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Progreso y medio ambiente

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Progreso y medio ambiente

La proyección dice que dos tercios de la población mundial vivirán en grandes ciudades en 2050. Un proceso que provoca una presión adicional sobre los bosques, ya que aumentan las talas para incrementar la producción agrícola.
China, India y Nigeria están entre los países que protagonizan el incremento de la urbanización del planeta, donde se pasará del actual 55 por ciento de la población mundial viviendo en áreas urbanas, a un 68 por ciento en las próximas décadas, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los principales analistas de la evolución demográfica del planeta, afirman que a medida que más personas se mudan a las ciudades y más de ellas se transforman en megaciudades, más presión se ejerce sobre los bosques.
Eso es así porque la población urbana tiene ingresos más altos y tiende a consumir más, en el caso alimentario más productos de origen animal o procesados, lo que requiere mayores porciones de tierra desarboladas para responder a esta demanda.
El sistema vigente es el de la extracción de recursos naturales para atender patrones de consumo basados en el derroche. Hay menos gente (en el mundo rural) que produce más para las ciudades, lo que significa que pueden estar minando el suelo, talando el bosque y haciendo que las sociedades se vuelvan cada vez más vulnerables a las perturbaciones climáticas y contribuyendo a esas perturbaciones.
La neurálgica capa boscosa del planeta se está perdiendo por lo que la ONU describió como un mal uso de la tierra para la actividad agropecuaria.
La expansión de la frontera agrícola a nivel mundial se está produciendo mediante la errada fórmula de invadir y desmantelar ecosistemas tan indispensables como intactos, incluidos los bosques.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) puntualizó que la expansión de las plantaciones y las áreas urbanas está ejerciendo una presión no sostenible sobre los bosques y sus recursos, lo que perjudica a las comunidades rurales y exacerba los efectos negativos del cambio climático.
Para disminuir esto, primero debe considerarse el potencial de la tierra y la capacidad de desmonte. Para que se pueda usar adecuadamente la tierra, se debe identificar claramente antes la manera sostenible de hacerlo, antes de tomar decisiones.
Cuando la tierra es usada para la agricultura, debe trazarse un mapa claro de esa tierra e identificar dónde goza de buena salud para evitar su degradación. Utilizar la tierra, pero con la certeza de que no pierda su productividad, y no se agoten los nutrientes.
En  1990 había solo 10 megaciudades en el mundo, que ahora se han triplicado para alcanzar al número de 33 las urbes con más de 10 millones de habitantes. Se proyecta que para 2030 serán 43 las megalópolis y la mayoría se situarán en países del Sur en desarrollo.
Tokio es la ciudad más populosa del mundo con unos 37 millones de habitantes, seguida de Nueva Delhi con alrededor de 29 millones y Shanghái con 26 millones. Pero se prevé que la capital de India supere la población de la capital japonesa en 2028.
El mensaje de los organismos de Naciones Unidas es monolítico: los países deben implementar un mecanismo integral de planificación del uso de la tierra para poder satisfacer las demandas y necesidades de los hogares y, al mismo tiempo, administrar y conservar de manera sostenible la naturaleza.
Debe considerarse que la población urbana también tiene una demanda de leña y de madera para cocinar y como material de construcción. Todas estas necesidades afectan a los bosques.
Si se produce una expansión no regulada de las áreas urbanas, los bosques cercanos se verán dañados, pero incluso si los bosques no se talan para crear espacio para las viviendas, son una fuente de leña para cocinar y esto puede conducir a un inmenso proceso de degradación.
La planificación urbana también debe considerar que se necesita infraestructura para la energía. Los bosques son altamente vulnerables al uso humano y esto debe ser atendido. Una vez más, hay que insistir en un pacto real, concreto y responsable, entre progreso y medio ambiente.

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Progreso y medio ambiente

La proyección dice que dos tercios de la población mundial vivirán en grandes ciudades en 2050. Un proceso que provoca una presión adicional sobre los bosques, ya que aumentan las talas para incrementar la producción agrícola.
China, India y Nigeria están entre los países que protagonizan el incremento de la urbanización del planeta, donde se pasará del actual 55 por ciento de la población mundial viviendo en áreas urbanas, a un 68 por ciento en las próximas décadas, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los principales analistas de la evolución demográfica del planeta, afirman que a medida que más personas se mudan a las ciudades y más de ellas se transforman en megaciudades, más presión se ejerce sobre los bosques.
Eso es así porque la población urbana tiene ingresos más altos y tiende a consumir más, en el caso alimentario más productos de origen animal o procesados, lo que requiere mayores porciones de tierra desarboladas para responder a esta demanda.
El sistema vigente es el de la extracción de recursos naturales para atender patrones de consumo basados en el derroche. Hay menos gente (en el mundo rural) que produce más para las ciudades, lo que significa que pueden estar minando el suelo, talando el bosque y haciendo que las sociedades se vuelvan cada vez más vulnerables a las perturbaciones climáticas y contribuyendo a esas perturbaciones.
La neurálgica capa boscosa del planeta se está perdiendo por lo que la ONU describió como un mal uso de la tierra para la actividad agropecuaria.
La expansión de la frontera agrícola a nivel mundial se está produciendo mediante la errada fórmula de invadir y desmantelar ecosistemas tan indispensables como intactos, incluidos los bosques.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) puntualizó que la expansión de las plantaciones y las áreas urbanas está ejerciendo una presión no sostenible sobre los bosques y sus recursos, lo que perjudica a las comunidades rurales y exacerba los efectos negativos del cambio climático.
Para disminuir esto, primero debe considerarse el potencial de la tierra y la capacidad de desmonte. Para que se pueda usar adecuadamente la tierra, se debe identificar claramente antes la manera sostenible de hacerlo, antes de tomar decisiones.
Cuando la tierra es usada para la agricultura, debe trazarse un mapa claro de esa tierra e identificar dónde goza de buena salud para evitar su degradación. Utilizar la tierra, pero con la certeza de que no pierda su productividad, y no se agoten los nutrientes.
En  1990 había solo 10 megaciudades en el mundo, que ahora se han triplicado para alcanzar al número de 33 las urbes con más de 10 millones de habitantes. Se proyecta que para 2030 serán 43 las megalópolis y la mayoría se situarán en países del Sur en desarrollo.
Tokio es la ciudad más populosa del mundo con unos 37 millones de habitantes, seguida de Nueva Delhi con alrededor de 29 millones y Shanghái con 26 millones. Pero se prevé que la capital de India supere la población de la capital japonesa en 2028.
El mensaje de los organismos de Naciones Unidas es monolítico: los países deben implementar un mecanismo integral de planificación del uso de la tierra para poder satisfacer las demandas y necesidades de los hogares y, al mismo tiempo, administrar y conservar de manera sostenible la naturaleza.
Debe considerarse que la población urbana también tiene una demanda de leña y de madera para cocinar y como material de construcción. Todas estas necesidades afectan a los bosques.
Si se produce una expansión no regulada de las áreas urbanas, los bosques cercanos se verán dañados, pero incluso si los bosques no se talan para crear espacio para las viviendas, son una fuente de leña para cocinar y esto puede conducir a un inmenso proceso de degradación.
La planificación urbana también debe considerar que se necesita infraestructura para la energía. Los bosques son altamente vulnerables al uso humano y esto debe ser atendido. Una vez más, hay que insistir en un pacto real, concreto y responsable, entre progreso y medio ambiente.

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