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Asistencia al viajero, más que una opción una necesidad

Marina Rubio

Cuando muchos empiezan a planificar un viaje al exterior, por lo general, enfocan su atención en tres ítems: pasajes, hospedaje y presupuesto para moverse en el extranjero. En ese podio de imprescindibles también debería estar el seguro de viaje o, mejor aún, la asistencia al viajero. En algunos casos es considerado el documento más importante después del pasaporte. Más allá de ser un requisito migratorio obligatorio en determinados países, los accidentes como las enfermedades que implican una hospitalización son eventualidades que suceden en un instante y sobre los que tenemos poco y nada de control.

Al buscar un servicio hay que tener presente que un seguro y una asistencia al viajero no son lo mismo. El primero se ocupa de reembolsarle al viajero el dinero que gastó en el extranjero por alguna prestación que recibió allá. Esto significa que, llegado el caso de que necesiten atención médica, deberán buscar una clínica u hospital, pagar por el servicio que allí le brinden y, luego, cuando regresen a Argentina, procurar el reintegro con la empresa aseguradora que contrataron.

La asistencia, en cambio, ahorra ese trabajo, porque ofrece prestaciones directas al momento. Sus asesores se encargan de buscar los centros médicos donde los viajeros pueden ser asistidos y los gastos que esa atención conlleve correrán a cargo de la empresa prestadora. Además, la asistencia cubre un espectro de servicios más amplio que un seguro tradicional. La mayoría incluye medicamentos, odontología, gastos de hotel por convalecencia, compensación por pérdida de equipaje, asistencia por robo o pérdida de documento, asesoría legal, regreso anticipado por siniestro en el domicilio y repatriación sanitaria y funeraria, entre otras prestaciones.

Al margen de que en muchos países es una opción contar con un seguro o asistencia al viajero, en Cuba y en las 26 naciones europeas abarcadas por el tratado de Schengen es una obligación. Nunca faltará la persona que dirá “fui muchas veces a Europa y a mí nunca me pidieron eso” y seguramente no faltará a la verdad. Puesto que es cierto que muchas veces los oficiales de migración no piden el seguro, pero en otras oportunidades sí lo hacen y, si es así, estarán en su derecho de negarles el ingreso al país. También es más que recomendable ir asegurado a Estados Unidos, que tiene la atención sanitaria más cara del mundo.

Vale aclarar que los titulares de tarjetas de crédito Visa y Mastercard, ya sean Gold, Platinum, Black o Signature, cuentan con un seguro de viaje gratuito. Todas, excepto la dorada de Visa, cubren la exigencia de 30 mil euros en gastos por enfermedad y accidentes que exige la Unión Europea. Antes de emprender viaje deben contactarse vía telefónica o web con las empresas de los plásticos para informarse y activar el servicio.

 

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Asistencia al viajero, más que una opción una necesidad

Cuando muchos empiezan a planificar un viaje al exterior, por lo general, enfocan su atención en tres ítems: pasajes, hospedaje y presupuesto para moverse en el extranjero. En ese podio de imprescindibles también debería estar el seguro de viaje o, mejor aún, la asistencia al viajero. En algunos casos es considerado el documento más importante después del pasaporte. Más allá de ser un requisito migratorio obligatorio en determinados países, los accidentes como las enfermedades que implican una hospitalización son eventualidades que suceden en un instante y sobre los que tenemos poco y nada de control.

Al buscar un servicio hay que tener presente que un seguro y una asistencia al viajero no son lo mismo. El primero se ocupa de reembolsarle al viajero el dinero que gastó en el extranjero por alguna prestación que recibió allá. Esto significa que, llegado el caso de que necesiten atención médica, deberán buscar una clínica u hospital, pagar por el servicio que allí le brinden y, luego, cuando regresen a Argentina, procurar el reintegro con la empresa aseguradora que contrataron.

La asistencia, en cambio, ahorra ese trabajo, porque ofrece prestaciones directas al momento. Sus asesores se encargan de buscar los centros médicos donde los viajeros pueden ser asistidos y los gastos que esa atención conlleve correrán a cargo de la empresa prestadora. Además, la asistencia cubre un espectro de servicios más amplio que un seguro tradicional. La mayoría incluye medicamentos, odontología, gastos de hotel por convalecencia, compensación por pérdida de equipaje, asistencia por robo o pérdida de documento, asesoría legal, regreso anticipado por siniestro en el domicilio y repatriación sanitaria y funeraria, entre otras prestaciones.

Al margen de que en muchos países es una opción contar con un seguro o asistencia al viajero, en Cuba y en las 26 naciones europeas abarcadas por el tratado de Schengen es una obligación. Nunca faltará la persona que dirá “fui muchas veces a Europa y a mí nunca me pidieron eso” y seguramente no faltará a la verdad. Puesto que es cierto que muchas veces los oficiales de migración no piden el seguro, pero en otras oportunidades sí lo hacen y, si es así, estarán en su derecho de negarles el ingreso al país. También es más que recomendable ir asegurado a Estados Unidos, que tiene la atención sanitaria más cara del mundo.

Vale aclarar que los titulares de tarjetas de crédito Visa y Mastercard, ya sean Gold, Platinum, Black o Signature, cuentan con un seguro de viaje gratuito. Todas, excepto la dorada de Visa, cubren la exigencia de 30 mil euros en gastos por enfermedad y accidentes que exige la Unión Europea. Antes de emprender viaje deben contactarse vía telefónica o web con las empresas de los plásticos para informarse y activar el servicio.

 

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