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Dijo que lo acusan de abuso por negarse a vender su guardería

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Dijo que lo acusan de abuso por negarse a vender su guardería

Los hechos fueron denunciados hace 10 años. Ayer también declararon los padres de las víctimas, y ratificaron sus dichos.

S. G. A., el ex director de un jardín maternal que comenzó a ser juzgado ayer en la Cámara 1 de San Luis como supuesto autor de los abusos a dos nenas que asistían a la institución, hace unos diez años, decidió sentarse ante el tribunal y contar su verdad y, de ese modo, responder a las acusaciones. El hombre, que tiene 38 años y que cursó hasta el cuarto año del profesorado en Educación Física, aseguró que la denuncia del padre de una de las niñas estuvo motivada por su negativa a venderle el fondo de comercio de la guardería.

“No estaban tan bien en la parte económica. Después (de la denuncia) cambiaron la forma de vida”, refirió el acusado respecto de los padres de la otra nena, por lo que podría interpretarse que quizás buscó deslizar que la presentación de ellos, que fue posterior, se hizo luego de recibir algún incentivo económico. 

En su declaración, S. G. A. contó que, antes de abrir el jardín, durante “dos años y medio, casi tres” trabajó en un colegio privado de San Luis Capital, donde fue preceptor y cumplió tareas administrativas. Ante la pregunta del abogado Jorge Rosales, uno de sus defensores, respondió que nunca tuvo ningún inconveniente en esa escuela y que renunció justamente para iniciar el emprendimiento de su guardería, donde también trabajaba su pareja y madre de su único hijo.

Recibían chicos que tenían entre 45 días y 4 años. Al momento de la denuncia, una de las niñas estaba por cumplir los tres años, y la otra tenía tres años y medio. Las nenas, según lo relatado ayer por los padres de ambas y por la psicóloga que atendió a una de ellas, hablaron de tocamientos en la zona íntima e indicaron que quien les había hecho eso era el director del jardín, a quien identificaron por su nombre de pila.

En 2011, tras el progresivo retiro de los chicos, producto de lo que llamó “la emboscada mediática” promovida fundamentalmente por el padre de la nena más pequeña, cerraron el jardín, declaró S.G.A.

Narró que lo había abierto en 2008, y que, con el paso de los meses, se vieron sorprendidos por el notable incremento de la matrícula. Desde el comienzo cumplió la función de director, y entre las principales tareas que tenía a diario mencionó la atención de los padres, recibir a los chicos (que luego derivaba  a la docente responsable de cada sala), el cobro de la cuota, la venta de uniformes a los tutores y la realización de trámites necesarios para el funcionamiento.

Al respecto, indicó que es la Municipalidad quien controla a los jardines maternales, y refirió que durante la semana destinaba tiempo a la realización de distintas diligencias vinculadas a habilitación, medidas de seguridad, seguros, libreta sanitaria, entre otras, por lo que no estaba todo el tiempo durante el horario de funcionamiento del jardín.

 

Se cruzaron en el shopping

Según el acusado, una de las víctimas, la más pequeña, comenzó a asistir en setiembre de 2008, no fue durante enero y febrero del año siguiente, retornó en marzo y dejó de ir en abril.

Indicó que en algún momento “fue salteado”, es decir, que no fue todos los días, y que eso motivó que al iniciar el ciclo 2009 tuviera que hacer de nuevo la adaptación.

Durante ese lapso, según el sospechoso, la nena fue con el abuelo paterno, ya que los padres se fueron de luna de miel y no estuvieron en San Luis durante 25 días. En ese tiempo, la nena estuvo al cuidado de los abuelos, dijo.

Ayer, los padres negaron esto: declararon que su hija retomó el jardín cuando ellos volvieron de viaje, por lo que los abuelos no la llevaron; que ellos se ausentaron solo una semana del país y que la niña no hizo adaptación de nuevo en 2009, pues ya la había hecho el año anterior.

S. G. A. dijo que en el acto de cierre de fin de curso, en 2008, el papá de esa niña, que es abogado, lo felicitó por el evento, y que le preguntó si no le quería vender el fondo de comercio del maternal. Refirió que le respondió que no, que no lo había pensado, que no lo iba a hacer.

De su denuncia supo por comentarios que le hicieron los padres de otros chicos que asistían, aseguró. Refirió que volvió a ver al abogado y a su esposa en el San Luis Shopping Center, y que les pregunto qué pasó, por qué habían dicho eso. El padre de la nena “me dijo ‘esto lo vemos en la Justicia’, y se sonreía”, manifestó.

Sobre la otra niña, indicó que ella siguió asistiendo tras la presentación de esa primera denuncia, y que la madre le preguntó, a posteriori, qué había sucedido con ese tema. A los padres de esa criatura los calificó de “descuidados” y “ausentes”. Dijo que a veces la nena no llevaba la merienda, que el aseo no era el adecuado y que sus horarios de permanencia se extendían.

La mamá de esa niña, que es psicóloga, expresó ante el tribunal ayer su lamento por haber confiado no solo en el acusado, sino también en su esposa. “Yo le creí a él (…) Me dolió mucho. Eran personas muy amables, el lugar era agradable”, por ello resolvió que su hija continuara asistiendo, aunque hubiera una acusación de otros padres. Dijo que la revelación de su hija sobre los tocamientos que había sufrido por parte del director la desestructuró, inicialmente, y que a la niña y a ella les llevó tiempo reponerse.

“Me vi terriblemente perjudicado. Mi vida fue mutilada. Fue muy difícil continuar. Lo he hecho con valor y fuerza, para sacar esto adelante y demostrar que soy inocente”, dijo al finalizar su declaración el acusado. Agregó que siempre estuvo a disposición de la Justicia. Llegó libre al juicio. La pena solicitada por el fiscal de primera instancia es a ocho años y tres meses de prisión, por lo que su situación puede cambiar, en caso de ser condenado.

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Dijo que lo acusan de abuso por negarse a vender su guardería

Los hechos fueron denunciados hace 10 años. Ayer también declararon los padres de las víctimas, y ratificaron sus dichos.

Integración. Aizpeolea y Flores (a la izquierda y al medio) son de la Cámara 1, y Miranda Folch, de la 2. Foto: Archivo.

S. G. A., el ex director de un jardín maternal que comenzó a ser juzgado ayer en la Cámara 1 de San Luis como supuesto autor de los abusos a dos nenas que asistían a la institución, hace unos diez años, decidió sentarse ante el tribunal y contar su verdad y, de ese modo, responder a las acusaciones. El hombre, que tiene 38 años y que cursó hasta el cuarto año del profesorado en Educación Física, aseguró que la denuncia del padre de una de las niñas estuvo motivada por su negativa a venderle el fondo de comercio de la guardería.

“No estaban tan bien en la parte económica. Después (de la denuncia) cambiaron la forma de vida”, refirió el acusado respecto de los padres de la otra nena, por lo que podría interpretarse que quizás buscó deslizar que la presentación de ellos, que fue posterior, se hizo luego de recibir algún incentivo económico. 

En su declaración, S. G. A. contó que, antes de abrir el jardín, durante “dos años y medio, casi tres” trabajó en un colegio privado de San Luis Capital, donde fue preceptor y cumplió tareas administrativas. Ante la pregunta del abogado Jorge Rosales, uno de sus defensores, respondió que nunca tuvo ningún inconveniente en esa escuela y que renunció justamente para iniciar el emprendimiento de su guardería, donde también trabajaba su pareja y madre de su único hijo.

Recibían chicos que tenían entre 45 días y 4 años. Al momento de la denuncia, una de las niñas estaba por cumplir los tres años, y la otra tenía tres años y medio. Las nenas, según lo relatado ayer por los padres de ambas y por la psicóloga que atendió a una de ellas, hablaron de tocamientos en la zona íntima e indicaron que quien les había hecho eso era el director del jardín, a quien identificaron por su nombre de pila.

En 2011, tras el progresivo retiro de los chicos, producto de lo que llamó “la emboscada mediática” promovida fundamentalmente por el padre de la nena más pequeña, cerraron el jardín, declaró S.G.A.

Narró que lo había abierto en 2008, y que, con el paso de los meses, se vieron sorprendidos por el notable incremento de la matrícula. Desde el comienzo cumplió la función de director, y entre las principales tareas que tenía a diario mencionó la atención de los padres, recibir a los chicos (que luego derivaba  a la docente responsable de cada sala), el cobro de la cuota, la venta de uniformes a los tutores y la realización de trámites necesarios para el funcionamiento.

Al respecto, indicó que es la Municipalidad quien controla a los jardines maternales, y refirió que durante la semana destinaba tiempo a la realización de distintas diligencias vinculadas a habilitación, medidas de seguridad, seguros, libreta sanitaria, entre otras, por lo que no estaba todo el tiempo durante el horario de funcionamiento del jardín.

 

Se cruzaron en el shopping

Según el acusado, una de las víctimas, la más pequeña, comenzó a asistir en setiembre de 2008, no fue durante enero y febrero del año siguiente, retornó en marzo y dejó de ir en abril.

Indicó que en algún momento “fue salteado”, es decir, que no fue todos los días, y que eso motivó que al iniciar el ciclo 2009 tuviera que hacer de nuevo la adaptación.

Durante ese lapso, según el sospechoso, la nena fue con el abuelo paterno, ya que los padres se fueron de luna de miel y no estuvieron en San Luis durante 25 días. En ese tiempo, la nena estuvo al cuidado de los abuelos, dijo.

Ayer, los padres negaron esto: declararon que su hija retomó el jardín cuando ellos volvieron de viaje, por lo que los abuelos no la llevaron; que ellos se ausentaron solo una semana del país y que la niña no hizo adaptación de nuevo en 2009, pues ya la había hecho el año anterior.

S. G. A. dijo que en el acto de cierre de fin de curso, en 2008, el papá de esa niña, que es abogado, lo felicitó por el evento, y que le preguntó si no le quería vender el fondo de comercio del maternal. Refirió que le respondió que no, que no lo había pensado, que no lo iba a hacer.

De su denuncia supo por comentarios que le hicieron los padres de otros chicos que asistían, aseguró. Refirió que volvió a ver al abogado y a su esposa en el San Luis Shopping Center, y que les pregunto qué pasó, por qué habían dicho eso. El padre de la nena “me dijo ‘esto lo vemos en la Justicia’, y se sonreía”, manifestó.

Sobre la otra niña, indicó que ella siguió asistiendo tras la presentación de esa primera denuncia, y que la madre le preguntó, a posteriori, qué había sucedido con ese tema. A los padres de esa criatura los calificó de “descuidados” y “ausentes”. Dijo que a veces la nena no llevaba la merienda, que el aseo no era el adecuado y que sus horarios de permanencia se extendían.

La mamá de esa niña, que es psicóloga, expresó ante el tribunal ayer su lamento por haber confiado no solo en el acusado, sino también en su esposa. “Yo le creí a él (…) Me dolió mucho. Eran personas muy amables, el lugar era agradable”, por ello resolvió que su hija continuara asistiendo, aunque hubiera una acusación de otros padres. Dijo que la revelación de su hija sobre los tocamientos que había sufrido por parte del director la desestructuró, inicialmente, y que a la niña y a ella les llevó tiempo reponerse.

“Me vi terriblemente perjudicado. Mi vida fue mutilada. Fue muy difícil continuar. Lo he hecho con valor y fuerza, para sacar esto adelante y demostrar que soy inocente”, dijo al finalizar su declaración el acusado. Agregó que siempre estuvo a disposición de la Justicia. Llegó libre al juicio. La pena solicitada por el fiscal de primera instancia es a ocho años y tres meses de prisión, por lo que su situación puede cambiar, en caso de ser condenado.

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