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Las cinco décadas de un colegio que sabe producir

Juan Luna

El establecimiento cumple cincuenta años y trabaja en varios proyectos para potenciar su perfil productivo: un laboratorio de triquinosis, una sala de extracción de miel y más.

Este ciclo lectivo no ha sido uno más para la Escuela Nº 14 “Ministro del Superior Tribunal de Justicia Doctor Luis Alberto Luco” de Villa Mercedes, que aunque tiene un nombre larguísimo es conocida popularmente en la ciudad como “la Agraria”. El colegio, uno de los pocos que tiene la orientación agrotécnica en la provincia, cumple sus primeros cincuenta años de existencia. La fecha exacta del aniversario es el 3 noviembre pero a lo largo de estos meses han desarrollado varias actividades especiales para celebrarlo. Y, sobre todo, han redoblado la apuesta: a la habitual formación en las diferentes áreas del sector agropecuario, le han sumado varios proyectos para darle un perfil cada vez más productivo a la institución.

No es una novedad que en este establecimiento los chicos pasen del pizarrón y el cuaderno a la huerta y al criadero, que aprendan a cultivar la tierra y a criar animales al mismo tiempo en el que estudian matemáticas y ciencias sociales. Pero desde hace un poco más de dos años, la dirección y el cuerpo docente tratan de potenciar aún más ese costado productivo que le da a los alumnos un posible posicionamiento laboral y que también beneficia a los productores y consumidores de la región.

Esta tendencia es posible, en primer lugar, gracias al mayor protagonismo que el colegio ha ido adquiriendo en la comunidad y que ha hecho elevar significativamente el caudal de alumnos. “La escuela en estos últimos años ha tomado un mayor auge y apertura hacia la sociedad. Antes teníamos una reducida matrícula de entre 100 y 150, pero ahora tenemos 411 estudiantes. Hay muchos chicos que se están volcando a esta modalidad”, expresó la directora Paola Barzola Belaúnde.

 

Productores. Los chicos pasan de los libros al campo y trabajan con sus propias manos.

 

Fue fundada en 1969 y funcionó durante treinta años en el ex Hogar Escuela. Recién en 1999 se trasladó a su edificio actual, que se levanta sobre un predio de 94 hectáreas ubicado en la intersección de la ruta provincial 2b y la ex ruta 7. La "Agraria" tiene varias particularidades que la hacen distinta a otras escuelas. En primer lugar, porque cuenta solo con nivel secundario y les otorga a los egresados el título de “Técnico en Producción Agropecuaria”. La cursada se desarrolla en doble turno, con las materias básicas durante la mañana y el dictado de talleres específicos por la tarde.

En varios de esos módulos, los jóvenes logran culminar el proceso de elaboración y sacar al mercado algún producto a pequeña escala, que en la mayoría de los casos venden para solventar los gastos de los propios talleres. Carne de conejo, de cerdo, miel, dulces y conservas, panificados, hortalizas y plantas son algunas de las cosas que salen de la escuela y que se pueden adquirir allí mismo o en las ferias en las que participan regularmente, como la de Pequeños y Medianos Productores que organiza el gobierno provincial.

La directora contó que no es sencillo mantener vigente ese doble propósito que persigue la escuela, que es al mismo tiempo educativo y productivo. “No le podemos exigir al docente que también sea productor, cuando además son trabajos que se extienden a lo largo de 365 días del año, mientras que al profesor le corresponden sus vacaciones en diciembre”, explicó.

Por eso, cuentan con personal contratado que permanece en el colegio durante los fines de semana y durante los recesos invernales y estivales, para cuidar los animales y los cultivos. Pero también son los propios alumnos los que en pleno verano deciden ir al establecimiento a ayudar.

 

El colegio fue fundado el 3 de noviembre de 1969 y a lo largo del año han realizado varias acciones para celebrar el medio siglo: muestras, jornadas y más producción.

 

Es que hay un ida y vuelta constante entre los alumnos y la institución, un compromiso tácito que va mucho más allá de las exigencias de una materia o de la nota del boletín de calificaciones. Los chicos sienten el colegio como propio y saben que se dedicarán a profesiones que muchas veces ignoran completamente los feriados.

Además, las principales iniciativas que tiene la escuela están relacionadas con ofrecer servicios a los pequeños productores de la zona, que muchas veces son los familiares de los alumnos.

 

Un apuesta a la sanidad

El proyecto más novedoso se pondrá en marcha a comienzos del año que viene y va en sintonía con una necesidad concreta de la producción porcina en la provincia: la sanidad.

El colegio contará con su propio laboratorio de análisis de triquinosis, que tendrá el apoyo del Ministerio de Producción. Es que la cartera ha comenzado una gira para fomentar y estimular la participación de las escuelas agrotécnicas en la comunidad.

“La idea es brindar el servicio a los pequeños productores para que puedan traer aquí los animales para hacer el análisis, debido al alto grado de expansión de esta enfermedad. Creemos que la escuela tiene que cumplir un papel como un agente de control y de concientización”, expresó Barzola.

 

Vocación: el campo. Muchos alumnos provienen de zonas rurales del Departamento Pedernera y eligen seguir el camino de sus padres.

 

El Gobierno ya le brindó a una de las veterinarias del colegio las capacitaciones necesarias para hacer los controles y el establecimiento adquirió, con diferentes financiaciones, los equipos para dotar al laboratorio con la mejor tecnología posible.

La producción porcina es uno de los fuertes de la institución. Desde hace varios años, trabajan en un reconocido proyecto para que los alumnos puedan aprender y desarrollar el ciclo completo de la cría hasta la industrialización de la carne. De hecho, cuentan con una sala para hacer inseminación artificial, analizar las dosis y dotar de buena genética a los planteles de los pequeños productores de la región. De esa manera buscan multiplicar los índices de preñez y pariciones en una actividad que es vital para muchas de las familias de los alumnos.

Además, en los dos últimos años de la cursada, los chicos aprenden a elaborar alimentos con los cortes de cerdos, con otros tipos de carnes y también con verduras, como un modo de dar la vuelta completa a la rueda productiva.

El profesor de "Industrialización", Luis Lucero, contó que no solo ven las técnicas para hacer las conservas, dulces o chacinados, sino que también tienen un primer acercamiento a manejar un emprendimiento.

"Cuando entramos a la cocina o a la sala de industrialización, no todos cumplen el mismo rol. Nombramos un líder y lo vamos rotando. Él será el responsable de tomar las decisiones, solucionar los inconvenientes y manejarse frente a la presión del grupo", contó el docente.

De esa forma, intenta que los chicos no solo sepan recetas, sino que vean este tipo de productos como una posible opción económica. Ya hay alumnos que están haciendo sus propios emprendimientos con muy buenos resultados.

 

Miel para todos

La escuela trata de darles a los estudiantes herramientas para que puedan desenvolverse en un mercado laboral que no es sencillo, pero que al menos es variado.

Uno de los oficios que muchos ven como una posibilidad concreta, porque no requiere grandes extensiones de terreno y se puede combinar tranquilamente con otras actividades productivas, es la apicultura.

Hay una materia específica en cuarto año con la cual recorren todos los fundamentos teóricos de la actividad, de los aspectos biológicos de las abejas y su comportamiento dentro de la colmena. Pero además hay un taller en el que pueden llevar todos esos conocimientos de los libros a la práctica. Verónica Escudero, una apicultora, es la encargada de impartir las clases que se dictan entre diciembre y febrero de forma voluntaria y que tienen una gran aceptación de los chicos.

La productora contó que el año pasado lograron multiplicar la cantidad de abejas de los dos apiarios que tienen en el predio, y pasaron de 6 a 28 colmenas en pocos meses. La intención es llegar a las 100 en el corto plazo.

"Ellos hacen todos los pasos, como si fuera un oficio. Aprenden a limpiar los cuadros, cómo se ubica el apiario en el terreno, identificar las abejas, recolectar la cera y hacer la extracción de la miel", explicó.

A comienzos de 2019, los chicos y la profesora concretaron la primera cosecha y envasaron la miel. Como parte de sus festejos por los cincuenta años del colegio, armaron un stand y los ofrecieron al público en la "Semana de la Miel".

En este sector está otro de los proyectos con los que la escuela pretende abrir sus puertas a la comunidad. Después de varios intentos, terminaron de ensamblar los aparatos de una sala de extracción y solo están a la espera de finalizar con los trámites de habilitación de Senasa. Por el momento, ya están inscriptos en el Registro Nacional de Productores Apícolas (Renapa), lo que les permitió acceder al medicamento (Aluen Cap) que el Ministerio de Producción entrega gratis para combatir la varroa, una de las principales enfermedades de las abejas.

 

También son apicultores. En algunas materias elaboran dulces y conservas para cerrar el ciclo.

 

La intención de los directivos es  llevar más allá el proyecto y brindar el servicio de extracción de miel a los pequeños apicultores de la zona.

"Es una actividad que entusiasma mucho a los chicos, porque ven cómo llevarla a la práctica y la toman como una posible salida laboral", aseguró Escudero.

 

Del criadero a la huerta

El primer contacto que los estudiantes tienen con los animales se da en segundo año, en la materia Cunicultura. En ella, conocen el ciclo completo de la cría, engorde y faena de conejos.

"Cursan una vez por semana y dividimos las clases entre teoría y práctica. Los alumnos hacen todas las tareas, desde la detección de celo, preparar las hembras para el servicio y las instalaciones para los partos. Ellos tienen una pizarra donde llevan el registro de las conejas preñadas y próximas a parir. Reciben los gazapos, controlan los nacimientos, verifican la alimentación y la bebida, todo", detalló Paola Pera Cecchi, la docente de la cátedra.

La profesora dijo que las ventajas de la cría del conejo pasan porque los alumnos "tienen un rápido retorno del proceso, debido a que es un animal que se reproduce fácilmente y rápido". La gestación dura apenas un mes, otro mes dura el período de lactancia y unos sesenta días demora el engorde. Llevan a los animales hasta los tres kilos y los faenan para vender la carne.

Esta área también maneja un proyecto interesante para el año que viene: tienen previsto pasar la cría a campo, en vez de la que hacen actualmente en jaulas. "Lo que buscamos principalmente es mejorar cada vez más el bienestar animal", explicó la docente.

 

El colegio les entrega a los egresados el título de "Técnico en Producción Agropecuaria". Por eso, tienen talleres con los distintos rubros agrarios.

 

 

Finalmente, otro de los fuertes de la agrotécnica villamercedina es la producción vegetal. En segundo año arranca el taller de hortalizas en donde los chicos hunden sus manos en la tierra y cultivan diferentes especies, siempre en base a la estación del año que corresponda.

"A partir de ahí, incentivamos a que ellos tengan sus propias huertas en sus casas. En los últimos años hemos hecho mayor hincapié en eso no solo por la calidad de este tipo de productos, sino por la situación económica que atraviesa el país", contó Yris Ramírez, quien dicta las clases.

Un efecto colateral de la producción es que los alumnos terminan ampliando su conocimiento sobre las verduras y las incorporan a su alimentación.

La misma profesora es la encargada de dictar las clases de vivero, en donde hacen la reproducción de plantas de semillas o plantines de aromáticas y ornamentales, otro rubro que varios alumnos ven como una posible salida laboral. El gran proyecto del sector es poder contar con un laboratorio y poder hacer reproducción de plantas in vitro, lo que multiplicaría la cantidad de ejemplares que producen y que venden en ferias y en el propio establecimiento.

Todos los productos y trabajos que hacen en el colegio podrán verse el 22 de noviembre, cuando hagan su famosa jornada de puertas abiertas para cerrar el año. Allí, expondrán los frutos de un trabajo que se extiende por todos los días del año, pero que esta vez tendrá un sabor especial, ese que da haber alcanzado medio siglo de apostar a la educación y a la producción como dos pilares que van de la mano.

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Las cinco décadas de un colegio que sabe producir

El establecimiento cumple cincuenta años y trabaja en varios proyectos para potenciar su perfil productivo: un laboratorio de triquinosis, una sala de extracción de miel y más.

Tecnología. Estudiantes con la maquinaria que tiene el establecimiento y que usan para trabajar las 94 hectáreas del predio.

Este ciclo lectivo no ha sido uno más para la Escuela Nº 14 “Ministro del Superior Tribunal de Justicia Doctor Luis Alberto Luco” de Villa Mercedes, que aunque tiene un nombre larguísimo es conocida popularmente en la ciudad como “la Agraria”. El colegio, uno de los pocos que tiene la orientación agrotécnica en la provincia, cumple sus primeros cincuenta años de existencia. La fecha exacta del aniversario es el 3 noviembre pero a lo largo de estos meses han desarrollado varias actividades especiales para celebrarlo. Y, sobre todo, han redoblado la apuesta: a la habitual formación en las diferentes áreas del sector agropecuario, le han sumado varios proyectos para darle un perfil cada vez más productivo a la institución.

No es una novedad que en este establecimiento los chicos pasen del pizarrón y el cuaderno a la huerta y al criadero, que aprendan a cultivar la tierra y a criar animales al mismo tiempo en el que estudian matemáticas y ciencias sociales. Pero desde hace un poco más de dos años, la dirección y el cuerpo docente tratan de potenciar aún más ese costado productivo que le da a los alumnos un posible posicionamiento laboral y que también beneficia a los productores y consumidores de la región.

Esta tendencia es posible, en primer lugar, gracias al mayor protagonismo que el colegio ha ido adquiriendo en la comunidad y que ha hecho elevar significativamente el caudal de alumnos. “La escuela en estos últimos años ha tomado un mayor auge y apertura hacia la sociedad. Antes teníamos una reducida matrícula de entre 100 y 150, pero ahora tenemos 411 estudiantes. Hay muchos chicos que se están volcando a esta modalidad”, expresó la directora Paola Barzola Belaúnde.

 

Productores. Los chicos pasan de los libros al campo y trabajan con sus propias manos.

 

Fue fundada en 1969 y funcionó durante treinta años en el ex Hogar Escuela. Recién en 1999 se trasladó a su edificio actual, que se levanta sobre un predio de 94 hectáreas ubicado en la intersección de la ruta provincial 2b y la ex ruta 7. La "Agraria" tiene varias particularidades que la hacen distinta a otras escuelas. En primer lugar, porque cuenta solo con nivel secundario y les otorga a los egresados el título de “Técnico en Producción Agropecuaria”. La cursada se desarrolla en doble turno, con las materias básicas durante la mañana y el dictado de talleres específicos por la tarde.

En varios de esos módulos, los jóvenes logran culminar el proceso de elaboración y sacar al mercado algún producto a pequeña escala, que en la mayoría de los casos venden para solventar los gastos de los propios talleres. Carne de conejo, de cerdo, miel, dulces y conservas, panificados, hortalizas y plantas son algunas de las cosas que salen de la escuela y que se pueden adquirir allí mismo o en las ferias en las que participan regularmente, como la de Pequeños y Medianos Productores que organiza el gobierno provincial.

La directora contó que no es sencillo mantener vigente ese doble propósito que persigue la escuela, que es al mismo tiempo educativo y productivo. “No le podemos exigir al docente que también sea productor, cuando además son trabajos que se extienden a lo largo de 365 días del año, mientras que al profesor le corresponden sus vacaciones en diciembre”, explicó.

Por eso, cuentan con personal contratado que permanece en el colegio durante los fines de semana y durante los recesos invernales y estivales, para cuidar los animales y los cultivos. Pero también son los propios alumnos los que en pleno verano deciden ir al establecimiento a ayudar.

 

El colegio fue fundado el 3 de noviembre de 1969 y a lo largo del año han realizado varias acciones para celebrar el medio siglo: muestras, jornadas y más producción.

 

Es que hay un ida y vuelta constante entre los alumnos y la institución, un compromiso tácito que va mucho más allá de las exigencias de una materia o de la nota del boletín de calificaciones. Los chicos sienten el colegio como propio y saben que se dedicarán a profesiones que muchas veces ignoran completamente los feriados.

Además, las principales iniciativas que tiene la escuela están relacionadas con ofrecer servicios a los pequeños productores de la zona, que muchas veces son los familiares de los alumnos.

 

Un apuesta a la sanidad

El proyecto más novedoso se pondrá en marcha a comienzos del año que viene y va en sintonía con una necesidad concreta de la producción porcina en la provincia: la sanidad.

El colegio contará con su propio laboratorio de análisis de triquinosis, que tendrá el apoyo del Ministerio de Producción. Es que la cartera ha comenzado una gira para fomentar y estimular la participación de las escuelas agrotécnicas en la comunidad.

“La idea es brindar el servicio a los pequeños productores para que puedan traer aquí los animales para hacer el análisis, debido al alto grado de expansión de esta enfermedad. Creemos que la escuela tiene que cumplir un papel como un agente de control y de concientización”, expresó Barzola.

 

Vocación: el campo. Muchos alumnos provienen de zonas rurales del Departamento Pedernera y eligen seguir el camino de sus padres.

 

El Gobierno ya le brindó a una de las veterinarias del colegio las capacitaciones necesarias para hacer los controles y el establecimiento adquirió, con diferentes financiaciones, los equipos para dotar al laboratorio con la mejor tecnología posible.

La producción porcina es uno de los fuertes de la institución. Desde hace varios años, trabajan en un reconocido proyecto para que los alumnos puedan aprender y desarrollar el ciclo completo de la cría hasta la industrialización de la carne. De hecho, cuentan con una sala para hacer inseminación artificial, analizar las dosis y dotar de buena genética a los planteles de los pequeños productores de la región. De esa manera buscan multiplicar los índices de preñez y pariciones en una actividad que es vital para muchas de las familias de los alumnos.

Además, en los dos últimos años de la cursada, los chicos aprenden a elaborar alimentos con los cortes de cerdos, con otros tipos de carnes y también con verduras, como un modo de dar la vuelta completa a la rueda productiva.

El profesor de "Industrialización", Luis Lucero, contó que no solo ven las técnicas para hacer las conservas, dulces o chacinados, sino que también tienen un primer acercamiento a manejar un emprendimiento.

"Cuando entramos a la cocina o a la sala de industrialización, no todos cumplen el mismo rol. Nombramos un líder y lo vamos rotando. Él será el responsable de tomar las decisiones, solucionar los inconvenientes y manejarse frente a la presión del grupo", contó el docente.

De esa forma, intenta que los chicos no solo sepan recetas, sino que vean este tipo de productos como una posible opción económica. Ya hay alumnos que están haciendo sus propios emprendimientos con muy buenos resultados.

 

Miel para todos

La escuela trata de darles a los estudiantes herramientas para que puedan desenvolverse en un mercado laboral que no es sencillo, pero que al menos es variado.

Uno de los oficios que muchos ven como una posibilidad concreta, porque no requiere grandes extensiones de terreno y se puede combinar tranquilamente con otras actividades productivas, es la apicultura.

Hay una materia específica en cuarto año con la cual recorren todos los fundamentos teóricos de la actividad, de los aspectos biológicos de las abejas y su comportamiento dentro de la colmena. Pero además hay un taller en el que pueden llevar todos esos conocimientos de los libros a la práctica. Verónica Escudero, una apicultora, es la encargada de impartir las clases que se dictan entre diciembre y febrero de forma voluntaria y que tienen una gran aceptación de los chicos.

La productora contó que el año pasado lograron multiplicar la cantidad de abejas de los dos apiarios que tienen en el predio, y pasaron de 6 a 28 colmenas en pocos meses. La intención es llegar a las 100 en el corto plazo.

"Ellos hacen todos los pasos, como si fuera un oficio. Aprenden a limpiar los cuadros, cómo se ubica el apiario en el terreno, identificar las abejas, recolectar la cera y hacer la extracción de la miel", explicó.

A comienzos de 2019, los chicos y la profesora concretaron la primera cosecha y envasaron la miel. Como parte de sus festejos por los cincuenta años del colegio, armaron un stand y los ofrecieron al público en la "Semana de la Miel".

En este sector está otro de los proyectos con los que la escuela pretende abrir sus puertas a la comunidad. Después de varios intentos, terminaron de ensamblar los aparatos de una sala de extracción y solo están a la espera de finalizar con los trámites de habilitación de Senasa. Por el momento, ya están inscriptos en el Registro Nacional de Productores Apícolas (Renapa), lo que les permitió acceder al medicamento (Aluen Cap) que el Ministerio de Producción entrega gratis para combatir la varroa, una de las principales enfermedades de las abejas.

 

También son apicultores. En algunas materias elaboran dulces y conservas para cerrar el ciclo.

 

La intención de los directivos es  llevar más allá el proyecto y brindar el servicio de extracción de miel a los pequeños apicultores de la zona.

"Es una actividad que entusiasma mucho a los chicos, porque ven cómo llevarla a la práctica y la toman como una posible salida laboral", aseguró Escudero.

 

Del criadero a la huerta

El primer contacto que los estudiantes tienen con los animales se da en segundo año, en la materia Cunicultura. En ella, conocen el ciclo completo de la cría, engorde y faena de conejos.

"Cursan una vez por semana y dividimos las clases entre teoría y práctica. Los alumnos hacen todas las tareas, desde la detección de celo, preparar las hembras para el servicio y las instalaciones para los partos. Ellos tienen una pizarra donde llevan el registro de las conejas preñadas y próximas a parir. Reciben los gazapos, controlan los nacimientos, verifican la alimentación y la bebida, todo", detalló Paola Pera Cecchi, la docente de la cátedra.

La profesora dijo que las ventajas de la cría del conejo pasan porque los alumnos "tienen un rápido retorno del proceso, debido a que es un animal que se reproduce fácilmente y rápido". La gestación dura apenas un mes, otro mes dura el período de lactancia y unos sesenta días demora el engorde. Llevan a los animales hasta los tres kilos y los faenan para vender la carne.

Esta área también maneja un proyecto interesante para el año que viene: tienen previsto pasar la cría a campo, en vez de la que hacen actualmente en jaulas. "Lo que buscamos principalmente es mejorar cada vez más el bienestar animal", explicó la docente.

 

El colegio les entrega a los egresados el título de "Técnico en Producción Agropecuaria". Por eso, tienen talleres con los distintos rubros agrarios.

 

 

Finalmente, otro de los fuertes de la agrotécnica villamercedina es la producción vegetal. En segundo año arranca el taller de hortalizas en donde los chicos hunden sus manos en la tierra y cultivan diferentes especies, siempre en base a la estación del año que corresponda.

"A partir de ahí, incentivamos a que ellos tengan sus propias huertas en sus casas. En los últimos años hemos hecho mayor hincapié en eso no solo por la calidad de este tipo de productos, sino por la situación económica que atraviesa el país", contó Yris Ramírez, quien dicta las clases.

Un efecto colateral de la producción es que los alumnos terminan ampliando su conocimiento sobre las verduras y las incorporan a su alimentación.

La misma profesora es la encargada de dictar las clases de vivero, en donde hacen la reproducción de plantas de semillas o plantines de aromáticas y ornamentales, otro rubro que varios alumnos ven como una posible salida laboral. El gran proyecto del sector es poder contar con un laboratorio y poder hacer reproducción de plantas in vitro, lo que multiplicaría la cantidad de ejemplares que producen y que venden en ferias y en el propio establecimiento.

Todos los productos y trabajos que hacen en el colegio podrán verse el 22 de noviembre, cuando hagan su famosa jornada de puertas abiertas para cerrar el año. Allí, expondrán los frutos de un trabajo que se extiende por todos los días del año, pero que esta vez tendrá un sabor especial, ese que da haber alcanzado medio siglo de apostar a la educación y a la producción como dos pilares que van de la mano.

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