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"Marite" mantiene la esperanza de encontrar a su madre biológica

Sospecha que su mamá fue una estudiante universitaria o una desaparecida en la década del setenta.

María Teresa Marolla, de 45 años, tuvo más de una madre. María Libera Marolla fue su mamá adoptiva, pero quien la gestó en su vientre es una incógnita para ella. Por un tiempo, creyó que era una vecina que la trataba con mucho cariño en el departamento en el que vivía, en Buenos Aires; también sospechó que se trataba de una paciente del Hospital de Salud Mental; y hoy tampoco no descarta que su madre biológica haya sido víctima del terrorismo de estado. “A uno le genera sentimientos no saber si te abandonaron, que quizás tu mamá esté necesitando algo o la curiosidad de conocerla, de mirarla, de decirle a mis hijos ‘mamá encontró a la abuela’", explicó a El Diario de la República.

“Marite”, quien tiene seis hijos y trabaja en el Ministerio de Turismo y Parques, contó que decidió hacer pública su historia para obtener más información. Desde chica sintió que era adoptada. Su mamá María Libera tenía 41 años cuando “la tuvo”, el 15 de mayo de 1974, mientras que su padre Vicente Marolla, 46. Una foto familiar le hizo "ruido". Se ve a la pareja frente a un barco en viaje a Perú, con fecha del 26 de abril de ese mismo año. No hay rastro alguno de panza. No tuvo primos ni hermanos que la acompañaran en sus días en el departamento en que creció, en Luis María Campos y Volta, ciudad de Buenos Aires. Se crió con su padre, su madre y las tres hermanas de esta. Tampoco se parecían físicamente a ella.

La partida de nacimiento, radicada en San Luis, es sospechosa. No existe en formato físico y solo encontró una copia digitalizada. Tiene tachones en el número del tomo, debería indicar el 63 y figura como 608; y hay datos que no coinciden. “Mi mamá me decía siempre que había nacido en el sanatorio Rivadavia, pero aparece anotada la dirección como Las Heras al 660, donde vivían mis abuelos maternos”, detalló.

Ella se tomó el trabajo de buscar a los testigos que la firmaron. Uno falleció y el otro le dijo que era empleado de su abuelo, Francisco Marolla, que vivía en San Luis capital y que le había pedido que firmara el acta. Cree que la adopción fue ilegal, que la hicieron en San Luis en un viaje y luego partieron a Buenos Aires. “Al lado de la casa de mi abuelo, una amiga mía de la infancia y su madre me dijeron que vieron llegar a mi mamá de Buenos Aires con mi papá y después irse con una bebé, pero nadie pregunta: ¿Señora, de dónde la sacó?”, rememoró.

Hace ocho años los ataques epilépticos que comenzó a sufrir uno de sus hijos le dieron quizás una de las pistas más certeras. Su tía y madrina, Antonieta Marolla, trabajaba de asistente social en el hospital psiquiátrico en los 70s. “Si me sacaron del psiquiátrico yo quería saber por mi hijo. Me dijo que no le daría el hijo de una loca a mi hermana”, recordó. Su tía le dijo entonces que su madre biológica era una estudiante universitaria y que no era oriunda de la provincia.

La relación con Antonieta, al igual que con sus padres adoptivos, siempre fue complicada. Para ella, un pacto familiar la alejó de la verdad. “Rencor no tengo con mis padres porque me dieron todo y sería desagradecida si lo tuviera. Sí tengo algo de rencor con mi madrina. Hay una especie de pacto familiar, pero ya fallecieron mi papá y mi mamá y no tengo hermanos. A esta altura, ya no cuesta decirlo”, apuntó.

San Luis siempre fue su lugar. Recuerda que buscaba tener las mejores notas para poder irse de vacaciones y visitar a su abuelo en la capital provincial y a otra de sus tías, Beatriz, en Santa Rosa del Conlara. A los 14 dejó el hogar familiar y se vino a tierras puntanas. “Uno pregunta, vuelve para atrás, espera y te van pasando cosas en la vida. Tenés que trabajar, cuidar a tus hijos, no es que estás pendiente de esto todo el tiempo”, admitió sobre su búsqueda.

Esto no quiere decir que no haya intentado encontrar a su madre biológica antes. Cuando su mamá adoptiva falleció, hace 26 años, encontró una de las cartas que solía escribirle Mirta Marellani, una vecina de Buenos Aires. “Cuando era chica, había varios locales en el edificio. Una señora que tenía una verdulería me escribía cuando iba a comprar. Era muy dulce”, expresó. Pudo dar con ella en España, pero esta le dijo que no era su mamá.

Fue uno de sus hijos quien le planteó la posibilidad de que la abuela podría ser desaparecida durante la década de los 70s. “Hace 5 años atrás lo comencé a pensar. Fue por mis hijos, el más chico me insiste continuamente con eso. Como todos los 24 de marzo se conmemora, un día me dijo '¿y si sos hija de desaparecidos?’”, recordó. "Marite" admite que, por temor, al menos dos veces no se animó a presentar la documentación que le piden en Abuelas de Plaza de Mayo. Prefiere esperar. Vecina, estudiante o desaparecida, "Marite" aún no tiene certezas.

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"Marite" mantiene la esperanza de encontrar a su madre biológica

Sospecha que su mamá fue una estudiante universitaria o una desaparecida en la década del setenta.

Pistas. "Marite" consiguió su acta de nacimiento, fotos y cartas. Foto: Leandro Cruciani.

María Teresa Marolla, de 45 años, tuvo más de una madre. María Libera Marolla fue su mamá adoptiva, pero quien la gestó en su vientre es una incógnita para ella. Por un tiempo, creyó que era una vecina que la trataba con mucho cariño en el departamento en el que vivía, en Buenos Aires; también sospechó que se trataba de una paciente del Hospital de Salud Mental; y hoy tampoco no descarta que su madre biológica haya sido víctima del terrorismo de estado. “A uno le genera sentimientos no saber si te abandonaron, que quizás tu mamá esté necesitando algo o la curiosidad de conocerla, de mirarla, de decirle a mis hijos ‘mamá encontró a la abuela’", explicó a El Diario de la República.

“Marite”, quien tiene seis hijos y trabaja en el Ministerio de Turismo y Parques, contó que decidió hacer pública su historia para obtener más información. Desde chica sintió que era adoptada. Su mamá María Libera tenía 41 años cuando “la tuvo”, el 15 de mayo de 1974, mientras que su padre Vicente Marolla, 46. Una foto familiar le hizo "ruido". Se ve a la pareja frente a un barco en viaje a Perú, con fecha del 26 de abril de ese mismo año. No hay rastro alguno de panza. No tuvo primos ni hermanos que la acompañaran en sus días en el departamento en que creció, en Luis María Campos y Volta, ciudad de Buenos Aires. Se crió con su padre, su madre y las tres hermanas de esta. Tampoco se parecían físicamente a ella.

La partida de nacimiento, radicada en San Luis, es sospechosa. No existe en formato físico y solo encontró una copia digitalizada. Tiene tachones en el número del tomo, debería indicar el 63 y figura como 608; y hay datos que no coinciden. “Mi mamá me decía siempre que había nacido en el sanatorio Rivadavia, pero aparece anotada la dirección como Las Heras al 660, donde vivían mis abuelos maternos”, detalló.

Ella se tomó el trabajo de buscar a los testigos que la firmaron. Uno falleció y el otro le dijo que era empleado de su abuelo, Francisco Marolla, que vivía en San Luis capital y que le había pedido que firmara el acta. Cree que la adopción fue ilegal, que la hicieron en San Luis en un viaje y luego partieron a Buenos Aires. “Al lado de la casa de mi abuelo, una amiga mía de la infancia y su madre me dijeron que vieron llegar a mi mamá de Buenos Aires con mi papá y después irse con una bebé, pero nadie pregunta: ¿Señora, de dónde la sacó?”, rememoró.

Hace ocho años los ataques epilépticos que comenzó a sufrir uno de sus hijos le dieron quizás una de las pistas más certeras. Su tía y madrina, Antonieta Marolla, trabajaba de asistente social en el hospital psiquiátrico en los 70s. “Si me sacaron del psiquiátrico yo quería saber por mi hijo. Me dijo que no le daría el hijo de una loca a mi hermana”, recordó. Su tía le dijo entonces que su madre biológica era una estudiante universitaria y que no era oriunda de la provincia.

La relación con Antonieta, al igual que con sus padres adoptivos, siempre fue complicada. Para ella, un pacto familiar la alejó de la verdad. “Rencor no tengo con mis padres porque me dieron todo y sería desagradecida si lo tuviera. Sí tengo algo de rencor con mi madrina. Hay una especie de pacto familiar, pero ya fallecieron mi papá y mi mamá y no tengo hermanos. A esta altura, ya no cuesta decirlo”, apuntó.

San Luis siempre fue su lugar. Recuerda que buscaba tener las mejores notas para poder irse de vacaciones y visitar a su abuelo en la capital provincial y a otra de sus tías, Beatriz, en Santa Rosa del Conlara. A los 14 dejó el hogar familiar y se vino a tierras puntanas. “Uno pregunta, vuelve para atrás, espera y te van pasando cosas en la vida. Tenés que trabajar, cuidar a tus hijos, no es que estás pendiente de esto todo el tiempo”, admitió sobre su búsqueda.

Esto no quiere decir que no haya intentado encontrar a su madre biológica antes. Cuando su mamá adoptiva falleció, hace 26 años, encontró una de las cartas que solía escribirle Mirta Marellani, una vecina de Buenos Aires. “Cuando era chica, había varios locales en el edificio. Una señora que tenía una verdulería me escribía cuando iba a comprar. Era muy dulce”, expresó. Pudo dar con ella en España, pero esta le dijo que no era su mamá.

Fue uno de sus hijos quien le planteó la posibilidad de que la abuela podría ser desaparecida durante la década de los 70s. “Hace 5 años atrás lo comencé a pensar. Fue por mis hijos, el más chico me insiste continuamente con eso. Como todos los 24 de marzo se conmemora, un día me dijo '¿y si sos hija de desaparecidos?’”, recordó. "Marite" admite que, por temor, al menos dos veces no se animó a presentar la documentación que le piden en Abuelas de Plaza de Mayo. Prefiere esperar. Vecina, estudiante o desaparecida, "Marite" aún no tiene certezas.

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