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Hay que distinguir las modas de aquellos conceptos que son debatidos con intensidad y persistencia, porque implican una amenaza a la vida sobre la Tierra. No es una moda el medio ambiente y sus tragedias repetidas. Es un drama sobre el que es necesario insistir, hablar, discutir y solucionar.

Desde hace años aumentan los informes concluyentes sobre la contaminación plástica y el peligro que esto significa para la vida marina. Las amenazas son claras y es necesario tomar medidas urgentes.

Al celebrar el Día Mundial de la Vida Silvestre, el 3 de marzo, bajo el lema “La Vida Subacuática”, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) subrayó la necesidad de promover y mantener la conservación de los océanos, no solo para proteger la vida en el agua, sino también a las personas.

“La vida subacuática puede parecer alejada de nuestra vida cotidiana, y un tema que es mejor dejar a los científicos y a los biólogos marinos, pero es todo menos eso”, precisó la presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa.

“Cada vez comprendemos mejor cuán conectado está nuestro mundo y cuánto impacto tienen nuestras acciones en los océanos, ríos y otros cursos de agua y, a su vez, en la vida silvestre, encima y debajo del agua, la que depende de ellos”, añadió

Los océanos y sus criaturas son la base de las sociedades humanas. Alrededor de 3.000 millones de personas en el mundo dependen de la diversidad biológica marina y costera para vivir, pues solo la pesca genera más de 360.000 millones de dólares a la economía global.

Y no solo eso, los océanos ayudan a regular el clima, producir un 50 por ciento del oxígeno, y absorber el 30 por ciento del dióxido de carbono liberado a la atmósfera.

Sin embargo, las actividades humanas siguen poniendo en peligro paisajes vitales, por ejemplo, a través de la sobrepesca. Según la ONU, alrededor del 30 por ciento de las reservas de peces están sobreexplotadas, a menudo de una forma que no es sostenible. Hay políticas para reducir la sobrepesca, pero la actividad ilegal sigue siendo una práctica común.

La pesca ilegal y no reglamentada representa alrededor de entre el 12 y 30 por ciento de la captura mundial. Por ejemplo, el elevado precio del caviar alimentó la sobrepesca ilegal y casi llevó a la extinción a las especies de esturión y de peces espátula.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluyó a 16 de las 27 especies de esturión y a una de las seis de peces espátula en lista de especies en peligro.

La contaminación plástica de los océanos es un problema creciente en el mundo. Un camión de basura plástica termina en el mar a cada minuto. Parte del plástico queda en su forma original, pero la mayoría se destruye dejando microplásticos que consumen los peces y otros animales marinos, que terminan en nuestros alimentos y nuestra agua.

“No es la forma de tratar a nuestro hogar, a nuestro planeta. No es la forma de mantener un ecosistema sostenible y saludable”, dijo la ONU.

Se estima que entre cinco y 12 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año, una gran parte de las cuales termina en las playas de las islas más alejadas y, otra, en las entrañas de ballenas y tortugas marinas.

Aun en la Fosa de las Marianas, de 91.034 metros de profundidad, las investigaciones concluyen que las distintas especies tienen plástico en sus entrañas. Según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, los océanos podrían tener más plástico que peces en el 2050 si continúa la tendencia actual.

Pero en medio de este panorama gris aparecen chispazos de esperanza, pues las organizaciones de la sociedad civil, las agencias de la ONU y los gobiernos se unen para proteger los océanos.

Lanzada por ONU Medio Ambiente, la campaña “Mares Limpios” se convirtió en la alianza mundial más grande del mundo para combatir la contaminación plástica con el compromiso de cubrir más del 60 por ciento de las franjas costeras del planeta.

Los 57 países que se unieron a la campaña se comprometieron a reducir el consumo de plásticos desechables y a fomentar el reciclaje.

No es una moda. Es parte de un drama real, que debe discutirse y resolverse.

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Hay que distinguir las modas de aquellos conceptos que son debatidos con intensidad y persistencia, porque implican una amenaza a la vida sobre la Tierra. No es una moda el medio ambiente y sus tragedias repetidas. Es un drama sobre el que es necesario insistir, hablar, discutir y solucionar.

Desde hace años aumentan los informes concluyentes sobre la contaminación plástica y el peligro que esto significa para la vida marina. Las amenazas son claras y es necesario tomar medidas urgentes.

Al celebrar el Día Mundial de la Vida Silvestre, el 3 de marzo, bajo el lema “La Vida Subacuática”, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) subrayó la necesidad de promover y mantener la conservación de los océanos, no solo para proteger la vida en el agua, sino también a las personas.

“La vida subacuática puede parecer alejada de nuestra vida cotidiana, y un tema que es mejor dejar a los científicos y a los biólogos marinos, pero es todo menos eso”, precisó la presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa.

“Cada vez comprendemos mejor cuán conectado está nuestro mundo y cuánto impacto tienen nuestras acciones en los océanos, ríos y otros cursos de agua y, a su vez, en la vida silvestre, encima y debajo del agua, la que depende de ellos”, añadió

Los océanos y sus criaturas son la base de las sociedades humanas. Alrededor de 3.000 millones de personas en el mundo dependen de la diversidad biológica marina y costera para vivir, pues solo la pesca genera más de 360.000 millones de dólares a la economía global.

Y no solo eso, los océanos ayudan a regular el clima, producir un 50 por ciento del oxígeno, y absorber el 30 por ciento del dióxido de carbono liberado a la atmósfera.

Sin embargo, las actividades humanas siguen poniendo en peligro paisajes vitales, por ejemplo, a través de la sobrepesca. Según la ONU, alrededor del 30 por ciento de las reservas de peces están sobreexplotadas, a menudo de una forma que no es sostenible. Hay políticas para reducir la sobrepesca, pero la actividad ilegal sigue siendo una práctica común.

La pesca ilegal y no reglamentada representa alrededor de entre el 12 y 30 por ciento de la captura mundial. Por ejemplo, el elevado precio del caviar alimentó la sobrepesca ilegal y casi llevó a la extinción a las especies de esturión y de peces espátula.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluyó a 16 de las 27 especies de esturión y a una de las seis de peces espátula en lista de especies en peligro.

La contaminación plástica de los océanos es un problema creciente en el mundo. Un camión de basura plástica termina en el mar a cada minuto. Parte del plástico queda en su forma original, pero la mayoría se destruye dejando microplásticos que consumen los peces y otros animales marinos, que terminan en nuestros alimentos y nuestra agua.

“No es la forma de tratar a nuestro hogar, a nuestro planeta. No es la forma de mantener un ecosistema sostenible y saludable”, dijo la ONU.

Se estima que entre cinco y 12 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año, una gran parte de las cuales termina en las playas de las islas más alejadas y, otra, en las entrañas de ballenas y tortugas marinas.

Aun en la Fosa de las Marianas, de 91.034 metros de profundidad, las investigaciones concluyen que las distintas especies tienen plástico en sus entrañas. Según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, los océanos podrían tener más plástico que peces en el 2050 si continúa la tendencia actual.

Pero en medio de este panorama gris aparecen chispazos de esperanza, pues las organizaciones de la sociedad civil, las agencias de la ONU y los gobiernos se unen para proteger los océanos.

Lanzada por ONU Medio Ambiente, la campaña “Mares Limpios” se convirtió en la alianza mundial más grande del mundo para combatir la contaminación plástica con el compromiso de cubrir más del 60 por ciento de las franjas costeras del planeta.

Los 57 países que se unieron a la campaña se comprometieron a reducir el consumo de plásticos desechables y a fomentar el reciclaje.

No es una moda. Es parte de un drama real, que debe discutirse y resolverse.

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