019, el nivel más alto de los últimos cuatro años.

Según el Indice de Fragilidad Laboral (IFL) que difunde la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), el crecimiento de ese indicador -en línea con la evolución reciente de la actividad económica- se ha intensificado en los últimos cuatro años y, particularmente, en el último.

Es que mientras que registró un incremento del 9% entre el segundo trimestre de 2016 y el mismo período de 2019, entre 2018 y 2019 reflejó un alza del 13%.

La dinámica se repite en todas las dimensiones que componen el Índice de Fragilidad Laboral: en los últimos tres años el déficit de empleo creció un 25%, la precariedad laboral un 6%, y el indicador que mide la evolución de los ingresos de los hogares y su distribución un 5%, según el reporte.

El análisis por regiones geográficas convalida las heterogeneidades espaciales existentes en el territorio nacional: el Gran Buenos Aires y el Noroeste Argentino son las regiones que actualmente presentan mayor fragilidad laboral (40,4 y 39,4 puntos, respectivamente), con brechas del 7% y 4% respecto de la fragilidad nacional.

Por el contrario, la Patagonia constituye el área de mejor desempeño relativo: la fragilidad laboral (28,6 puntos) es un 24% inferior a la nacional, y 29% menor a la del Gran Buenos Aires, detalló UMET.

También, señaló que al examinar el diferencial de fragilidad entre varones y mujeres, estas se ven más afectadas por el deterioro en las condiciones del mercado de trabajo de los últimos años: entre las mujeres el IFL arrojó un valor de 39,3 puntos en 2019, un 15% superior al nivel de 2018.

Finalmente, al descomponer la medición entre jóvenes y adultos, los primeros presentan, a lo largo de todo el período, mayor fragilidad: en promedio para todo el lapso de análisis, su IFL es un 56% superior al de los adultos.

Para en análisis histórico hay tiempo, por ahora solo puede decirse que Mauricio Macri ha realizado una muy mala gestión.

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Una muy mala gestión

Las condiciones sociales y económicas lamentables, con las que Mauricio Macri termina su gestión, ahorran cualquier análisis encuadrado en la trascendencia histórica, para referirse en exclusiva a un fracaso muy doloroso para los más humildes. Dos trabajos recientes le ponen claridad a dos temas con los que a diario conviven duramente los argentinos: las deudas y la fragilidad económica.

El 51% de los adultos está endeudado, principalmente a través de tarjetas de crédito, y ese porcentaje creció 4 puntos durante la gestión de Macri, de acuerdo con un informe del Banco Central.

A lo largo del período, las financiaciones mediante tarjetas de crédito continuaron siendo el instrumento de financiación más difundido entre la población adulta (32% a marzo de 2019), mientras que en el otro extremo se encontraban los créditos hipotecarios (0,7%), según primer informe de Inclusión Financiera elaborado por la autoridad monetaria.

En cuanto a la asistencia crediticia de las unidades productivas, a agosto de 2018, un 40% de las microempresas (constituidas como personas jurídicas) tenía una línea de crédito con el sistema financiero, mientras que, considerando una ventana de 12 meses, un 52% de ellas tomó algún financiamiento.

En el caso de las empresas pequeñas y medianas, el 74% y 76% de las mismas, respectivamente, habían tomado algún tipo de financiamiento entre septiembre de 2017 y agosto de 2018.

Por su parte, las transacciones por medios electrónicos de pago realizadas por personas humanas, esto es la suma de las operaciones con tarjetas de débito, tarjetas de crédito, transferencias y tarjetas prepagas totalizaron 5,3 operaciones por adulto (promedio mensual) durante el primer trimestre de 2019, de acuerdo con la información oficial.

El informe reveló también que la efectividad de los canales de atención del sistema financiero, medida por la cantidad de localidades con al menos tres sucursales de diferentes bancos, ha permanecido sin cambios desde diciembre 2015 a marzo 2019.

Para el Banco Central, con el panorama actual “quedan abiertos desafíos para cubrir déficits de puntos de acceso físico en ciertas zonas del país, la profundización del uso de medios de pago electrónicos, una mayor penetración de los instrumentos de crédito en la población adulta y las empresas de menor tamaño, así como lograr un mayor grado de educación financiera de la población”.

El segundo informe dice que la fragilidad laboral, entendida como el déficit de empleo y la precariedad de los puestos existentes, alcanzó los 39,7 puntos en el segundo trimestre de 2019, el nivel más alto de los últimos cuatro años.

Según el Indice de Fragilidad Laboral (IFL) que difunde la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), el crecimiento de ese indicador -en línea con la evolución reciente de la actividad económica- se ha intensificado en los últimos cuatro años y, particularmente, en el último.

Es que mientras que registró un incremento del 9% entre el segundo trimestre de 2016 y el mismo período de 2019, entre 2018 y 2019 reflejó un alza del 13%.

La dinámica se repite en todas las dimensiones que componen el Índice de Fragilidad Laboral: en los últimos tres años el déficit de empleo creció un 25%, la precariedad laboral un 6%, y el indicador que mide la evolución de los ingresos de los hogares y su distribución un 5%, según el reporte.

El análisis por regiones geográficas convalida las heterogeneidades espaciales existentes en el territorio nacional: el Gran Buenos Aires y el Noroeste Argentino son las regiones que actualmente presentan mayor fragilidad laboral (40,4 y 39,4 puntos, respectivamente), con brechas del 7% y 4% respecto de la fragilidad nacional.

Por el contrario, la Patagonia constituye el área de mejor desempeño relativo: la fragilidad laboral (28,6 puntos) es un 24% inferior a la nacional, y 29% menor a la del Gran Buenos Aires, detalló UMET.

También, señaló que al examinar el diferencial de fragilidad entre varones y mujeres, estas se ven más afectadas por el deterioro en las condiciones del mercado de trabajo de los últimos años: entre las mujeres el IFL arrojó un valor de 39,3 puntos en 2019, un 15% superior al nivel de 2018.

Finalmente, al descomponer la medición entre jóvenes y adultos, los primeros presentan, a lo largo de todo el período, mayor fragilidad: en promedio para todo el lapso de análisis, su IFL es un 56% superior al de los adultos.

Para en análisis histórico hay tiempo, por ahora solo puede decirse que Mauricio Macri ha realizado una muy mala gestión.

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